Escapar del invierno

Summary

Min Yoongi intentó con éxito salir de una vida peligrosa a la que se expuso desde muy jóven. Pero su amigo Seokjin aparece una noche asustado en su puerta tendiéndole un sobre con dinero. No sabía que realizar un pequeño favor a su amigo lo llevaría a estar en peligro nuevamente.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
13+

Capítulo 1

No podía contar exactamente los minutos que llevaba corriendo por las calles del distrito de Dangu. Llevaba un par de cuadras con las piernas a todo lo que dan y el corazón más acelerado que su respiración. La garganta seca por la mala técnica al atrapar el aire, y el frío del invierno le paralizaba los pulmones.


Su cabello negro natural saltaba al ritmo de los pasos que daban sus tenis en el asfalto mojado por la reciente lluvia que cayó – y por poco él tambien – . Los carteles de los comercios abiertos a esas horas eran lo único que alumbraba las diminutas calles junto con el pobre alumbrado público.


Se preguntaba porque siendo su amigo anteriormente tan exitoso – por ende pensaba que estaba forrado en dinero – haciendo favorcitos, se mudo a esa parte tan oscura y diminuta de la ciudad. Juraba que después de todos esos trabajos sucios realizados ya tendría un pastizal en su cuenta de banco, o tal vez algo ahorrado en alguna parte donde no pidieran tantos datos. Como debajo del colchón por ejemplo.


Seokjin no se detuvo cuando los pasos a sus espaldas desaparecieron hace kilómetros atrás, porque para él no significaba el fin de la persecución, sino el inicio. Solo encontró tranquilidad al visibilizar desde abajo el triste edificio con pintura descascarada donde vivía Min Yoongi, su mejor amigo y compañero.


Esperaba que el rubio chico felino siguiera pensando de esta misma forma sobre él, que al abrir la puerta lo primero que dijera fuera: “¡Ey, viejo amigo!”, o un “¡Ey, compañero!, ¿Cómo va todo?”. ¿Demasiado pedir después de tanto tiempo?, consideraba que no.


Al intentar entrar, primero asomó su cabeza, sintiéndose aún como un siervo saliendo de la zona de cacería. Sus ojos giraron por el lugar, no encontró a ningún guardia de seguridad o portero, aunque hubiera una caseta especial para uno en la entrada. “Al menos no tengo que registrarme”, pensó provechosamente.


Sus ojos vieron la opaca escalera de mármol que juraba ser blanca, pero esos pequeños manchones negros no le daban muy buen aspecto. Aunque en ese momento, fue como ver su ascenso al cielo.


Al colocar un pie en el primer escalón, una luz lo cegó por unos momentos, llevándolo a preguntar si habría muerto hace un par de minutos atrás y todo esto solo fuera un sueño. La respuesta llegó cuando la luz se apagó, dejando ver un foco con sensor de movimiento.


Subió hasta el piso número tres, buscando el número que le correspondía a la puerta del ser que lo ayudaría — estaba seguro — con el pequeño encargo. Una pista de música clásica se escucha en el interior del edificio, siendo percibida por sus nervios al terminar de subir los escalones. El número trece se mostraba en plateado, pintado con algún tipo de spray en aerosol. Sin dudar un segundo más, se lanzó desesperado a los pies de la puerta y comenzó a llamar a la puerta con un par de golpecitos.


Nadie respondió en los primeros minutos, no era muy consciente de la hora, pero esperaba que su amigo se encontrará levantado.


Esperaba muchas cosas.


Los nervios se lo estaban comiendo, músculo, por músculo, logrando que todo su cuerpo esté tenso. Más que eso, el miedo.


Volvió a llamar a la puerta, y en esta segunda oportunidad si obtuvo unos cuantos sonidos del interior del departamento. La puerta se abrió de forma apresurada unos segundos después, dejando ver a su amigo teñido de rubio detrás.


— ¿Seokjin? — que tonta sonó esa pregunta — ¿Qué haces aquí?, son las doce de la noche — con molestia removió sus cabellos algo opacos — Pasa, te ofrecería un vaso con agua pero es imposible, me han cortado el agua y no tengo la despensa muy llena — su cuerpo se deslizó a un lado del pasillo, dándole paso para que se acomodara en el sillón morado frente a ese pequeño televisor cuadrado.


Jin dio un paso, pero se detuvo al instante.


— No — soltó en un susurró, aún no se recuperaba de la mataron que había dado — escúchame Yoongi, no pueden saber que estuve aquí, así que entre antes me vaya mejor — su pecho subía y bajaba por lo incontrolable de su respiración. Sentía que le ardía el pecho.


— ¿De qué hablas jin?, si has venido desde tú casa para acá debe ser algo importante — sus labios finos formaron una mueca de disgusto. Mientras sus pequeños ojos intentaban acostumbrarse a la luz del pasillo. Ahora podía distinguir un poco más el rostro de su amigo.


“¿Me despierta a las doce de la noche por nada?”, piensa que es curioso, ya que usualmente pasa a tomarse una copa. Eso sí, a Mí la comida podría faltarle, pero una caja de vino, jamás.


Su mente lo considera, “No creo que se arriesgara a venir a aquí en vano”, su mente escupe. Sería exponerse por gusto, a lo tonto. Y el pelinegro no es así.


Pasea sus ojos de arriba a bajo sobre el cuerpo de su amigo de manera juzgadora, está agitado, con una expresión de susto y un olor a sudor horrible


Sus pensamientos se apagan cuando le es extendido un sobre blanco, uno muy voluminoso como para contener una carta, o incluso dos.


— Necesito que me hagas un favor enorme — suplicó con el sobre en manos, un poco escondido entre los pliegues de su chaqueta — Necesito que escondas este dinero por unos días, y luego...


— Wow, wow — sus manos se levantaron, como si (curiosamente) estuviera siendo detenido por la policía — Si ese dinero viene de dónde creo que viene no lo quiero en mi casa — con un movimiento, la puerta que había sido abierta por completo, se cerró un poco — Es más, retiro mi invitación a dejarte pasar.


— Por favor Yoongi, te necesito más que nunca.


— Entonces confiesas que ese dinero viene de esos imbéciles — negó con la cabeza cuando un recuerdo quiso surcar su mente. No, nada de eso le volvería a interesar, esa ya no era su vida— no quiero escuchar más — con disgusto se dispuso a cerrar la puerta. Flaqueando un poco al sentir como la puerta era trabada por los pies y los brazos del chico mientras sus ojos desorbitados lo observan.


— Por favor, Yoongi — soltó ahogado. La posición en la que se encontraba lo hacía lucir como un ratón apresado por una trampa — Mis padres para estás horas ya deben estar muertos y pronto yo también — la resistencia en la puerta cesó por ambos lados ante la confesión. Todo se quedó en silencio hasta la música extraña de hace un rato desapareció — Este dinero es para mi hermano — sollozó — Por favor.


Está vez el sobre fue extendido con mayor insistencia. Los temblores del cuerpo que trataba de ocultar eran evidentes, por el movimiento repetido del sobre frente a sus narices y se dió un momento para apreciar a su amigo.


Los ojos cerrados, como si aguantara un horrible dolor físico, la frente sudorosa por la corrida hasta su puerta y la ropa totalmente desalineada. Ni siquiera llevaba un abrigo, solo una polera manga corta y unos pantalones de polar que parecían ser de pijama.


Estaba en la verdadera mierda.


— Por favor, Min — insistió un poco más, al ver que los pequeños ojos de su amigo caían sobre él, aunque fueran con pena — En el sobre está la dirección a la que debes mandarlo.


El pálido dentro del hogar suspiró.


— Sabes que no puedo involucrarme en esto, logré salir a punta de pistolas de ese lugar — negó con la cabeza — me estás pidiendo que acepte un riesgo enorme.


— Es para salvar a mi hermano Yoongi, yo estoy condenado — por fin, luego de muchas respiraciones dramáticas, soltó las lágrimas — Pero ellos no lo conocen, puede salvarse — su cara se apretó de una forma dolorosa. Igual a como sería probar por primera vez un dulce muy ácido — por favor, tiene tu edad.


Las súplicas se detuvieron, pero el llanto persistía y el paquete aún era exhibido a su vista. Yoongi realmente se dió el tiempo de pensar en todas las posibilidades. En que tan probablemente era que le arrancaron un pedazo de la oreja con una bala antes que pudiera enviarlo. En su mente se concibió la idea de que ellos sabían perfectamente en el lugar actual en el que reside. Aunque era, de cierta forma, imposible, ya que para la banda de ese distrito estaba muerto.


En esto último, Kim Seokjin fue clave, el único que logró comprender su anhelo de salir de ese mundo tan turbio, y lo ayudó, fingiendo su muerte. Le sorprendía mucho que no sacará a relucir ese tema ahora que le estaba pidiendo un favor casi de rodillas. “Tómalo como un favor, por otro favor”, se dijo a sí mismo. Un: “Se lo debes”, se encuentro en su mente”, y odio por eso.


Pero, ¿No sería extraño que desaparezca una cantidad grande de dinero, y que de repente aparezca la misma cantidad en una cuenta de banco?, no tenía idea de cómo Seokjin consiguió ese dinero. Tal vez por eso lo buscan, porque metió sus manos en un bolsillo ajeno.


Cualquier movimiento que Yoongi diera por supuesto que lo sabrían. Al minuto. Tenían gente en todos lados, después de todo son unas auténticas ratas.


— Si deposito todo este dinero, quedaré a la vista de todos.


— No, no — negó, viendo que su amigo estaba aflojando un poco el nudo de la soga que lo mantenía colgando — Hay unos veinte mil dólares en ese sobre, envíalo en pocas cantidades a esa dirección por correo, no necesitas poner remitente.


“¡¿Veinte mil dólares?!, pero te has ido con todo”, su mente culminó en el tema de cómo consiguió el dinero. Min suspiró de manera pesada, se rasco un párpado por el sueño.


Luego, atrapó el sobre entre sus dedos. Aceptó el trabajo.


— Eso es demasiado dinero — su voz ronca hizo presencia por el cansancio que le provocaba la situación. Al parecer volverían sus noches de estrés — Sabes que solo soy un chico.


— El único en el que confío lo suficiente — Min rodó los ojos— si quieres puedes quedarte con una parte, pero necesito que le envíes algo a mi hermano.


El rubio piensa que le ofrece un poco de dinero por lo que dijo respecto al agua. Debe de controlar mejor lo que dice. No necesita dinero de otros, menos de ellos, puede arreglárselas solo.


Se tocó la frente con él sobre, dejándolo ahí unos instantes, como si ese pedazo de papel pudiera bajarle el dolor de cabeza. Nunca pensó que después de tantos problemas para desaparecer del mapa, tendría que comenzar a caminar de puntillas de nuevo. Pensó que había cerrado un capítulo, y al parecer ahora le tocaba reabrirlo.


— ¿Sabes que estoy arriesgando mi vida por ti? O más bien por tu hermano.


— Si puedo volver del infierno te lo pagaré, te lo juro — con fuerza, clava sus labios en su dedo gordo y indice mandando un beso al cielo. Un poco contradictorio.


Algo se removio en su pecho al notar que su amigo ya había aceptado la muerte en su camino. Se sentía tan mal por él, pero esto sucede cuando no sigues el consejo de alguien cercano. Fueron tantas las veces que Seokjin fue advertido del lío en el que se estaba metiendo.


“Pero tú perfectamente sabes que la necesidad es más grande”, le daba la razón a su conciencia.


Hubiera querido llorar por él, pero tenía el corazón vacío.


— No digas eso — la puerta fue abierta en su totalidad, solo para darle un apretón en el brazo izquierdo — No quiero saber cómo conseguiste este dinero — el sobre fue agitado entre sus dedos — solo avísame cuando estés bien.