🐺Kook's Little One🐺 Kookmin L8

Summary

Sipnosis Después de muchas dificultades, Jimin Kosloff encuentra a su compañero, JungKook Giraud, Director de Seguridad del Consejo de América del Norte y de Industrias Garou. Jimin está cautivo de Fydor Chernof, el Primer Ruso, quien dice que Jimin le pertenece. Él escapa de la tortura de Chernof con la ayuda de los dos Betas de Chernof, Anatoly y Maxim. Jimin es un loup garou completo que lleva un gran regalo de apareamiento, él puede distinguir la verdad de las mentiras y soñar con el futuro. Debido a esto, Chernof no se detendrá ante nada para volver a capturarlo, incluso después de que JungKook se case con Jimin. Con la ayuda de los otros Compañeros, el Consejo Americano y Frank Ferone, Jimin y JungKook intentan burlar a Chernof y ocuparse del problema ruso para siempre. L8: El Pequeño de Kook Serie: Hombres Lobo de Manhattan ° Personajes Actuales: JungKook Giraud (Lobo Alfa) Jimin Kosloff (Lobo Omega) °Personajes Anteriores: Julien Bellaire (Lobo Alfa) Richard Kerrigan (Humano) Adaptación Esta historia es una adaptación del libro original solo por entretenimiento sin fines de lucro. *La historia no es de mi pertenencia por lo tanto Todos los creditos a su Autora Original. 🔞🚫📎👬 *Prohibida su copia, otras adaptaciones pedir permiso.

Status
Complete
Chapters
15
Rating
n/a
Age Rating
18+

Ep 01🐺

Fuera de Moscú, Federación Rusa. Tierra de la Manada Dacha1 de Chernof, Tercera semana de junio.


Jimin Kosloff yacía temblando, desnudo y encadenado a la húmeda tierra de la antigua bodega de hongos en medio del olor a mierda, fertilizante, y hongos. Tenía una tos retumbante, y su pecho se sentía pesado y congestionado. La droga que le habían administrado para evitar el cambio fue potente. Habían caído sobre él otra vez ayer, el hombre con la inyección y tres ejecutores con una silla. El trató de luchar contra ellos, pero estaba roto y cansado. Los ejecutores lo sostuvieron en la silla e inyectaron la droga en su muslo. Ellos quitaron la silla, dejándolo acostado entre los hongos y el polvo.


Al principio, no sabía qué hacía la inyección, solo que quedaba sin energía después de que la administraban. Entonces una noche, Anatoly, uno de los Betas de Chernof, dejó la puerta abierta. Si Jimin pudiera haber cambiado, podría haber sido capaz de escapar de sus cadenas y huir a través de la puerta. Trató de hacer el cambio a lobo.
No importó cuantos intentos hizo, no pudo cambiar. Algún tiempo después de eso, desarrolló un resfriado y se dio cuenta de que la droga lo dejaba casi humano.
Jimin suspiró. Si fuera un verdadero humano, ya estaría muerto, y su sufrimiento terminaría. Los lobos nunca se enfermaban, pero su sistema inmune se vio gravemente comprometido por la inyección que habían estado forzando en él. Ahora, alternaba entre fiebre y escalofríos, y era incapaz de cambiar a su otra forma. Pensó que tenía neumonía, pero él todavía no cedería a las demandas del Alfa Chernof. Jimin se negó a confirmar a las manadas de loup garou rusos que el Primer Alfa, Fydor Leonovich Chernof, era su compañero.
Chernof y sus Ejecutores llegaron al pequeño apartamento en Moscú de sus padres. Fue allí donde el Primero ruso afirmó que Jimin era su compañero destinado. Jimin sabía que él mentía.
—Alfa, no siento atracción por ti, no veo el comienzo de un lazo. No eres mi compañero. Hay algún tipo de malentendido.
El padre de Jimin, Evegny, se interpuso entre el Alfa Chernof y su hijo.
—Alfa, sé razonable. No es para ti. Cualquiera que sea su regalo, como su Alfa, puedes ordenarle que lo use, pero no eres su Compañero.
Chernof retrocedió.
—Volveré, y será mejor que esté listo para venir conmigo. Tengo asuntos que atender primero.
Continuaron viviendo su vida en su pequeño y sucio apartamento de Moscú hasta la siguiente semana, cuando la manada descubrió que el gobierno había encarcelado a su Alfa, el Alfa Davidoff.
Durante cuatro años, el Alfa Davidoff estuvo encarcelado, y después de que él emigró, Chernof los dejó solos. Jimin se acercó a sus veinticinco cumpleaños con el ex Segundo, el Alfa Davidoff, ya no disponible para proteger a su familia.
Como los había dejado solos, la familia Kosloff pensó que Chernof se había olvidado de ellos e hicieron planes para abandonar Rusia.
Entonces, hacía tres meses, vieron al Alfa Chernof y a sus hombres vigilando a Jimin


llegar a casa desde el supermercado. Pensando en ello, Evegny se dio cuenta de que, desde la visita del Alfa Chernof,  siempre había un extraño lobo en el vecindario cerca de su apartamento. La familia Kosloff reconoció que los había espiado durante años. Evegny le dijo a Jimin que ahora no tenían ningún recurso. Tenían que irse, inmediatamente. Su tiempo se había acabado. Su familia hizo las maletas con todas sus pertenencias; las de Jimin en una pequeña mochila. Él, su padre y su madre huyeron hacia la noche. Llegaron hasta San Petersburgo antes que los ejecutores de Chernof llegaran para sacarlos del tren.


La familia entera fue arrojada a un automóvil, atada, amordazada y arrastrada de regreso a Moscú con los hombres de Chernof usando papeles adquiridos del gobierno ordenando su detención en Rusia.
Los llevaron ante el Primero en su casa de campo a las afueras de Moscú, Evegny protestó y pidió, como era su derecho, que el Alfa convocara al Consejo completo.
Fueron conducidos a una habitación con paneles de pino con acolchadas y sucias sillas. Chernof se sentó en su escritorio fumando un cigarro y se echó a reír.
—Estúpido. Yo controlo el Consejo, y ahora controlo a tu chico. No digas otra palabra.


—Los Ejecutores pusieron sus manos sobre Jimin, y él peleó como un hombre poseído. Su padre le dijo que siguiera luchando, que su compañero vendría. Jimin luchó como un loco, pero al final, prevalecieron. Pero para calmar su orgullo herido, se deleitó en un pequeño triunfo. Había hecho algún daño a los Ejecutores de Chernof a pesar de ser pequeño, incluso para un Omega.
—Jimin, ven en silencio, o habrá consecuencias, —Chernof siseó. Se levantó de su silla y caminó hacia la familia.


Miró a su padre en busca de orientación. Evegny sacudió su cabeza, no. Jimin respiró hondo y se mantuvo fuerte. Mantuvo la lucha sin tener en cuenta sus heridas. Los Ejecutores finalmente vencieron a Jimin por segunda vez. El miró a su padre que intentó intervenir.
—No recibe su regalo hasta que cumpla veinticinco. ¿Cómo pretendes mantenerlo dócil durante tanto tiempo? —gritó el padre de Jimin. Su madre estaba cerca, con lágrimas corriendo por su rostro.
—Haz como ordena tu padre, hijo mío. Debes proteger tu regalo para que puedas dárselo a tu compañero.
Su padre le mintió al Alfa.
—Su bendición es pequeña e insignificante, sin ningún uso real.
¿Por qué tomarlo por tan miserable regalo?
Chernof abofeteó a la madre de Jimin, luego a la cara de su padre mientras los ejecutores los mantuvieron presionados, dejando su huella roja visible en sus mejillas.


—Su don es inmenso o de lo contrario no hubieras intentado huir.
Yo lo quiero, y nadie se interpondrá en mi camino. —Chernof gritó una orden a sus Ejecutores, —sujetenlos. —El Primero arrancó a los padres de Jimin sus gargantas e hizo que sus Ejecutores les cortaran la cabeza. Su sangre salpicó a Jimin. Cayó de rodillas por el dolor. Los hombres de Chernof llevaron a Jimin al sótano.


Encontró que su nuevo hogar era la bodega fría y húmeda de hongos, donde pasó toda la primavera, desnudo y tiritando. Las cosas eran tan malas que ni siquiera tenía un balde para su propio excremento. Lo desataban una vez al día, y se le permitió, como un gato, ir a la esquina y cubrirlo con polvo.


Volvió al presente y levantó la cabeza. Unos pasos golpearon más cerca. Los Betas venían a golpearlo a diario para que él cambiara de opinión y aceptara a Chernof. Rápidamente enterró sus recuerdos profundos en su mente donde estarían encerrados del enlace Alfa de Chernof. Pero el enlace solo le dio al Alfa impresiones, a menos que el loup garou permitiera la intrusión. Jimin no daría a Chernof nada. Sus pensamientos eran solo suyos. El los guardó contra el Alfa cuando intentó usar el enlace. El Alfa estaba parado en la puerta esperando impacientemente a Maxim, uno de sus Betas, para traerle botines de papel para no arruinar sus botas con mierda y fertilizante.


Jimin había perdido la noción del tiempo durante su encarcelamiento, pero se acercaba el cumpleaños. Podía sentir la aceleración de su regalo y la canción de sirena de su compañero. Jimin se desesperó. Indefenso para hacer algo sobre su situación actual, solo podía esperar. Si su compañero no llegaba, tenía un plan, podía ser desesperado, pero, aun así, era viable.
Chernof entró en el cuarto oscuro. El mal rodó fuera de él en olas enfermizas. El Alfa ruso lo miró con una sonrisa salvaje de satisfacción —Ahora que tus padres están muertos, no hay ningún lugar para correr.
Las lágrimas corrían por la cara de Jimin como riachuelos. Probó su sal.


—Te voy a aparear esta noche, pedazo de mierda. El primer loup garou en tu canal toma el control de tu regalo. —Chernof pateó casualmente su pecho. Jimin hizo una mueca e intentó no gritar de dolor.
A pesar de su tormento, Jimin gritó con voz ronca: —No soy tu compañero. Yo sabría si lo fuera. —Estaba perdiendo la voz, pero siguió intentando gritar. Salió como un áspero susurro. —Mi padre te dijo que no te pertenecía a ti antes de asesinarlo a él y a mi madre.


—Pequeño bastardo. —Chernof lo agarró por el cuello y lo golpeó en su oreja. Lo golpeó tan fuerte que Jimin escuchó campanas.


Chernof apretó los dientes.
—Me hiciste perder los estribos. No puedo tratar contigo ahora, o te golpearé hasta la muerte.
—La muerte sería preferible a ti. 


—Jimin escupió, golpeando el zapato del Alfa y la parte superior de su calcetín.
—Si me acuesto contigo, podrías sufrir una conmoción cerebral y dañaría tu regalo. Me voy, pero que sepas esto, te voy a morder esta noche, y la manada verá las marcas. Aunque no puedo anudarte, no lo sabrá nadie. ¿Quién creería la palabra de un Omega sobre la mía?
—El Primero se dirigió hacia la puerta.
Jimin usó su última respiración profunda para gritar desafiante, —Cualquiera, todas las manadas te conocen por la escoria que eres. —Él tiró de sus cadenas.


Chernof se detuvo y se dio la vuelta. Acechó a Jimin a través de la habitación, tan cerca que Jimin olió la col y la cebolla en su aliento rancio y el hedor de un cigarro barato en su arrugada camisa. Jimin arrugó la nariz. Chernof ahuecó su rostro en una gran mano carnosa, apretando sus mejillas juntas tan fuerte que Jimin se sintió como una trucha.


El Primero se rio maniáticamente.
—Tomarás mi polla en tu canal, chico, y por tu jodida garganta.
Después del apareamiento, podría cortarte tu lengua y permitirte hacer el cambio para que vuelva a crecer solo cuando necesite que hables. Eso te enseñará a no molestarme. Saber que te voy a follar hasta que estés sangriento. Para mañana no podrás caminar, y tendré control sobre ti y tu regalo.


Sin pensar, nuevamente, Jimin tiró de las pesadas cadenas que Chernof había unido a anillos en el cemento en el suelo.


Cuando Chernof se acercó, Jimin lo golpeó con la cabeza. La mano de Chernof se alejó. Saltó y pateó con el pie con todas sus fuerzas tratando de deshabilitar el Alfa rompiéndole una costilla, pero él era demasiado bajo y las cadenas no eran lo suficientemente largas. Lo sacudieron de vuelta al polvo. Jimin cayó sobre su trasero. Él levantó la vista. Chernof estaba encorvado y haciendo muecas. Para su sorpresa, vio que había conseguido darle un golpe antes de que la tierra mohosa que había pateado con su caída nublara vista. Tosió más fuerte mientras respiraba la suciedad. Se mezcló con las lágrimas en los ojos e hizo surcos en su cara. Incluso con toda su miseria, Jimin esbozó una pequeña sonrisa. Con un golpe de suerte, él logró patear al Alfa en sus bolas. No es que eso le diera nada más que una pequeña satisfacción. A diferencia de él, Chernof podría cambiar, sanar y hacer que el dolor desapareciera.


—Joder... —Chernof saltó hacia atrás, mirando a Jimin con amenaza.


—No hay nada en nuestras leyes que diga que no puedo hacer que te golpeen hasta que estés sangriento antes del apareamiento si eres recalcitrante. Anatoly —se giró hacia su Jefe Beta, que estaba parado a su lado. 


—Trabájalo. Mantente alejado de su cabeza y cara. No quiero que hagas daño a su regalo. Asegúrate de que todavía pueda caminar. Las manadas no deberían tener la idea que está siendo forzado. —Chernof hizo una mueca y le dio a Jimin una casual patada en el pecho, escupiéndole en la cara antes de salir de la bodega, una mano frotándose las bolas. —Pequeña rata bastarda. Te voy a atar la cama para tomarte, pero sufrirás. Te tomaré en seco.


—Él miró atrás y se echó a reír. —Eso te hará gritar.
Con miedo y asco, Jimin vio salir al Alfa. No sabía si podría soportar otro golpe, pero entendió que él no podía dejar que Chernof le diera un mordisco falso de apareamiento. Él tenía un regalo y era singular.
Los dioses hablaron con su padre y le dijeron que protegiera a Jimin porque su regalo era precioso y raro. Cuando llegase a su mayoría de edad, a medianoche, en sus sueños vislumbraría el futuro y mientras estuviera despierto, distinguiría la verdad de las mentiras.


Si dejaba que Chernof lo mordiera, el Alfa ruso, a través de Jimin, sería consciente de la verdad en las palabras de cada lobo o humano, y sacaría provecho del conocimiento de futuros eventos. Solo su compañero compartiría su don, pero su Alfa podría obligarlo a usarlo.
El Primero ruso quería desesperadamente este talento desde de que aprendió del amigo de Evegny lo que era. Quería usarlo para poder recuperar el control sobre las manadas; el control que perdió con su crueldad y exceso. Chernof no podía permitirse que el talento de Jimin fuera para alguien más. Si el Primero ruso permitiera que fuera a otro lado, habría desafíos, y él perdería su posición. Ya había rumores. Jimin suspiró con resignación. Había tomado una decisión.


Se suicidaría en lugar de dejar que Chernof lo tomara.
Jimin se estremeció de miedo. Otra paliza lo dejaría sin sentido y permitiría que Chernof lo tomase sin luchar. El enorme Beta pareció leer su mente. Anatoly se inclinó y susurró:
—Espera un poco más. Maxim y yo hemos arreglado tu huida.
Volarás de Moscú a Helsinki y luego a América.
—¿Por qué me estás ayudando? —Jimin sabía la pena contra un Beta rebelándose contra su Alfa. Era la muerte por decapitación y sin posibilidad de volver a la rueda. Anatoly estaba cortejando el olvido.
—Incluso Maxim y yo sabemos que debe ser detenido. Hablamos y nosotros creemos que los dioses lo entenderán.
—No tengo documentos, se los llevó.
—Vitas apretó los dientes con dolor.
—Robamos tus documentos del escritorio de Chernof y los escondimos lejos. Tenemos tu pasaporte y todo lo que necesitas para emigrar, tal como lo planearon tus padres. Te irás más tarde, esta noche. —Anatoly le entregó un pequeño trozo de papel enrollado. —Aguanta esto para que te dé valor. El Alfa Davidoff está en la dirección en el papel. Él necesita saber lo que está haciendo Chernof.
Ahora grita. Voy a tener que hacerte algún daño, pero esta será la última vez. Grita fuerte.
Anatoly lo golpeó, dándole golpes hasta que Chernof asomó la cabeza por la puerta del sótano. El Beta susurró:
—Lo siento. —Para cuando Anatoly terminó, Jimin solo podía llorar en agonía, agarrando desesperadamente el papel en su mano. Como Anatoly y Maxim sabían que lo haría, le dio a Jimin fuerza, y la voluntad de vivir.
Más tarde, mientras yacía en la esquina sin aliento, Anatoly abrió la puerta, se coló y desabrochó sus cadenas. Le arrojó algo de ropa y su mochila. Maxim le entregó una toallita y lo limpió con una manguera con agua helada. Le dieron una toalla delgada.
—Vístete, nos vamos ahora. Maxim y yo te pondremos en el maletero del Lada y te llevaremos al aeropuerto. Le dije al Alfa que estabas demasiado herido y enfermo para aparearte esta noche. Date prisa, puede comprobarlo. Tienes hasta la mañana para salir de Rusia.
En este sobre hay boletos de avión a Helsinki y hasta Nueva York.
También tienes tu pasaporte irlandés, una tarjeta verde para residir legal en los Estados Unidos, y quinientos dólares en moneda estadounidense. Hemos estado planeando esto desde que asesinó a tus padres.
—Todavía estoy herido y sucio. No me dejarán subir al avión.
—No te preocupes, puedes ducharte en el club de primera clase en Helsinki. Yo puse jabón, champú y una toalla en la bolsa. El vapor ayudará a tu pecho. Si el olor a mierda se pega después de la ducha, empápate con coñac, es gratis en el salón. No olerán el fertilizante, solo el licor. Hablas inglés, así que cuando llegues a América, pide un taxi para ir a la dirección del Alfa Davidoff. Necesitas encontrarlo y decirle lo mal que han llegado las cosas aquí. Él debe hacer algo. Los otros son como ovejas.
Maxim susurró:
—Puse algunas de tus cosas en tu mochila. Yo no podría arriesgarme más.
Jimin asintió con la cabeza. Entendió cuánto habían arriesgado por él ya. Jimin se vistió con ayuda y salió cojeando de la bodega temblando e intentando no toser. Se metió en el baúl del viejo Lada negro de Anatoly. Estaba magullado, pero no sangraba, por lo que no habría rastro de sangre para que Chernof lo siguiera. Dañado por la autocomplacencia y la vida dura, la nariz del Alfa ya no era aguda para el rastreo. Pocos recordaban que Chernof era un octavo humano y, por lo tanto, vulnerable a algunos de los efectos de su exceso.
Raramente cambiaba más, y sus debilidades humanas estaban empezando a ponerse al día con él porque no llamaba a su lobo. Su nariz era dudosa, en el mejor de los casos.
Anatoly prometió que lo conduciría hacia el este en lugar de hacia el oeste cuando descubrió que Jimin faltaba. La suciedad y la mierda de la bodega todavía se aferraban a él. Él frunció el ceño. La ropa ayudó a cubrir el olor, pero no lo eliminó. Anatoly le aseguró que el mal olor evitaría que Chernof lo oliera.
El viaje en el maletero por carreteras en mal estado fue infernal, pero Jimin no se atrevió a hablar o gritar. Cuando abordó el avión a Helsinki, la gente lo examinó con recelo por su condición, pero una vez que llegó a Finlandia, tenía ocho horas entre vuelos. Ya que tenía un billete de primera clase, el administrador le dijo que podía ducharse en el club del aeropuerto, mantenido para los principales pasajeros. También podría conseguir algo de comer y beber.
Se lavó lo mejor que pudo en su condición, pero no pudo hacer un trabajo minucioso en la espalda, el cabello y las uñas. Se cambió de ropa y puso las cosas que había usado en la basura, recordando coger la dirección del Alfa Davidoff de su bolsillo. Esperaba que fuera más cálido en Nueva York porque había tirado su chaqueta. Una vez en el avión a Nueva York, se atrevió a respirar. Las literas en primera clase le permitieron un asiento que se reclinaba casi en una cama, y podía recostarse y descansar mientras trataba de reprimir su tos. La azafata fue amable. Le dio una manta y un poco de té caliente con limón, miel y whisky. El whisky no le haría ningún bien, era loup garou, pero dio la bienvenida al té dulce, el limón y la manta.
Con la azafata, Jimin descubrió la fecha. Cumplió veinticinco años ayer, el día que Chernof planeaba violarlo. Él fue al baño y mientras revisaba el daño, contempló su cara. No era hermoso, pero era atractivo a su manera, con piel impecable, el cabello rubio sucio lacio de su madre, muy largo en una trenza, junto con sus ojos verdes, el color oscuro del mar de Irlanda. Sus ojos eran el problema. Eran su regalo. Él veía demasiado. Jimin deseó ser un loup garou ordinario.
Pero los dioses creyeron conveniente que él cargara con esta carga y lo haría. Pero mientras Jimin respirara, Chernof no lo conseguiría. Se suicidaría primero.
En el avión, durmió a intervalos, temblando de miedo, luchando contra la fiebre y tratando de no llorar de dolor. No pudo comer, pero tomó otra taza de té. Cuando llegó a la aduana, no tenía nada que declarar excepto su pequeña mochila de mano que contenía todos sus bienes en este mundo. Maxim había sacado de contrabando una foto de sus padres, un libro bellamente ilustrado de cuentos de hadas rusos que su padre solía leerle, un conjunto adicional de ropa interior y el brazalete plateado que su madre le había dado el último Yule. El resto lo tuvo que dejar atrás.
Reprimiendo las lágrimas y levantando los hombros, se abrió paso por el aeropuerto, decidido a asegurarse de que Chernof pagara por su crueldad.
🐺🐺🐺🐺🐺🐺🐺🐺🐺🐺
Dacha de Chernof. La tarde siguiente.

—¿Cómo se escapó? Debe haber tenido ayuda. Ustedes dos eran los únicos que tenían acceso a la bodega. La mantuve cerrada. Dime por qué no debería arrancarte la garganta ahora mismo.
—Juro por los dioses, Alfa, Maxim y yo no lo liberamos. —Chernof se sentó detrás de su escritorio. Anatoly literalmente se paró en la alfombra. Forzó una cantidad apropiada de miedo en su expresión.
No del Alfa Chernof, pero miedo a los dioses que podrían matarlo por jurar una mentira en su nombre. —Estábamos en el dormitorio, fuera del turno. Durmiendo cuando escapó. Algunos otros miembros de la manada que conocían a sus padres o eran leales a Davidoff deben haber abierto la cerradura y lo han sacado. La cerradura está rayada y dañada. —Anatoly sabía que lo estaba. Él mismo la dañó por si el Alfa miraba. Él cuidadosamente trató de controlar su expresión. Chernof era un gran bruto de un hombre, pero no demasiado brillante.
—Sé adónde fue probablemente, —ofreció Maxim. Chernof golpeó a Maxim.
—Idiota, sé a dónde fue. Fue a Davidoff en Nueva York. —El Alfa caminó de un lado al otro y luego se detuvo. —Hmm, pero Davidoff está emparejado. ¿A dónde iría él después? El compañero de Davidoff lo habrá visto como una amenaza y le arrancaría la garganta de inmediato, si no lo envió en su camino.
—Tal vez fue a un Alfa o Beta de una manada. —El interior de Anatoly estaba temblando.
Chernof miró al cielo.
—Los dioses me han dado tontos, —espetó. —Tal regalo solo puede ser para un Alfa del Consejo.
—Alfa, en Estados Unidos son suaves. El compañero de Davidoff le habría dado la bienvenida. —Anatoly se estremeció de miedo. Su vida colgaba en el precario equilibrio. Contaba con El Alfa para llevar a Chernof al pozo.
—Hicieron a Davidoff quinto. Eso deja a otros tres miembros del consejo. Uno en Chicago, uno en Oregon y uno en Alaska y el Yukón —Maxim se mordió el labio, apretando los dedos mientras que sus uñas se hundían en las palmas de las manos mientras hablaba.
—¿No escuchas los informes que me dan? Reemplazaría ambos si no estuviera atrapado con ustedes desde el nacimiento.
—Chernof le dio una patada a Maxim y Maxim se inclinó para frotar su pierna.
Chernof se frotó la barbilla.
Chernof escuchó el golpe en la puerta de su estudio. Una loba apareció con una bandeja de té. Él la hizo pasar a la habitación. Ella preparó el té en el escritorio de Chernof. Él no indicó que debería servir, así que ella estaba con ellos esperando.
Anatoly habló:
—No te haremos ningún bien si estamos muertos o incapacitados.
—No estoy seguro de que ustedes dos, pedazos de mierda, me estén haciendo algún favor ahora —gruñó Chernof. 
—La información que recibí fue que el Alfa de Chicago y el Alfa de Oregon ya han
encontrado a sus compañeros. Julien Bellaire, de Oregon, se va a aparear este fin de semana.
—Entonces deberíamos ir a Oregon. Seguramente seguiría a Davidoff y al consejo a Oregon.
Chernof golpeó a Anatoly en el estómago.
—Tonto. Para cuando lleguemos a Oregon, ya habrán vuelto a Manhattan.
Anatoly hizo una mueca y se encorvó.
La loba que llevaba la bandeja del té habló:
—Disculpe, Alfa, pero estaba en la limpieza de tu oficina cuando recibiste tus informes. Los últimos Alfas se aparearon uno tras otro.
Yo miraría en Alaska. Si no está emparejado, él es el siguiente. —Ella sonrió brillantemente a Chernof. Anatoly quería estrangularla.
—Finalmente, uno de ustedes con cerebro. Nunca los atraparemos si tomamos un avión a Anchorage. Ellos mirarán eso. Puedo conseguir que uno de mis amigos en el gobierno nos permita el acceso al área restringida alrededor del cabo Dechnev. Hagan arreglos de vuelo inmediatos para mi avioneta para aterrizar en el aeropuerto de Anadyr. Haremos nuestro camino con un pesquero de arrastre desde Cabo Dechnev hasta Cabo Príncipe de Gales y luego organizaremos otro barco para llevarnos a Anchorage. Reserva el pasaje.
—Y tú... —Chernof se giró hacia la sirvienta. —Vienes con nosotros.
Parece que tienes cerebro.
Anatoly y Maxim miraron con nostalgia el té y los pasteles, pero fueron a hacer lo que se les ordenó.
🐺🐺🐺🐺🐺🐺🐺🐺🐺🐺
Eugene, Oregon, Casa de Julien, Biblioteca
Tercera semana de junio.

La fiesta de apareamiento terminó a las dos, y el Consejo se reunió en la biblioteca con sus compañeros. Todos estaban saciados y callados. JungKook suspiró interiormente. Tenía esperanzas para hoy, pero no dieron fruto. Él se levantó para servirse un trago y sonó el timbre de la puerta, sobresaltando al grupo. JungKook levantó la cabeza y 
olisqueó el aire. Después de un momento, Marcel entró corriendo a la habitación.
—Hay un joven loup garou llamado Jimin Kosloff en la puerta de entrada que insiste en ver al Alfa Davidoff. Parece como si hubiera sido golpeado gravemente, está temblando, tosiendo y teniendo dificultades para respirar. Lo llevé a la sala de estar, lo instalé en un sofá con un afgano, y llamé al Dr. Artis desde la sala de medios. Alfa, podríamos necesitar a Donal, Sean y Kane.
JungKook se levantó bruscamente y se empujó hacia adelante, impulsando su cuerpo más cerca de la puerta de la biblioteca.
Respirando profundamente, JungKook espetó a Marcel, —¿Dónde lo pusiste? Muéstrame ahora.
Julien se giró para seguirlo. Le dio unas palmaditas a Alexei en el hombro.
—¿Quieres entrar y hablar con él y traer a Donal? Esta será la primera vez que tendrá la oportunidad de usar su don.
—Iré, pero estoy seguro de que este es el compañero de JungKook.
Míralo. —JungKook prestó poca atención a las palabras de Alexei. Voló a través de las puertas de la biblioteca, se centró en el maravilloso aroma que bañaba sus fosas nasales.
JungKook olió de nuevo y volvió a percibir el olor. Olía a pino fresco y tierra cubierta de paja en un día despejado en el bosque. JungKook transmitió por el vínculo con alegría.
Este es mi compañero. He encontrado a mi compañero.
Armand se puso de pie.
—Creo que todos deberíamos irnos. ¿Bebé? —Hizo un gesto a su compañero. Sean, los otros Alfas y sus compañeros, siguieron a Marcel y JungKook a la sala de estar formal.
El joven lobo vio a JungKook y se sentó, causando un paroxismo de tos.
Descubrió su cuello, intentando caer de rodillas. Hizo una mueca cuando sus rodillas tocaron el suelo.
—Alfa, no sabía dónde más ir. Necesito hablar con el Alfa Davidoff.
Anatoly y Maxim me sacaron de contrabando... yo... —Alexei salió de detrás de JungKook, mientras JungKook levantó al niño del suelo y lo recostó en el sofá de cuero y suavemente lo tomó en sus brazos. Jimin jadeó y JungKook frunció el ceño. Apartó el cuello en V de su camisa de rugby raída y vio los moretones, furiosos.
—¿Qué pasó, Jimin? —preguntó Alexei mientras JungKook acariciaba el largo cabello de su compañero, hablando en tonos suaves y calmantes.
Levantó la cabeza hacia el otro lobo.
—Alexei, déjame. —El pequeño Omega comenzó a llorar.
—Está bien, pequeño. Nosotros nos encargamos de ti. Nada malo puede sucederte mientras estás aquí, lo prometo. Dile a Alexei lo que necesitas decirle, y te llevaremos a una cama caliente y haremos el dolor desaparece. —Se enfrentó al médico. —Artis, creo que se ha roto alguna costilla y tiene neumonía. 
—JungKook frunció el ceño. —Un loup garou tiene que estar extremadamente débil para desarrollar neumonía... Armand, ¿puede Sean...?
—Por supuesto.
Jimin miró maravillado con sus tormentosos ojos verdes a JungKook.
Levantó la mano y tocó el cabello de Kook con asombro.
—Yo huelo a ropa de cama fresca, las sábanas de mi madre en el tendedero. Veo la cuerda. Eres mi compañero. —Jimin sollozó. —Gracias a los dioses. Sabía que no era él. Lo sabía. 
—JungKook se inclinó hacia su compañero y el joven lobo lo miró a la cara, se agarró a su cintura y sujetó a JungKook apretado. De repente, su agarre se aflojó.
JungKook miró a Jimin consternado.
El pequeño se había desmayado.






1 Una dacha es una casa de campo, habitualmente de una familia urbana, que se usa estacionalmente. Se puso de moda entre la clase media rusa desde finales del siglo XIX.