Tú y yo
Iluminado solo por la luz de la luna, me encontraba bajo el amparo de tu abrazo y, con el corazón en la mano, solo atiné a decirte «Te amo». Tus cálidas manos acariciaron mis mejillas. Me miraste con la ternura con la que solías susurrar un te quiero. Pronto tus ojos exhalaron un par de lágrimas. Yo, aún con desasosiego, incliné por última vez mi cabeza en tu pecho. Y el silencio perduró en la penumbra.