PrĂłlogo
Laeris, zona de exclusión aérea, coordenadas confidenciales.
El cielo estaba rojo.
No por el atardecer.
El aire olĂa a aceite quemado, tierra abierta y sangre seca. Bajo la bota militar de Jeon Jungkook, el barro se mezclaba con cenizas humanas. Nadie hablaba. Ni siquiera el viento se atrevĂa a soplar.
La aldea de Nyandala habĂa sido borrada del mapa esa mañana. Y, sin embargo, las brasas aĂșn chisporroteaban como si se resistieran a desaparecer. Jungkook bajĂł del helicĂłptero con los ojos cubiertos por sus gafas tĂĄcticas, pero no necesitaba ver para saber quĂ© habĂa pasado. Lo olĂa. Lo sentĂa en el pecho. Lo habĂa visto mil veces. Demasiadas.
"Punto seguro comprometido. Repito: Nyandala ha caĂdo." La voz de Namjoon crujiĂł en su auricular, serena, inquebrantable, como si no estuvieran caminando sobre huesos calcinados. "El objetivo se trasladĂł al Ășltimo campamento de MĂ©dicos del Horizonte. Estamos a doce kilĂłmetros al sur. Cero apoyo aĂ©reo. Esta zona estĂĄ muerta."
Jungkook asintiĂł sin hablar. Su equipo lo siguiĂł sin preguntar.
En el fondo, todos sabĂan que era una misiĂłn sin retorno. Una extracciĂłn encubierta en territorio enemigo, con milicias extremistas controlando cada aldea, y un ciudadano surcoreano que se negaba a evacuar. Pero Ăłrdenes eran Ăłrdenes. Aunque cada paso los acercara al infierno.
El campamento no tenĂa muros. Solo lonas colgadas entre ĂĄrboles como si eso pudiera detener las balas. Jungkook entrĂł apuntando al frente, su escuadrĂłn flanqueando cada ĂĄngulo. El aire estaba cargado de cloro, medicamentos vencidos y miedo.
Y allà estaba él.
De pie, en el centro del caos, con los brazos manchados de sangre hasta los codos, sosteniendo la mano de un niño sin piernas que no dejaba de temblar. Kim Taehyung. El âcivil prioritarioâ. El maldito objetivo.
Pero Jungkook no lo vio como objetivo. No cuando sus ojos lo encontraron.
Lo vio como un obstĂĄculo.
Como un problema.
Como alguien que iba a arruinar la misiĂłn.
"CapitĂĄn Jeon, supongo" âdijo Taehyung, sin mirarlo del todo, mientras continuaba aplicando presiĂłn sobre la herida del niñoâ. "Llegan tarde."
Jungkook frunció el ceño.
"Estamos aquĂ para evacuarlo. Prepare sus cosas. Nos vamos en cinco minutos."
Taehyung lo mirĂł entonces. Por primera vez. Sin miedo. Sin sĂșplica. Con esa clase de serenidad peligrosa que sĂłlo tienen quienes ya lo han perdido todo.
"No me voy "ârespondiĂłâ. "No sin ellos."
Jungkook inspiró hondo. No estaba preparado para discutir con un civil. No estaba preparado para discutir con él.
"Eso no estĂĄ en discusiĂłn."
"Entonces me quedaré."
Hubo un silencio. Tan brutal como una detonaciĂłn. DetrĂĄs de ellos, los niños observaban. Las madres tambiĂ©n. Un anciano sin piernas rezaba en voz baja. Y Jungkook entendiĂł, en ese instante, que habĂa entrado a un campo de batalla muy diferente. Uno donde las balas eran ideas. Donde las Ăłrdenes no sobrevivĂan.
"Si se queda, muere."
"Entonces nos morimos juntos."
A lo lejos, las primeras explosiones anunciaron que el enemigo se acercaba.
Y Jungkook supo que estaba jodido.
Porque por primera vez en toda su carrera, no sabĂa quĂ© orden seguir. Ni a quiĂ©n obedecer.








