1. Rutina
Un día cualquiera como en cualquier ciudad, comenzamos la mañana con los autos arrancando, las aves cantando, los niños yendo al colegio, y una mujer de unos 25 años levantándose otra vez más con el cabello desordenado, ojos cansados y con ojeras de tanto desvelarse con el celular y una falta de motivación para empezar el día esperando que caiga un meteorito para no ir a trabajar.
— Mierda... - mascullo la joven mientras se alistaba para empezar el día como cualquiera de nosotros.
No estaba ni feliz ni contenta, pues la rutina aburre a cualquiera, desde que se mudo de ciudad , iba a la universidad, tenía que que terminar su carrera, pero también tenía un empleo de medio tiempo en una pastelería, solo eligió el empleo por dos razones:
1) Estaba cerca a su departamento.
2) Si sobraba algo de lo podía llevar.
¿Quién en su sano juicio se atrevería a negarse traer consigo pasteles y empanadas que nadie quiere comprar, totalmente gratis?, si, sé que tú también quieres vivir ese sueño, pero no es nada que mera casualidad y un buen jefe competente y consciente.
— Listo ... Ahora sí estoy
La joven se arregló el cabello, se puso un overol, una camiseta ganada en un concurso de comer tacos con la frase "Eres el Taco- Saurio Supremo" , y un suéter, y camino hacia la universidad, era una mañana tranquila, aunque esperaba que está vez si hubiera clases y no tuviera que volverse por gusto como la otra vez.
El celular sonaba y ella contestó, solo eran sus amigos preguntando si haría algo después, ella hablaba feliz, se detuvo en el semáforo esperando el cambio de color y cuando lo hizo cruzó como buen peatón por el crucero peatonal pero lo que no tomó en cuenta fue un auto a toda velocidad que venía.
— Ahhh! - Gritó y salto a la vereda de la manera más atlética que en sus 25 años de existencia siquiera pensó hacer.
Las personas vieron cómo ese auto salía disparado del lugar sin detenerse o ver qué podía llevarse por delante.
— Ahora que se les necesita... ¿Dónde está un policía cuando se necesita? ... inútiles...
— ¿Se encuentra usted bien señorita? - Un auto se estacionó en frente de ella y de allí salió un hombre de traje que ayudó a levantarla del suelo.
— Si, mucha gracias por preguntar - sonrió porque ya era vergonzoso que la vieran así.
— ¿Sabe usted hacia dónde se fue ese auto que pasó por aquí?
— Pues la verdad...
Los espejos del asiento de pasajeros se abrió un poco, la joven pudo notar que había alguien más allí pero sentía una animadversion tan fuerte que cuando la persona del auto quiso hacer contacto visual con ella, giro la cabeza antes de lograrlo, causando intriga en ambos hombres.
— Verá, mi jefe está tras la pista de esa persona, debemos ... Llevarlo ante las autoridades ya que cometió un grave error, si puedes señalarnos su dirección - señala el auto discretamente.
— Se fue por allí - señalo el camino hacia otra cuadra.
— Gracias por el dato, buen día - El hombre de negro volvió a entrar al auto para conducir.
Incluso cuando el auto comenzó a moverse, nuestra querida joven se negó a hacer contacto visual hasta que se fué.
— Ahhh que día... Ya sabía yo que comencé mal el día desde que se cortó el agua.
— ¡Scarlett!
La joven giró y volteó a ver quién le hablaba, solo eran sus amigos y compañeros dispuestos a entrar a clases y ella los siguió enviando al fin una sonrisa.
Había transcurrido el día y ya era hora de almuerzo, estaba con sus amigas en el comedor hablando lo que le pasó en la mañana.
— Scarlett a tí solo te pasa esas cosas
— Ya digo yo que a ti te lanzaron una maldición
— Ahhh cállense de una vez - Fingió indignación ante los comentarios de sus amigas sacando las risas del grupo.
— ¿No te hiciste daño verdad? - Hablo una joven de pelo claro y largo - si es así vamos a la enfermería.
— Pues no lo sé Lia, ni ví si tenía algo porque apareció un auto y de la nada estaban preguntando por el loco al volante y se fueron.
— Eso es peor, ¿Qué tal si eran personas que tenían que ver con ese loco al volante - Hablo fuertemente una de las amigas de Scarlett, hizo una mueca de preocupación mientras se arreglaba su cabello rizado - pudo ser algo más.
— Tal vez, pero no sé nada Lorena y quiero que siga así, es mejor no saber nada y vivo feliz - se encogió de hombros.
Hablaron un poco más del tema, sin embargo, optaron por dejarlo así, y comenzaron a hablar de que hacer el fin de semana.
—Vamos a la playa - Sonrió Lía - le pediré el auto a mi papá y nos vamos.
— Hmm...¿Tú crees Lorena?
— Vamos Scarlett, te ayudará a relajarte un poco - Lorena sonrió dándole un ligero golpe a Scarlett.
Suspiró, al final no podía hacer mucho para negarse, así que cuánto más rápido accediera más rápido podía librarse de ellas.
Terminó la tarde y con ella sus clases y otra vez iba al trabajo para ganarse el dinero para el alquiler y comprarse un nuevo tomo de su cómic. Era una rutina bastante común y corriente como la de cualquiera, lejos de ser la estrella principal, la protagonista de la historia o la heroína que tendría a muchos personajes principales o incluso al protagonista para estar con ella, ¿Y qué sería entonces? , fácil, el extra, pero ser eso es gratificante si somos sinceros, es preferible ser eso que tener un montón de aventuras sin sentido, una existencia agitada y tener que estar corriendo de aquí para allá, suena como si la vida del personaje principal estuviera llena de muchos giros inesperados, que si somos conscientes debe ser un dolor de cabeza el afrontarlos; así que sí, está bien con vivir la vida de un extra.
— Al fin ...se terminó todo este día.
Suspiraba mientras limpiaba el piso después de una jornada de trabajo donde otra vez un cliente descuidado dejo caer la dona al suelo, y justo el lado que tenía glaseado, Scarlett estaba lista para irse hasta que escucha esa maldita campanilla de la puerta sonar, ¡¿Por qué existe personas tan inconscientes que entran al lugar faltando un minuto para cerrar?!
— Disculpe pero la tienda ya está cerrada... será mejor que....
Scarlett ya no pronunció palabra, el suelo estaba manchado de sangre, a la tienda entro una chica rubia, bastante bonita, de rostro agraciado y cuerpo perfecto, traía consigo un hombre a rastras, también guapo, cielos, debería ser galán de teleseries, pero estaba sangrando del brazo y lo único que impedía que no se desangrara era una bufanda atada a él.
— ¡A... Ayúdeme por favor! - resonó el grito desgarrador de la rubia en todo el lugar - ...se...se lo ruego...
Scarlett miró a esos desconocidos, y después miró por la ventana con rostro cansado y solo tenía una interrogante en mente: ¿Por qué el destino tenía que darle las mejores luchas a sus peores guerreros?
— Ahhhhh - suspiró pesadamente - esto está fuera de mi rutina.
Ahora solo quería que la tierra la tragara, que remedio, sabía que esto daría problemas.