Capítulo 1
Sé que tú no me has olvidado
Solo tú no me has olvidado...
—Y el ganador de este combate es... ¡Romeo, el italiano!—
Así es.
Así fue como el árbitro anuncio otra victoria coleccionable en mi baúl de los recuerdos.
Ya llevaba tres años defendiendo el título y eso me ponía realmente feliz, pero hoy no estaba feliz exclusivamente por ese motivo.
La prensa venía dentro del ring como de costumbre para hacerme unas preguntas rutinarias.
Está vez no puse impedimento en responderlas todas con una sonrisa contenta en mi rostro.
Y cuando se terminó todo, me dirigía a mi camerino correspondiente para atender a la llamada que estaba en espera.
Andaba por el pasillo de aquel lugar con mi entrenador que también era mi mánager y algunos guardas espaldas hasta llegar a mi camerino.
Antes de entrar en el camerino me fijé que había una chica con un berrinche y cuando me vio empezó a gritar de emoción pero ahora no quería atender a nadie.
Solo quería atender a esa llamada.
Me quitaba la bata de seda color negra que tenía encima y la dejaba sobre el sofá que había en el camerino.
Estaba lleno de emoción al coger el teléfono y marcar el número de aquella persona que me había llamado justo antes de comenzar el combate.
Me quedaba en espera escuchando la señal hasta que escuche su voz y sonreía más que nunca.
Me sentía como si fuera un niño de nuevo.
—¡Mamá!—dije emocionado al escuchar su voz nuevamente al responder la llamada.— Mamá, he podido llamarte ahora.—
—Ay, Romeo, hijo mío.—dijo contenta al oír mi voz también, una voz relajada y confortable.— Que alegría.—
—Si, mamá.—
—Te llamé hace rato pero alguien me respondió en tu lugar y me dijo que estabas ocupado.—
—Si.—dije.— Me has visto de combatir ¿verdad? ¿Qué te ha parecido?—
—¿Combatir, dices?—preguntó desconcertada a lo que le dije.— ¿Estabas otra vez peleando?—
—Pues si.. para eso me habías llamado ¿no? Para decirme que me estabas viendo por la televisión.—
—No, Romeo no era por eso..—respondía en voz baja con cierto tono de disgustada.— ¿Otra vez estás boxeando?—
Me dio un golpe en el corazón y ahora me sentí completamente decepcionado.
—No me gusta que te dediques a eso, eso ya lo sabes..—
—Creía que me estabas llamando por eso.—
—No, cariño, no era por eso.—dijo.— Te llamaba para avisarte de que Enzo se casará.—
Claro, por su querido hijo Enzo me llamaba.
La sonrisa se había esfumado por completo y solo tenía la mirada perdida sobre aquella alargada mesa que había en el camerino con un enorme dolor interior.
—Claro, por Enzo.—
Mi madre suspiró levemente.
—Enzo quería que te lo dijera para que lo supieras y vinieras a la boda.—dijo.— Él no se atreve a llamarte por qué ambos no os lleváis bien y quise hacerlo yo.—
—Tu eres su mensajera ¿no?—
—Romeo.. solo quiero que mis dos hijos se lleven bien de una vez.—dijo con resignación hacia nosotros dos.— Ni si quiera ya sé por qué estáis peleados.. pero fuera lo que fuera ha pasado muchos años desde aquel entonces, deberías llamarle y hablar como adultos.—
—No pienso llamar a Enzo y tampoco iré a su boda.—
—Romeo, no me digas eso..—
—Me voy, mamá, cuídate.—dije indignado a lo ocurrido y decidí colgar la llamada de golpe.—
Colocaba mis dedos contra mi frente sudorosa a causa de la pelea y los apretaba mirando al suelo, decepcionado.
De repente entraba un guardaespaldas junto a mi entrenador y desvíe mi mirada a ellos.
—Romeo, hay una chica que está cogiendo un berrinche por qué quiere conocerle en persona y hacerse una foto con usted.—dijo el guarda espalda seriamente mientras me miraba en espera de una respuesta.—
—No quiero ver a nadie, que se largue.—
—¿Y si no hace caso?—
—Pues llama a las autoridades.—
El guardaespalda se largaba del camerino pero permanecía mi entrenador con una sonrisa en su cara.
—Romeo, ya es el tercer año que sigues manteniendo tu título, estoy orgulloso de ti aunque..—
—Ahora no quiero ver a nadie, Jessie.—dije mientras mi mirada se refería a Jessie con cansancio por todo y negaba lentamente.— Será mejor que salgas, quiero estar solo.—
Él asintió sosteniendo el pomo de la puerta pero volvía a dirigir su mirada a mí siendo incrédulo.
—Por cierto, ¿Ya has atendido a la llamada...?—
—Que me dejes solo.—le respondí de malas maneras al mencionar la llamada y señalaba la puerta con firmeza.—
Mi entrenador había captado a lo que me quería a referir y me miró apenado por ello.
Al final, me quedé solo en el camerino y sentí una gran pesadez en mis hombros por todo lo que tenía que arrastrar conmigo.
Por este motivo es que yo nunca sonrió.
*****
No fue fácil haberme convertido boxeador.
Pues, empecé a emprender mi camino a los dieciocho años pero no fui reconocido hasta mis veintitrés años.
Desde ese momento hasta ahora que tengo veintiséis, no paro de defender mi título como el campeón.
Gracias a mí título a ser el gran campeón, he podido comprarme una gran casa lujosa, un precioso coche, tener miles y miles de seguidores en Instagram, tener reconocimiento...
Pero sinceramente, de nada me sirve.
Por qué no soy feliz.
¿De que me sirve tener tantas cosas materiales sino tengo a nadie que realmente me importé?
Estoy distanciado de mi madre y me cae mal mi hermano Enzo.
Me siento solo a pesar de tenerlo todo, pero en realidad... no tengo nada.
Siento un vacío indefinido dentro de mi alma que siento que nunca va a terminar.
Nunca.
Cuando llegué a mi casa, me di mi segunda ducha para sentirme más higiénico.
Ya me había duchado antes en aquel vestuario pero quería volver a ducharme y sentirme mejor por aquella penosa llamada, aunque solo hacia engañarme a mi misma.
Después de aquella ducha de agua caliente, me colocaba una bata de color blanca y me servía una copa de whisky para relajarme aunque Jessie me tenía prohibido beber.
Me quedé mirándome a mi mismo que me encontraba ileso después de haber recibido quinientos puñetazos en la noche.
A veces pienso que tendría que haber sido modelo, pero siempre me gustó más el boxeo.
Me miraba mi pelo de gran cantidad aunque bien recortado de color negro azabache, mis lentillas marrones oscuras por qué odiaba tener rasgos italianos aunque mi apodo era El italiano, pero eso fue idea de Jessie para ganar mas reconocimiento.
Él aprovecho que mi padre es de Italia y tengo descendencia italiana aunque me considero más americano por qué nací aquí.
Yo media alrededor de un metro ochenta y cinco u ochenta seis, mi cuerpo era fuerte como una roca aunque me veía bien fino y con gran estilo en mi mismo.
Mi mandibula es cuadrícula, con un mentón pequeño y unos pómulos marcados junto a unos enormes ojos en mi rostro, mi nariz es diminuta y unos labios finos junto un pequeño lugar al lado de mi boca.
Mi entrenador cuando me conoció me dijo que entró un verdadero ángel por su gimnasio por mi antiguo aspecto físico aunque.. ya ni me quería recordar como yo era.
No me sienta mal el pelo negro ni tampoco mis lentillas aunque mi verdadero color de ojos eran grisáceos intensos.
Le daba un trago a la copa en un sorbo alargado mientras miraba mi aspecto físico.
Solo una persona apreciaba lo que yo solía ser pero... ya ni si quiera la recuerdo.
****
Me quedé un par de días encerrado a casa hasta que decidí ir al gimnasio para volver a la rutina.
Al gimnasio llamado Team Black, su dueño es Jessie mi entrenador y en parte gracias a mí monto este enorme gimnasio.
Cuando gane el título como el campeón de los pesos pesados, ganamos mucho dinero y con ese dinero montó un gimnasio en Nueva York, en dónde me encuentro ahora.
Pero poco a poco fue ampliando al gimnasio hasta al día de hoy que es una gran.. reliquia.
Entraba al gimnasio con una tarjeta especial y todos se giraron cuando me vieron entrar.
Todos los chicos del gimnasio comenzaron a aplaudir cuando me vieron llegar y me felicitaban por seguir manteniendo el titulo aunque a mí...
Me daba completamente igual, no quería felicitaciones de nadie.
Les agradecía a todos aunque sin mirarle a ninguno a la cara y me dirigía hacia al vestuario para cambiarme.
Pero en realidad quería estar un rato solo, pero mi soledad fue interrumpida.
—Romeo.—dijo mi entrenador entrando al vestuario y me giraba despacio hasta mirarle con detención.— Felicidades otra vez por el combate del viernes.—
No le dije nada de nada y él se cruzaba de brazos.
—Lo hicistes bien pero podrías haberlo hecho mejor.—
Agh...
¿Otra vez?
—Has bajado el rendimiento, no te estás cuidando del todo y no estás dando todo de ti en los entrenamientos.—
—Estoy bien, Jessie.—
—No, ya sabes que no puedes beber alcohol y sales por ahí hasta muy tarde.—
—Es mi vida.—
—Tu vida también es la mía.—dijo seriamente mientras me señaló a mi por segundos y luego a él mismo.— Ya sabes lo que conlleva ser boxeador, tener una vida sana.—
—¿Sabías que el médico te recomienda que bebas una copa de whisky a la semana para que la sangre te fluya mejor?—
—Romeo, no estoy para vaciladas.—
—Ni yo para que me des sermones.—
—¿No? Vale, pues si quieres perder todo lo que has ganado, adelante.—
Me quedé en silencio mirando al suelo por segundos aunque no me hacía sentir mal su regañina pero prefería mantener en silencio.
—En fin, ahora a entrenar.—dijo repentinamente mientras se dirigía a la puerta pero se volvía a girar como si recordará algo.— Por cierto, dentro de dos meses vas a tener un combate benéfico, quiero que estés en plena forma.—
Yo aún seguía manteniendo silencio y mi entrenador Jessie me dejó a solas conmigo mismo.
Ahora mismo no me apetecía nada en pensar en otro combate, solo quería estar solo...
Como suelo estarlo siempre.