[2] Heredera de Slytherin ♡ Harry Potter - Draco Malfoy ♡

Summary

En el inicio de un nuevo año en el castillo de Hogwarts, la atención se centra en los Slytherin, quienes enfrentan una grave desventaja debido a su polémica reputación. Las tensiones aumentan cuando surge la sospecha de que uno de los suyos ha desatado una serie de eventos al abrir la Cámara de los Secretos. Como resultado, los estudiantes de Slytherin son objeto de hostigamiento por parte de sus compañeros de otras casas. Sin embargo, en medio de las críticas y las adversidades, los Slytherin han encontrado en la adversidad una oportunidad para fortalecer sus lazos internos como nunca antes. Como mencionó el profesor Severus Snape, "Tenga unión verdadera porque si entre ustedes pelean los devoran los de afuera".

Status
Complete
Chapters
22
Rating
n/a
Age Rating
16+

1. LOS SECRETOS DE LA BÓVEDA

Apenas puso un pie en el orfanato, Selena sintió un nudo en el estómago. Deseaba volver a Hogwarts, aquel lugar no era su verdadero hogar. La nostalgia la envolvía como una manta pesada, grabando los pasillos de piedra y el aroma a libros antiguos.

Su llegada al orfanato no fue bien recibida. Las miradas de sus compañeras de cuarto eran frías, como el viento que soplaba a través de las ventanas. Una de ellas, con el ceño fruncido y los brazos cruzados, refunfuñó mientras sacaba las cosas de la cama de Selena.

— ¡Ya no nos podremos comer su postre! —exclamó, lanzando una camiseta al suelo con desdén.

Selena, con la cabeza gacha y los ojos fijos en el suelo, se propuso pasar desapercibida todo el verano. Sabía que era uno de sus talentos, y no iba a ser tan difícil. Se acomodó en su cama, tratando de ignorar el desorden que la rodeaba.

Al terminar de comer, se escabulló del orfanato. Con pasos silenciosos, se dirigió al teléfono público, donde el ministerio de la magia había colocado un traslador para que ella pudiera ir al callejón diagón, su corazón latiendo con emoción. Al llegar a su bóveda en Gringotts, se sintió abrumada por la grandeza del lugar. todos esos objetos y libros ella no sabia por donde debia empezar a buscar. Aún sigue el hechizo de Dumbledore que indicaba en rojo cuáles eran los objetos más peligrosos.

Mientras exploraba, notó que había muchos baúles. Con manos temblorosas, comenzó a abrir algunos. La mayoría contenía más libros, ropa de épocas olvidadas y objetos extraños que parecían susurrar secretos. Al llegar a un baúl azul, su corazón se aceleró. Intentó abrirlo, pero no había dicho.

— Debe estar hechizado —murmuró para sí misma, recorriendo el baúl con los dedos. Sabía varios hechizos para intentar abrirlo, pero la regla de no hacer magia fuera de Hogwarts pesaba en su mente.

«¿Qué podría suceder si se realiza un hechizo pequeño? Solo un Alohomora» pensó, caminando nerviosamente alrededor del baúl. Recordó cómo antes realizaba magia sin control y cómo eso había traído problemas. Pero no haria magia sin control ahora, tan solo era un simple hechizo. La curiosidad la consumía.

— ¿Qué tan grave podría ser? —se preguntó, sintiendo que la adrenalina le recorría el cuerpo. Con un suspiro profundo, sacó su varita del bolsillo, su mano temblando ligeramente.

— Alohomora —dijo, apuntando hacia el baúl. Un clic resonó en el aire, y la tapa se abrió lentamente, como si revelara un secreto guardado por años. Selena contuvo la respiración, esperando no ser expulsada de la escuela por aquello.

El baúl estaba casi vacío, pero en su interior había algunos libros que brillaban con un rojo intenso. Se inclinó hacia adelante, sus ojos ampliándose al leer los títulos: “Fragmentación de almas”, “Historia del mal”, “Secretos de las Artes más Oscuras” y “Los inventos más siniestros”.

Un escalofrío recorrió su espalda. «¿Qué secretos oscuros se escondían en esos libros?» La curiosidad y el miedo se entrelazaban en su mente, mientras una voz interior le advertía que había cruzado una línea peligrosa. No debería tocar esos libros.

Los libros brillaban con una intensidad casi hipnótica, un rojo vibrante que llenaba la habitación de un aura misteriosa. Selena se sintió intimidada por su resplandor, como si esos tomos antiguos guardaran secretos que no estaba lista para descubrir. Sin embargo, al fondo del baúl, su mirada se posó en unos cuadernos que no emitían luz, que parecían esperar pacientemente a ser explorados.

Con un leve temblor en las manos, se agachó y tomó algunos de esos cuadernos, sintiendo la textura del papel desgastado bajo sus dedos. Al abrir el primero, una etiqueta amarilla se asomó entre las páginas: “Scarlett Avery - Defensa contra las Artes Oscuras - 6to grado”. La letra de su madre era hermosa, cada trazo cuidadosamente formado, y los apuntes estaban llenos de colores vibrantes. Las anotaciones al margen ofrecen consejos sobre cómo perfeccionar un hechizo, revelando la dedicación de Scarlett a su aprendizaje.

Selena revisó varios cuadernos, cada uno perteneciente a los años de su madre en Hogwarts. Eran de 5to, 6to y 7mo grado, cubriendo materias que a ella también le interesaban. La emoción creció en su pecho al pensar que esos cuadernos podrían serle útiles en el futuro. Además de las notas, su madre había decorado las páginas con dibujos de corazones, lunas y estrellas. En algunos cuadernos, un corazón se repite, con las iniciales S&R dentro. Selena sonriendo al darse cuenta de que esas debían ser las iniciales de sus padres, Scarlett y Rabastan. Era evidente que su madre estaba enamorada, cada cinco páginas encontraba el mismo símbolo de su amor.

Mientras hojeaba uno de los cuadernos de Transformaciones, algo cayó al suelo. Era una foto. Su corazón comenzó a latir con fuerza al reconocer la imagen de dos adolescentes. El chico estaba de espaldas, ocultando su rostro, pero la chica se veia feliz. Selena sintió un nudo en el estómago al darse cuenta de que, aunque no podía estar seguro, el lugar donde habían tomado la foto debía ser el Lago Negro.

Las túnicas de Hogwarts ondeaban suavemente en la brisa, y apenas se distinguía que la chica era de Slytherin. Ella era rubia, pecosa y tenía ojos avellana, muy parecidos a los de Selena. La conexión era innegable. «¿Era ella su madre?» La pregunta resonó en su mente mientras observaba la foto, buscando cada detalle.

Al acercar la imagen a su cara, notó algo que la hizo contener la respiración: el aro de media luna que la chica llevaba. Era igual al que ella poseía. Su corazón latía con rapidez, llenándola de una mezcla de emoción y asombro. Esa debía ser su madre, sin duda. El chico, aunque su rostro permanecía oculto, se notaba que tambien tenia el mismo aro en forma de media luna, parecía compartir un momento de felicidad con ella. Selena se sintió envuelta en una ola de nostalgia, imaginando la alegría de esos instantes, su madre estaba feliz, ella podia percibirlo en su mirada a pesar de que solo era una foto.

Selena observó la foto con atención, sus ojos se detuvieron en la descripción escrita en la parte de atrás: “Nuestro amor es como la luna con el sol, que a pesar de la distancia sabe que se tiene uno al otro; a pesar de sus diferencias, se aceptan tal cual son. - R.L”.

— R.L —murmuró, frunciendo el ceño—. Rabastan Lestrange

No podía evitar pensar en ello mientras sus ojos recorrían la imagen. Era una foto de sus padres, y por primera vez, podía ponerle un rostro a su madre. La sonrisa de la mujer era radiante, y la felicidad brillaba en sus ojos.

Selena sintió una mezcla de emoción y confusión. «¿Ellos se amaban?» se preguntó, sintiendo un nudo en el estómago. La imagen mostraba a su madre sonriendo, pero la sombra de su padre, un conocido asesino y torturador, la hacía dudar. «¿Cómo podía su madre amar a un hombre así?» pensó, observando la foto con desconfianza. Su padre era un monstruo, eso lo sabía, pero su madre... había traicionado a Voldemort, lo que debía significar que había un atisbo de arrepentimiento en ella.

Después de un rato, con una sonrisa melancólica en los labios, Selena desvió su atención hacia los cuadernos de su madre. Entre ellos, un diario negro llamó su atención. En la portada, las letras “T.M. Riddle” parecían brillar con un misterio propio. La curiosidad la invadió, y al abrir el diario, se llevó una sorpresa al descubrir que estaba completamente en blanco, salvo por una fecha que indicaba que tenía cincuenta años de antigüedad.

Mientras hojeaba las páginas vacías, un pequeño pergamino cayó al suelo. Al recogerlo, leyó: “Si encuentras esto, probablemente esté muerta. Destrúyelo”. La letra era inconfundiblemente de su madre.

— ¿Destruirlo? —murmuró, frunciendo el ceño. No podía entender por qué su madre le habría dejado tal mensaje. El diario no parecía tener nada de especial, y el papel no parecía estar relacionado con él.

Con cada objeto que sacaba del baúl, las preguntas en la mente de Selena se multiplicaban. La bóveda guardaba secretos que aún no había podido desvelar.

Decidida a seguir investigando, Selena tomó el cuaderno que su madre había utilizado en su séptimo año, uno dedicado a pociones. Al abrirlo, se encontró con varios pequeños pergaminos que contenían notas escritas a mano. Sus ojos se deslizaron por las palabras, aunque el significado se le escapaba: “Espero que lo consigas, debes destruirlo lo antes posible -R.A.B”, “¿Por qué no respondes mis cartas? Te envié tres cuervos distintos y todos vuelven con la carta. -S.A”, “Sé dónde está el guardapelo y quizás haya más. -R.A.B”, “Si me quedo más tiempo tendré información del anillo. -S.A”.

Las palabras resonaban en su mente como ecos en una cueva oscura, pero la falta de fechas dejaba un vacío que la inquietaba. R.A.B. era un enigma, un misterio mas para agregar a su mente, mientras que S.A. era inconfundiblemente Scarlett Avery; la letra era un reflejo de su madre. Con cada nuevo descubrimiento, la confusión de Selena se intensificaba. Aquella bóveda, repleta de secretos, parecía ofrecer más preguntas que respuestas, y ella estaba decidida a desentrañarlas, sin importar cuanto podria tardar.




Selena regresó al orfanato por la tarde, siguiendo la misma rutina que había mantenido durante toda la primera semana. Se movía con cautela, intentando ser lo más invisible posible. No quería llamar la atención ni arriesgarse a ser castigada; su prioridad era investigar la bóveda familiar y leer tantos libros de magia avanzada como pudiera.

Cada mañana, Hermes, la lechuzah que el ministerio de la magia le habia asignado llegaba con cartas de sus compañeros de Slytherin. Pansy, Daphne, Blaise y Draco le enviaban invitaciones para pasar el verano en sus casas, mientras que incluso Grabbe y Goyle se tomaban la molestia de escribirle. Neville también le escribía con frecuencia, aunque Hermione, de vacaciones con su familia, era la que menos correspondencia le enviaba. Aun así, mantenían el contacto.

Con la segunda semana de vacaciones en marcha, Selena comenzó a sentir una profunda nostalgia por Hogwarts. Había revisado varios baúles y cajones en la bóveda, pero la inmensidad del lugar parecía no tener fin. Cada día se llenaba de más preguntas sobre su familia, sin respuestas a la vista.

Esa mañana, después del desayuno, subió a su habitación con la mente llena de pensamientos. Al abrir la puerta, se encontró con una pequeña criatura que yacía en su cama. Tenía grandes orejas, similares a las de un murciélago, y unos ojos verdes y saltones del tamaño de pelotas de tenis. Selena y el elfo doméstico se quedaron mirándose, ambos sorprendidos.

— ¿Selena Lestrange? —preguntó la criatura con una voz aguda que resonó en la habitación, casi como un eco.

Selena parpadeó, aún aturdida por la aparición inesperada.

— Sí, ¿cuál es su nombre? —respondió, su voz temblando ligeramente por la sorpresa.

La criatura, que parecía un poco nerviosa, se enderezó y, con un gesto de orgullo, respondió:

— Dobby, señorita. Dobby a secas. Dobby, el elfo doméstico del joven Malfoy.

— Mucho gusto, Dobby —dijo Selena, extendiendo su mano con una sonrisa amable. El elfo miró su mano como si fuera el gesto más extraordinario que jamás había recibido. Sus ojos se iluminaron con una mezcla de asombro y gratitud.

Dobby, con un movimiento torpe pero entusiasta, tomó la mano de Selena con ambas de sus pequeñas manos, agitándola con fervor.

— ¡Dobby está muy feliz de conocer a la señorita Lestrange! —exclamó, su voz resonando con una alegría contagiosa.

Selena no pudo evitar sonreír ante la emoción del elfo. La sorpresa inicial se desvaneció, y en su lugar, una curiosidad creciente la invadió. «¿Qué hacía Dobby aquí?»

— El gusto es mío, señorita Lestrange —dijo Dobby, tomando suavemente la mano de la niña con una reverencia profunda. Sus ojos brillaban con emoción—. Hace mucho tiempo que Dobby quería conocerla, señorita... Es un gran honor... el joven Malfoy habla muy bien de usted.

Las mejillas de Selena se sonrojaron levemente, sorprendida por la calidez del elfo.

— No quiero sonar grosera, pero... ¿qué haces aquí? —preguntó, frunciendo el ceño mientras observaba al elfo con curiosidad y un toque de desconfianza.

— El joven Malfoy dijo que la llevara a la mansión —respondió Dobby, extendiendo su mano con una sonrisa esperanzada—. Si es tan amable, señorita Lestrange, tiene que tomar mi mano y la llevaré sana y salva.

Selena dudó, su mente girando en torno a la decisión. No conocía a Dobby, aunque sabía que era un elfo doméstico, como los que había visto en Hogwarts. La idea de irse con un extraño la inquietaba. Además, la directora y las celadoras notarían su ausencia, y eso podría meterla en problemas. No era ese el plan.

— Puedes decirle a Draco que no puedo desaparecer simplemente de aquí —dijo, cruzando los brazos—. Tiene que pedir permisos, o me meteré en problemas.

Dobby, con un ligero chasquido de dedos, exclamó: “¡chss!“, y en un instante, desapareció. Selena se quedó petrificada, mirando el lugar donde había estado el elfo unos segundos antes, sintiendo una mezcla de confusión y curiosidad.

Unas horas más tarde, una lechuza llegó a su ventana, dejando caer una carta que aterrizó suavemente sobre su cama. Con manos temblorosas, Selena la abrió y leyó:

«Mi madre dice que los Muggle tienen demasiadas burocracias, pero mi padre trabaja en el Ministerio de la Magia y tiene muchos contactos, así que nos saltamos algunos pasos. Mañana prometo que pasaremos por ti.

- Draco Malfoy»

Selena disparando, sintiendo un alivio inesperado. Draco Malfoy no era el mismo si no presumía de los contactos de su padre, pero en este caso, ella agradecía que el Slytherin la sacara de allí tan rápido. La idea de una escapada a la mansión Malfoy le daba un cosquilleo de emoción, y la incertidumbre de lo que vendría la llenaba de expectativa.