Prólogo
Lea Romanova (POV)
Meses antes...
El sonido de mis zapatillas de plataforma era lo único que podía escucharse a través del extenso y lujoso pasillo, mi mirada seguía en alto aunque eso no impedía detallar el lugar a fondo. Todo se veía jodidamente costoso, y podría jurar que esta decoración tan simple valía más que toda mi existencia.
Debía registrar bien cada centímetro del lugar sin parecer sospechosa, cosa muy difícil porque cada pocos metros había al menos un guardia o un idiota mirando embelesado cada jodido retrato, cuadro u obra dentro del pasillo o los cuartos.
Casi al final del pasillo estaba mi destino, y quizá por obra del destino solo un par de puertas adelante, al final del mismo, un gran ventanal que dejaba vista hacia el área boscosa de la mansión.
Detuve mis pasos frente a una enorme puerta negra con pequeñas piezas en dorado, dejando al medio de la misma una especie de angel de lo que supongo era metal. Junto a esta un par de hombres que me miraron dudosa al principio, pero al notar el botón en forma de media luna me dieron paso.
Bien, eso había sido muy fácil y si todo continuaba así, no tardaría mucho en lograr mi objetivo sin ser descubierta.
—Come in, Mrs. Moretti, Mr. Darían is waiting for you.
Dijo uno de ellos mientras abrían paso anunciado brevemente mi llegada, me adentré en la habitación.
No había duda que Darian Macedo despilfarraba dinero a diestra y siniestra, no he de negar que su despacho era un lujo total, y ciertamente parecía una maldita biblioteca en lugar de una oficina.
—My dear, you're just in time.— dijo Darian con una sonrisa en el rostro, una vez dentro las puertas se cerraron dejándonos completamente solos.
Él desde su asiento me hizo señas indicando que tomara asiento.
—Realmente ha pasado un largo tiempo, Darian,— dije sonriendo mientras hacía lo que me indicó. —¿Y justo hoy se te da por redimirte?— me reí sin mostrar nada más que burla.
Solté un suspiro y lo ví acercarse a tomar de un cajón un cigarrillo.
Se encogió de hombros. —Quiero una vida libre de todo esto, Lea, esto lo hago por mi familia,— la simpleza con la que lo dijo me hizo saber que no mentía, si había algo que Darian Macedo no sabía hacer era mentir. —Te propongo un trato.
Alcé una ceja en su dirección y estaba dispuesta a irme a si que dije. —¿Un trato?— dije entre risas. —Dime, ¿Qué tan correcto y ético sería hacer un trato por alguien buscado por más de 12 mafiosos de distintos países?— dije sarcástica y comencé a alejarme. Continué diciendo: —¿Que se supone que haga? ¿Aceptar y ayudarte?
Negué en repetidas ocasiones. No estaba en condiciones de hacer tratos con alguien como Darian, incluso si lo consideraba parte de mi familia mi trabajo era primero. Ayudarlo en el plan que tuviera en mente nos pondría la soga al cuello.
—Si aceptas el trato, como compensación te daré todo el poder sobre mi territorio, y...— dijo antes de que terminara de salir de la habitación. Me giré para encararlo y que continuara con lo que acababa de decir. Me parecía una incredulidad lo que decía, pero, reiterando el hecho de que Darian nunca mentía me asusté.
Y justo cuando creí que nada podía hacerme cambiar de opinión, dijo algo que cambió mi vida por completo.
—Te daré en bandeja de oro al asesino de Bennett, tu hija.
Y eso cambió completamente todo. Decidí cancelar el plan de entregarlo, decidí que a partir de ese día mi vida tomaría un rumbo distinto. Porque al final del día no tenía nada en absoluto que perder.
O, eso creí.








