FERIA DE LO DIVINO: EL LÍMITE DE LA REALIDAD

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Summary

Clara, una joven curiosa, llega al pueblo de San Lúcido justo cuando la misteriosa Feria de lo Divino está a punto de comenzar. Atraída por las extrañas atracciones y criaturas que la habitan, Clara se adentra en un mundo donde lo real y lo onírico se funden. Desde un caracol mágico que promete revelar el futuro, hasta un juglar que cuenta historias perturbadoras, cada elemento de la feria parece estar diseñado para aterrorizar y fascinar a partes iguales. A medida que Clara explora los rincones oscuros de la feria, descubre que cada deseo tiene un precio y que los recuerdos pueden ser armas de doble filo. Atrapada en un laberinto de espejos que reflejan sus miedos más profundos, Clara debe enfrentarse a verdades inquietantes sobre su pasado y su familia. Con el tiempo corriendo en su contra, deberá tomar decisiones cruciales que determinarán no solo su futuro, sino el de todos aquellos atrapados en el hechizo de la feria.

Status
Complete
Chapters
16
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1: LA LLEGADA

CAPÍTULO 1: LA LLEGADA

En una tarde sombría, el cielo sobre San Lúcido se cubría de un manto de tristeza mientras las nubes se arremolinaban en un torbellino de sombras inquietantes. El pueblo, pequeño y olvidado por el paso del tiempo, parecía estar en vilo ante un evento extraordinario, aunque los murmullos de sus habitantes insinuaban que lo extraordinario podría resultar más aterrador que cautivador.

Clara llegó en un tren de madera que crujía, deslizándose como un susurro a través de la bruma. Sus ojos, grandes y llenos de curiosidad, brillaban con la promesa de lo desconocido, ignorando el escalofrío que le recorría la espalda. El vagón estaba casi desierto, salvo por una anciana que, con una mirada ausente, acariciaba a un gato negro que parecía más una sombra que un ser vivo. Clara percibió que el aire estaba cargado de algo más que simple humedad; era una sensación eléctrica, una advertencia disfrazada de fascinación.

Al bajar, el aroma a algodón de azúcar la envolvió, dulcemente engañoso. Sin embargo, detrás de ese olor azucarado se asomaba una fragancia más inquietante, como si el propio aire estuviese impregnado de secretos oscuros. Clara sintió un ligero temblor en sus manos mientras se dirigía hacia la plaza central, donde una multitud se agolpaba, hipnotizada por las luces titilantes que danzaban en la penumbra.

Las atracciones de la Feria de lo Divino surgían del polvo como criaturas de cuentos olvidados. Una noria, brillante y oscura, giraba con un ritmo hipnótico, sus cabinas ornamentadas prometían llevar a los curiosos a un viaje de revelaciones y pesadillas. Un caracol gigante, con su concha de colores iridiscentes, estaba rodeado de un grupo que escuchaba en silencio. Clara pudo oír fragmentos de su voz, un susurro profundo: —Todo lo que anhelas tiene un eco, y cada eco tiene un precio.

En la esquina de la plaza, un juglar de rostro enigmático se disponía a relatar sus historias. Su risa resonaba como un eco sutil de locura, y aunque su sonrisa era amplia, sus ojos eran abismos oscuros que parecían absorber la luz. Clara se acercó, atraída por la promesa de desvelar los secretos que susurraba la feria, aunque una parte de ella, más prudente, le advertía que lo que se revelara podría ser más inquietante que fascinante.

Mientras la multitud se agolpaba, Clara sintió su corazón latir con fuerza. Su curiosidad, a la que nunca había podido resistir, la empujaba hacia el centro de ese torbellino de luces y sombras. —¿Qué tipo de feria es esta? —se cuestionó, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.

Cuando la primera campanada resonó en el aire, un silencio incómodo se apoderó del lugar. Fue en ese instante cuando los elementos de la feria comenzaron a cobrar vida. Las luces titilantes se transformaron en estrellas caídas, cada una dispuesta a narrar su historia, cada una atrapada en el hechizo del lugar. Clara comprendió que cada sombra a su alrededor llevaba consigo un peso, un pasado que podía ser tan hermoso como aterrador.

Antes de que pudiera detenerse a reflexionar, sus pies la guiaron hacia el corazón de la feria, donde un espejo antiguo, enmarcado en un dorado que brillaba con un resplandor inquietante, parecía llamarla. —Reflejos de lo divino, temores de lo humano —resonó una voz suave y cargada de ironía. Clara se detuvo, hipnotizada, y se asomó. En su superficie, no solo vio su propio rostro, sino un laberinto de recuerdos distorsionados, cada uno más aterrador que el anterior.

Con cada paso que daba, la frontera entre la realidad y el mundo de los sueños se volvía más tenue. Clara, atrapada en el enigma de San Lúcido, ignoraba que su llegada sería el preludio de una travesía que revelaría verdades perturbadoras sobre su propia vida. Una elección la esperaba, y el tiempo, un viejo amigo de los terrores, avanzaba en su contra.