Mi arte favorito.
Cuando conociste a Gohan Son, lo primero que pensaste fue que era un estudiante bonito y algo tímido; después de todo, en ese entonces se presentó ante la clase tartamudeando un poco y vistiendo tan..., ¿cómo decirlo? ¿'Formal'? Lo cual llamaba la atención, considerando que Orange Star High School permitía vestir como uno quisiera, mientras llevaras el logo representativo. Muchos de la clase instantáneamente lo tacharon de nerd.
Si bien en toda la época de preparatoria nunca fueron amigos, solo compañeros que de vez en cuando eran emparejados por los maestros para trabajos escolares, Gohan no te era indiferente; no porque te llamara la atención en ese momento, para nada, sino porque se rumoreaba mucho que él y Videl Satan eran novios, y, al ser ella hija del salvador del mundo, nadie en la preparatoria era ajeno a las cosas relevantes en su vida; tus amigos de ese tiempo hablaban demasiado del par, comentando lo curiosos que se veían juntos al ser tan distintos.
Aunque nunca se confirmó su relación.
Dejaste de saber de Gohan una vez que se graduaron, lo último de lo que te enteraste es que fue aceptado en la prestigiosa universidad de West City. Seguiste con la monotonía de tu destino, más preocupado por otras cosas que prácticamente te olvidaste de su existencia; después de todo, no tenías una razón para siquiera dedicar un minuto de tu atención pensando en qué era de la vida de ese chico tímido. Seguramente estaba forjando un futuro exitoso y feliz al lado de la mujer que amaba, como cualquier historia cliché. Como sea, no te importaba.
Sin embargo, seis meses después, sucedió el giro dramático en tu vida: Gohan atravesó la puerta de la cafetería en la que trabajabas, en busca de un lugar tranquilo para tomar café y seguir con una investigación que estaba realizando, aparentemente. Cuando lo miraste observando la pared detrás tuyo, justo en donde estaba el menú y la caja de cobro, notaste varios cambios en él: seguía usando ropa formal, sí, pero era un poco más acorde a su edad y ya no estaba limitada a colores planos, su cabello estaba un poco más crecido y revuelto..., ah, y había empezado a usar lentes con marco oscuro. Se notaba un poco más libre y menos tímido. Tu descripción de 'bonito' lentamente fue tomando matices de 'genial'.
Es algo nostálgico pensar en ese tiempo lleno de conflictos, confrontaciones y aceptaciones que lo involucraron más de lo que te hubiera gustado, pese a que él no estaba relacionado a casi en ninguno de esos problemas. Ahora, estando cerca de cumplir veinticuatro años, puedes asegurar que Gohan se convirtió en tu salvavidas. Sin él..., bueno, tal vez hubieras...
—Por favor...
Su voz temblorosa junto a una pierna rodeando tu cintura y jalándote contra su cuerpo te regresa al presente; por el repentino movimiento, pierdes la fuerza en tus brazos y casi caes por completo encima de él. Parpadeas un par de veces antes de contemplarlo adecuadamente, notando su rostro sonrojado y algo sudoroso, sus pupilas dilatadas junto a unos lindos ojos llorosos color azabache, y su boca entreabierta y jadeante. «Por Kami, luce tan necesitado...», pensaste, disfrutando plenamente de la vista. Esta es una de las tantas cosas que amas de este chico: lo versátil que es; un día puede estar empujándote sin reparos contra la puerta de la habitación y siendo asertivo, y otros días actúa así, todo sumiso y suplicante. Ambos lados te dejan sin aliento y con una sensación hormigueante en el vientre.
Gohan vuelve a empujar su pantorrilla contra tu cadera, y rápidamente sientes su erección cubierta por el pantalón deportivo, la cual se restriega en tu abdomen. No puedes evitar el resoplido cargado de cariño y diversión.
Con algo de lucha (Gohan realmente está reacio a soltarte), te levantas de la cama y te sientas a horcajadas sobre él, asegurándote de que tu entrepierna húmeda esté contra la suya. Él gime explícitamente mientras arquea un poco la espalda, y tú tienes que morderte el interior de tu labio inferior para soportar las ganas de simplemente follarlo sin más. Necesitas buscar el lubricante, sacar el arnés y...
—De verdad, por favor... Te necesito...
Gohan ha comenzado a mover su pelvis, buscando desesperadamente más fricción, mientras él mismo se sube la playera blanca y tira de su pezón hinchado. Maldita sea, ¿cómo carajo este chico dulce puede llegar a ser tan lascivo? Generalmente no es así de descarado. Tragando saliva, te inclinas un poco mientras te apoyas con tu mano izquierda en su abdomen y rodeas el cuello con la derecha, asegurándote de que tu pulgar ejerza presión en su nuez de Adán. Tu novio se retuerce y entreabre sus labios, luciendo similar a cuando le provocas un orgasmo.
—Estás tan desesperado hoy, Gohan —mencionas casualmente, sin disminuir tu agarre.
—Sólo... Por favor... Ngh, ya quiero sentirte dentro...
La voz de él suena entrecortada y ronca, como si estuviera a punto de llorar. Finalmente lo sueltas, pero al instante te abalanzas sobre él y lo besas, deleitándote con los soniditos ahogados que suelta y los pequeños tirones en tu cabello que te da cada tanto. Aunque sueles disfrutar mucho besándolo y perdiéndote en ello hasta que tus labios quedan sensibles, esta vez te separas de Gohan al poco tiempo y te levantas para buscar el lubricante y arnés. Escuchas un quejido molesto provenir de él mientras tanto, pero no cedes. No tardas nada en hallarlos porque siempre los colocan en el mismo lugar, en la esquina del armario, y te bajas el short junto al bóxer con velocidad para colocártelo y ajustarlo debidamente. Por un momento bajas la mirada y observas tu camiseta negra, notando aquellas dos pequeñas prominencias sobresaliendo en donde se supone que deberían estar tus pectorales (incluso si estás usando un top deportivo ajustado, se notan), y cierta punzada en el corazón te hace salir de la nubosidad caliente; si bien ya lograste acostumbrarte a no usar un binder cuando estás en este departamento al que has aprendido a llamar hogar..., desnudarte por completo durante el sexo, cuando eres el que está arriba, es otro asunto.
Lo sabes, sabes que Gohan no te mirará menos masculino por ello; no sólo lo ha dicho, lo ha demostrado demasiadas veces, pero...
Decides dejarte la camiseta puesta junto al top deportivo, tratando de no sumergirte demasiado en la inseguridad que repentinamente te está golpeando. Dando una previa inhalación profunda, te das la vuelta y cualquier pensamiento malo desaparece al contemplar cómo Gohan te está dando esos ojos de cachorro, ya al total descubierto. Inevitablemente tu mirada vaga por su cuerpo y te atragantas cuando contemplas cómo él se está acariciando con urgencia su pene duro y visiblemente húmedo. Segundos después, te relajas y sueltas una genuina risa entre dientes; ¿por qué te preocupa justamente ahora el cómo te percibe este precioso chico? Fue él quien, pese a no entender mucho del tema cuando le revelaste todo, aseguró que sus sentimientos no cambiaban en lo más mínimo y te abrazó aquella tarde, susurrando que no tenía prisa para que le dieras una respuesta a su confesión; fue él quien se puso a investigar exhaustivamente sobre la transición con hormonación tan sólo para hacerte una diapositiva colocando los pro y contra, justo cuando tú estabas aterrado ante el nuevo mundo que enfrentabas; fue él quien siempre respetó los límites y te dio todo el tiempo necesario antes de que accedieras a que las cosas escalaran a ser más íntimas...
Amor. Es eso. Te lo ha demostrado sin reparos desde el comienzo.
Te acercas a Gohan y te arrodillas en el colchón suave, sin siquiera tener que tomar sus muslos tonificados y abrirlos para que quede expuesto a ti; él lo hace al instante, sin pudor alguno. Tu corazón se siente cálido al instante y percibes cómo tu rostro se ruboriza un poco ante tal vista: su revuelto cabello azabache que, a partes iguales, te generan ganas de acariciarlo con dulzura y tirar de él hasta oírlo soltar esos lindos quejidos; su bonita cara y ojos expresivos, con los cuales podrías inspirarte para crear una pintura con el concepto de "un alma inmaculada que decidió mancharse con los colores oscuros de un alma desviada, en nombre del amor"; su piel lampiña y blanca, mayormente por las horas que se encierra para estudiar; las diversas cicatrices esparcidas en su cuerpo, debido a los exigentes entrenamientos y combates de su juventud; todos esos músculos que pasan por desapercibidos con las ropas holgadas que usa, músculos que sólo tú has tenido el privilegio de tocar, morder y marcar; y esas manos y brazos, esos que te han acunado, sostenido y tratado con tanta gentileza en esas noches mortificantes y llenas de llantos silenciosos.
Y pensar que alguien como él se deja estar a tu merced...
Después de que colocas una almohada debajo de él, te inclinas y haces a un lado ese característico mechón de cabello en su frente, para luego darle un beso en esa área. Cuando escuchas a Gohan soltar un suspiro relajado, desciendes a sus labios; tu idea original es sólo darle un gesto casto y continuar con la entrega carnal, pero tu novio no parece pensar igual porque te toma por las mejillas para profundizar el beso, sin embargo, este no es desesperado ni lleno de deseo como los anteriores, al contrario: te está dando caricias tiernas en los pómulos, afirmando silenciosamente lo que ya sabes. Te roba el aliento, tanto, que pierdes el equilibrio y caes encima de Gohan, lo cual no es un problema porque sabes que tu peso es insignificante si se compara con la bestial fuerza y resistencia de él.
Cuando decide que es suficiente y te suelta para que prosigas, buscas a tientas el lubricante que se te cayó en la cama en medio de todo el ajetreo y, justo cuando haces el amago de abrir el bote de lubricante, Gohan mueve su pierna y trata de empujarte contra su cuerpo mientras sacude su cadera, medio rozando un poco sus glúteos con la punta del dildo.
—Gohan, sabes que primero tengo que lubricarte... —intentas razonar, dando un resoplido divertido.
—Ya lo hice.
Parpadeas con asombro, sin despegarle la mirada; Gohan te observa de manera intensa, sin disimular su deseo y necesidad. Tu vientre vuelve a cosquillear.
—Buen chico.
Decides medio bromear, consiguiendo que Gohan se sonroje y desvíe la vista con rapidez, finalmente luciendo algo avergonzado. No pasas de inadvertido cómo su pene palpita y expulsa un poco más de líquido preseminal. Pícaro, te acercas un poco más a él, procurando que la punta del juguete roce mejor en su entrada, pero sin penetrarlo, y tomas su erección para acariciarla. Gohan jadea y tiembla, moviendo su cadera de forma más insistente; no sabes si es porque te está ayudando a su manera, o porque está buscando más fricción contra el dildo. Honestamente, esta es una de las cosas que más disfrutas cuando lo dominas y que no ocultas en lo más mínimo: sus reacciones. Todo en él es tan encantador que te marea.
—Mírate —retomas, notando tu voz un poco más ronca que de costumbre—, apenas te estoy tocando y ya parece que estás a punto de acabar. ¿Tanto así deseabas esto?
—Sí, por favor... Te necesito dentro.
Como siempre, Gohan es tan sincero. Sientes cómo tu parte inferior se contrae y se pone más húmeda, como pidiendo que le des atención, pero decides ignorar tus necesidades; hoy se trata de satisfacerlo.
—Mi novio es tan bonito y honesto... ¿Qué fue lo que hice en una vida pasada como para que te merezca en esta? —Divagas mientras delineando con tu dedo índice las venas en su pene con delicadeza, como si estuvieras trazando pinceladas suaves en un lienzo. Gohan prácticamente solloza mientras suelta más líquido preseminal—. Dedicado, centrado, inteligente, amable, gentil, dulce, fuerte, con la sonrisa más preciosa que he visto, tan brillante como un sol... Maldita sea, ¿cómo puedes ser tan hermoso?
Tus elogios parecen ser más que efectivos porque Gohan vuelve a arquear su espalda con un delicioso gemido, y su orgasmo estalla. De inmediato rodeas su pene y lo masturbas con fuerza para que le sea más placentero; a juzgar por la considerable cantidad de semen que brinca por sus pectorales y se desliza en tu propia mano, sabes que lo conseguiste. Con entusiasmo, te dedicas a mirar a grandes rasgos a Gohan, llenándote de satisfacción por su cara medio inclinada hacia la almohada, los ojos cerrados, de los cuales descienden un par de lágrimas, las mejillas sonrojadas y la boca entreabierta. Sueltas su miembro aún medio erecto y limpias tu mano manchada de fluidos en las sábanas, ya anticipando que tendrán que lavar todo más tarde al no haber puesto ninguna toalla debajo. Sabes muy bien que apenas comienzan.
Si bien la libido de Gohan no es alta, vaya que es una tarea ardua seguirle el ritmo una vez que tiene esta clase de momentos.
—Darling...
Y allí está, el tonto apodo que sólo él tiene permitido y su claro tono suplicante. Tomas el lubricante para destaparlo, casi resbalándose de tus manos en el proceso por la ansiedad y deseo que te carcome, y viertes una cantidad en el juguete y otro poco en tu mano para calentarlo y poder untarlo en la entrada de Gohan, por precaución. Una vez listo, metes dos dedos con suavidad, confirmando que, en efecto, tu novio ya está preparado para ti. Con una sonrisa más lujuriosa, introduces los dedos hasta los nudillos y rápidamente exploras su interior, buscando aquel punto placentero para estimularlo y conseguir que la erección de tu novio se vuelva a formar. Sabes que lo hallaste cuando Gohan suelta un gemido más ronco. Sueltas un amago de risa y juegas con ese punto sin mostrar piedad, deleitándote por sus reacciones cada vez más intensas. Tras asegurarte que ya está bien estimulado, sacas tus dedos y sujetas sus muslos para apoyarte. Gohan te da una mirada cristalina, y eso es todo lo que necesitas; entras con rudeza hasta el borde, tal y como a él le gusta.
Gohan grita con éxtasis, arqueando la espalda y exponiendo por completo esos bonitos pectorales que te hacen babear con sólo verlos. Sin dejar de admirar ese apetecible pecho masculino, de inmediato comienzas a moverte, marcando un ritmo fuerte y sin titubeos, y te maravillas con el ruido húmedo de las pieles chocando, los gemidos de tu novio y sus gestos cargados de placer. Incluso, gracias a toda la fricción y embestidas, obtienes cierto estímulo a través de tu pelvis.
Gracias a todas las veces que has tenido el liderazgo, no te cuesta demasiado encontrar su pungo g y te centras en embestirlo por allí, oyendo cómo los jadeos rápidamente se transforman en quejidos y palabras incoherentes. Parece ido, como si su propósito de existencia ahora mismo es ser follado. Tan lindo.
En momentos como este, lamentas no haber nacido con un pene para hacerlo crudo. Sería todo un deleite visual venirte dentro de él, o en su cara, ¡o en sus pectorales! Ah, cómo amarías que Gohan te masturbara con ellos mientras intenta tomar tu punta en su boca.
—Te ves tan bonito debajo mío —mencionas con voz entrecortada a causa del esfuerzo físico.
Gohan suelta una especie de maldición ahogada mientras oculta su rostro con un brazo. Ríes entre dientes mientras lo tomas de los muslos y lo jalas contra ti, palpando y apretando a tu voluntad su piel carnosa, y usándolo de apoyo para entrar en él más fuerte y profundo. Físicamente, es una de las cosas que más amas en él: sus músculos marcados, pero no toscos ni brutales; mantiene un equilibrio. Maldita sea, podrías pasar horas adorando sus deliciosos muslos o mordiendo y dejando chupetones en esos pectorales tan prominentes.
—Amas que te folle, pero amas aún más que te elogie, ¿cierto?
Tu novio no responde, suele ocultarse en momentos así, lo sabes, pero su cuerpo siempre lo delata: se estremece y su pene palpita de tal manera que te hipnotiza por un momento. Te sientes tentado a dejar de penetrarlo y darle una buena felación, una que consiga que te atragantes tragando su semen mientras Gohan te jala del cabello, pero no, al menos no lo harás hoy; se nota a leguas que él quiere que tú tomes el control por completo y lo complazcas. El sexo rudo es su forma de bajar el estrés cuando hace investigaciones extensas, lo descubriste hace muchos meses atrás. Además, por culpa de las obligaciones de ambos, hace un tiempo que no han intimado; sí, por eso Gohan está tan extrañamente necesitado de ti. Ahora lo entiendes.
Cuando Gohan toma su pene con su mano derecha y empieza a masturbarse de forma torpe y sin un ritmo conciso, mientras dice tu nombre repetidamente y tapa su rostro ruborizado con la otra mano, sabes que se acerca el inminente final.
Él suele tardar más tiempo. Heh. Realmente quería esto.
—Vamos, bonito, termina para mí.
Tu susurro parece ser tomado como una exigencia por Gohan, porque enseguida tiembla e hilos de semen manchan su torso nuevamente; los lindos gemidos llorosos que suelta a la par te hacen sonreír con orgullo. Sigues embistiéndolo por unos segundos más, para asegurarte de que disfrute plenamente su orgasmo, y luego sales de él con algo de esfuerzo porque su interior se aferra al dildo; aunque quisieras continuar enterrado dentro de cálido interior, no deseas sobreestimularlo.
Cierras los ojos mientras te sientas en la cama y te apoyas con tus brazos, recuperando el aliento; ser el lado dominante no es fácil, te agota demasiado, especialmente porque nunca has sido afín al gimnasio. Aunque tu resistencia ha aumentado un poco gracias a los entrenamientos que Gohan te incentivó a llevar un poco antes de que iniciaras la transición, como salir a trotar por las tardes y hacer lagartijas, por ello ahora puedes tratarlo rudo y aguantar su peso durante el sexo sin sentir que te vas a desmayar en el proceso, entre otras cosas.
Siseas cuando sientes tus muslos y glúteos viscosos cuando mueves tu pierna, y eso te hace estar consciente de que tu excitación no ha disminuido.
Te estremeces cuando unas manos callosas toman gentilmente tus mejillas. Enfocas tu vista y unos cálidos ojos azabaches te reciben; está a tu costado derecho, mostrándote una sonrisa cariñosa y algo somnolienta.
—¿Te ayudo? —Ofrece al tiempo que una de sus manos desciende hasta la correa en tu cadera, como pidiendo permiso para quitártelo.
Te recargas en su mano, sintiéndote más tranquilo y, a su vez, excitado. Deseas sentirlo dentro de ti, que te aviente a la cama y te deje con la mente derretida en un charco de placer, pero...
—Sabes que no es necesario...
—Pero quiero ayudarte.
Gohan te da una mirada de cachorrito que te desarma por completo. Con un suspiro derrotado, te inclinas para darle un beso en la comisura de los labios.
—Bien, adelante.
De un momento a otro, estás al descubierto en tu parte baja e hincado entre los muslos de Gohan. Sin tener oportunidad de decir nada, dos dedos ya están dentro tuyo, moviéndose con agilidad, al tiempo que te sostiene por la cintura con su mano derecha. Es vergonzoso lo fácil que te penetró por toda la humedad acumulada, humedad que incluso ya gotea y ensucia las sábanas. Jadeas y apoyas tu cabeza débilmente en el hombro de Gohan, con la mente nublada; el ritmo que lleva tu novio es rápido, demasiado rápido. Susurras su nombre en un suave gemido y tus rodillas casi ceden cuando agrega un tercer dedo y golpea vigorosamente tu punto g.
Si bien disfrutas de sus dedos, una pequeña parte tuya aún ansía que su pene te llene hasta el cérvix y te provoque orgasmo tras orgasmo, como ya lo ha hecho en incontables veces. Tal vez después lo convenzas, cuando pueda volverse a poner erecto.
Tu vientre empieza a cosquillear y tu interior se aferra más a los dedos de Gohan, un claro aviso de lo inevitable. Cuando el placer es demasiado, te aferras desesperadamente a tu novio mientras le murmuras que no se detenga. Él obedece mientras suelta una sutil risa entre dientes y te acaricia con ternura la cintura (lo cual es hilarante, considerando el ritmo implacable de su otra mano; es uno de tus pensamientos fugaces). Ya no logras soportarlo más y, por un momento, tu mente se pone en blanco. Cuando regresas en sí, te percatas de que tu cuerpo aún tiembla y tu respiración es errática, hasta hay un par de lágrimas deslizándose por tus mejillas. Ah, realmente Gohan logró hacerte acabar así de fuerte...
De pronto, sientes cómo Gohan saca sus dedos y te acurruca contra él, sentándote dulcemente en su regazo y rodeándote con sus brazos. Cedes por completo, cerrando los ojos y aspirando su tranquilizante y familiar aroma. Se siente bien ser amado, saber que te acepta con todo y defectos... Te hace sentir como si fueras la cosa más valiosa en su vida.
—Te amo —le escuchas decir mientras te da un beso en el hombro.
En silencio, lo abrazas más fuerte al tiempo que sientes un nudo en la garganta y las lágrimas caer. Es felicidad. Te sientes muy feliz. Aún es irreal pensar que esto está sucediendo, que hay alguien en el universo que intenta comprender el desastre que eres y te incentiva a ser mejor persona. De verdad, ¿cómo es posible que esta hermosa alma haya elegido tu pintura llamada "corazón" entre todas las demás que eran mil veces mejores? Gohan simplemente la miró entre toda la galera de arte, sonrió, delineó cada relieve con sumo cuidado y juró protegerla hasta el final. A día de hoy no lo entiendes porque, de estar en su lugar, habrías elegido una menos compleja y más bonita.
—Yo también —susurras con voz ahogada.
«Tu alma es y será mi arte favorito, Gohan», en realidad es lo que quieres confesar. Es la mayor muestra de amor en palabras que podrías darle, y que ronda en tu mente desde el día que te abrazó y no te soltó tras verte llorar desesperadamente al borde del edificio más alto de Satan City, cuando eran unos adolescentes ingenuos que se ocultaban tras máscaras y alter egos, temerosos de mostrarse al desnudo. «Gracias por salvarme aquel día, gracias por enseñarme que mi corazón desgarrado y monocromático puede ser detallado con los colores tan hermosos que me muestras día a día».
.
.
.
.
—Darling...
—¿Mm?
—¿Crees... que podamos hacerlo otra vez?
—Hah, realmente me sorprende lo insaciable que puedes llegar a ser, Gohan... Está bien, pero irás arriba.
—De acuerdo, pero irás tú arriba en la siguiente ronda.
—¡¿Ah?! ¡¿Ni siquiera hemos empezado esta y ya estás pensando en la siguiente?!