Hermoso accidente II: Hasta el fin de los tiempos

Summary

La vida parecía decir a Ciel y Sebastian que tenían derecho a vivir una nueva y diferente oportunidad a pesar de que son seres cuyo pasado asoma y desborda una gran oscuridad, pero por una jugada curiosa del destino les otorgó a ambos la misma esperanza y luz: Brisell, su hija. Sin embargo, esa felicidad no era el plan que quería para ellos el ser que gobernaba el lugar de origen de Sebastian; no lo permitiría y más si aquel demonio que se rebeló ante él siglos atrás, había roto las leyes de su especie: un crimen que debía condenarse bajo el peso de sus leyes. ¿Lograrán Ciel, Sebastian y Brisell estar juntos como familia? O, ¿serán dolorosamente separados por la eternidad?

Status
Ongoing
Chapters
10
Rating
n/a
Age Rating
18+

PRÓLOGO

La reina había muerto envuelta por las grandes llamas en aquel lugar donde reinó largos años, un lugar que custodió pecados que un monarca de su nivel no debía jamás tener y mucho menos que salga a la luz convirtiéndose en dominio de su pueblo.

Nadie en Inglaterra sabía la fuente original de la publicación de aquella información que incluso argumentaba a la perfección el hilamiento de cada acción retorcida. El plan fue tan perfectamente calculado que los habitantes no pudieron refutar en contra, de decir que todo aquello era una manera de difamar a un ser que ahora ya no podía defenderse; todo cobró sentido, existía evidencia, algo que ni Scotland Yard podía negar.

Entre estas noticias mencionaban que las últimas víctimas de la reina fueron parte de su fiel personal que le sirvió no solo por años, sino también lo hizo su predecesor; ambas víctimas donde su único “error” que los llevó a la muerte fue haber sido leal y por saber demasiado.

El conde Ciel Phantomhive y su mayordomo Sebastian Michaelis fueron proclamados como fallecidos, el único detalle es que solo se sabía del suceso, los cuerpos no fueron hallados, no existía tan siquiera una pista de donde buscar para otorgarles su santa sepultura.

Sin embargo, se corre el rumor que ambos sabían las intenciones del destino que quería para ellos la reina, a pesar de eso, continuaron trabajando hasta el último día de sus decesos siendo esta en una misión encomendada que más bien fue una trampa cuyo propósito era un cavar un final.

Al tener cierta lista larga de enemigos la reina, su asesino pudo ser cualquiera para cobrar alguna venganza pendiente por lo que el misterio se dejó ahí, con carpeta cerrada.

Muchas personas que conocían los bienes del muy joven conde, se preguntaron al principio qué sucedería con todo a su nombre. Pero con la misma inteligencia y astucia que demostró a su corta edad, este dejó preparado todo documento donde una parte importante del contenido se filtró captando la atención y el morbo de las personas: el aristócrata dejó en vida a una persona heredera de todo, solo que reclamaría, con documento en mano, en algún punto del futuro lo suyo por derecho legal, es decir, que del momento no existía nombre porque su ex prometida no figuró en los posibles. Lo que sí es que existían cláusulas siendo una de ellas: los sirvientes que trabajaron para él, podrán continuar viviendo en sus mansiones para seguir cuidándolas, mas esto no les ataba si no era deseo de ellos. Si lo era y cumplían con el trato, seguirían percibiendo un sueldo que dejó asegurado para cada uno, aunque se desconocía la persona a quien dejó con aquel trabajo para hacer valer su voluntad.

Los sirvientes del ex conde, al enterarse de la trágica y lamentable noticia, quedaron totalmente devastados; el lazo creado era genuino tanto que su felicidad regresó a la vida entre la neblina de una madrugada, cuando un elegante hombre vestido de mayordomo caminó hacia ellos con otras dos personas en sus brazos.

No lograban dar crédito a lo que cada presente veía; era imposible. Toda Inglaterra los dio por muertos. Solo que Inglaterra no sabía de la niña que también llegaba en manos del menor y su relación sanguínea que la llevará a proclamar lo que le fue cedido hasta que tenga cierta edad para hacerse público.

Amo y mayordomo les explicaron a las únicas personas de quienes podía confiar lo sucedido y a la vez lo necesario. Lo importante que era continuar con esa información falsa sobre ellos dos procurando proteger la existencia de la bebé incluso de la única familia que Ciel tenía. Aunque hicieron una pequeña excepción con Elizabeth, al saber claramente de la persona a quien se refería dicho documento, se corría el riesgo de que pudiese mencionar o hablar de forma innecesaria, así que a ella se le fue enviada una carta escrita por Ciel explicándole que Brisell estaba resguardada lejos del país por su seguridad a pesar de que él ya no estuviera con vida, y que era su última petición a pedirle en que guardara el secreto, que sabía bien que podría confiarle su valiosa privacidad.

Y así fue. Elizabeth por el cariño y recuerdo de su primo, guardaría en su memoria toda la información. Lamentaba mucho no poder ver crecer a Brisell, pero reconocía que era lo mejor. Esperaría el día en que la volviese a ver, muy probablemente ella ya siendo toda una jovencita y tal vez recuperar el tiempo perdido.

Los padres de Brisell optaron por quedarse en la mansión principal, teniendo sumo cuidado por cualquier tipo de visita inesperada y no deseada. Querían que su hija no creciera sola rodeada únicamente con ellos dos, y al saber muy bien que existían estas personas que estimaban a la menor y de ser necesario la protegerían mientras se preparaba para dominar su naturaleza, no dudarían de compartir el crecimiento de la persona más importante para ambos.

Darían sus vidas de ser necesario, lucharían contra cualquier ser incluso si estos no fuesen humanos siendo justamente la amenaza que ya acechaba a la familia Phantomhive.

Desde cierta lejanía – mas no para seres sobrenaturales – observaban la rutina de quien en la actualidad se hacía pasar por un humano trabajando de mayordomo sirviendo al joven que debería de estar muerto, y ante todo que el contrato que los encadenaba debió de haber finalizado; ese demonio era libre, entonces, ¿por qué seguía ahí?

Desde hace siglos lo mantenían vigilado, él lo sabía, por esa razón se encargó de darle fin a cada uno de los informantes de su padre cuando vio la oportunidad. Y como llevaban ya muchos años que no volvió a detectar alguno, concluyó que ya no podía arriesgar a más de su gente; así fue… por un tiempo. La última vez, anterior a la actualidad, fue cuando ya desempeñaba ese papel de mayordomo encargado de toda una mansión, sirvientes y un conde demasiado pequeño; aproximadamente dos años, tiempo en que en el ser que gobierna el inframundo se encargó de ver que sus vigilantes especiales que tiene la misión de mantener el control de los de su raza fuera del territorio, para ser exactos cuando estos se encuentran con los mortales, tuvieran un mejor entrenamiento y desarrollo de habilidades dignas del cargo. Así podría saber con exactitud los pasos de aquel hijo que negó cargar con la responsabilidad que le correspondía por obligación de nacimiento.

Y lo que parecía es que realmente rindió frutos las nuevas generaciones, eso permitió que sus guerreros se dieran cuenta del gran delito que el “príncipe” del averno había cometido y que este gateaba en el jardín siendo su viva imagen, y por si aún cabía alguna ligera pizca de duda, ella, antes de llegar a los brazos que la llamaban, se detuvo para mirar hacia donde las presencias invasoras los acechaban y por ende tuvieron que ir de retirada a informar.

Anexando a la lista de delitos, se incluía la falta del consumo del contrato – a pesar que fuese el menor de todos -, la conversión de un humano a demonio

Si ellos no podían creer lo que vieron, mucho menos el más poderoso; pero eso se remediaría, harían valer las leyes por lo que ingenuamente aquel que se hace llamar “Sebastian”, creyó que escaparía. No, al rey nunca se le escapa algo, mucho menos de esa magnitud y eso se lo demostraría de la forma digna de su fama, aun a pesar de que fuese su único heredero.