CAPÍTULO 0
Incrédulo, Min Yoongi miró a su padre.
-"No es verdad. No puede ser verdad. ¡Poseemos una de las empresas más grandes de Grecia! Joongi, un hombre apuesto de sienes plateadas, no lucía su mejor aspecto. Su complexión era cetrina y profundas arrugas de cansancio marcaban su rostro.
-"Asumí un riesgo y no dio resultado. De hecho, fue un desastre. La empresa está endeudada y el banco se está poniendo muy nervioso. Me hicieron hipotecar todo lo que poseemos pero aun así no están contentos. Si nos aprietan las tuercas ahora, ¡lo perderemos todo!"
Yoongi no dijo nada. «¿Todo? ¿Hasta la casa de la familia?». Estaba tan enfadado, que no se atrevía a hablar. Su abuelo, Donggun, le había enseñado que un hombre debía anteponer por encima de todo el honor y la seguridad de su familia. En vida del anciano la fortuna familiar había estado en manos protectoras y seguras. Pero Min Joongi no trabajaba de esa manera. Aunque había cumplido ya los cincuenta, todavía estaba desesperado por probar que podía dirigir la empresa y hacer negocios con tanto éxito como el que había tenido su legendario padre. Sin embargo, había perdido millones persiguiendo transacciones de alto riesgo.
-"Si te sirve de consuelo" -balbuceó Joongi. -"Tenías razón con aquello de que el asunto Choi era demasiado bueno para ser cierto.
Yoongi se giró, herido por la confesión.
-"¿Hiciste la compra incluso aunque los hermanos Jo te aconsejaron que lo evitaras?"
Min Joongi dió un respingo y se dirigió a su primogénito con una mirada lastimera.
-"Pensé que estaban intentando quedarse con el negocio para ellos".
Yoongi apretó los dientes en silencio sin mirar a su padre. Se avergonzaba del furioso desprecio que sentía por él. Joongi era un buen hombre, un buen padre y un buen marido. Era querido y respetado por todos, pero su inteligencia no era demasiado grande y como empresario era un desastre.
Por otra parte, Yoongi había dedicado su tiempo libre cuando era adolescente a especular con acciones y fondos que le habían convertido en millonario incluso antes de acabar el colegio. Contemplar a su poco perspicaz padre sin poder hacer nada por sus tropiezos y estúpidos errores era, para Yoongi, el peor de los castigos.
-"Seré franco contigo. Puede que estemos con el agua al cuello pero nos han ofrecido una vía de escape" -le confió su padre con una cierta tensión. -"La oferta vino de alguien inesperado. De hecho, me sorprendió… En cualquier caso, dije que no podía ser. Que no estaría bien…"
Intentando controlar su impaciencia, Yoongi miró a su padre con el ceño fruncido.
-"¿Qué es lo que no estaría bien?"
-"No puedo pedirte que hagas un sacrificio como ese a tu edad" -dijo su padre evitando la mirada inquisidora de Yoongi. -"Sólo tienes veintidós…"
-"¿Y qué tiene eso que ver con lo que estamos hablando?"
Min Joongi suspiró y su aliento sonó como un silbido.
-"Park Jungmin se ha ofrecido a respaldamos económicamente".
Yoongi estalló en una carcajada de incredulidad.
-"¿Park Jungmin? ¿Estás tomándome el pelo? ¿Desde cuándo nos movemos en esos círculos?"
-"Parece que podemos movemos en esos círculos si queremos" -murmuró Joongi.
-"Jungmin es tan frío como un cadáver" -dijo Yoongi sin que las palabras de su padre causaran la menor impresión en su pálido rostro. -"Si te encamas con él, amanecerás con un cuchillo clavado en las costillas".
-"En otras circunstancias, esa hubiera sido también mi actitud. Pero Jungmin está ofreciendo más bien una unión familiar y no una simple transacción comercial".
Al oír estas palabras, Yoongi se quedó paralizado.
-"No querrás decir lo que estoy pensando…"
-"Hay que considerar las circunstancias de Jungmin -dijo su padre con sonrojo.
-"Consideras mal".
-"El único hijo que tuvo Park murió hace unos diez años" -insistió Joongi resistiéndose a las objeciones de su hijo
-"Va ahora por su tercera esposa y todavía no ha tenido otro hijo. Sólo tiene a su nieto medio inglés. Quiere que Jimin se case con un muchacho griego de buena familia, lo cual no es sorprendente teniendo en cuenta que el chico es medio inglés y, además, ilegítimo. Jungmin es un hombre chapado a la antigua y está ofreciendo un trato chapado a la antigua".
Incapaz de dar crédito a lo que estaba oyendo, Yoongi guardó silencio.
-"Si te casaras con él y tuvierais un niño, el mundo sería tuyo" -Joongi respiró con gravedad. -"Sí, también sería nuestra salvación, pero tú eres ambicioso y él es como la gallina de los huevos de oro.
Hablar de un acuerdo así en fríos términos monetarios es algo vulgar, pero es mi deber llamar tu atención sobre los obvios beneficios que conllevaría".
Yoongi cerró los ojos. Estaba disgustado porque su padre se hubiera rebajado a considerar un acuerdo como ése. ¿Jimin, a quién sus amigos habían dado el apodo de Mochi por su amor hacia los pasteles de arroz, iba a ser su esposo? Sólo pensar en ello le enfurecía. Apenas lo conocía, aunque en algunas ocasiones había intervenido al verlo ignorado o insultado en eventos sociales.
Su desconocimiento del griego y su naturaleza confiada hacían de él un blanco fácil, puesto que independientemente de lo que le dijeran, él sonreía y se comportaba de una manera agradable.
Su incapacidad de defenderse había enfurecido a Yoongi. Odiaba a los matones y habría hecho lo mismo por cualquier criatura desamparada demasiado estúpida para cuidar de sí misml en un mundo hostil.
Pero, ¿habían sido sus triviales exhibiciones de buenos modales, esos actos menores de compasión por su parte, los responsables de esa esperpéntica proposición matrimonial? La sospecha hizo que las facciones de su severo rostro se endurecieran. Cuando él entraba en la misma habitación, él se iluminaba como un árbol de Navidad. ¿Había decidido Jimin contarle a su adinerado padre lo mucho que le gustaba Min Yoongi?
-"Papá…" -la voz distraída de la hermana de Yoongi, Yoonji, rompió el incómodo silencio a través de la ventana que daba a la terraza. -"Sé que no debería haber estado escuchando pero, aunque me muera si nos volvemos pobres, no puedes pedirle a Yoonnie que se case con el nieto de Park Jungmin. ¡Es una vaca gorda y vulgar como un cerdo!"
-"¿Cómo te atreves a esconderte detrás de la puerta para espiar una conversación privada?" -la vergüenza provocó que Min Joongi respondiese con una ira que su consentida hija había rara vez presenciado. -"Déjanos…"
-"Pero, ¡es cierto!" -protestó la hermosa adolescente, marcando su territorio y desafiando la autoridad de su padre.-"Yoongi tendría que ponerle una bolsa de papel en la cabeza para poder comer con él en la misma mesa, por no hablar de otras cosas más personales. Es feo y él es tan guapo…"
-"Fuera!" -ordenó Yoongi a su hermana con una frialdad feroz.
Joongi contempló cómo su hija se retiraba con lágrimas en los ojos obedeciendo a la orden de su hermano mayor.
-"Desde luego, nunca he visto al chico" - Joongi dejó escapar un suspiro de lamento. -"Si está tan mal, puede que Yoonji tenga razón. No te podría pedir que te cases con él".
Yoongi contuvo una carcajada sardónica. Que esa fuera la única objeción que su padre interponía a tal proposición mercenaria decía mucho de su situación. Min Joongi luchaba contra la desesperación y estaba dispuesto a agarrarse a cualquier clavo ardiendo que le salvara de la ruina.
Yoongi se preguntó si podía permitirse el lujo de dar un paso atrás y permitir que eso les ocurriera a su padre y a sus cuatro hermanos.
Y, sin embargo, a sus veintidós años de edad, sentía que la vida apenas había comenzado. No tenía nada de inocente, eso era cierto; aunque todavía estaba en la universidad ya había adquirido una reputación de "jugador". Era verdad que ponía todo su empeño en ir detrás del placer. En cuanto a ese juego, apostaba alto, jugaba duro y rara vez dormía solo. No le iban las reglas de la fidelidad y del compromiso a largo plazo. Todavía no había encontrado un chico que no aceptara esas condiciones.
Pero aún no se hacía a la idea de convertirse en esposo de alguien o, peor todavía, en el padre de alguien. De hecho, la idea de ser obligado a aceptar un compromiso como ése en beneficio de su familia, le llenaba de rabia y amargura. Pero también sabía que su abuelo, Donggun, habría dado su propia vida para proteger a sus seres cercanos más queridos…
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-"Me recuerdas a mi difunto hijo y a su madre" -Park Jungmin estudió el rostro de su nieto con fría indiferencia. -"Tienes los mismos ojos de cachorro, la misma asustada sonrisa. No tienes agallas y la debilidad me desagrada".
-"Si fuera débil, habría vuelto a casa el mismo día que llegué aquí" -Jimin levantó la barbilla, sus ojos chocolate listos para la lucha mientras, bajo su camisa de algodón, el corazón le latía tan rápido de miedo que sintió náusea.
La antipatía de su abuelo le incomodaba de continuo.
Hacía ya tres semanas que había llegado a su magnífica finca y cada día había sido un calvario. Había volado a Grecia con la inocente esperanza de intimar, e incluso querer, a ese abuelo que aún no conocía. En cambio, se había visto forzado a aceptar que era un hombre frío, malévolo, con una lengua viperina y carente de la menor pizca de afecto hacia él.
-"¿Me tomas por tonto?" -Park Jungmin se rió al ver su intento de desairarlo. -"¿Por qué crees que te invité a visitarme? ¡Has aceptado todo lo que te he ofrecido porque tu padre está dándole a la botella de nuevo y los acreedores lo están esperando en la puerta trasera de su casa!"
La decepción le quitó la máscara de compostura que estaba intentando mantener y Jimin no pudo sostener la despreciativa mirada de su abuelo por más tiempo. Avergonzado, dejó caer la cabeza y una cortina de cabello color castaño descendió sobre su redondeado rostro haciéndole aparentar los diecinueve años que, de hecho, tenía.
-"¿Acaso no tengo razón?" -se burló Jungmin.
-"Sí…" -el admitirlo casi hizo que Jimin se atragantara, puesto que le hubiera encantado poder decirle que estaba equivocado y que su padre, Taemin, se había desintoxicado y había dado un giro a su vida. Por desgracia, no era posible decir eso y la despreciativa satisfacción de su abuelo hacía que la humillación doliese aún más. Sospechaba que estaba felicitándose por su clarividencia cuando, dos décadas antes, le sugirió a su hijo que abandonase a su embarazado novio.
-"¡Menudo caballo ganador eligió Jonghyun para tener a mi único nieto! Podría haber escogido entre los mejores herederos del mundo. Podría haberse traído un príncipe para casarse con él -Park Jungmin rugió. -"Por aquel entonces yo ya era más rico que Midas y el dinero puede medirse con la sangre más noble. Pero mi hijo no tenía demasiadas luces, ¿no es así? Escogió un doncel que era un derrochador, un lujurioso y un prostituto…"
Con el rostro en llamas, Jimin se irguió de improviso.
-"¡No me quedaré aquí sentado mientras hablas de mi padre en ese tono!"
-"¿Qué otra opción tienes? Necesitas mi dinero para sacarlo de sus líos".
Tras esa contundente afirmación, Jimin perdió el color de su rostro. Bajó la cabeza y, enfurecido, tragó saliva. Lentamente, se hundió de nuevo en su asiento. Había aprendido cuando era aún muy joven que la penuria y la dignidad rara vez van de la mano.
En cualquier caso, Park Jungmin tenía razón y la verdad no era muy agradable de oír: necesitaba su dinero. Su papi estaba hasta el cuello de deudas, bebía demasiado y, en la actualidad, se enfrentaba a varias demandas por facturas impagadas. Pero Jimin estaba seguro de que, si aliviaba a su padre del estrés de los problemas económicos, se le podía convencer de que ingresara de nuevo en una clínica de rehabilitación.
Aunque fuera doloroso de aceptar, reflexionó Jimin con una sensación de vacío en el estómago, el dinero de Jungmin podía marcar la diferencia en cuanto a las posibilidades de vida o muerte que tenía su padre. Años y años de abusos con el alcohol habían dañado seriamente la salud de Taemin.
-"Te traje a Grecia sólo porque creo que puedes serme de alguna utilidad" -Jungmin dedicó a su nieto una mirada de impaciencia. –"Será interesante comprobar si tienes el cerebro suficiente para reconocer un golpe de suerte cuando se te presenta delante de tus narices".
Jimin quedó asombrado por dicha afirmación.
-"¿Qué piensas de Min Yoongi?" -le preguntó Jungmin con una sonrisa irónica.
El desconcertante sonido de ese nombre hizo pedazos la compostura de Jimin. Totalmente sonrojado, apartó su atención de Jungmin sin percibir la gélida mueca que había en sus labios.
-"Es… es amable" -consiguió decir finalmente, retirando otras palabras más entusiastas que podrían haberlo puesto en evidencia delante de su abuelo.
¿Cómo podía hablar libremente de Yoongi sin revelar lo profundos que eran sus sentimientos hacia él?
Se había enamorado por primera vez en su vida, pero ése era su secreto y no tenía la menor intención de compartirlo con nadie. Después de todo, Yoongi tenía la oscura y peligrosa belleza de un ángel caído y él era insignificante. Además, tenía sobrepeso. Era un amor sin esperanza y él lo sabía.
-"¿Cuál crees que sería la reacción de Yoongi si tuviera que enfrentarse a la pobreza? En este momento, la familia Min está totalmente arruinada. Perderán sus casas, sus coches, tendrán que sacar a los hijos jóvenes de sus caros colegios y eso será tan sólo el principio de sus sufrimientos. Después de más de un siglo de riqueza y bienestar, sus padres encontrarán complicado el adaptarse a pérdidas tan grandes" -Jungmin observó cómo la sorpresa y una inmediata simpatía florecían en los expresivos ojos de su nieto.
-"Pero tú tienes el poder de salvarlos de un destino tan triste".
-"¿Cómo podría ayudarles?" -exclamó Jimin, agitado por el retrato que su abuelo había pintado.
-"Ayudándome a mí. Si accedes a casarte con el chico de Min, rescataré a su familia de la pobreza y también me ocuparé de los pequeños problemas de tu padre. Seré muy generoso con todos ellos y, por regla general, no soy hombre generoso".
Jimin le devolvió la mirada con los ojos abiertos como platos. Mientras hablaba su abuelo, la boca de Jimin se había entreabierto unas cuantas veces como si quisiera empezar a hablar, pero en cada ocasión una cautela innata lo había detenido.
-"¿Yo… aceptar casarme con Min Yoongi? Pero, ¿cómo puede ser eso? Suena a cosa de locos… y no entiendo de qué manera, eso podría ayudarte" -dijo temblando.
-"Hay método en mi locura" -Jungmin vertió un poco de brandy en una copa de cristal. -"Quiero un heredero varón, pero con la excepción de tu padre, mis esfuerzos en ese sentido no han tenido ningún éxito hasta ahora. En cualquier caso, eres joven y tienes salud. Igual que el chico de los Min. Si la mitad de los rumores que circulan acerca de su virilidad son ciertos, estoy seguro de que no le llevará mucho tiempo llevar a cabo el objetivo que me he propuesto".
Su grosera risa sacó los colores del rostro agónico de su nieto.
-"No puedo creer que me estés hablando de esta manera" -protestó. -"¡Por lo que más quieras! Yoongi jamás se casaría conmigo… no me querría…"
-"No es cuestión de querer. Eso no importa en absoluto, ¿verdad? No eres ninguna belleza" -señaló su abuelo con una despreocupada crueldad que hizo palidecer a Jimin. -"Pero, créeme, teniendo en sus manos la posibilidad de elegir entre casarse contigo y ver cómo su preciada familia lo pierde todo, Yoongi te tomará sin duda como esposo…"
-"No…" -musitó sintiendo un cierto malestar, con sus manos apretadas una contra la otra, puesto que estaba siendo humillado más allá de lo indecible.
-"Lo hará. No es un idiota como su padre. Es fuerte y leal hacia su familia. Y en cuanto a ti, tienes la sangre de los Park en tus venas y te estoy dando una oportunidad magnífica".
-"No es así como lo veo… ¡Estás hablando de chantajear a Yoongi para que se case conmigo!"
-"Me desagradan las acusaciones injustificadas" -Jungmin fijó en él su mirada de acero. -"No se trata de ningún chantaje" -especificó con fría claridad. -"Le estoy echando una mano a cambio de un pequeño favor. Puedes dar la espalda a mi generosidad si te place".
-"Nunca haría eso. Por favor, ayuda a mi padre" -le rogó desesperadamente.
-"Tienes que aceptar que no me importa en absoluto si tu padre va a la cárcel o se mata con la bebida -afirmó Jungmin de forma seca.-"Mira por la ventana…"
Después de un momento de duda, Jimin se asomó para mirar hacia los pulcros jardines. Se preguntó qué era lo que tenía ver precisamente ahora, con la cabeza agitada de tal modo que le impedía concentrarse.
Al rato, reparó en un taxi que estaba esperando en la imponente puerta principal.
-"Ese taxi está esperando para llevarte al aeropuerto".
Jimin estaba tan sorprendido por la noticia como él había esperado.
-"Ahora… ¿quieres que me vaya?"
-"Tu equipaje ya está hecho. Si dices que no a la propuesta de matrimonio del chico de los Min, te mandaré de vuelta a Corea inmediatamente y nunca más oirás hablar de mí. Decídete y hazlo rápido".
-"¿No puedes ser un poco más razonable?" -el pánico hizo presa de Jimin. -"Es tan injusto que me lances esta proposición a la cara y que me pidas…"
-"Lo injusto es que no des la menor muestra de aprecio por el fabuloso futuro que estoy dispuesto a darte" -Jungmin dio rienda suelta a una cruel carcajada de desacuerdo -"Pero haz lo que quieras. ¡Corre de vuelta a las faldas de tu padre y verás lo agradecido que será contigo cuando sepa que podrías haberle dado una seguridad económica de por vida!"
Jimin titubeó al escucharle, puesto que sabía que Taemin se consideraba merecedor de una recompensa así después de los sacrificios que había hecho como padre soltero.
De hecho, se dio cuenta con claridad de lo que su abuelo estaba haciendo y reconoció la presión que estaba poniendo sobre él.
Se consideraba fuerte y resistente, pero la certeza de la fría e implacable malicia de su abuelo lo asustaba y lo llenaba de desesperación. Sabía que su abuelo iba en serio. A él no le importaba lo que fuera de él y no le daría el dinero que necesitaba para ayudar a su padre a no ser que hiciese lo que decía.
-"Es una locura" -murmuró frenéticamente. -"¡Yoongi nunca aceptará casarse conmigo ni en un millón de años! Por amor de Dios, si está saliendo con Yoo Kihyun…"
-"Así que está acostándose con Kihyun - Jungmin se encogió de hombros. -"¿Y qué tiene eso que ver?"
-"Creía que… que sí lo quiere…" -Jimin parpadeó.
-"¿Y qué si lo quiere? Eso no tiene nada que ver contigo. El decidirá entre las opciones que tiene. Es griego hasta la médula.
Créeme, el honor de la familia y otras consideraciones prácticas y materiales serán de mucha mayor importancia para él que la de un prostituto que ahora ocupa su cama".
Su sangre fría y su descuidado comentario acerca de la vida sexual de Yoongi turbaron a Jimin.
-"¿Piensas tomar ese taxi hasta el aeropuerto?" -preguntó Jungmin con impaciencia.
Jimin se quedó rígido. Min Yoongi nunca accedería a casarse con él, pensó enfebrecidamente. Que ellos pudieran formar una pareja era una idea ridícula. Yoo Kihyun era un doncel muy guapo: alto y esbelto como un junco, tenía una gloriosa cabellera de color rubio platino y unas delicadas facciones de muñeco.
¿Pero por qué estaba preocupándose por algo que era muy probable que nunca ocurriese? ¿Por qué sé arriesgaba a exaltar a su abuelo con sus objeciones? Tenía que mantener las necesidades de su padre en el centro de su atención; Taemin había solicitado de él su lealtad y su entrega filial.
Con toda seguridad podía dejar a Yoongi la tarea de rechazar la propuesta de matrimonio. ¡Su abuelo a duras penas podría culparlo por el rechazo de su futuro prometido!
-"Dame una respuesta" -le pidió Park Jungmin de forma llana.
-"Está bien… Sí, me quedo".
-"No lo dudé ni por un instante. Me conmovió el romántico fulgor que observé en tu rostro cuando mencioné el nombre del muchacho" -al ver una punzada de vergüenza en los ojos de Jimin, su abuelo prorrumpió en carcajadas y bebió su copa de un solo trago.-"Me siento como Eros, el dios del amor. Mi riqueza será tu dote y por lo menos te salvará de la humillación de ser un solteron de por vida".
Esa noche, Jimin no pudo dormir en su opulenta cama de invitados. La enorme villa estaba sumida en el silencio. Desde el momento en que había llegado a Grecia, ese mundo de lujo y privilegio tan ajeno a él como el clima cálido, se había sentido como si estuviera viviendo en el sueño de otra persona.
Sin embargo, no era un sueño agradable; era más bien como una pesadilla en la que todo, incluso la forma que tenía la gente de comportarse, le resultaba extraño. Había hecho todo lo posible por agradar a su abuelo, lo cual había implicado sobreponerse a su timidez natural para ir a los eventos sociales cuyas invitaciones él había aceptado en su nombre. Irene, la hija adolescente de uno de los amigos de Jungmin, le había servido de acompañante en todas esas dolorosas incursiones en la alta sociedad.
Jimin había destacado por su invisibilidad en aquellas exclusivas reuniones sociales. Irene pertenecía a una élite de ricos y consentidos jóvenes que vestían a la última moda, se volvían locos por practicar juegos irresponsables en las fiestas y se comportaban como si el mundo fuera un aburrimiento. Jimin los había encontrado tontos y superficiales y las mujeres se habían comportado con ella como arpías. Una y otra vez, se había retirado tras su impertérrita sonrisa, sin atreverse nunca a contraatacar. Sabía que no se podía arriesgar a ofender a nadie, por miedo a que se quejaran a su abuelo. Ni una sola vez había olvidado que su objetivo principal tenía que ver con la desesperada situación de su padre.
Lee Taemin era un célebre modelo de pasarela cuando conoció a Min Jonghyun y se enamoró de él. El joven playboy griego lo había cubierto de caros regalos y le había pedido matrimonio. Durante escasamente un año los padres de Jimin, amantes de las fiestas, habían recorrido el mundo en aviones privados saltando de una fiesta a otra. Confiando en que su amante pronto se convertiría en su marido, Taemin interrumpió su carrera.
Pero cuando Taemin quedó en cinta, Min Jonghyun cedió bajo la presión de su padre y se olvidó con rapidez de sus promesas. Taemin se negó a abortar y él lo abandonó. Pero no antes de recordarle al padre de su futuro hijo que no era virgen cuando lo había conocido y que, además, había adquirido una incómoda reputación por haber vivido abiertamente con él antes del matrimonio.
Recordando esos últimos insultos que su padre había tenido que soportar, los suaves labios de Jimin se torcieron en una mueca de disgusto. Aquel padre al que nunca había conocido había sido un hipócrita, un mentiroso y un canalla. Taemin había tenido que recurrir a los tribunales para probar la paternidad de su hijo y después de una larga batalla le habían concedido una lamentable pensión para el mantenimiento del bebé que, con frecuencia, el padre se había negado a pagar.
¿Era de extrañar que su padre hubiera empezado a beber demasiado?
A los siete años, Jimin fue entregado temporalmente a unos padres adoptivos. Un periódico publicó una triste historia sobre la caída de Taemin y Min Jonghyun, se sintió lo suficientemente avergonzado como para tomar medidas con el fin de asegurar que su ex novio y su hijo no acabasen sin techo y viviendo de nuevo separados.
Se les proporcionó a Taemin y a Jimin una vieja granja en lo más profundo de la campiña surcoreana.
Si bien Taemin detestaba la vida rural, a Jimin le encantaba y frecuentemente tenía motivos para agradecer la seguridad que les proporcionaba el tener un techo que nadie podía arrebatarles.
Habiendo presenciado también las muchas y difíciles relaciones amorosas de su padre, Jimin guardaba muy pocas ilusiones acerca de los hombres.
Si se había visto envuelto por un destello de romanticismo al pensar en Min Yoongi, sólo podía ser el resultado de una estúpida ensoñación. Después de todo, era muy consciente de que los cuentos de hadas no ocurrían en la vida real. Los hombres ricos se casaban con donceles o mujeres ricas. Si un hombre rico se casaba con un doncel o mujer pobre, él o ella debía tener, para equilibrar la balanza, alguna característica que lo redimiese, como por ejemplo una belleza apabullarte.
Pero incluso en el infortunado caso de su padre, la belleza no había producido ningún milagro. Del mismo modo, los hombres atractivos tendían a casarse con donceles atractivos y Yoongi estaba como para caerse de espaldas.
Los chicos de su grupo se amontonaban alrededor suyo, atendían la menor de sus palabras, tonteaban locamente con él, se peleaban por él; en definitiva, se comportaban como arpías. Estaba claro que él se daba cuenta de su poderoso atractivo. Por supuesto, la admiración y la atención que provocaba habían hecho de él un consentido. Un camión repleto de hadas madrinas parecía haberle bendecido en el privilegiado momento de su nacimiento.
Tan escasamente inmune a sus atractivos como los otros chicos, Jimin también se había visto impresionada por él. Al principio, había sentido una inocua fascinación por él, pero más tarde había visto algo que lo había seducido con desespero. Se trataba de la testaruda galantería de Yoongi.
En más de una ocasión, Yoongi había llegado a su rescate cuando sus amigos decidían hacer de él el objeto de su cruel sentido del humor.
¿Por qué? La acompañante de Jimin, Irene, lamentaba tener que llevarlo allá donde fuera él. Su rencor era expresado mediante bromas desagradables y comentarios que iban dirigidos a su falta de atractivo, su peso, su ropa barata y su aparente estupidez. Los amigos de Irene pronto recogieron el guante que éste les tendía.
El que Min Yoongi fuese en su ayuda con rápidas puñaladas de ingenio para crear una distracción que alejase a sus enemigos era algo que a Jimin le había resultado sorprendente. Después de todo, la mayor parte del tiempo se comportaba como si él fuera invisible y estuviera muy por debajo de él. Pero aquella desconcertante exhibición de instinto protector masculino lo había conmovido profundamente.
Yoongi podía ser odiosamente arrogante, despótico y presumido, pero también era la encarnación de la más descarada masculinidad. No podía creer que él quisiera aceptar aquel trato.
Al cabo de cuarenta y ocho horas, fue convocado al despacho de su abuelo y Jimin descubrió que estaba muy equivocado a ese respecto.
-"Ven conmigo" -las duras facciones de Jungmin lucían una nauseabunda expresión de triunfo. -"Min Yoongi te está esperando en el estudio. Tuve una reunión con su padre y los abogados esta mañana. Hemos llegado a un acuerdo en todos los puntos esenciales. Me haré cargo de las deudas de tu padre y le adelantaré un fondo para que empiece un programa de rehabilitación. Yoongi y tú seréis esposos antes de que acabe este mes".
-"¿Ee Es... Esposos?" -un escalofrío sacudió a Jimin nublándole la vista. Su abuelo había estado en lo cierto y él no: Yoongi estaba dispuesto a casarse con él para salvar a su familia de la pobreza.
¿Tenía él tan poca elección como él? En su caso, Jimin sabía que jamás podría darle la espalda a su padre y dejar que se hundiera como seguramente haría sin apoyo y tratamiento.
Finalmente cayó en la cuenta de que tanto Yoongi como él estaban verdaderamente atrapados por la lealtad y las buenas intenciones. Su corazón le dio un vuelco: ahora no sólo estaba seguro de que él no quería casarse con él, también estaba seguro de que él tampoco quería convertirse en su esposo si éste no lo deseaba.
-"¡Qué jovencito tan afortunado eres! No hagas esperar a tu novio" -sonriendo con burlón deleite, Park Jungmin condujo a su reacio nieto hacia el estudio, a través del vestíbulo. -"¡Ahora que le tenemos en nuestras manos, no dejes que este pájaro se te escape!"
Cuando Jimin entró en la gran habitación, chocó con unos resplandecientes ojos café que le dijeron que Yoongi sin duda había escuchado el mordaz comentario de su abuelo. Incluso aunque intentó apartar su mirada, otra parte menos sensata de sí mismo quería saborear todos los rasgos de su apariencia.
Por desgracia, el traje oscuro que llevaba se combinaba con una camisa blanca que le daba un aspecto intimidante. Nunca lo había visto con una ropa tan formal: podría decirse que estaba vestido para un funeral, pensó con desmayo, sopesando la pétrea impasividad de su figura.
Los nervios lo hicieron tropezar con la esquina de una alfombra y se golpeó la cadera con una mesilla. Se sintió como un crío de elefante encerrado en una pequeña jaula.
-"¡Oh, Dios mío… lo siento!" -musitó, enderezando la mesa con frenético gesto.
Yoongi ya había reparado antes en ese rasgo de Jimin: él pedía perdón incluso cuando no había hecho nada malo.
Lo examinó de pies a cabeza con mirada rigurosa. Al más puro estilo Park, él no había crecido en altura, sino a lo ancho, y apenas le llegaba al nivel del pecho; era pequeño y rellenito. Vestía como un anciano: un pantalón marrón que casi le llegaba a los tobillos, una camisa suelta de color blanco, una ancha chaqueta de punto que acababa en sus rodillas. Era imposible decir qué había debajo de tanta tela.
Yoongi se imaginó a sí mismo pidiéndole que se quitara todo para poder ver exactamente qué era lo que iba a obtener en el trato. Su abuelo no pondría ninguna objeción.
Jungmin era un maldito bastardo. Le había hecho saber que su nieto estaba enamorado de él y que estaba dispuesto a casarse.
-"¿Es necesario que me mires de ese modo?" -murmuró Jimin.
-"Nunca antes me había tomado la molestia de mirarte".
Yoongi siguió estudiándolo con una intensidad descarada. Él iba a ser su esposo. Cuanto antes entendiera que él iba a hacer su voluntad y que el pastel de arroz quedaba descartado del menú, mejor.
No estaba gordo, se dijo a sí mismo, sólo un poco rellenito y corpulento. Prosiguió evaluando sus atributos. Una larga cabellera color castaño, brillante como un otoño inglés. Bien, un punto a su favor, por fin. El cutis perfecto con un rubor color melocotón, otro punto para él. Los ojos marrones llenos de infelicidad.
-"Por favor…" -le pidió Jimin entrecortadamente.
Yoongi vio el resplandor de las lágrimas en sus ojos y apartó la mirada de él. Ya había visto más de lo que quería ver y estaba enfadado con él por no saber comportarse. Un doncel griego hubiera hecho que se sirvieran los aperitivos mientras hacía al chico preguntas corteses acerca de su familia. ¿Por qué tenía que estar triste?
¿Por la ausencia de romanticismo? ¿Qué más podía exigirle a él? ¿Acaso no iba a conseguir lo que quería? ¿No le había comprado un marido Park Jungmin? Esa humillante certeza lo hirió como un cuchillo envenenado.
Jimin estaba temblando. Se sintió como un esclavo puesto en venta en una subasta y le sorprendió vagamente que Yoongi no le hubiera examinado la dentadura. Su total confianza en sí mismo también lo apesadumbró, ya que había esperado que la propia situación en la que se encontraban derribara la barrera de protocolo y buenos modales que había entre ellos.
A la vista de todo esto, su frialdad acobardaba a Jimin.
-"Yo no quería esto… Si hubiese otra manera de…" -la nerviosa y suplicante voz de Jimin se apagó.
-"No la hay. Deberíamos hablar sobre las condiciones" -la hermosa boca de Yoongi se torció en una sonrisa agria, sin dejarse impresionar por las palabras de Jimin.
-"¿Condiciones?" -dijo con sorpresa, alzando sus largas y negras pestañas con expresividad.
-"Esto es un matrimonio de conveniencia y somos casi desconocidos el uno para el otro. Funcionará mejor si hablamos con sinceridad desde el principio".
-"¿No podemos comportarnos simplemente como amigos?" -Jimin suspiró.
Al fondo de la habitación, los abogados de la familia Min aún seguían litigando para obtener un buen acuerdo financiero. Contemplando el aire distraído de su madre y cómo su padre parecía ahogado por la culpa, a Yoongi no le pudo parecer más inocente la pregunta de Jimin.
-"Los amigos no se casan para tener hijos. Necesito saber qué esperas de mí como marido".
La referencia a los niños le causó una cierta incomodidad a Jimin.
-"Sé que no soy el esposo que tú hubieras elegido" -dijo Jimin con su pequeño cuerpo en tensión. -"Supongo que aprenderemos a arreglarnos sobre la marcha".
-"Eso es una invitación al desorden".
-"Dices eso y, sin embargo, tampoco te gustaría que te impusiese ningún tipo de regla".
El instinto inquisidor de Yoongi dio una señal de alerta. «No, no tiene ni un pelo de tonto», advirtió, frunciendo el ceño con desconcierto.
-"Tengo un anillo… perteneció a mi abuela" -Yoongi le tomó la mano. -"Por supuesto, si no te gusta, puedes…"
-"No… no, es precioso, precioso, de verdad, de verdad…!" -un color rosa subió a sus mejillas y lo envolvió un raro placer.
El anillo de diamantes y rubíes se deslizó en su dedo como si hubiera sido forjado especialmente para él. Aquel regalo de una reliquia familiar le sorprendió y, al tiempo, lo conmovió. -"No esperaba algo así…"
-"Debo decir que la vida está llena de cosas inesperadas" -al negarse Yoongi en redondo a comprar un anillo de compromiso, su padre le había sugerido usar el de rubíes. Sin embargo, Joongi había esperado que Jimin se sintiera ofendido por la ofrenda de una pieza de joyería pasada de moda, aunque valiosa, que había pertenecido antes a otra persona.
-"Gracias…" -la voz de Jimin estaba llena de emoción.
Estudió el anillo desde todos los ángulos, admirando el profundo brillo escarlata de los rubíes y el resplandor de los diamantes. Que encajara tan perfectamente en su dedo le pareció un buen augurio.
Incomodado por el entusiasmo de Jimin, Yoongi se encogió de hombros y permaneció en silencio. Cayó en la cuenta de que, aparte de un deteriorado reloj de plástico, nunca había visto que Jimin llevase ningún tipo de joya y que era perfectamente posible que no poseyera ninguna. De repente, deseó haberle comprado un anillo.
-"Mochi…" -suspiró con una torpeza poco característica en él. -"¿Te importa que te llame así?"
-"Por supuesto que no…" Siempre he odiado el nombre que me pusieron al nacer -el mote que tanto lo había avergonzado, de pronto, cobró respetabilidad en sus labios y le pareció más que adecuado como un apodo cariñoso. -"Intentaré ser el mejor esposo que pueda…"
Yoongi casi bufó en voz alta. Sabía que él se estaba muriendo por escuchar las mismas palabras de sus labios, pero no quería mentirle. Aún le quedaba mucho para alcanzar una cierta satisfacción, si es que alguna vez podía alcanzarla. No quería casarse con él. Punto y final. Tampoco quería tener un hijo, admitió con amargura. Y no había nada que pudiese cambiar esos hechos irrefutables.
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Tres semanas después, casi perdido en un espumoso, mar de encaje hecho a mano y de cara seda, Jimin caminó hacia el altar del brazo de su abuelo.
Aunque daba pasos pequeños, era como si dentro de su mente estuviera flotando en el aire, henchido por la emoción de estar a punto de casarse con el hombre al que amaba. Ni una sola duda hizo sombra sobre su espíritu optimista.
En el transcurso del día, sin embargo, la cruda realidad le iba a destinar una serie de golpes que aplastarían sus dulces esperanzas de futuro.
Al cabo de unas horas, su felicidad sería destruida y su confianza hecha añicos. Cuando su novio se emborrachó hasta caer inconsciente en el banquete de bodas y tuvo que ser arrastrado al lecho nupcial, sólo Park Jungmin careció del tacto necesario para echarse a reír.
Herido y humillado más allá de lo que podía concebir, Jimin olvidó haber albergado alguna vez la esperanza de que ellos dos pudieran comportarse como un matrimonio de verdad, tal era la mortificación que sentía por su ingenuidad.
A pesar de su sentido común, esa noche de bodas que nunca llegaría a consumarse iba a convertirse en la noche más larga de su vida…
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Nos leemos en el siguiente
Va a haber un salto en en el tiempo, ésta sería una introducción pa que entiendan cómo sucedió ésto
En fin...
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