Las Aventuras del Capitán Jack Sparrow

All Rights Reserved ©

Summary

Esta es una parodia. Una historia paralela a Piratas del Caribe. La historia de Jack en su tiempo libre con amigos y familiares. Es una mirada irónica a su vida privada, donde cuelga las botas y deja de ser capitán pirata para ser hijo, sobrino, amigo y enemigo de muchos. Siempre huyó de la persecución de sus enemigos y de los soldados británicos, intentando pasar desapercibido entre la multitud de Port Royal y vivir una vida tranquila en busca de la felicidad y mucho ron. Una mujer misteriosa aparece en su vida y amenaza con cambiar su pacífica vida de pirata.

Status
Complete
Chapters
35
Rating
n/a
Age Rating
16+

Recién Llegados en Port Royal

Derechos de autor

Esta es una obra de ficción. Los incidentes son producto de la imaginación del autor o se utilizan de forma ficticia. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, sucesos o lugares es pura coincidencia. Obra basada en los personajes principales de Piratas del Caribe.

Copyright © 2023 por Gaby Depp

Todos los derechos reservados. Ninguna parte de este libro puede ser reproducida o utilizada de ninguna manera sin el permiso escrito del propietario del copyright, excepto para el uso de citas en una reseña del libro.

Diseño de portada de Gaby Depp


Recién llegados a Port Royal

A primera hora de la mañana, el HMS Victoria atracó en el puerto. Una delegación encabezada por el gobernador de Port Royal, el jefe militar a cargo del puerto, almirante Charles Davenport, y el Duque James Nottingham, pariente de la Corona a cargo de la Compañía de Comercio de las Indias Orientales, esperaba a los extranjeros.

Una gran multitud se había congregado en el mercado cercano para ver quién llegaba. No era habitual ver a estos tres altos representantes del puerto esperando a alguien. Esta reunión incluso llamó la atención de algunos piratas que vieron esto como una oportunidad para que carteristas pudieran robar entre la multitud que estaba tan distraída tratando de ver a los recién llegados que se convirtieron en presa fácil. Incluso Jack sintió curiosidad por saber a qué se debía tanto alboroto.

Mientras tanto a bordo del barco Don Juan, un primo segundo del Rey de España y su adorable hija, la Señorita Gabriela se preparaban para desembarcar y reunirse con el comité de bienvenida. Don Juan huía de la ira del Rey tras un fallido golpe de estado para hacerse con el poder y reclamar la corona. Estaba huyendo, pero la corona inglesa lo consideraba un activo valioso porque conocía las rutas de los galeones españoles que transportaban oro, plata y gemas preciosas de incalculable valor al viejo continente, y cómo detectar los que sólo transportaban mercancías. A cambio de su cooperación, pidió un salvoconducto para él y su hija, pero no confiaba en los ingleses, por lo que quería tener la seguridad de que no le traicionarían una vez que les diera toda la información que tenía. Por eso la corona inglesa sugirió que la señorita Gabriela que se casara con un pariente lejano de la corona, el Duque James Nottingham. El duque tenía fama de arrogante, esnob, borracho, feo, bajito, casi calvo, donjuán, y era mayor que ella. En un principio, Gabriela aceptó este matrimonio concertado porque la vida de su padre estaba en juego o, como dirían los piratas, pronto “caminaría por la plancha”.

Gabriela era una chica delicada, dulce y muy hermosa. Su piel era como la porcelana. Con grandes ojos marrones y largas pestañas que hipnotizaban. Sus labios rosa pálido parecían dulces como cerezas, pura tentación. Su pelo negro y ondulado caía en cascada sobre sus hombros. Su figura era esbelta y refinada, pero con curvas peligrosas en los lugares adecuados que enloquecían de lujuria a los hombres. Pechos grandes, cintura pequeña, caderas prometedoras que sólo dejaban lugar a la imaginación. Parecía una muñeca. Un ángel caído del cielo. Parecía sumisa y obediente, pero en el fondo de su corazón era una soñadora, un espíritu salvaje atrapado por las reglas de la sociedad a la espera de liberarse. Gabriela llevaba un precioso vestido de seda azul cielo de manga larga con volados de encaje blanco en los puños de las mangas y en el escote. Su vestido iba acompañado de un corsé que acentuaba su curvilínea figura, bajo el vestido llevaba una enagua de encaje. En la cabeza llevaba un sombrero a juego con el vestido, sujeto con un lazo azul claro atado bajo la barbilla. También llevaba un mantón de Manila color marfil, guantes blancos de encaje, un bolso azul claro y una sombrilla blanca de encaje para protegerse del abrasador sol caribeño. Gabriela también llevaba joyas muy caras que, a la luz del sol, podían deslumbrar a sus allegados. Llevaba pendientes de oro y diamantes, una pulsera de diamantes, anillos de oro engaszados con piedras preciosas y un deslumbrante collar que terminaba en una cruz muy llamativa. ¡Parecía una diosa!

Cuando desembarcaron, todos se quedaron boquiabiertos al contemplar a esta exótica belleza española. El Duque estaba más que satisfecho de ver a esta joven voluptuosa. No veía la hora de casarse con ella. No muy lejos Jack Sparrow y Joshamee Gibbs observaban toda la escena. Gibbs vio lujuria en los ojos de Jack, Jack estaba mirando las joyas de Gabriela, especialmente un collar de oro engaszado con piedras preciosas que terminaba en una gran cruz cubierta de diamantes y rubíes que descansaba sobre su pecho. O eso fue lo que le dijo a Gibbs.

Gabriela miró a su alrededor, sonrió amablemente a los caballeros que les dieron la bienvenida al puerto, después de ver lo feo que era su prometido, fingió una sonrisa y luego escudriñó el lugar hasta que divisó a lo lejos a Jack y Gibbs. Los miró fijamente haciéndolos sentir incómodos. Jack cogió su desteñido sombrero tricornio negro y le hizo una descarada reverencia. Tras la reverencia, le giñió un ojo y sonrió. Luego volvió a ponerse el sombrero tricornio en la cabeza. Cuando los tres caballeros vieron que ella estaba distraída todos siguieron sus ojos para ver que había llamado su atención. Cuando vieron al infame capitán Jack Sparrow inclinándose ante ella, advirtieron rápidamente a padre e hija sobre los peligros de los piratas. Y les dijeron que se mantuvieran alejados de aquel pirata especialmente astuto, el capitán Jack Sparrow, que andaba libremente por las calles pese a que debería de ser ahorcado por sus delitos de piratería, siempre conseguía escapar. Era como una peste. Sonrió a Jack y luego se dio la vuelta para seguir a los caballeros hasta el carruaje del Duque.

Gibbs le dio un codazo a Jack y se burló de su interacción con la dama y le preguntó si por fin había encontrado a la mujer adecuada para él con una mirada irónica en los ojos. Jack negó con la cabeza y le dijo que sus únicos amores eran el mar, el Perla Negra y el buen ron, y que ninguna mujer se interpondría entre él y su libertad. Gibbs se rió.

El Duque los llevó a su nueva casa y quedó en verlos más tarde para cenar en su casa. Les había organizado un baile de bienvenida para que pudieran ser presentados a la pequeña pero selecta alta sociedad de la ciudad y le recordó a Don Juan que después de instalarse deberían hablar de la boda y de su cooperación. Don Juan estuvo de acuerdo y le dijo que estaba deseando tener esa reunión. De camino a la casa, hablaron de cómo era la vida en el nuevo mundo. Gabriela se limitaba a mirar por la ventanilla sin decir palabra intentando ignorar a ambos hombres, sólo miraba de vez en cuando al duque y le dedicaba una sonrisa cortés.

Finalmente llegaron a su nuevo hogar. Dos grandes puertas de roble de Eslavonia, talladas con gran maestría, daban a una amplia galería, que rodeaba un gran jardín con una fuente en el centro y muchas plantas en flor de muchos colores. La galería conducía a distintas estancias, como el estudio, un gran salón, un enorme comedor, una sala de desayunos y una espaciosa cocina. Todas estas habitaciones estaban finamente decoradas con muebles de estilo inglés, cuadros, esculturas, tapices y finas alfombras que cubrían la mayoría de los suelos de madera. Los establos y las dependencias de la servidumbre estaban detrás de la gran casa. En la primera planta sólo estaban los dormitorios, todos ellos con grandes puertas de madera acristalada que daban a grandes balcones llenos de macetas con flores. El interior de la casa estaba pintado de blanco, mientras que las paredes exteriores eran de un color beige amarillento.

Cuando el duque les dejó en su nueva casa, Gabriela respiró aliviada y subió a su nueva habitación.

Mientras tanto, en el puerto, los criados se afanaban en sacar el equipaje del barco y llevarlo a un carro. Luego tenían que llevarlo a la nueva casa y empezar a deshacer el equipaje.

Gabriela decidió dibujar a aquel pirata desaliñado, sucio aunque bastante desvergonzado, apuesto y caballeroso. Después de inclinarse, le guiñó un ojo mientras sonreía. Cada vez que recordaba aquel momento, su corazón daba un vuelco...ere…