Limerencia (Pausado)

All Rights Reserved ©

Summary

El amor es algo que todos experimentamos pero muchos llegamos a amar a la persona incorrecta dejándonos heridos. Aunque existen personas cuyo amor se vuelve obsesivo y posesivo haciendo que su realidad se distorsione sin notar que su entorno se ha vuelto algo que los puede dañar.

Status
Ongoing
Chapters
16
Rating
n/a
Age Rating
18+

𝐂𝐚𝐩𝐢́𝐭𝐮𝐥𝐨 𝟏: Un pequeño imprevisto.

Escuchar el sonido de las máquinas quitando la nieve de las calles se ha convertido en mi alarma todas las mañanas. Aunque detesto estar despierto desde las cinco, no me queda más remedio que levantarme de la cama para ir al trabajo.


Al poner los pies en el suelo de madera fría, escuché el sonido de mi celular. Miré la pantalla que estaba en la mesita de noche y vi un número desconocido. Intrigado, ladeé la cabeza preguntándome quién llamaba a tan temprana hora.


Solté un suspiro resignado, estiré el brazo para tomar el teléfono y acepté la llamada. Al otro lado de la línea, oí una respiración tranquila, que pronto fue sustituida por una voz tímida y suave.


— Pietro, buenos días. Lamento la hora, pero necesito que me hagas un favor.


— No me digas que te volvieron a asaltar.


Una risa nerviosa confirmó mis sospechas. Me pasé la mano por el rostro, reprimiendo un insulto que pugnaba por salir de mi boca.


— Quiero verte a las seis en el café de Marla para llevarte al trabajo.


— Muchas gracias, no sé cómo podría pagarte; en serio, eres el mejor.


No estaría tan molesto si no fuera la sexta vez en la semana que le sucede esto. Ya le he dicho un millón de veces que sea más cuidadoso, pero parece que hablo con una pared.


— Sí, sí, cuídate, por favor.


No esperé su respuesta y colgué la llamada. Me levanté de la cama y caminé hacia el baño, poniendo música para relajarme mientras me duchaba antes de enfrentarme a mi tediosa rutina. Tener que llevar al trabajo a Hansel y cuidarlo como si fuera un niño es agotador. Sin embargo, aunque me moleste, el miedo a que algo malo le ocurra me impide negarme.


Terminé de ducharme; la música seguía sonando, dándome la tranquilidad necesaria para cumplir con mi rutina matutina.


A las seis y quince, ya estaba conduciendo mi Mini Cooper heredado de mi padre, mientras Hansel bebía del café que le invité. Verlo tan concentrado, disfrutando de la vista por la ventana mientras toma su café, hizo que mi molestia se desvaneciera un poco.


—¿Qué tanto te sacaron?


—Mi teléfono viejo y la cartera — respondió, apoyando su brazo en el vidrio de la ventanilla — Llevaba unos 30 dólares.


Solté un suspiro; comparado con otras veces, no le robaron tanto. Al detenerme en el semáforo en rojo, lo miré unos segundos, notando su expresión triste.


— Al menos seguiste mi consejo de llevar el teléfono viejo al trabajo — dije, señalando la guantera frente a su asiento mientras el semáforo cambiaba a verde — Ahí hay un teléfono extra que siempre llevo. Úsalo para hacer tu denuncia mientras llegamos al trabajo.

Vi cómo asentía, esta vez con su típica sonrisa. Volví mi atención a la carretera mientras escuchaba cómo abría la guantera y tomaba el celular. Lo único que oía era su conversación mientras mi mirada se mantenía fija en el camino.



Revisar el trabajo final era lo único que realmente disfrutaba de mi empleo; admirar el producto terminado, fruto de mi esfuerzo y el de mis compañeros, me daba la tranquilidad de saber que no tendría que estresarme o hacer acopio de paciencia con ellos.


Ver el nuevo eslogan de la empresa y la presentación renovada de los productos, con ese hermoso color esmeralda, siempre es algo que me encanta de estos proyectos.


Lo único que no disfruto tanto es tener que presentar el trabajo ante los directivos y el jefe. Podría pasarme horas hablando de nuestro esfuerzo sin cansarme, y, además, soy el único en el equipo que no se pone nervioso al hablar frente a tantas personas importantes, especialmente cuando el jefe está evaluando el resultado.


Terminé de admirar el trabajo antes de regresar a la conversación con mis compañeros. Pronto terminaría mi turno y llevaría a Hansel a su casa para que no volviera a ser víctima de un carterista, una vez más.


Eran las 3:37 de la tarde. Estaba recargado en la puerta del lado del conductor de mi Mini Cooper, perdido en mis pensamientos, cuando sentí una mano posarse en mi hombro. Miré a mi derecha y vi a Hansel, esta vez más alegre de lo habitual.


— ¿Qué noticia me vas a dar ahora?


— Voy a tener una cita hoy en la noche — dijo, y su alegría me contagió al instante.


— ¡Qué bien! Ahora sí tendrás que cuidar tus cosas... y las de ella  — dije en tono de broma, aunque con un toque de seriedad.


— Lo haré, no te preocupes, lo prometo.


Levanté una ceja, dudando de su promesa, lo que hizo que Hansel me mirara con esos ojos de cachorro.


—Te creo, pero deja de hacer esa cara.


Ambos nos reímos antes de subir al coche. Nos pusimos los cinturones y, mientras conducía, escuchaba sus expectativas sobre la cita. Verlo tan entusiasmado me hacía sentir tranquilo y contento por él. Es un gran amigo, y no puedo evitar alegrarme por él.


Al llegar a mi casa, después de dejar a Hansel en la suya, me dirigí directamente a la cocina para prepararme algo de comer. Disfrutaba mucho de la calma de mi hogar cada vez que regresaba del trabajo.