1. Ruta nueva
Domingo por la mañana, la ruta estaba bastante libre y una furgoneta negra decorada con grafitis era parte de ella. Dentro de esta se encontraba Mia, una joven de tez morena de largos rizos oscuros, sus ojos eran hundidos haciendo que su mirada sea profunda, ella estaba junto a su familia; una canción de la banda Sumo sonaba en el estéreo del auto mientras Roxana, la madre, le cebaba unos mates a su marido Sebastián; en la parte de atrás del coche, se veían algunas cajas junto con un bolso deportivo; el menor de la familia, Lucas, hablaba sobre algunos datos sobre las aves que podía ver desde su lado, mientras que la muchacha estaba apoyada en el marco de la ventana, tenía sus auriculares puestos, pero con un volumen moderado para poder escuchar a los demás, miraba la ruta con melancolía. Sebastián mirando por el espejo retrovisor, vio aquel rostro melancólico de la joven.
— Mia ¿Cómo te sentís? — ella se apartó de la ventanilla para mirar a su dirección y se sacó un auricular del oído.
— Estoy algo nerviosa. — le respondió con sinceridad, era la primera vez que iba a estar lejos de ellos, a pesar de que pasaba la mayor parte de su día cursando, convivía con su familia y se sentía muy afortunada de tenerlos a su lado.
— Vas a estar bien, vos sos muy sociable, conocerás gente nueva. — su padre trataba de reconfortarla resaltando aquel aspecto de ella, Roxana se volteó para ver por la ventanilla que dividía la furgoneta.
— Sabes que si tenés algún inconveniente podés llamarnos sin problema. — las palabras de ellos lograron que se sintiera un poco más confiada con esta nueva ruta en su vida.
— Podemos vernos los fines de semanas e ir a los juegos. — Mia le regaló una sonrisa a su hermano menor.
— ¿Y hacemos una carrera de karts?
— ¡Si!
Ya estaban muy cerca de la residencia universitaria, la muchacha miró de nuevo por la ventanilla, solo que esta vez se notaba más entusiasmada, podía notar una gran arbolada donde aún las hojas no se teñían de los colores del otoño.
— Se ve muy bonito. — su mirada se volvía al de una niña pequeña cuando conoce un lugar nuevo y mágico. La furgoneta llegó al lugar y se ubicó en el estacionamiento, Sebastián bajó el bolso y las dos cajas de la parte de atrás del coche mientras los demás esperaban al lado del mismo; a la familia se le acercaron la rectora, quien tenía un traje azul oscuro, se veía serena, pero con un aire de formalidad en su aspecto muy bien cuidado y a su lado el vicerrector de la universidad, que estaba más sencillo, una camisa blanca y pantalón de vestir gris.
— Bienvenidos, soy la rectora de la universidad, Noelia Reguero. — le estiró la mano a Sebastián, quien la recibió para estrecharla ligeramente y el hombre de familia presentó a su esposa y a sus hijos, pero desconcertado con su mirada buscaba a la joven, ella se había quedado mirando el alrededor, viendo el gran edificio y su jardín decorado de diferentes flores.
— ¡Mia! — la chica al oírlo se sorprendió y volvió con ellos sin tardar.
— Disculpe, el lugar se ve increíble. — la rectora y el vicerrector se rieron ligeramente por la actitud entusiasta de la joven, pero sin malas intenciones detrás.
— Les mostraremos la residencia y mañana le asignaremos un guía para que conozca las áreas compartidas de la universidad y el campus. — La rectora tenía una actitud tranquila, pero con un toque de seriedad. Un guardia de seguridad tomó las dos cajas y acompañó a la familia hacia la residencia.
En la sala de recepción, la rectora comenzó a dar las indicaciones junto al vicerrector y le dieron el recorrido del establecimiento, mostrándoles la recepción y explicando los horarios de entrada y salida, las salas de estar, un almacén y la enfermería hasta llegar a los ascensores; se detuvieron en el piso de arriba, mostrándoles las salas comunes para los residentes. Caminaron unos minutos y llegaron al apartamento, el guardia les dejó las cajas y cordialmente los despidió; el vicerrector se adelantó y sacó unas llaves abriendo la puerta, la familia, principalmente Mia, se sentían entusiasmados por ver cómo se veía el sitio.
— Adelante. — la familia entró al apartamento, la joven miraba el lugar detenidamente y maravillada a la vez.
— Por el momento estarás sola, varios apartamentos están vacíos ya que algunos estudiantes prefieren vivir con sus familias o alquilan en otro lado. — la rectora comenzó a caminar mostrándoles el lugar adecuadamente. — El apartamento tiene dos habitaciones, un solo baño y una cocina con todo lo necesario y se procura que los estudiantes cuiden del establecimiento. — el vicerrector le entregó a Mia un folio con unos papeles.
— Aquí está tu pase de estudiante, el cual también es tu boleto de colectivo, también están las reglas más detalladas tanto de la residencia como de la universidad. — ella se lo recibió con una amplia sonrisa.
Luego del recorrido, la familia se encontraba nuevamente en la recepción, el ambiente estaba un tanto tenso, silencioso y con un claro pesar, Mia largó un suspiro y decidió cortar la tensión.
— Bueno, supongo que nos veremos pronto.
El pequeño Lucas estaba cabizbajo, no quería que su hermana mayor lo viera con aquella expresión.
— ¿Lucas? — su hermana trataba de que él la mirara, pero este de repente la abrazó y se aferró fuerte a ella, el hecho de que se alejaran provocaba que el menor se sintiera vacío.
— Voy a extrañarte mucho. — su hermano le dijo con tristeza en su voz.
— Yo también Luquitas. — le respondió de la misma manera. Mia levantó la mirada y vio a sus padres, quienes estaban con una sonrisa melancólica, su madre secaba algunas de sus lágrimas con un pañuelo. — Los extrañaré mucho a todos. — su voz comenzó a quebrarse un poco, pero trató de no llorar, no quería que la despedida fuera tan dura, su familia notó aquello y sin tardar más, se unieron en un abrazo cálido antes de despedirse por completo.
La joven regresó a su nuevo, por así decirlo, hogar, se acercó a una de las cajas y sacó su laptop, la colocó en el escritorio de la habitación para luego abrirla y prenderla, mientras esperaba, sacó las demás cosas de las cajas y la laptop ya estaba iniciada por completo, a través de Spotify puso a la banda Red Hot Chili Peppers, una de sus favoritas, con la música siguió desempacando, entre ellas algunas decoraciones, fotos con sus familia, algunas con sus amigas de su anterior escuela, unas pequeñas estatuillas de animales, entre otras cosas y las acomodó en las estanterías, terminó de hacer su cama, guardó su ropa en el armario y colgó algunos abrigos en el perchero; al terminar, le dio una breve mirada a su nueva habitación.
— Quedó muy bien. — concluyó satisfecha. Estiró sus brazos y largó un bostezo, se encontraba un poco cansada, este día para ella fue bastante movido, el viaje de una hora, el recorrido y muchas emociones tras la despedida con su familia; se lanzó de espalda despacio a la cama, se acomodó y poco a poco cerró sus ojos.
Un sonido como de motor interrumpió el descanso de Mia, con molestia se levantó y aun con cansancio en sus ojos.
— 30 minutos, no pido mucho.
Se acercó a la ventana para ver de dónde provenía el ruido de aquel motor, apoyándose en el marco pudo visualizar por el estacionamiento a tres chicos hablando al lado de una motocicleta, ella se quedó mirando la escena, sin intención de querer molestarlos. Uno de los chicos era de cabello algo alborotado y de un rubio bastante claro, tenía una expresión algo seria en su rostro, la forma de sus ojos se llegaba a asemejar con la de un felino; el chico se sintió observado por la mirada de Mia, su cara demostró con claridad algo de fastidio, como si le hubiera pellizcado en la nuca.
— ¿Qué te pasa? — uno de los chicos le habló al rubio, este parecía más energético, a pesar de sus párpados caídos, era delgado de cabello muy corto y blanco, mientras que el otro, era más musculoso y alto que los demás y con tez más oscura a comparación de sus amigos, a primera vista parecía intimidante en su mirada, pero se mostraba muy sereno en su lugar, tenía un notable piercing septum y su cabello era de estilo mullet de un color grisáceo. Ambos lo miraron dudosos y el rubio sin pensarlo miró a la dirección de la joven, aun con su expresión de molestia.
— ¡Ey! ¿Qué tanto nos mirás? — Mia se quedó sorprendida, no pensaba que estaba haciendo algo malo.
— Eh... — la joven no sabía que responderle, aquel muchacho parecía un poco intimidante con su mirada fija hacia ella.
— ¿Sabés que eso es una falta de respeto? — uno de sus amigos no pudo evitar reírse de su actitud, mientras que el otro se llevó la mano al rostro y negó con la cabeza. El chico de las risas se acercó a su serio amigo con tranquilidad apoyando la mano en su hombro.
— Tranquilo Yoan, no creo que esté haciéndolo a propósito. — dirigió su mirada hacia Mia, que aún estaba algo extrañada ante el reclamo del rubio — ¿O no?
— Yo solo quería saber de dónde venía el sonido.
El chico llamado Yoan, se le quedó mirándola alzando una ceja.
— ¿Sos nueva? — su amigo risueño le dio una sonrisa mostrando unos pequeños hoyuelos cerca de la comisura de sus labios haciendo que se sintiera más aliviada.
— Si, llegue hoy.
— Bienvenida entonces. — dijo guiñandole el ojo y el rubio rodó los ojos con pereza.
— Ya vamos.
— Sos un malhumorado. — el muchacho alto largó unas risas y los tres se alejaron del lugar. La chica no pudo evitar sonreír ante aquella escena y negando con la cabeza, se alejó de la ventana adentrándose a su habitación.
Lunes, 7 h a.m.
Terminando su desayuno, Mia guardó sus cuadernos y lo necesario en su mochila, tomó su celular de su escritorio para ver la hora y se quedó mirándolo un rato, no sabía si su guía asignado iba a estar en la recepción, así que decidió esperar a que le llegará algún llamado de ahí. Pasaron unos segundos y se oyó un golpeteo en la puerta.
— Ya voy. — la abrió encontrándose con una chica de cabello corto, con algunas ondas y de color castaño, se veía bien arreglada, pero sencilla y cómoda.
— Hola ¿Sos Mia Belizzi? — la mencionada le asintió con la cabeza. — Soy tu guía asignada, me llamo Micaela Rivero. — Mia salió del apartamento y saludó adecuadamente a la chica.
— Un gusto ¿Sos de la facultad de danza?
— No, soy de lengua, se supone que tu compañera regresaría ayer de su viaje, pero se atrasó. — Ambas comenzaron a caminar por el pasillo. — Pero no te preocupes, te voy a mostrar lo más que pueda para que puedas manejarte bien. — Micaela hablaba con determinación y sensatez.
— Gracias. — respondió en confianza.
Unos minutos después, las chicas se encontraban en la parada de buses, tenía una banca bastante amplia y techada, con macetas y unos cuantos árboles decorándola.
— El colectivo 33 es el que va directo a nuestra universidad, hay 25 minutos de viaje más o menos. — justo cuando terminó de hablar, vieron el autobús pasando por la esquina.
— Y siempre está a tiempo. — Mia se sintió entusiasmada, en unos minutos iba a conocer aquel lugar que la tenía expectante.
Llegaron a la universidad tras los 25 minutos de viaje, mientras se adentraban al gran lugar, la recién llegada no pudo evitar fascinarse con la dimensión del edificio principal de la institución, era extenso, pero no muy alto.
— Te mostraré principalmente las áreas compartidas ¿Te parece bien?
— Si, claro.
Las chicas pasaron por la cafetería, se veía bastante grande, con mesas y asientos suficientes para muchas personas, había algunas máquinas expendedoras y botes de reciclaje, en el lugar se encontraban algunos estudiantes desayunando, otros lo acompañaban mientras leían un libro. Llegaron al campo de deportes, se podía ver que había canchas divididas, de tenis, fútbol, básquet y también una pista de atletismo, cada cancha estaba abastecida con todo lo necesario para los equipos estudiantiles. Pasaron por la sala de computación, muy bien equipada con sus respectivas máquinas y suministros; por el centro de estudiantes principal de la universidad, saludando a los alumnos encargados y, por último, la biblioteca, que era la más grande de todas las facultades.
El recorrido había concluido y las chicas estaban frente a la facultad de artes.
— Gracias por la guía. — la joven estaba complacida por la compañía de Micaela.
— No fue nada. — le respondió amable. — ¡Ah! — la chica sacó su teléfono del bolso que tenía. — Pasame tu número.
— Iba a decirte lo mismo. —Ambas se rieron y con gusto anotó su número en su celular.
— Perfecto, entonces nos vemos luego.
— Claro, nos vemos. — Ambas se despidieron amablemente.
— Suerte en tu primer día. — le dijo en voz alta mientras se alejaban.
En el despacho de alumnos, Mia recibió sus nuevos horarios junto con los salones donde iba a cursar las materias; revisó un mapa grande del edificio que se encontraba cerca de unas escaleras para luego encaminarse por los pasillos. Estando ya en el segundo piso, miraba las paredes con emoción, estas estaban decoradas con pancartas y folletos, adornados con toques artísticos, además de pasar por varias aulas, donde algunos alumnos se encontraban leyendo, escribiendo o pintando. En su camino, se encontró con la mirada intensa del chico rubio que había visto ayer desde su ventana, este solo la observó de manera seria, dejándola pensativa y con un poco de sorpresa; Yoan siguió su camino sin más, mientras ella lo veía bajar por las escaleras.
Con algunos nervios, Mia se paró en la puerta de un salón de práctica, agitó un poco sus manos y contempló tras el ventanal de la puerta a sus nuevos compañeros de clase. Respiró hondo y entró al lugar con el mentón en alto, algunos presentes al oír abrirse la puerta se quedaron mirando a la chica, esta solo reaccionó con una leve sonrisa saludándolos levantando la mano y entre las miradas pudo visualizar a un chico de notable cabello blanco, quien la notó también en ese momento, estaba junto con un muchacho de estatura mediana y cabellos violetas, este mostraba tranquilidad en su mirada, su vestimenta era una combinación de tonos oscuros y claros, que eran gratos a la vista, contrario a su amigo que vestía con colores más vibrantes destacando más el color verde.
— ¡Ey! Sos la de ayer.
— ¿Quién?
Mia sonrío divertida y se acercó a ellos con calma.
— Qué sorpresa.
— Te lo conté ayer, Yoan se sintió re perseguido. — dijo entre algunas risas, contagiando a su compañero quien a la vez negaba con la cabeza.
— Bienvenida ¿Cómo te llamás?
— Me llamo Mia ¿Y ustedes?
— Yo soy Hoel y él es Jeremías. — los demás estudiantes se acercaron para saludarla adecuadamente y presentarse ante ella. Entre los alumnos, una chica rubia y con algunos rulos la estaba ojeando desde hace varios minutos, tenía ojos verdes y su nariz era respingada como de muñeca; la chica vestía de rosa y blanco, su ropa parecía costosa a pesar de la sencillez y su cara expresaba un disgusto particular al atuendo de Mia, ella solía usar pantalones holgados y remeras cortas de tonos púrpura; aquella chica a pesar de su expresión de desagrado se acercó a la nueva para saber sobre ella.
— ¿Sos una becada nueva? — la chica no cambió su expresión al hablarle, haciendo que Hoel y Jeremías la miraran con seriedad.
— Ya va a empezar.
— ¿Qué? Solo es una pregunta. — la chica se hacía la desentendida mirando al muchacho de cabellos violetas.
— Si, gané mi beca por mis notas. — respondió Mia con seguridad.
— Entonces ¿Sos de clase media? Esto se está volviendo muy caritativo. — la chica parecía querer burlarse de ella.
— Dejá de molestarla Samantha. — Hoel se le acercó con firmeza.
— ¿Ya te la querés levantar? Espera al receso al menos. — algunos se rieron de la respuesta de la chica, pero él le hizo una mueca de lado y la vio de manera burlona.
— No te pongas celosa. Sabés que no sos mi tipo. — esto causó aún más risas en los demás haciendo que Samantha volteé los ojos con fastidio.
— Como sea. Escuchá nena, eso no te va hacer especial ni nada, tené cuidado ¿Si?. — la rubia le hizo puchero con sus labios, imitando un llanto, pero Mia se mostró serena.
— Gracias, voy a estar bien. — la joven mantuvo la confianza en sus palabras y Samantha no hizo más que alejarse de su nueva compañera. Hoel y Jeremías se acercaron a Mia con algunas risas y charlaron un poco. La joven se había sentido muy bienvenida, estaba aliviada y contenta de que ya tenía con quien poder entablar una conversación o una amistad. Claro, tenía sus dudas, pensaba que sus nuevos compañeros iban a ignorarla, pero por suerte no ha sido de esa manera.