Única parte
Louis no sabe que más hacer para que el chico guapo de la librería lo note. Se siente un poco soso porque realmente el chico luce como alguien realmente amable con todas las personas, pero por alguna razón él no deja de sentir el burbujeo en su estómago y la emoción ante la mera idea de que con él sea diferente.
Él es básicamente un ratón de biblioteca, más que por pasión, su profesión le direccionó a serlo, pues la idea de ser maestro implica demasiada lectura. Se propuso la meta de durante su adolescencia iniciar a leer al menos un libro por mes de manera que pudiera soportar todos los libros que vendrían en su carrera universitaria.
A lo sumo sí, él solía anticiparse para todo.
La librería a la que le gustaba asistir y que había generado sus primeros conflictos respecto a él, es propiedad de un alfa retirado del ejército que parece amar los libros y que cree fielmente en usarlos como el arma de las nuevas generaciones, es poético, él tenía que tolerarlo pues después del retiro era su maestro de redacción. Claro que, Louis le admiraba fervientemente por la forma en daba sus clases, el masculino oficialmente estaba retirado de la atención al público en su librería quedando solamente con las pocas clases que daba en la universidad.
Había pasado al menos dos o tres años desde que el alfa había dejado la librería en mano de dos dependientes que él conocía muy bien; Thomas un beta de esponjosas mejillas sonrojadas y el otro era el objeto de sus frustración con el pasar de los días, Harry, un alfa alto y demasiado gentil y amable para su propio bien.
Por supuesto que Harry distaba de lo que tradicionalmente se estigmatizaba como un alfa, empezando por la labor que desarrollaba como dependiente de la librería; era tan carismático que podía vender un libro luego de hablar por horas respecto a por qué deberías tenerlo.
Louis había reído la primera vez que el alfa se trató a sí mismo como un control de calidad de todo lo que llegaba a librería, pues al parecer leía cada libro que llegaba para sentirse cómodo al hablar con los clientes de sus necesidades y esperanzas sobre cada obra, por lo que Harry en definitiva era parlanchín.
Harry era el culpable de haber creado un espacio tranquilo en la librería. Usualmente una venta con él era demorada, pues si se trataba de un comprador difícil solía ir acompañado de un café y la comodidad de un sofá para charlar; o que incluso el alfa ofreciera un libro de su propia colección para que leyera en el espacio tranquilo al fondo de la librería.
A Louis le impactó como de alguna manera la librería empezó a cambiar de aura por la presencia del alfa y no con ello se refería únicamente al aroma a hierba buena, sino que era todo, era casi que demasiado tranquilo que Louis sentía que al salir estaba completamente anestesiado frente a cualquier estrés que generara algún examen.
Harry tenía el cabello corto y brillante, achocolatado con indicios de unos rulos que él en algún punto le hubiera gustado tener enroscado en los dedos. Sus manos eran fuertes, pero si algo fue chocante para Louis la primera vez que le vio, es que había barniz en sus uñas.
Claro que era hilarante que el alfa usara pintauñas que los alfistas definían como propio de los omegas y las alfas féminas. Él no inquirió sino hasta seis meses después al respecto y es que a Harry le gustaba, así tal cual le respondió: simple. Era obvio que nadie debía cuestionar los gustos.
Harry le gustaba porque además de ser alguien amable y atento con cada persona que pasaba por la puerta del local, físicamente era hermoso, su aroma, sus ojos verdes centellantes, el hablar lento y ronco, sus largas piernas. Fuera de sus uñas, Harry lucía como el prototipo usual de alfa, grande, fuerte de pecho y brazos, sin necesidad de practicar algún deporte más que el de la mente, porque sí, Harry estaba en el equipo de ajedrez de la universidad.
Con todo y eso, Harry era el punto medio entre lo normalmente típico y lo estereotipado. Harry no era nerd en lo absoluto y no lucía como uno, estaba a la moda y vaya que la moda abrazaba sus atributos, pero tampoco era el prototipo de alfa hormonado miembro del equipo de fútbol y estudiante de política, derecho o administración.
Harry era único, tan simple como eso, fuerte pero dócil, dominante pero atento y ese ligero coqueteo inherente que iba acompañado de una sobriedad y respeto hacia cualquier género.
Mientras tanto él se sentía culpable de unirse al club de omegas y betas que le coqueteaban y que el alfa parecía no notar.
Era el día del mes en que él había recibido la paga de la cafetería y como siempre una pequeña porción la usaba para comprarse un libro como nuevo del mes y unos cuantos euros para alguno en subasta.
Era tarde, casi de noche cuando iba a la librería de Phillippe; hacía frío y por ello había puesto una gabardina cubriendo su cuerpo, bajo ello iba su nuevo intento de conquista al alfa. Él lo había intentado todo.
Había usado intensificadores de aroma a lo cual Harry le arrugo la nariz una vez. Por eso tal vez él pensó que el problema estaba en que su aroma a Arces no era demasiado agradable para un alfa como Harry; había jugado con su cabello, había tocado sus hombros un par de veces, había usado labial y ahora en definitiva lucía como alguien que necesitaba follar con urgencia.
Aunque el punto no era follar, el punto era follar con Harry, salir con Harry y con su celo incipiente se sentía más incómodo al respecto que tanto él como su omega estuvieran impregnado con el alfa, porque sería un celo duro en que no sería capaz de tener alguien más invadiendo su espacio.
Aún trata de averiguar en qué momento Harry se materializó de tal manera ante él; en qué momento preciso había confundido su amabilidad con coqueteo y se había enganchado. Pero desde hacía seis meses, su mente solo maquinaba planes de cómo meterse en los pantalones del alfa, cómo tener una cita, cómo tener lo que sea con Harry, aunque por supuesto dadas sus necesidades lo primordial era que hicieran algo sin ropa.
Soltó un suspiro cuando vio el letrero en medio de la oscura noche. A través de los vidrios notó al chico de los turnos rotativos que se llamaba Mark quien barría el sitio; en el fondo estaba Harry hablando con una potencial compradora que le sonreía con coquetería.
Pasó la mano por su cabello reconociéndola, era un pueblo chico básicamente se conocían todos y la librería era un éxito porque había una universidad comunitaria donde iban la mayoría de jóvenes.
—Hey —le murmuró Mark con una sonrisa genuina—. Hola Louis, ¿Qué tal el final de ciclo?
—Una mierda —dijo con voz cansada, aún sentía sus ojos pesados por el trasnocho. Pensó descansar el fin de semana como era usual, pero le había dicho que estuviera alerta al parecer alguien iba a faltar al turno del domingo.
Sólo pensar en trabajar un fin de semana le daba jaqueca, estaba mal acostumbrado e incluso prefería desechar la paga superior que daba trabajar el fin de semana con tal de quedarse en casa terminando proyectos que no tenía espacio entre semana o simplemente estar echado y llamar por horas a casa.
—Te entiendo, hermano —dijo el beta con desgano—. Aún me falta rendir el último del semestre mañana, pero no hay una jodida manera en que esté trasnochando hoy, me duele todo.
Louis sonrió con comprensión.
—Aunque eso no te importa supongo —dijo el beta con coquetería, causando que él se sonrojara—. El rizado está ocupado, pero apuesto que apreciará que le quites aquel rollo de encima. El tonto no sabe cómo notar y menos cómo detener un coqueteo.
Louis estiró un poco su cabeza, notando que el alfa lucía colorado sosteniendo un libro en su mano tal vez en un agarre demasiado apretado. Tenía una ligera mueca de incomodidad mientras la omega que le coqueteaba con aquel olor meloso hablaba demasiado entusiasmada.
—¿Cuánto lleva esa venta? —preguntó Louis a Mark con una mueca.
—Media hora —respondió el beta con tono cansado—. Intenté atenderle yo mismo, pero no lucía interesada y creo que vino con el interés particular de un libro erótico... Así que entenderás —explicó arrugando la nariz.
Louis podía entender, la búsqueda de aquel libro de seguro desataba una conversación incómoda para el alfa. No es como si él no lo hubiera hecho antes, aunque por supuesto, eso fue mucho antes de que él se fijara en Harry.
No recuerda cómo habían llegado a aquella conversación, pero él se había llevado aquel día “las cincuenta sombras de Grey” en su mano, con la promesa de Harry de descubrir cómo algo tan pobremente escrito podía ser famoso sólo por mostrar el lado morboso del sexo.
No mintió; el libro era un asco y por supuesto él había leído mejores.
Pero incluso, con sólo tocar el tema superficialmente, él notó las mejillas coloreadas del alfa y su aroma ligeramente espeso que contenía una pequeña línea de vergüenza; así que él podía imaginarse lo incómoda que estaba siendo la conversación para el alfa.
Se acercó y notó que Harry abrió los ojos en un gesto aliviado y él sintió en su pecho aquella anticipación que le generaba estar tan cerca del alfa y que su aroma le embriagara.
—Hola Louis —le escuchó decir con su usual lentitud.
La omega que se interponía entre ambos detuvo su parloteo y se giró a verle. De alguna forma él se sintió intimidado ante la belleza de la omega y dio un paso hacia atrás ajustando el cinturón de su gabardina, sintiendo de repente su valentía desinflarse.
—Eh —intentó gesticular mientras había un par de ojos sobre él.
—Debes venir por tu libro del mes —comentó el alfa más rápido de lo que le había escuchado hablar jamás—. Lo siento, Ruth —murmuró el alfa ahora refiriéndose a la omega y posando su fuerte mano sobre su hombro, manteniendo su usual amabilidad, casi como reconfortándole antes de despedirla—. Atenderé a Louis ¿bien? Creo que el libro que tienes en mente está bien.
Entonces, aún con el ligero gesto en que la omega torció la boca, Harry avanzó para él y a pesar que él no dio la orden de moverse, su cuerpo lo hizo una vez una mano fuerte y tibia se posó en su espalda baja.
Estaban en el gran sillón al cabo de los segundos y Harry se había lanzado contra el respaldo como si estuviera muy cansado.
—¿Día difícil? —preguntó con curiosidad tratando de ponerse sólo un poco más cómodo liberándose de la gabardina.
—No tienes idea, mis pies me matan y creo que esa cliente me ha contado su vida sexual —comentó el alfa ahora observándole con mejillas coloradas y pasando su mano por su cabello en un gesto nervioso.
—No puede ser que te intimiden esos temas, es decir, has leído de todo —comentó.
—Lo hago sí, pero no quería saber qué látigos le gusta que usen con ella —replicó el alfa cubriendo sus mejillas con pena.
Entonces Louis apreció el negro brillante que lucía en sus uñas. Tenía al menos dos semanas de no haber visto al alfa, no necesitaba ir a la librería y en la universidad tampoco habían coincidido, probablemente porque todos estaban demasiado encerrados con los finales.
Luego, analizó sus palabras y soltó una pequeña risita ante la inocencia del alfa.
—¿Por qué crees que te comentó eso? —inquirió.
—No lo sé, pero fue realmente incómodo. No necesitaba esa información para recomendarle un libro... Luego me dijo que, si quería ir a su casa y ella podría mostrarme su colección, no entendí a qué se refería ¿Hay personas que coleccionan látigos?
Louis rio en definitiva ante la inocencia del alfa, era demasiado bueno... quizá demasiado lento para darse cuenta que aquella omega simplemente le estaba ligando y por supuesto le había ofrecido una noche de celo.
El omega no sabía si quería sacarlo de esa inocencia, pues a la vez le frustraba que Harry no notara muchas cosas, entre esos su interés.
—Mmm creo que las personas que practican el BDSM lo hacen, Harry —comentó con ligereza.
Al alfa se le colorearon las mejillas de nuevo.
—Lo sé, lo siento, sólo estoy incómodo que me ofreciera ir a su casa a verlos —comentó—. Hasta me dijo que texturas prefería, pensé que venía por un libro.
Louis se exasperó sólo un poco antes de reír y enfrentar al joven alfa.
—Harry —comentó dudoso acomodando su gabardina en su regazo—. Sólo quería que la llevaras a la cama.
Notó que el ceño de Harry se fruncía antes de que la realidad se materializara en su mirada.
—¿Quieres decir que?...
—Sí Harry, algunos omegas coquetean y quieren que les folles.
Notó que el alfa abría mucho los ojos y tosía incómodamente, moviéndose en el sofá. A Louis le pareció tan adorable y de alguna manera pensó que eso no quitaba el hecho de que el alfa seguía luciendo demasiado caliente.
Era casi que frustrante que, de alguna manera, a pesar de su timidez y al parecer lenta conexión social no lo hicieran menos adorable y caliente por partes iguales.
Él mismo se encontró agachando la mirada tratando de contenerse, manteniendo su aroma para sí mismo y no empezar a liberar feromonas para atraer al alfa.
—Y —balbuceó el alfa recomponiéndose—. ¿Qué buscas hoy?
Louis repensó en qué decir, ellos habían pasado por todos los géneros o eso creía él y realmente no sabía lo que quería.
—¿Puedo dejar que me sorprendas? —indagó, notando que el alfa sonreía con unos hoyuelos dibujados en sus mejillas.
Su estómago burbujeó.
—¿Quieres un poco de café?
Louis mordió sus labios, era muy tarde y tal vez si tomaba un café no podría dormir por la noche, pero le costaba no aceptarle algo al alfa cuando ofrecía tan gentilmente algo.
—Tu rostro me dice que no —dijo el alfa con curiosidad—. ¿Té?
—Mucho mejor. Lo lamento, pero cualquier cantidad de cafeína me quitaría el sueño —admitió.
—Está bien —le respondió fácilmente.
Louis dejó el bolso a un lado y la gabardina, observando sus pies con la confianza volviendo a su cuerpo sólo un poco. Tenía una camisilla traslúcida podía verse sus pezones y era lo suficientemente baja para que sus clavículas quedaran exhibidas.
No sabía qué buscaba en realidad, porque de repente ver a aquella omega ligando tan patéticamente le hacía preguntarse si él no lucía igual. Mordió su labio y se puso de pie acariciando sus brazos dándose calor.
Se sentía confundido de tener tantos sentimientos y deseos para con una persona que aparentemente no entendía nada del coqueteo.
—Hey —le dijo Harry a sus espaldas y un escalofrío le recorrió. No, en definitiva, no había forma de preguntarle a Harry por una cita o ser directo y preguntar si podía acompañarle en un celo porque si no su omega impregnado lo haría sufrir.
Louis se giró y entonces recibió en sus manos la taza humeante. Levantó la mirada notando que los ojos de Harry estaban fijos en su cuello y entonces fue consciente de su ligera desnudez, elevó una plegaria a un Dios en el que no creía para que sus pezones no se revelaran.
No había gesto alguno en la cara del alfa, sino que lucía concentrado en algo, Louis no sabía en qué punto, si en su cuello, sus clavículas o la piel de su torso visible con la traslucidez de la camisilla.
Su corazón se aceleró porque de alguna forma era una expresión nueva que veía en alfa, diferente a otras que había visto en sus intentos de conquista. Su aroma afloró sin poder controlarlo, haciendo que él mismo arrugara la nariz por su repentina dulzura, probablemente el ligero atisbo y coqueteo de su celo aproximándose.
Olía a jarabe de arce, a miel de maple como le decían en su pueblo. Su aroma era a árbol, específicamente a arce, pero casi siempre era un aroma húmedo, a bosque, hasta que se acercaba su celo o liberaba feromonas, entonces se dulcificaba tanto como la miel.
—Entonces —dijo el alfa carraspeando y mirándole a los ojos. De alguna forma lucían más oscuros, pero él pareció concentrarse bien y restar importancia a la tensión de hacía unos minutos.
Su espíritu se desinfló, pero siguió al alfa sentándose en el sofá.
—Eh si, ¿Ya tienes algo en mente? —le preguntó al alfa.
—Quiero saber más de tus gustos, para ver si lo que tengo en mente es ideal para ti —comentó el alfa. Louis podía ver que tenía un libro oculto en sus manos.
—Quiero tener un receso de los libros de ciencia, por supuesto compraré uno de segunda mano como cada mes, pero pospondré su lectura; ahora que estoy libre de exámenes, así que le daré prioridad al placer —comentó, antes de llevar la taza de té a sus labios, dándose cuenta que en realidad su comentario era literal.
Harry lo observó con duda.
—¿Qué no quieres? —preguntó el alfa—. En decir, si no quieres nada de ciencia, entendería que no quieres ficción...
—Ni fantasía, me disgusta un poco —comentó—. Aunque el libro de hace tres meses fue muy bueno, lo admito. Pero es porque era realismo mágico.
Notó que Harry sonreía cabeceando.
—No puedo creer que un estudiante de ciencias sepa sobre el realismo mágico.
—¡Oh no seas presumido! —comentó Louis con riendo, sintiendo que la tensión se iba de su cuerpo—. Lo comentas sólo porque tú me enseñaste en un proceso de venta de más de media hora.
—De cualquier manera, me agrada eso, Louis —afirmó—. Aunque hoy probablemente no tardemos mucho, porque no te venderé un libro.
Louis se quedó muy quieto.
—¿Cómo así?
—Bueno, sé que te lo venderé el próximo mes cuando me desvuelvas el mío porque querrás tu propio libro —comentó con seguridad—. Te ofrezco mucha acción porque sé que amas la acción, también romance, suspenso y un poco de novela histórica.
—¿Todo en uno? —inquirió con duda.
—Todo en uno —saboreó el alfa—. Pero antes, iré por tu libro de ciencia de este mes. ¿Qué quieres?
—Sonará tonto, pero vi “la teoría del todo” hace un par de semanas antes de enloquecer por los exámenes y ahora quiero leer ese libro, ya he leído un par de Hawking, pero estoy con mucha curiosidad —explicó—. Dime que lo tienes de segunda.
Notó que el alfa arrugó la frente como buscando en su memoria si tenían un ejemplar así.
—Creo que no, pero te diré que... Te lo venderé original y el libro del que te hablo y que estoy seguro que tengo de segunda mano en muy buen estado será el que te venderé el próximo mes —comentó el alfa—. Pensé que querrías explorar la sección de ciencias, pero viniste con algo muy claro en mente.
—Es que en verdad me dio demasiada curiosidad.
—Bien —aceptó el alfa—. ¿Tenemos un trato?
—Lo tenemos.
Entonces el alfa le tendió el libro y entonces Louis vio la portada.
—¿El conde de Montecristo? —inquirió en voz alta.
—Sip —dijo Harry con suavidad—. Hemos hablado mucho de lo que has leído y nunca lo mencionaste, estaba esperando que me pidieras algo cercano a él para recomendarlo, pero siempre fuiste específico en el tipo de lectura de acción que querías, casi que me pedías comics —dijo el alfa con una risita—. Así que te ofrezco acción con suspenso.
Louis giró el libro como evaluándolo en todos los ángulos, pero sobre todo con la curiosidad bullendo... Era el libro favorito de Harry.
Y su estúpido omega de repente se estaba sintiendo especial con alguien que en su inocencia sólo era amable... de nuevo.
—Iré por tu libro de Hawking —comentó el alfa a lo que él respondió con un asentimiento, aun observando el libro en sus manos.
Se notaba que había sido leído muchas veces, sus hojas estaban ligeramente amarillas y la portada lucía un poco gastada. Entendía que Harry parecía tenerle mucho aprecio a aquel libro, pues era lógico que tendría facilidad para obtener un nuevo ejemplar.
Abrió el libro notando la primera hoja en blanco, sin embargo, sus ojos se desviaron a la parte de atrás de la portada, en la tapa dura.
“Para Harry,
Espero que este libro marque el inicio de una vida de aventuras.
Mamá, 2010.”
Algo calentó su pecho, era un regalo de su madre. Sus cavilaciones fueron interrumpidas por el alfa aproximándose con un libro completamente sellado cubierto por papel transparente.
—¿Cómo sabes que no me quedaré con él? —preguntó con incredulidad.
—Sólo lo sé —dijo el alfa con gentileza—. En todo caso, tengo tus datos en la base de clientes de la librería.
—Eso sonó espeluznante, Harry.
Notó que el alfa se sonrojó
—Lo siento —se apresuró a decir. Louis soltó una carcajada, tratando de calmarle
—Es una broma. ¿No lo extrañarás? Se ve que lo lees mucho.
—Estaré bien sin él por un mes —comentó el alfa—. En todo caso, sé que si acabas antes lo traerás de vuelta.
—Lo haré.
El reloj antiguo de la pared de Phillip sonó llamando la atención de ambos, probablemente anunciando que era tarde y era hora de cierre.
Louis sorbió todo el té que restaba en vaso, perdiendo el norte de su razón principal para estar allí, sin embargo, no lo pensó demasiado, quizá estaba extasiado con la corta conversación y lo que tenía entre sus manos.
—Bueno creo que es hora de irme —comentó.
—Está bien —aceptó el alfa
—Muchas gracias por el libro —dijo con sinceridad—. Prometo devolverlo.
—¡Qué lentos! —exclamó Mark en el fondo—. Yo me largo que Harry te facture.
Entonces la campana de la tienda estaba sonando y luego sonó el golpe de una puerta.
Él y Harry se quedaron mirando, antes de que una carcajada emergiera de sus labios.
—No veía la hora de irse —dijo el alfa luego de que ambos rieran avanzando a la caja con el libro que le había vendido en la mano.
Louis recibió la bolsa de papel con su libro dentro y también con suficiente espacio para que cupiera el de su préstamo.
Sacó el dinero de su bolsillo una vez el alfa le dijo en voz alta del precio.
—Muchas gracias por tu compra.
—¿Y mi frase de hoy? —preguntó el omega refiriéndose a la costumbre de aquella librería en particular de “regalar una frase” a cada comprador.
—“El regalo de un libro, además de un obsequio, es un delicado elogio” —recitó el alfa con una sonrisa.
Louis quedó en silencio, antes de tratar de ponerse la gabardina sobre sus hombros y despedirse con una sonrisa.
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Louis golpeó su cabeza contra el mostrador el domingo, estaba muerto se sueño, pero pasaba que la noche anterior se había trasnochado leyendo el libro del “Conde de Montecristo”, sinceramente se había quedado atrapado, era una trama interesante muy diferente a lo que había leído, incluso se había quedado sin aliento un par de veces por la adrenalina corriendo por sus venas a las tres de la madrugada.
Pero ¿ahora? Ahora estaba arrepentido, con los ojos pesados y tomando café cada vez que podía del termo que tenía oculto bajo la caja registradora de Amy.
—Odio que Rose no haya podido venir —comentó con pesar—. Hoy era el domingo en que más necesitaba dormir.
La omega le sonrió con pesar.
—Lo lamento Lou, pero el lado bueno es que te pagaran el recargo del festivo —le comentó—. ¿Quieres quedarte en el mostrador? No tienes cara de alguien que quiera estar caminando. Pero sólo por una hora ¿eh?
—Eres un sol. —agradeció a la rubia, antes de que cambiaran sus lugares y le cediera la planilla.
Louis levantó la mirada cuando escuchó la campanilla y entonces el aroma a hierba buena envolvió a su omega y él gimoteó quedado ¡rayos! Faltaban al menos cinco días para su celo y ahora Harry aparecía de nuevo, embriagándole mientras él seguía necesitado.
Agachó la mirada cuando sintió a sus mejillas arder. Él se había resignado a que en definitiva pasaría un largo celo clamando por el alfa, pero sólo sería más llevadero si evitaba verlo.
—¡Louis! —escuchó que exclamó el alfa una vez lo vio levantando la mano.
¡Dios! era tan amable y atento que dolía.
—Hola Harry ¿cómo estás?
—Bien, no sabía que trabajabas en Porthos —dijo el alfa apresuradamente sentándose en la barra.
Llevaba un libro bajo su brazo el cual dejó en el mostrador y se sentó casi al final de la barra.
—Nunca te había visto a ti aquí —comentó él en respuesta.
—Eso es extraño, pero yo vengo cada domingo, sólo que está esta otra beta...
—¿Rose? —probó
—Sí, es muy amable.
—Ah, es que yo no suelo trabajar los fines de semana, hoy es una excepción —explicó—. Mi turno es de lunes a viernes en rotativo.
—Oh bueno, yo no tengo mucho tiempo para venir entre semanas por la universidad y el trabajo, suelo tomar café expresso o de máquina, pero mis domingos aquí son sagrados.
Entonces Louis pensó que tal vez tomar un turno los domingos no podía ser tan grave. Estaba tan caído.
—No lo sabía —comentó—. ¿Qué quieres para tomar?
—¿Me das un late extragrande y tal vez unas galletas de avena?
—En camino —respondió el omega con su cuerpo de repente tibio.
Era como si su omega quisiera salir a flote con descaro, pero se controló, no quería espantarlo.
Mientras preparaba el pedido de Harry y un par más, observó que el alfa abría el libro que llevaba bajo el brazo y entraba en una profunda concentración. Louis pudo apreciarlo mejor, desde su cabello corto hasta su mandíbula fuerte y bien definida.
Apretó los dientes cuando quiso gotear y eso lo abrumaba: la sensación de meterse en los pantalones del alfa e impregnarlo de su aroma. Sacudió la cabeza con el ruido de la cafetera resonando en el fondo.
Preparó varios pedidos y le sonrió a Amy cuando le entregó los que ella le había encargado directamente. Había un olor a pan recién hecho por lo que se acercó a la concina donde Remi y Ronald, un par de hermanos dueños de la cafetería preparaban aperitivos para surtir todo el día.
—¿Tenemos galletas de avena calientes? —preguntó al alfa que tenía más cerca.
—Claro pequeñín —le dijo señalando la bandeja—. Toma las que quieras, pero le avisas a Eva para que no haya descuadre en el inventario pues aún no salen.
—Sí señor.
Cuando el late estuvo listo, colocó tres galletas de avena en un plato con servilletas. Sus manos le picaban por la anticipación de acercarse a Harry de nuevo. De alguna manera era muy consciente de su propio aroma.
Le susurró a Eva la cantidad de galletas que había tomado de la cocina, a lo cual esta le asintió anotando, antes de enfocarse en la caja de nuevo.
—Aquí tienes —le murmuró a Harry, quien mantenía su rostro enterrado en el libro—. ¿Harry? —inquirió cuando notó que el alfa no elevó la mirada. Entonces este se asustó un poco y le observó con ojos verdes sólo un poco oscuros.
—Lo siento, creo que me metí mucho. Muchas gracias —le respondió una vez pudo tirar del café.
—Te entiendo, me pasó anoche con “El conde de Montecristo”
Notó que los ojos del alfa se iluminaban.
—¿Empezaste a leerlo? —inquirió.
—Lo hice, si; y es la razón por la que tengo estas ojeras —dijo en tono quejoso—. Aunque no acabé, falta un poco para terminar, pero he amado cada parte infinitamente, a penas y dormí un poco más de una hora.
—Estoy feliz que te guste —comentó—. Es mi libro favorito de todos los tiempos ¡Dios! Quisiera preguntarte tu opinión de muchas escenas, pero me preocupa preguntar sobre cosas que probablemente no has leído.
—Sí —respondió Louis con un sonrojo—. Aunque podemos hablar de lo que sea que te tiene concentrado.
—Oh —comentó Harry, levantando el libro mostrando la portada y Louis abrió los ojos con sorpresa.
—Pensé que no te gustaba lo paranormal.
—No me gusta es cierto, pero tenía que leerlo después de una pequeña discusión que tuve con un cliente —explicó—. Es decir, sólo había leído “entrevista con el vampiro” en mi adolescencia y desde luego, desmerito la mayoría de libros que leí para esa época. Pero luego llega esta omega y dice cosas buenas sobre los dos primeros libros de las crónicas vampíricas y dije “por qué no”, no podía ser peor que Crepúsculo —comento el alfa de repente demasiado entusiasmado por hablar de libros y Louis sólo se quedó ahí pegado al piso observando los labios gruesos del alfa moverse en su usual hablar y absorbiendo la persona parlanchina en que se convertía Harry cuando hablaba de libros.
Louis cambió un peso de un pie a otro sintiendo el aroma de Harry liberarse, el lucía relajado y demasiado entusiasmado.
—¿Eh? —inquirió cuando la voz del alfa se aplacó.
—¿Que si lo has leído? —inquirió el alfa amablemente, al parecer no notó que en realidad él se había perdido en la mitad de la conversación.
—Lo hice, sí. En mi adolescencia también, tuve a mi hermana con una fiebre de vampiros, desde luego después de “la reina de los condenados” no lo seguí, creo que de alguna forma se perdió la esencia de Lestat.
—Necesito acabar este para ir por los demás y poder hacer una crítica decente —comentó el alfa—. Aunque por supuesto, he de admitir que es memorable la forma en que la autora hizo un revés con “Lestat el vampiro” y la forma en que introduce sus propias obras en ellas mismas. Por supuesto que conocer la verdadera personalidad de Lestat a través de su autobiografía es memorable y resulta ser una diferencia abismal a cómo lo retrato Louis —continuó con entusiasmo—. Pero, no tú eh —el alfa se rio de su chiste malo y a él le dio mucha risa—. Lo que te decía es que, las segundas partes no siempre son memorables, pero esta parece ser buena. Lo curioso es que la percepción de Rice respecto a los vampiros como seres a lo que conoceríamos asexuales, es la facilidad con la cual puedes sentir la pasión y el deseo burbujeante del personaje, casi como si estuvieras en su piel, es magnífico como logra ser erótico sin tener sexo carnal como le conocemos; su percepción respecto a la prevalencia de la sangre, el beso vampírico y toda la sensualidad que irradia la conexión. De hecho aún me parece alucinante la forma en la que Lestat transforma a su madre y cómo el incesto de sangre por así decirlo es retratado. Es impactante, siento Rice es más erótica que cualquier otra autora que escriba específicamente novela rosa, es abrumador, yo...
Louis se quedó muy quieto sin saber que decir, recordando cada cosa del libro de repente y por supuesto la adaptación cinematográfica.
—Eh —empezó a decir notando que Harry se quedó callado de golpe.
—¿Hablé demasiado? —preguntó con pena—. Lo lamento es que cuando empiezo a hablar de libros no puedo parar.
Y ¡rayos! Que Louis sólo quería inclinarse y besarlo demasiado.
—¡Joder! —dijo simplemente notando que Harry le miraba extrañado—. No, me refiero, es decir, no me molesta, me gusta demasiado
Él no había querido sugerirse, ni usar ese tono, pero su omega estaba hablando por él y a flor de piel, sin embargo, Harry parecía no haberlo notado de nuevo, sólo se encogió de hombros y sonrió un poco tomando una galleta y llevándola a su boca.
Louis luchó contra su omega que quería liberarse, él mismo podía sentir su aroma a celo, estaba tan cerca, en unos días iría empeorando. La mirada de Harry seguía posada en él, como tratando de descifrar algo que no comprendía.
Su nariz se movió un poco y entonces, Louis huyó.
Estaba bien que él fuera travieso y coqueto, pero era extraño cuando alguien no entendía sus indirectas y por supuesto, nunca nadie le había gustado como Harry. Nunca había tenido problemas para ligar antes, usualmente, aunque no era presumido, le gustaba creer que era agradable a vista, no habían faltado alfas en su cama y al menos un novio en su vida.
Pero por supuesto, su torpe y caliente omega se había aferrado a Harry y ahora no quería a nadie más.
Se enfocó en el trabajo, notando que Harry continuaba con su libro demasiado concentrado, mientras él podía sentir el aroma a hierba buena empapaba el lugar. Entonces, a la hora estuvo de vuelta a las mesas evitando sentirse fuera de control y Amy volvió al mostrador.
Notó que Harry habló un poco con ella y rieron un juntos; pretendió no sentirse celoso, pues no eran nada y desde luego Harry usualmente era así. Vio que la taza del alfa fue reemplazada por un té y su plato de galletas fue rellenado.
Él parecía complacido de estar allí, no sabía por qué el alfa no leía en un sitio más tranquilo sin el ruido de la gente entrando y saliendo o el de la cocina. Pero no parecía afectado, su concentración era intacta.
Luego de al menos una hora más en que notó que Harry sólo pausaba un poco para sacudir los restos de galleta de su libro. Él se acercó de nuevo, preocupado por la posición curva del alfa contra el mostrador.
—¿No quieres ir a una mesa? —preguntó—. Son más cómodas que la butaca sin respaldar.
El alfa le observó con aquellos ojos verdes deslumbrantes.
—Oh no quiero incomodar, usualmente duro unas tres horas aquí y creo que usar una mesa para una sola persona les quita espacio y clientes —explicó.
Louis jugó con la parte inferior de su delantal. Era demasiado atento.
—Tu espalda de matará.
—Me gusta aquí, no importa qué —le dijo el alfa con una sonrisa que no admitía réplica.
—Bueno —dijo sin más pensando en alejarse de nuevo cuando el aroma le empezó a embriagar de nuevo.
—¿Sabes? —dijo el alfa de repente—. Tu aroma es inusual, me recuerda la biblioteca.
Louis no sabía qué decir sobre aquel comentario.
—No sé si es halagador por el aroma a libros o es una ofensa por el olor a algo viejo —dijo riendo.
—De cualquier manera, es halagador para mí —dijo el alfa—. Es el arce, ¿sabías que la corteza de arce se usa para hacer papel?
Louis frunció el ceño.
—No lo sabía.
—Ahora lo sabes, es el papel más resistente que usualmente se usa para escribir o imprimir, desde luego que también se extrae la miel de maple, es un árbol muy completo.
Louis miró a otro lugar que no fuera el alfa sin saber qué hacer con la información.
—Eso es interesante. —comentó suavemente—. Hoy aprendí algo nuevo —admitió con una sonrisa.
—Aunque ahora hueles mucho a miel —dijo el alfa con un deje de curiosidad y ahí estaba su omega liberando feromonas de atracción y anunciando su celo, casi que pidiendo un compañero de apareo.
Louis cerró los ojos y pidió que se abriera un agujero y se lo tragara. Para ser ateo, Dios parecía benévolo con él, porque Amy le llamó a atender una mesa, por lo que él le dio una sonrisa tensa al alfa y se apartó.
Se juró que el destino no era tan cruel para hacer que le viera de nuevo antes de su celo.
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Louis se mantuvo oculto en la biblioteca de la universidad, le gustaba ir al fondo y sentarse en una de las ventanas que tiene suficiente espacio para que su enorme trasero cupiera con comodidad.
Todo estaba en silencio; con el ocaso de la época de exámenes, un sitio que solía estar atiborrado de estudiantes lucía sorprendentemente vacío y silencioso, casi como si pudiera saborearse una semana de receso.
De alguna forma no quería estar en el departamento solo dado que Dane y Mica no estarían ese día; tal vez era su omega presionándole a buscar a su pareja ante el celo inminente, pero era irónico, cómo había buscado el sitio más apartado de la Biblioteca, se sentía demasiado extraño, como con una anticipación que no quería adivinar que era.
Sólo esperaba que no fuera Harry de nuevo, porque el destino había sido jodidamente cruel encontrándoselo en todas partes, incluso en los pasillos y su omega cada vez parecía más lascivo.
Él reconocía que, a pesar de su naturaleza omega, él de por sí solía ser muy coqueto, pero por alguna razón ya haber agotado tantas “estrategias”, se estaba dando un poco por vencido.
Suspiró abriendo el libro y continuando donde lo había dejado. No había podido seguir leyendo porque algo dentro de él le picaba respecto a acabar el libro demasiado rápido y no saborearlo. Le estaba amando, podía entender con claridad por qué era el libro favorito de Harry.
Pasó los dedos suavemente página tras página a medida que iba avanzando. Sin embargo, su concentración fue interrumpida cuando un aroma a hierba buena le golpeó de repente, sacudió la cabeza cuando su omega se retorció en su interior con interés y deseo. Se dijo a sí mismo que era su imaginación, que era su estúpido omega impregnado, hasta que una mano pesada se posó en su hombro.
“Por favor no lubriques, por favor no lubriques” se dijo mentalmente como una plegaria ante lo que parecía inevitable.
—Hola Louis —dijo aquella voz ronca y él apretó sus piernas. Giró el rostro y poco a poco Harry invadió su vista—. ¿Cómo estás?
—Hola —murmuró Louis con una sonrisa deslizándose en sus labios a pesar de su lucha interna—. ¿Bien y tú?
El alfa le sonrió dulcemente y sólo le dio un asentimiento. Había un silencio entre los dos, no parecía incómodo, pero Louis si estaba tenso, con sus labios empuñados y con su mente proporcionándole un montón de ideas que podría expresarle al alfa, no necesariamente puras, no sabía si siquiera amables.
De igual manera, no había una forma amable de pedirle a un alfa como Harry que le folle, ni porque le agregara un “por favor” al final.
—Veo que vas avanzado en el libro —murmuró el alfa luego de unos segundos, inclinando su cabeza hacia el libro que estaba entre sus manos.
—Sí, bastante —aceptó—. Le había abandonado un poco, pero estuve realmente ocupado, la cafetería ha estado llena.
—Ah —dijo el alfa simplemente—. ¿Irás a la cafetería este domingo?
—¿Quieres que lo haga? —preguntó sin pensar. Quiso darse una cachetada después de eso, las mejillas del dependiente de librería estaban coloradas.
—Yo... digo —el alfa lucía incómodo y sus manos pasaban nerviosamente por sus pantalones ajustados—. Es agradable tener con quién hablar de libros.
Agradable. Saboreó Louis.
—Mmm —tarareó—. Usualmente no es mi turno, lo seguro es que al menos este fin de semana no vaya.
—Oh está bien —afirmó torpemente el alfa.
—Pero pensé que te gustaba ir sólo a leer, tipo, quizá si estoy ahí no sirva mucho de concentración —comentó.
—Cualquier sitio es mejor que estar en la habitación con mi ruidoso compañero, no me gusta lidiar su resaca... Tampoco puedo ir a casa, por eso la cafetería y la biblioteca son mis sitios favoritos un fin de semana.
Que nerd. Estereotipó Louis, aunque bueno, realmente Harry lucía como un devorador de libros, él mismo había escuchado sus historias sobre algunos libros turbios que se había encontrado en el camino.
De alguna manera, Harry siempre le dio la imagen opuesta a él, demasiado tranquilo, ajeno a la vida universitaria, mientras él le gustaba ir a las fiestas siempre que podía, a menos que fueran exámenes, porque entonces él era abnegado.
Sus padres estaban haciendo un esfuerzo realmente grande por cubrir los gastos que no cubría la beca y él por su parte se encargaba de mantenerse alimentado, con un techo y por supuesto cuidar su promedio.
—Suena genial, si voy un fin de semana realmente espero verte alrededor —soltó de nuevo, sin pretender coquetear.
—Creo que de alguna forma me has tenido alrededor los últimos días —Louis rio, era cierto. Ni cuando estaba en su fase tan intensa de conquista encontrándose a Harry de “casualidad” le vio tanto como las últimas semanas y vaya que el campus era enorme.
—¡Jah! —dijo Louis riendo—. Puede ser que me estés siguiendo, nunca lo sabré.
Los ojos chispeantes de Harry brillaron, antes de que una sonrisa se extendiera por sus labios.
—¿Qué tal Lestat? —inquirió Louis. Sin embargo, se cortó cuando notó que Harry se acerca un poco sentándose con confianza en la ventana. Estaba tan cerca que él pudo inhalar apropiadamente la hierba buena más cerca.
Su corazón se aceleró, jodida mierda. Sus ojos miraron fijamente la piel del pecho exhibida del alfa por una camisa ligeramente amplia, su omega interno gimió de deseo.
Dos puñeteros días, tan cerca... tan cerca.
Se liberó, observó con detenimiento el alfa con hambre, los labios de Harry hablaban, pero él no podía oírlo. Había escuchado otras veces sobre omegas que se había embriagado con el aroma y el sabor de un alfa, no lo había creído, pero él se sentía desconectado, ansioso.
Todo se volvía Harry, sus labios mordisqueándose luego de una retahíla larga de palabras, su pecho que se movía acompasadamente con cada inhalación, sus manos fuertes adornadas de anillos y aquel esmalte aguamarina, sus piernas largas y firmes.
No pudo retenerlo más, tampoco pudo sentirse avergonzado cuando un fino hilo de lubricante se deslizó fuera de él. Apretó con fuerza al libro entre sus dedos y se inclinó contra el alfa.
—Hueles bien —dijo con voz afectada, la cual llenó el espacio de silencio que él no sabía que se había formado.
Harry estaba completamente callado y sus fosas nasales aleteaban suavemente, casi como cohibiéndose de ser obvio al aspirar su aroma a deseo.
En un impulso de su omega que incluso parecía en celo, aunque todavía no podía sentir el calor, se inclinó hacia el alfa.
—Por favor, alfa. Por favor —murmuró entre suplicante y deseoso.
Por supuesto que él no entendía cómo una conversación sobre un libro podía acabar de tal manera. Harry no movía ni un músculo y él no podía sentirse avergonzado, porque no lo detuvo, eso no lo detuvo de inclinarse y restregar su mejilla contra la del alfa como un gato.
Más lubricante fue liberado cuando el aroma a hierba buena se intensificó empapando el espacio. Su mente sólo era un tarareo constante de “alfa, alfa, alfa”, debía estar drogado o volando muy alto, no lo sabía. Pero palpar la piel de Harry sólo en roces suaves era erótico.
Era erótico sentir la piel suave de la mejilla del alfa contra la suya que estaba ligeramente raposa por una barba incipiente. Cuando Harry reaccionó, él cayó súbitamente de la nube y se volvió un lío de desesperación.
El alfa le había besado duro, dejándolo sin aliento, con su espalda golpeando duramente contra el marco de la ventana. El alfa se erguía sobre él y él se sentía como un cordero próximo a ser devorado por una fiera.
Las manos de Harry que lucía gentiles, ahora se había vuelto las precursoras de un agarre demandante, dominante, sobre sus muñecas mientras tiraba de él, dejándole indefenso y a su merced.
La lengua de Harry no hizo nada por apagar su fuego, sino que le avivó, provocando gemidos quedados que adsorbió hábilmente el alfa.
—Fóllame —dijo ahogado, cuando el alfa se fue a su mejilla en un beso con boca abierta—. ¿Por qué no me has jodido? Te he suplicado, me he ofrecido —decía con palabras temblorosas y enredadas en su lengua.
Harry no respondió, sino que aspiró audiblemente su cuello y mordisqueó la zona causando que más lubricante saliera despedido de su interior.
Iba a entrar en celo, él iba a entrar en celo en la biblioteca sólo por Harry besándole húmedamente.
Soltó una cadena de “ah ah ah”, cuando el alfa le upó y lo sostuvo contra la pared y entonces aquella enorme polla alfa rozó con la suya febrilmente. Louis tiró su cabeza hacia atrás y apretó los ojos, porque se sentía demasiado pesado ver la luz de repente. Él sólo podía sentir, hasta saborear el aroma espeso de Harry en su lengua.
“La biblioteca cerrará en tres minutos”
Todo se apagó... cayó rápidamente, casi como una tragedia hubiera acabado de golpe con la muerte del personaje. Harry se congeló contra él y él apretó sus hombros con sus uñas. La realidad le golpeó de repente, estaban follando en seco de la biblioteca cuando sin mediar palabra él se había restregado contra Harry como un necesitado.
Le había llamado con sus feromonas, había lubricado para él y bueno Harry no se había detenido, pero no había dicho nada y él... él había dicho cosas.
Sus pies tocaron él suelo y él aún no se sentía estable, su agujero se apretaba alrededor de la nada, hinchado, húmedo, necesitado.
—¿Louis? —escuchó la voz ronca del alfa, causando que su vista se enfocara sólo un poco en aquellos ojos negros a penas delineado por el verde. Estaba en modo alfa.
—Lo lamento—dijo el omega, sin saber qué lamentaba, si estar demasiado hambriento, o los meses de lucha por meterse en los pantalones de Harry sin que el alfa le diera una mínima señal.
Estaba atontado, no sabe qué hizo, pero tomó el libro que para esos instantes estaba abierto tirado en el suelo boca abajo y salió caminando rápidamente con incomodidad, con su culo empapado y una erección pulsando contra la corredera de sus jeans.
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Louis estaba de mal humor como siempre el día previo a su celo, los cambios de humor eran complejos. Era viernes y se anticipaba un fin de semana lleno de dolor y pollas de plástico con nudos inflables.
Hacía dos días había ocurrido el incidente de la biblioteca que él no sabía cómo calificar, él nunca se había sentido avergonzado de su coquetería y de muestras de libertad sexual, pero su parte humana no conectaba con su omega y le acusaba de ver a Harry como una polla no más. Por supuesto que su omega no lo veía así, su omega quería a Harry entero tanto como él, pero en el calor de la cercanía del celo y la necesidad de un apareo, tenía prioridades.
Prioridades a las que Louis no quería ceder el último mes sintiéndose un completo fracasado y por supuesto casi que un acosador.
A pesar de ello, aquel día llego a su apartamento compartido y se encerró en la habitación corriéndose al mecerse contra la sábana sólo con el toque fantasmal de Harry en sus muslos y el fuerte agarre de sus glúteos cuando le jodió en seco contra la pared.
Había sido su nuevo material para dormir y temía que sería el material de su celo. Imaginar aquellas manos con esmalte aguamarina acariciando su cuerpo desnudo y marcando sus caderas.
Tragó el supresor y se puso el delantal para salir con su mejor sonrisa a los comensales para lograr buenas propinas, necesitaba una nueva repisa y reforzar las que tenía o sino sus libros caerían sobre su cabeza cualquier día.
Avanzó por el salón de la cafetería tomando pedido tras otro. Las mañanas eran ajetreadas, sobre todo por la gente que iba de afán y que les presionaba por un expreso o capuccino rápido, al punto que él a veces debía volarse el mostrador para ayudar a Amy y a la cajera a preparar pedidos, pues no todos los clientes llegaban para quedarse, sobre todo entre semana.
Torció los ojos ante el coqueteo un alfa joven, al menos por un par de años que él, sabía que podían olerlo, no era un olor abrumador pero si había una fina línea que marcaba su aroma, la cual se ampliaría con el pasar de las horas.
La mañana pasó rápido y con ello la cafetería entró en una pequeña tranquilidad. En la cocina sus jefes reían preparando todo para el almuerzo, no era su especialidad, pero habían creado un pequeño catálogo para suplir las necesidades de quienes quisieran llegar a la cafetería cuando rondaba el medio día. Justamente él se moría por un wrap con mucho pollo y salsa, pero él tenía que esperar un poco más para poder tener su hora del almuerzo.
Sus pies le mataban un poco cuando se levantó de la pequeña butaca de la cocina y salió a atender de nuevo con una palmada en el trasero por parte de Vilma, avanzando hacia el salón de la cafetería. Saldría temprano para evitar contratiempos en el camino a casa por si su olor se tornaba imposible de manejar.
Había un par de mesas ocupadas por lo que colocó la comanda en el bolsillo de su delantal al igual que el bolígrafo dispuesto a tomar pedidos. La pareja de ancianos que estaban allí fueron realmente amables con él, estaban teniendo su almuerzo aniversario en su cafetería preferida, Louis les conocía desde luego, habían sido sus vecinos antes de que sus padres se mudaran a otra ciudad hacía unos meses ya dejándole en el pueblo dado que él ya estaba en la universidad y no deseaba marcharse y perder la beca.
Avanzó a la otra mesa repitiendo en su mente los detalles del pedido porque siempre podía confundirse u omitir alguna especificación y causarle una alergia a alguien... Sí quizá era algo melodramático, pero ya tenía la experiencia en eso.
—Bienvenido, ¿desea algo de nuestro menú de almuerzos o el menú tradicional? —comentó aun observando la comanda del pedido, antes de elevar el rostro y poner una sonrisa que quedó congelada en su rostro una vez vio frente a él aquellos ojos verdes.
Entonces fue como si todo estallara en un segundo, sus fosas nasales fueron conscientes del aroma del alfa que no había detectado antes y sobre todo de aquella línea también que le adornaba como el suyo propio.
—Hola —murmuró el alfa con voz ligeramente oscura y lenta como era usual—. ¿Cómo estás?
Louis sintió que sus mejillas ardían
—Estoy bien —respondió con voz suave tratando de mantener su estado de ánimo y vergüenza a la raya—. ¿Tú?
—¿A qué hora saldrás a almorzar? —directo y conciso, un rasgo que Louis no había visto antes.
El omega se concentró en tratar de descifrar el aroma del alfa, sin embargo, de alguna manera no podía hallar nada que le permitiera saber al menos cómo se sentía Harry.
—Una hora más o menos.
—¿Crees que mi orden podría estar lista para esa hora? —comentó—. No sé qué pienses, pero me gustaría sentarme a comer contigo, si no puedes hacerlo aquí, puedo hacerlo donde tu jefe lo permita.
—Harry, yo creo... Es decir, lamento mucho haberte incomodado, pero yo-
—No lo hiciste Louis —su voz fue pausada pero el nuevo tono grueso puso a su omega alerta y sintió su celo arrastrarse un poco más—. No lo has hecho nunca, pero es algo que debemos hablar ¿no crees?
—Sí, lo sé... Es sólo que...
—Pude olerte, puedo olerte ahora y yo... —dijo el alfa tropezando sus palabras—. Por favor.
Louis limpió sus manos húmedas en su delantal.
—Está bien —dijo. Y avanzó alejándose del alfa a llevar los pedidos, antes de devolverse sobre sus pasos—. Olvidé tomar tu pedido.
Entonces Harry sonrió brillante y de alguna manera momentáneamente la tensión entre ambos disminuyó.
Louis saboreó el caldo en su plato. Remi no había tenido inconveniente en que tomara su hora de almuerzo en el salón y no en un rincón de la cocina, así que quitó su delantal y llevó el pedido de Harry antes de llevar el propio y sentarse frente al alfa. Trató de mantener sus feromonas a la línea y probablemente sus cortas piernas estaban más juntas de lo normal.
Frente a él Harry disfrutaba un su wrap, él tenía uno igual, pero no desaprovechó el hecho que Remi haya sacado un poco de caldo para los empleados ese día.
Ambos estaban en un tranquilo silencio, comiendo con calma su almuerzo, intercambiando miradas casuales. Harry lucía relajado, mostrando como único indicio frente a su inminente celo estaban sus pupilas dilatadas, pero al parecer el alfa parecía tener un control completo de su aroma.
—Harry —trató de decir una vez ambos platos estuvieron vacíos a un costado de la mesa.
—Déjame hablar primero a mí, ¿por favor? —le comentó el alfa con un gesto suave, casi que tranquilizante.
Louis sólo pudo asentir, haciendo un gesto con la mano.
—No tenías que pedir disculpas ¿si? —dijo el alfa—. Todo el tiempo correspondí, aunque ciertamente me tomó por sorpresa que tú estuvieras interesado en mí.
Entonces Louis rio, en verdad el alfa no podía captar una indirecta aunque le golpeara la cara.
—¿Por qué ríes? —preguntó el alfa con curiosidad.
—Harry, te di todas las señales posibles de mi interés por ti, usé ropa mostrando mi cuello, intensificadores de aroma, palabras y libros con doble sentido —dijo el omega mirándole sinceramente a los ojos, a lo que el alfa lucía ligeramente atolondrado—. Era todo para ti, para que te metieras a mis pantalones, quiero decir... No tan así, o sea si quiero que me folles, pero no sólo eso ... solo es que yo —Louis tropezó con sus palabras notando que había hablado muy rápido y había logrado al alfa sonrojarse y su desvergonzado omega liberó su aroma y entonces él estuvo completamente apenado—.Me sentí mal, porque mi omega esta como muy enganchado contigo físicamente y me di cuenta que me estaba volviendo esos omegas que usualmente te persiguen en la librería y yo no, o sea no voy a negar que tengo las mismas necesidades, pero ... sólo, debí aceptar que no estabas interesado, me sentí un acosador este último mes, luego te bese y yo...
—Louis —dijo el alfa en tono seco haciéndole detener aquella verborrea que lo estaba avergonzando profundamente.
Él se quedó en silencio observando al alfa atentamente.
—Yo... No pude verlo, pero tú tampoco respondiste mi carta.
Entonces Louis se quedó estupefacto.
—¿Carta?
—Te dejé una carta dentro del libro “mujercitas” al sexto mes en que fuiste a la biblioteca —comentó el alfa jugueteando con sus manos—. Sí sé que es tonto y suena un poco a lo que haría un adolescente, pero no sabía cómo acercarme. Tú sueles ser naturalmente coqueto...
—Y tú naturalmente amable —contratacó Louis, antes de soltar una risa.
—Te veía hablar —afirmó el alfa—. Eras lindo con todos por igual, cuando usaste intensificadores de aroma pensé que era por alguien más. El punto es que ya había dejado esa carta en el libro esperando una respuesta que nunca llegó; entonces asumí que no estabas interesado y que no lo mencionaste porque te ponía incómodo, no vi más señales, juro que no las vi... Entonces me besaste y mi cabeza ha estado hecha un lío, porque en verdad te deseo y también quiero algo contigo... Lo que quiero decir, es que me gustas Louis, lamento si no lo pareció, si lucía como que me acosabas, no lo hacías, yo no pude notarlo, pensé que eras sólo tu.
—Tu eres amable con todos Harry, realmente tú lo eres, ni siquiera notas cuando un omega coquetea contigo, por supuesto que tampoco notaste los míos, pensé que de plano no te interesaba... Pero yo... mi omega lo sentía y ya creo que no podía pasar un mes más, ya no.
Harry lucía serio y Louis ya no sabía que más decir, había un alivio recorriendo su cuerpo, pero al tiempo alguna clase de anticipación.
—¿Entonces? —peguntó con la confianza volviendo a su cuerpo—. ¿Aún...?
—¿Me gustas? —preguntó el alfa con una pequeña sonrisa—. Bueno eso no es precisamente una decisión cuando tu lobo se impregna de un omega coqueto, pero por supuesto, ha sido tu ser Louis, nunca me he sentido tan tranquilo con alguien, ser yo mismo con un omega sin temor a comentarios sobre cómo puedo follarlo o cómo soy un alfa extraño. Porque resulta que de alguna manera los comentarios pasan de un extremo a otro.
—Pero, aún quiero saltar sobre tus huesos —dijo Louis con voz gastada y el alfa rio—. Sé que eres más que un nudo y quiero más que eso, pero jodidamente luego de haber pasado este momento incómodo, sólo quiero que me folles, luego de eso, probablemente te lleve a cenar cuando mi omega se le aplaque un poco el calor... quizá vaya a querer saltar sobre tus huesos todo el tiempo porque eres increíblemente atractivo.
Otra carcajada salió de la garganta del alfa y en esa oportunidad él rio también. Cuando ambos dejaron de reír, fueron conscientes de lo que lograron conversar y desahogar sólo en unos minutos.
Louis jugó con sus manos con nerviosismo.
—En verdad no pensé que esto ocurriera —admitió el alfa con sinceridad tomando sus manos entre las suyas.
Louis sintió un calor recorrerle al sentir la tibieza de las manos del alfa y su omega gimió entusiasmado, enfocándose de más en el tamaño de tales manos y sus dedos.
Entonces Louis gimoteó cuando el alfa se inclinó sobre la mesa, con su aroma invadiendo el suyo de poco, persiguiendo más, sólo un poco más de aquel aroma celo, él podía sentirlo. Podía sentir la ansiedad y el deseo espeso de Harry en su aroma.
—Eres tan caliente, Louis —juró el alfa a su oído—. Pensé que con cada prenda, cada intensificador de aroma sólo buscabas perturbarme, burlarte de mi interés en ti, porque lucían tan impetuoso, coqueto con todos.
Louis soltó un gemido quedado ante el tono ronco del alfa, sintiendo al lubricante deslizarse lentamente de su interior. Había olvidado el lugar y que pronto debía volver a trabajar.
—Louis tenías ese aroma que anunciaba tu celo e ibas con alguien más, mientras yo sólo me tocaba pensando en lo cálido y ajustado que te sentirías si fuera yo el elegido, porque yo soy especial y por supuesto, tu eres un chico igual de especial para mí, ¿no es así Louis?
El omega apenas pudo asentir, y apretó entre sus manos las de Harry que parecían sentirse más grande de repente.
—Harry, no... —trató de decir, sintiendo que su celo se anticiparía si seguían así, él mismo podía sentirse hinchado y húmedo en su borde.
—Y luego en la biblioteca, ¡Dios, Louis! Te lubricaste así no más, por mí y lo entendí. Estábamos tan ciegos cariño, los dos, pero ya no pasará más —dijo el alfa besando la mejilla del omega—. ¿A qué hora vengo por ti? —dijo en un susurro.
—Cuatro —dijo el omega con un hilo de voz.
—Bien, vendré por ti y haré un nido precioso para ti, entonces te follaré por días, cariño —comentó el alfa—. No podrás sacarme de tu sistema luego de eso, me encargaré de recordarte la sensación de mi polla llenándote cada noche —murmuró—. Ahora, ve a enjugarte, no queremos que otros alfas huelan lo que es mío ¿o sí?
—No, alfa —murmuró con la lengua pesada.
—Bien —aceptó el alfa pronto dejando un beso nuevamente en su mejilla antes de apartarse y tomar la chaqueta en sus manos y salir con su lento andar.
Dejando a Louis con un hormigueo en su vientre y una pequeña mancha de humedad en la parte trasera de su bóxer.
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Louis apretó sus manos contra el cinturón de seguridad, gimiendo suavemente ante la intromisión de un par de dedos en su interior. Tiró la cabeza hacia atrás contra el asiento gimiendo ruidosamente mientras escuchaba un gruñido de Harry, quien permanecía con el ceño fruncido concentrado en la vía.
Por supuesto que su celo se había adelantado y había lloriqueado por el nudo de Harry una vez habían salido de su apartamento en dirección a la del alfa. Ahora estaban allí en medio de la vía, en la que él por primera vez bendecía los autos eléctricos porque le permitían al alfa penetrarle con sus dedos mientras conducía
—Por favor —lloriqueó fuera de sí, quitando su cinturón de seguridad queriendo acercarse a Harry.
—Quieto —dijo Harry de repente muy tenso, maldiciendo entre dientes. Louis llevó su mano a la del alfa guiando los movimientos, causando que este gruñera por el atrevimiento y que el automóvil se empapara aún más de su aroma a celo—. Provocarás mi celo, cariño; aún debemos llegar a mi casa.
—Por favor, duele —suplicó, moviendo sus caderas contra la mano del alfa.
Le escuchó lanzar una maldición, antes de que todo se detuviera. El ruido de un asiento moviéndose hizo que se enfocara un poco atención, notando que el alfa había movido el asiento hacia atrás dejando un espacio más amplio entre el volante y él. El ruido sutil de una corredera abriéndose aturdió sus sentidos demasiado despiertos, seguido del rompimiento de una envoltura.
Un condón para nudo, bien.
Harry no dijo una palabra, sólo palmeó sus muslos un poco y entonces Louis estuvo apurándose a su regazo.
Soltó un lloriqueo de alivio cuando se empaló a sí mismo en aquel grueso falo, apoyándose en los hombros de Harry.
Los ojos del alfa eran oscuros, aún no olía a celo, pero él podía sentir que estaba ahí cerca acechándole y por supuesto, él quería ser cazado, amordazado y jodido duro contra las suaves mantas de un nido que oliera a ambos.
—Tan caliente, cariño. No podías esperar a casa, tenías que ser tan travieso llamándome con tu aroma —gruñó el alfa enterrando su nariz fileña en su fuente de aroma—. Joder, quisiera bañarme en tu aroma.
Louis gimió y entonces empezó a subir y bajar rápidamente persiguiendo lo que él quería. Quería un nudo, quería ver el rostro de Harry que usualmente era risueño y adorable envuelto en una mueca de placer y deseo. Aunque podía notar que tenía algo por el alfa serio, el alfa que le había hablado rudo en la cafetería, pero este abandonado al placer, que le dejaba hacer lo que él quisiera, como si su nudo le perteneciera a él y eso lo tenía a él y a su omega fuera de órbita.
Se inclinó más, dándole al alfa un pezón alegre que chupar mientras sus caderas se movían febrilmente.
—Te llevaré a una cita cariño —dijo el alfa entrecortado, abrazándole por la cintura y con su rostro perdido en su pecho, entre sus pectorales específicamente—, te escribiré cartas, dedicaré canciones, porque estoy completamente loco por ti, te haré el amor, pero también te joderé fuerte justo como ahora —Louis gimió por sus palabras—. Cocinaré para ti, un día estallaré mi nudo en tu interior sin ninguna barrera y entonces estarás lleno de mi corrida.
Louis sintió que su orgasmo se acercaba fuerte contundente, su entrada se aferraba a la gruesa polla de Harry, sentía que estaba tan lleno, tan abierto y aun así tan sediento de ella que quería tenerla en su interior siempre. Era algo espiritual, podía sentir la conexión construyéndose, para esos instantes con la plena conciencia de sus partes humanas,
—Entonces —prosiguió el alfa—. Nuestro destino estaría escrito, tu vientre hinchado de mis cachorros —eso enloquecía a Louis causando que gimiera y se aferrara al alfa y suplicara por aquel nudo—. ¿Te agrada la idea cariño? ¿La idea de ser impregnado? ¿Estar tan lleno que escurriría por tus bonitas piernas? ¿O estar tan embarazado de mí?
—Por favor —lloriqueó—. Por favor.
—Todo a su tiempo, cariño, pero ahora primero necesito que te corras —gimoteó el alfa luchando contra su necesidad de correrse—. Vamos bebé.
Entonces Louis se quebró con lágrimas de alivio en su mejilla cuando estuvo corriéndose profusamente contra el pecho del alfa y su esfínter empezó a apretar aquel nudo que deliciosamente se estiraba en su interior.
—¡Ah! —gimió quedándose quieto en el regazo del alfa, sintiendo el gruñido de este cuando llegó a su orgasmo.
Mientras volvía en sí, tuvo al alfa diciéndole palabras de aliento, acariciando su piel debajo de la camisa que no se había quitado, y besos en su cabello y mejillas. Él se acurrucó contra el pecho del alfa sintiendo que la respiración de ambos se ralentizaba.
De repente fue consciente del ruido del pequeño pueblo, de los autos pasando por la carretera y se encogió más de vergüenza.
—Está bien, nadie puede vernos —comentó el alfa—. No olvides el polarizado.
Hubo una interrupción por el gemido del alfa luego que otra ola se semen llenara el condón.
—¿Harry? —murmuró con voz cansada.
—¿Sí?
—Quiero todo —dijo riendo contra el pecho del alfa—. Y también quiero vivir metido en tus pantalones.
La carcajada del alfa le hizo sentir tranquilo y querido, sobre todo aceptado.
Por supuesto que el sexo fue bueno durante el celo, más cuando Harry entró en celo también. Agradeció que haya sido cuando ya estaban en el territorio del alfa y no tuvo problemas de estallidos de celos o incomodidad cuando Harry cayó. Por supuesto que si lo hacía él lo habría disfrutado, su omega estaba tan enganchado por quien era el alfa de Harry.
Era crudo, dominante, pero también cuidadoso. Por supuesto que había un nido en la habitación del alfa hecho exclusivamente para él. Se sintió mareado cuando rememoró todas las formas en las que el alfa le jodió, con premura, con necesidad, casi como si hubiera estado contenido todo el tiempo.
El celo de Harry se prolongó a la par del suyo para suplir sus necesidades y mantenerse ambos satisfechos, Ambos sabían que eso no era normal, el hecho que su celo fuera sincronizado quería decir que eran compatibles y por supuesto, que probablemente estaban hechos a la medida del otro.
Su agujero dolía un poco, pero era satisfactorio. Miró fuera del nido el desastre de condones anudados dispersos de la última ola de calor que no les había permitido limpiar un poco. Cuando alguno de los dos estaba consciente limpiaba y proveía de alimentos la habitación, hasta que se perdía la conciencia de nuevo.
Tras él Harry estaba abrazándole y su respiración jugueteaba en su nuca. Sintió el cosquilleo de la polla del alfa deslizándose de su interior recordándole que él último nudo había sido tan devastador que había llorado y ambos se habían quedado dormidos dado los extenuante de tres días de celo.
Al final del día con el cuerpo adolorido, él se despidió de Harry en la puerta de su apartamento con un beso y recibiendo una marca de aroma del alfa en todo su cuerpo, casi como si olvidara que ya había estado en su interior.
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Harry bebía su café sin apartar la mirada del libro como era usual cada domingo. Después de un trago tomó una galleta de avena y luego sacudió los residuos de la punta de sus dedos.
Elevó la mirada por unos segundos aspirando el aroma suave a arce de Louis, quien caminaba de un lado a otro con bandejas ateniendo clientes. Se fijó en su cabello cayendo a un costado, su piel ligeramente morena luego de un día de playa, su sonrisa brillante regalada a un par de clientes, antes de volver al mostrador y dictar las órdenes a quienes estaban en la cocina.
Con lo pesado de la universidad y por supuesto por más espacio juntos, Louis había tomado los domingos desde hacía un mes, cuando su noviazgo se había formalizado. Con el calmo aroma a arce de su omega, volvió a concentrarse en el libro analizando el color azul con el que Louis había barnizado sus uñas.
Luego de unos minutos, se asustó cuando una mano estuvo sobre la suya. Louis le sonreía brillante al otro lado del mostrador, lo que significaba que Amy probablemente estaba de mesera, mientras Louis estaba en su lugar.
—Cariño te he llamado varias veces sin que me notes —comentó.
—Perdón —se excusó, apretando la mano suave del omega.
Este bufó y no le restó importancia, pues él conocía de su falta de atención cuando estaba leyendo.
—Tengo algo para ti —le dijo el omega, mientras él bebía su taza de café.
Louis buscó debajo del mostrador y tomó el libro del Conde de Montecristo que él le había prestado tres meses atrás y que por supuesto, él no había olvidado, pero no quería pedirlo de vuelta simplemente porque sabía que lo tenía Louis.
—Ya tengo dinero para uno nuevo y además creí que era un detalle muy especial porque es de tu madre. Sólo tú debes tenerlo —comentó el omega suavemente.
Harry observó la portada acariciando suavemente los bordes de su portada gastada. Sin pensarlo, lo abrió pasando las páginas con velocidad, aspirando el aroma a libro antiguo y el olor residual del propio olor del omega. Quedó sorprendido cuando notó un trozo de papel en medio del libro.
—Sé que la primera carta que me escribiste no existe más y que has tratado de llenarme de muchas más diciéndome cuánto me amas, así que esta será mi primera carta de mí para ti —dijo el omega—. No soy muy bueno con las palabras y probablemente, no tengo el mejor repertorio lingüístico, pero la carta dice lo más importante de todo.
Harry elevó una ceja con curiosidad tomando el papel y leyendo la letra en grande de Louis, era simple, pero su corazón fue abrigado por el amor más puro.
“Te amo, gracias por mostrarme esta primera parte de ti”
Sinceramente tuyo, Louis.
1 de septiembre del 2019
—Iba a ser la fecha en que lo iba a devolver —dijo el omega con las mejillas coloreadas.
Harry colocó el papel en el libro cerrándolo de nuevo y entonces, a pesar de estar en el trabajo del omega se inclinó y dejó un corto beso en sus labios.
—Alexandre Dumas tenía razón —dijo muy cerca del rostro del omega quien le observó confuso.
—¿Qué?
—“Los omegas son como una buena taza de café: la primera vez que se toma, no deja dormir”
Entonces Louis le sonrió, antes de volver a trabajar.
Quizá ellos tendrían su propia historia en un papel algún día y Harry... él pensaba que haberla vivido, sin duda fue más alucinante que haberla siquiera imaginado en medio de la soledad de la librería.