Pietra [Hermione Granger]

Summary

La hermana melliza de Sirius Black enfrenta sus repentinas perdidas familiares cuando es requerida por la Orden Del Fénix en una misión que, en un principio, parecía sencilla. Accede impulsada principalmente por su enamoramiento hacia una de los miembros, sin imaginarse que esta misión desencadenará tal giro en su vida.

Status
Ongoing
Chapters
39
Rating
n/a
Age Rating
18+

Piloto: Decesos

El día no podía ser más deprimente, el sol apenas entraba por las ventanas dado que cada que yo habría las cortinas de par en par mi madre venía y las cerraba nuevamente. Hace tiempo que ella estaba de lo más deprimida y miserable, ¿y como no estarlo si su hijo menor había fallecido?, solo quedamos ella y yo en la casa, con nuestro elfo doméstico, claro.

Papá también había muerto ya, y Sirius, mi hermano mellizo, hace años no vive con nosotros, era otro pesar que tenía mi corazón cada que pasaba por el árbol genealógico y veía quemada la imagen donde debiera estar mi hermano, mamá la quemó el día en que ese traidor nos abandonó. Sirius tal vez ni sepa de la muerte de papá o de Regulus... y aunque lo sepa dudo que lo aflija.

Tras nuestras pérdidas, quedé encargada de mamá. Está claro que ella no me lo puso nada fácil. Luego de graduarme de Hogwarts, en lugar de unirme a los mortifagos, como era su deseo, me uní en secreto a la Orden del Fénix. Pero cuando Regulus se unió a los mortifagos no tuve escapatoria, hice a un lado a la orden y me mantuve neutral por completo, me dediqué a cuidar de la casa y las pertenencias de mi familia, como era deseo de mi padre. No propendí a ningún bando; ni a la orden del Fénix, ni a los mortifagos.

Claro que tengo mi convicción, y es completamente contraria a los mortifagos, y por ende a Lord Voldemort. Repruebo la supremacía de la sangre, he tenido pruebas más que de sobras de la igualdad entre nosotros, los sangre limpia, y los nacidos de muggles. Pero mi razón para no tomar abiertamente una postura era otra. Era el no querer estar de un lado o del otro. No quería tener que enfrentar a mi familia, apostatando los valores que mis padres me inculcaron, pero tampoco quería estar contra la orden, en ella están mis mejores amigos, Alise, Frank, Marlene, y, sobre todo, está el gran amor de mi vida: Lily Evans.

Claramente me era imposible posicionarme en un bando, pero luego de la muerte de mi padre y mi hermano menor ya no tuve que hacerlo. Ahora mi única responsabilidad era mamá y las muchas propiedades de la noble familia Black, a la cual tengo el privilegio de pertenecer. No fue ni remotamente fácil, tuve que resignarme al papel que asumí y dejar de lado la proyección de vida que deseaba vivir, pero con el poco de paz que tengo me basta.

Miranda: Vamos, mamá —le supliqué acercándole una cucharada de sopa— debes comer algo.

Walburga: Déjame en paz —dijo en un gruñido, sin siquiera mirarme—

Miranda: Mamá...

Walburga: Ni uno solo de ustedes me dejó satisfecha —terció amargada— Al único de mis hijos que me daba algo de orgullo lo perdí. Aveces pienso que debió ser Sirius y no Regulus... tampoco sería tan grave si hubieras sido tú.

Miranda: No digas eso, por favor. Hago mi mejor esfuerzo —me defendí desganada, estas discusiones empezaban a cansarme. Mamá jugaba con el delgado hilo de mi autocontrol—

Walburga: ¿Para qué? ¿EH? —cuestionó azotando la mesa— No te has unido al Señor Tenebroso, ni te has casado. No haces nada productivo.

Miranda: ¿Acaso cuidar de ti no es algo productivo que hacer?... —espeté molesta, al instante me arrepentí de tono hostil. La mujer era mi madre, hablarle tan grosero no era correcto, pero disculparme por ello solo la enervaría más— Puedes maldecirme todo lo que quieras, reniega de mí las veces que quieras —dije tomando su mano— pero soy tu hija y estoy aquí, y siempre estaré. Te quiero, mamá. Y mira que es difícil quererte a ti, después de la infancia que nos diste.

Impresionante ella no refunfuñó, ni quitó su mano de la mía, simplemente echó un suspiro y me miró con los ojos cristalizados, con su otra mano dio unos golpecitos cálidos a la mía y acercó el plato de sopa para empezar a comer. Juraría que un deje de humanidad centellaba en sus ojos. Algo en ella había cambiado, mutado, y para bien.

Le sonreí y miré a la esquina, donde mi querido amigo, Kreacher, sonreía igual de aliviado, viendo a mamá comer la sopa que con tanto cariño le había preparado. Finalmente puede comer tranquila. Aunque fuera algo insignificante, me sosegó de gran manera ver a mamá cenar por sí misma, sin que ni yo, ni Kreacher, tuviéramos que darle cuchara por cuchara. Usualmente no encuentra fuerzas para hacerlo por su cuenta.

Antes de que pudiera terminar la última cucharada que quedaba en mi plato el timbre sonó y los tres nos tensamos. En estos tiempos tan locos cualquiera podría tocar al timbre y atacarte de la nada, matarte y no dejar ni rastro. Estos eran los tiempos de la guerra mágica.

Miranda: Kreacher —musité, y el mencionado me miró— Cuida a mamá —dije y me paré—

Antes que pudiera rodear la mesa para ir a la puerta, sentí la fría y temblante mano de mi madre tomarme con fuerza la muñeca. Me di vuelta, y vi en su mirada el miedo que tenía, palideció de terror, mientras con su otra mano me extendía mi varita.

Walburga: Ten cuidado.

Le asentí antes de darle un beso en la frente, y, ya armada con mi varita, me encaminé a la puerta. El timbre sonó nuevamente, quien quiera que fuera estaba apurado, apunté a la puerta directamente y la abrí. Cinco individuos, apenas encapuchados, alzaron las manos al mismo tiempo. Al más cercano a mí lo reconocí sin problema, pero con mucha rabia, a estas alturas no tenía más interés, ni ganas, de ver nuevamente a mi mellizo.

Sirius: Miranda... Hola —dijo nervioso... el muy descarado pretendía tratarme como si aún nos guardáramos un remoto respeto—

Miranda: Sirius —dije de mala gana—

Walburga: ¡¿Miranda?! —me gritó desde dentro, con preocupación— ¡¿Qué está pasando?!

Miranda: ¡Nada, mamá! —le grité desde la puerta– ¡Solo son unos compañeros de trabajo! ¡No te preocupes! —le informé, tragué amargo por haberle mentido a mi propia madre, y cerré la puerta detrás de mí—

Apenas volví a encarar al grupo, reconocí los hermosos ojos verdes de Lily, los reconocería en cualquier parte, bajo la luz de la luna, del sol, o en la misma oscuridad, siempre que esos ojos me miren yo los reconocería. Ella se me abalanzó y rodeó mi cuello con sus brazos. Aunque traté de resistir, caí rendida ante el agarre de la pelirroja, la abracé fuerte por la cintura y sentí como dejaba un suave beso en mi cuello antes de separarse. Extrañé tanto abrazarla.

James: Black —me saludó, como siempre con esa indiferencia sutilmente agresiva— Que bueno verte.

Al saludo James le siguió uno de Remus y un último de Peter. Sirius intentó abrazarme pero antepuse mi varita, apuntándole justo al pecho.

Lily: Miranda...

Remus: ¡Espera! ¿Qué haces? —saltó en defensa de Sirius—

Miranda: ¿Cómo te atreves a venir así nada más? ¡Después de años! —le eché en cara con odio—

Sirius: Perdón... yo...

Miranda: ¡Ni siquiera tuviste el pudor de ir al funeral de Regulus!

Los cinco ahí presentes se quedaron mudos, solo miraban asombrados sin emitir ninguna palabra. No les quería dar pena con mis perdidas familiares, solo quería reclamarle a Sirius, aun sabiendo que no le remordería ni lo más mínimo.

Sirius: Y-yo... no lo sabía —su mirada repentinamente se agachó, un segundo más tarde volvió a verme a los ojos, con la mandíbula temblante me preguntó:— ¿Qué pasó?

Miranda: No lo sé —dije bajando mi varita, y apartando mi mirada de la suya— Kreacher solo nos dijo que falleció, ni siquiera... no pudo traer el cuerpo. Solo sabemos que Voldemort tubo algo que ver en ello.

La voz se me empezaba a cortar, pero Sirius no parecía lamentar la muerte de nuestro hermano. No me mostré débil o triste frente a él, no le daría la satisfacción. Se quedó como un idiota frívolo mirando al piso, no sabía que decirme, claro, no podía decir nada para consolarme.

Miranda: Váyanse. Si mamá los llega a ver, no tardará en llamar a Bellatrix. Y no estoy de humor para platicar con ella —dije irritada, mirando a cada uno de ellos, debían saber que hablaba en serio—

Lily: No podemos irnos, Miranda —dijo viéndome a los ojos— Necesitamos tu ayuda, la orden te necesita.

Miranda: Lo siento, no puedo ayudarles.

James: No estás entendiendo, Black —dijo acercándose con clara preocupación en el rostro. Nunca pensé ver esto: el idiota de James Potter desesperado pidiéndome algo— alguien está traicionando a la orden, los mortifagos tienen información de nosotros que no deberían tener.

Miranda: Yo no tengo idea de eso —dije con seriedad— no soy parte de ellos. Ni mamá, ni yo sabemos de los mortifagos.

Remus: No se trata de eso —dijo y tomó mi hombro— necesitamos gente confiable, no podemos encontrar al topo nosotros cinco nada más, y no hay alguien en que confiemos más que en ti.

Miranda: ¿Ahora me consideran confiable?. Creí que yo era una serpiente rastrera y futura mortifaga —dije con rabia, bien sabía que era eso lo que los merodeadores pensaban y decían a mis espaldas— No actúen como si hubiera confianza mutua aquí.

Sirius: Hermana, esto es importante —insistió nervioso— sé que contigo podemos lograrlo.

Miranda: Lo siento, no puedo ayudarles —dije y Sirius suspiró pesadamente— Alguien debe cuidar a mamá. Ya que soy la única familia que le queda, debo ser yo.

Petter: ¿No tenían un elfo domestico? —cuestionó hablando desde atrás de Sirius—

Miranda: Es mi madre, Colagusano. No la dejaré sola con Kreacher —dije y miró al suelo— No cuenten conmigo.

Estaba por entrar de vuelta a la casa cuando sentí la inconfundible mano de Lily tomando mi ante brazo, volteé y me encontré con su mirada suplicante. Lo admito, esos ojos verdes me doblegan la voluntad en un instante. Me vuelve dócil solo con sus ojos. Odio sentirme sumisa, pero con ella no lo puedo evitar.

Lily: Miranda, por favor. No podemos contar con nadie más que tú —dijo con un deje de desesperación en su voz— eres la mejor legeremante de nuestra generación, si alguien puede encontrar al traidor eres tú.

Miranda: Lo siento, Lily —dije y suspiró con tristeza— Soy todo lo que le queda a mi madre, no puedo abandonarla... y para ser sincera, no quiero.

James: Nadie te pide eso —dijo tomando los hombros de Lily— Solo te pedimos una ayuda, nada más. Y eres miembro de la orden, aunque no volvieras a ninguna reunión, así que es en parte una responsabilidad que asumiste.

Miranda: Abandoné la Orden, así que cualquier responsabilidad asumida ya caducó —argumenté molesta— No estoy obligada a...

James: Si de verdad no eres como familia, y realmente estás en contra de Ya-Sabes-Quien, esta es tu oportunidad de demostrarlo y probarnos que nos equivocamos contigo.

¿Acaso Potter había dicho algo que pusiera en jaque mi mente?... increíblemente si.

Lo pensé un minuto mientras veía fijamente al suelo, alcé mi vista encontrándome las miradas suplicante de todos, excepto Colagusano, él me miraba más bien con temor (nada nuevo en él: el merodeador temeroso),y Lily... no importa como ella me mire, me derretiría de todos modos. Suspiré y asentí. Jurándome que sería lo último que hacía para la Orden... y por Lily.

Miranda: De acuerdo —solté y todos sonrieron, excepto Peter, que me miró frunciendo las cejas—

Sirius: ¡Esa es mi...!

Miranda: No lo hago por que tú me lo pidas —aclaré con rabia, y lentamente mi mellizo bajó las manos que subió a modo de festejo— Ni por que deba probarle nada a nadie —dije, mirando con seriedad mirando Potter, quien solo frunció el ceño y agachó la cabeza— Esperen aquí un minuto.

Todos asintieron y volví a entrar a casa. Mamá ya no estaba cenando, su plato estaba vacío en la mesa y Kreacher lo recogía, subí rápidamente a mi habitación y me vestí cómodamente, fui a la sala del árbol genealógico y ahí estaba mamá, parada observando fijamente las ramas de nuestra familia, de los parientes que siguen entre nosotros, y los que no.

Miranda: Mamá —la llamé y me miró de reojo— Hubo una emergencia, debo salir urgentemente al ministerio y reportarme para una redada. Talvez tarde en llegar, no me esperes.

Walburga: Bien —dijo y asintió levemente— Ten cuidado, últimamente las redadas del ministerio terminan fatalmente, estos tiempos son de locos.

T/N: Si que lo son —dije acercándome y dejé un beso en su frente— Descansa, mamá —le dije, y me encaminé a la salida—

Walburga: ¡Miranda! —me llamó, antes de que saliera de la sala— Gracias, por quedarte en lugar de escapar con Sirius.

Miranda: Mamá —dije y le sonreí— No me debes agradecer, lo hago de corazón. Y por la familia.

Walburga: Eres una buena hija —musitó mirando al suelo— Merecías una mejor madre de lo que fui.

Miranda: No te tortures más con eso —dije frunciendo el ceño, y abriéndole el corazón— Ya todo está perdonado.

Nos dimos una cálida sonrisa y caminé a la salida, no sin antes dirigirme a Kreacher, que estaba arriba en la otra punta de la escalera, trapeando.

Miranda: Kreacher —Llamé rápidamente—

Kreacher: Dígame, ama —dijo, parando su trabajo para escucharme con atención—

Miranda: Pase lo que pase, vuelva o no, cuida a mamá. Ella es tu completa responsabilidad en tanto yo no esté.

El elfo me asintió y me hizo una reverencia antes de que saliera a la calle nuevamente. Otra vez encontrándome con los cinco que vinieron a pedir mi ayuda, me incorporé a ellos y empezamos a caminar por la oscuridad del Grimmauld Place. Como siempre, el prepotente Potter me mataba con la mirada.

Miranda: Entonces ¿Cuál es el plan? —interrogué, harta del silencio—

Remus: Descubrir al traidor.

Miranda: No me digas —gruñí rodando los ojos—

Lily: En realidad, el plan es algo complicado —dijo sonriéndome nerviosa—

Miranda: Y yo que fui a meter aquí —me murmuré a mí misma—

Lily: Si nos organizamos bien, lo lograremos.

James: Por supuesto, amor.

Frené de repente como si me hubieran golpeado bruscamente el pecho, me di vuelta con la mirada más seria que jamás puse.

Miranda: ¿“Amor”? —pregunté, escondiendo el enojo que me causo esa simple palabra—

James: Oh cierto, tú no lo sabes —dijo, y con triunfal sonrisa tomó la mano de Lily, solo para levantarla y enseñarme un anillo dorado. Como si no fuera demasiado evidente, dijo:— estamos casados.

Nunca recibí un maleficio asesino, claro está, pero cierta parte de mí, donde la ilusión y la esperanza se alojan, lo recibió. Aquellos anillos dorados sellaban, aparte de un matrimonio, mi perdición. Lily trató de sonreír como James, pero la sonrisa que puso con medio labio era claramente falsa. Me miraba con lastima. Eso me colmó de rabia y dolor, eso apuñaló mi blindado orgullo y lo hirió.

Claro que ella sabe de mis sentimientos, se lo confesé hace años y nuestra relación jamás volvió a ser igual, es obvio de decir que ella no sentía lo mismo que yo, y fue bastante clara en eso. Pero, después de que por años rechazó a James, no me imaginé que se casaría con él, con ese egocéntrico y problemático, con el causante del abandono de Sirius, ese intento de hombre que tanto despreciaba. De todos los hombres que hay en el mundo ¿Por qué tenía que ser él?.

Remus: Muy bien —vociferó, y puso su mano en mi hombro— El plan es simple. Creamos barios rumores en la orden, dijimos que encontramos alguna debilidad de Ya-sabes-quien, y que la buscaríamos en distintos lugares. En una mansión muggle abandonada que era de su familia, en el orfanato donde fue criado y en Hogwarts.

Sirius: El rumor se corrió por toda la orden, el traidor claramente escuchó, y vendrá a algunos de estos lugares esta noche. Cuando lo haga ¡Sas! —dijo, y dió un fuerte aplauso— lo atrapamos.

Miranda: Suena bien —dije mirando con rabia el anillo en el anular de Lily— ¿Pero y si el traidor no va a ningún punto de esos?

Sirius: Entonces tendremos que usar el plan “B” —levanté una ceja esperando la explicación— Que es que tú leas la mente de cada miembro de la orden uno a uno, hasta dar con el traidor.

Miranda: En la orden hay muchos miembros, eso es cansador para cualquier mente —protesté, sabiendo lo agotada que eso me dejaría—

Sirius: Por eso esperamos que el plan “A” funcione bien —dijo, encogiéndose de hombros—

Remus: Nos dividiremos en tres grupos, dos personas en cada uno, así cubrimos los tres puntos —explicó mirándome—

James: Ya tenemos todo planeado —dijo ansioso— Yo iré con Colagusano a la mansión muggle, Remus y Sirius irán al orfanato y tu con mi querida esposa a Hogwarts.

Miranda: Bien. En marcha —dije seria y sin paciencia—

Sin duda este día la vida me había jugado una treta macabra. La desgracia estaba dispuesta a meterme el dedo en la herida una y otra vez. Me había acorralado, me forzaba a estar a solas con Lily cuando menos lo quería.

Una vez estuvimos bastante lejos de casa, y fuera de la vista de cualquiera, nos dividimos. Cada pareja hizo una aparición en el lugar pautado. Apenas aparecimos en Hogwarts, mi primera acción fue tomar mi varita e iluminarnos.

Miranda: ¿En que parte de Hogwarts se supone que buscamos? —pregunté a Lily—

Lily: La verdad... no pensamos en eso —confesó avergonzada—

Miranda: Salazar, dame paciencia —murmuré y empezamos a caminar sin rumbo por los oscuros pasillos del colegio—

Como siempre, caminaba tan elegantemente que parecía acariciar el suelo que pisaba. Iba nerviosa, lo sé por que jugueteaba con sus manos y evitaba mirar al frente, así como evitaba mirarme a mí. Sabía que le daba nervios hablarme, pero yo tampoco lo haría, no tenía ganas de conversar después de la noticia de su matrimonio. Pero, después de un rato corto, decidió hablar, y como siempre logró que mi orgullo se desplomara.

Lily: Apuesto que las estrellas se ven hermosas desde la torre de astronomía —dijo tiernamente, pero no le di respuesta alguna— Las vistas siempre fueron hermosas desde ahí, creo que por eso me gustaba pasar el rato contigo en ese lugar ¿Recuerdas?

Miranda: Si, aunque... —dije, y dejé de hablar, agradecí la oscuridad, gracias a ella no se notaba mi sonrojo delator—

Lily: ¿Aunque qué?

Miranda: Aunque no recuerdo la vista, yo solo dormía mientras leías o... o t-te veía leer.

Eché un suspiro nostálgico y nos quedamos en absoluto silencio por un minuto, hasta que Lily habló nuevamente.

Lily: Sobre el matrimonio... —dijo, su incipiente voz sonaba rara, como un lamento o sutilmente cargada de lastima, quizá lastima de mí, de mis sentimientos rotos por su desaire. Su lastima solo dañaba mi ego, no me sosegada para nada— Quería decírtelo, pe-pero...

Miranda: No me expliques nada, no tenías por que contarme, no somos familia —dije, tratando de no evidenciar mi descontento—

Lily: No, pero eso no implica que no seas especial para mi, es que yo...

X: ¡Ey! ¡¿Quién anda ahí?!

Una figura masculina, aparentemente joven, se nos acercó de repente, claramente era un alumno de Hogwarts, se acercó con su varita bien alta iluminando su camino y nos encaró. Era un joven apuesto, cabello enrulado negro y corto, ojos café, una elegante postura recta y una mirada firme.

X: Ustedes no son alumnas —declaró encarándonos con firmeza—

Miranda: Que observador —murmuré sarcásticamente—

Lily: Somos auroras del ministerio, estamos en cumplimiento de nuestro deber —le explicó con antipatía—

X: Claro —musitó, mirándome de pies a cabeza— ¿Desde cuando el ministerio tiene auroras tan guapas? —dijo, su coqueteo no me alagó, no obstante, me causó gracia— Así dan ganas de trabajar ahí.

Ante esos insistentes halagos no pude hacer otra cosa que reír disimuladamente. Mi risa culminó cuando escuché un muy leve crujido. Era Lily, que apretaba tanto la mandíbula que sus dientes chirreaban, y sus puños estaban bien apretados al final de sus brazos ahora cruzados.

Lily: Mejor te vas a tu sala común ahora, niño —demandó colérica—

X: No soy un niño —recalcó, con tono hostil— Soy casi un adulto.

Miranda: Aun así, los alumnos no tienen permiso de estar fuera de la cama a estas horas —le recordé con suficiencia—

X: Sí cuando eres prefecto —dijo, y con su dedo índice señaló una placa verde en su uniforme, al verla sonreí recordando viejos tiempos—

Miranda: ¿Quién lo diría? —dije nostálgica— Yo también fui prefecta de Slytherin.

X: Ya tenemos algo en común, bombón —dijo, completamente desvergonzado, y yo reí—

Lily: Vete a dormir ¡Ahora! —dijo molesta—

X: Aish, que carácter —gruñó irritado—

Miranda: Pero tiene razón, debemos hacer nuestro trabajo y tú debes ir a dormir —argumenté en favor de Lily, y de inmediato el ceño fruncido del chico cambió—

X: Como tú digas, que tengas una buena noche, lindura —dijo, me guiñó el ojo y finalmente se fue por donde vino—

Volví a reír y me dispuse a seguir mi camino, pero mi paso fue interrumpido por mi compañera de vigilia, quien tomó mi muñeca impidiéndome avanzar y jaló para darme vuelta.

Lily: ¿Es en serio? —cuestionó molesta— ¿Coqueteabas con un niño?

Miranda: Claro que no —dije rápido, y ofendida por su acusación— Él me coqueteaba a mi, yo solo me reía —dije en mi defensa, pero pareció enervar más a la pelirroja—

Lily: Le seguías el coqueteo —afirmó frunciendo la frente con mucha rabia—

Miranda: ¿Y qué si fuera el caso? —pregunté, y moví mi brazo soltándome de su agarre— No es que yo sea una anciana, Lily, solo debemos tener un par de años de diferencia ¿Qué más daría si estuviéramos coqueteando mutuamente?

Lily: Es que... tú... ¡Aish! —balbuceó enfurecida—

Miranda: ¿Qué? ¡¿Cuál es el problema?!

Lily: ¡El maldito problema es que no me gusta que alguien te coquetee! —espetó colérica, y retomó el camino apresurada—

Miranda: ¿De qué demonios hablas? —dije acercándome, pero ella se alejó más de mí y empezó a correr— ¡Lily!

Lily empezó a correr por los pasillos tratando de evitarme, pero finalmente la atrapé llegando al séptimo piso, y la metí en un salón vacío. Solo una ventana estaba abierta, a través de ella la luna, en todo su esplendor, ilumina magníficamente el lugar, tiñéndolo de un blanco con atisbos celestes. La dejé tomar aire y aproveché para hacerlo yo también antes de cuestionar su actitud.

Miranda: ¡Tú dijiste que no querías estar conmigo! ¡¿Y ahora me haces una escena de celos?! —le grité apenas retomé el aire de tanto correr, ella seguía intentando hacer lo mismo— ¡Me dijiste que no te gustaba! ¡Que solo sentías amistad por mi!

Lily: ¡Te mentí! ¡¿De acuerdo?! ¡Te mentí! —espetó exaltada, aturdiéndome de dudas y confusión— ¡Me gustas desde tercer año!

Miranda: ¿Y por que demonios no me lo dijiste cuando me declaré? —Lily no contestó mi desesperada pregunta, solo me dio la espalda y suspiró— Me costó mucho hacerlo, tuve que armarme de valor y decirte lo que sentía, sabiendo que si no sentías lo mismo perdería a mi mejor amiga. Y cuando me rechazaste... no tienes idea lo duro que fue, ¡¿Y ahora me dices que sentías lo mismo?! ¡¿Qué sentías lo mismo desde incluso antes de que yo me diera cuenta lo que sentía?!

Lily: ¡Tenía miedo! —dijo, dándose la vuelta bruscamente— Y-y... no quería que sufrieras más.

Miranda: ¿De que demonios hablas? —Cuestioné, sonándome todo eso a una escusa—

Lily: Tu familia jamás lo hubiera aceptado, no hubieran concebido que tú salieras con una sangre sucia y lo sabes, T/N —dijo lagrimeando y con la voz rota—

Miranda: No me importa la pureza de la sangre...

Lily: ¡Lo sé! —exclamó, con los ojos llorosos— Pero a ellos si, y-y sé que no eres como Sirius... t-tú quieres a tu familia, no hubieras podido dejarlos... y aunque lo hubieras hecho no serías feliz. Yo no podía hacerte eso... no quería que fueras infeliz —soltó una lagrima que patinó por su mejilla, se separó de su rostro y cayó al suelo—

Miranda: Yo hubiera luchado por ti hasta las últimas consecuencias, Lily. Pero tú ya te casaste con alguien más —dije acercándome, no pudiendo creer que por mi familia perdí a mi amada, pensar que fue un amor no correspondido dolía menos, sin duda, pero esto era esperanzador para mí— Hubiera enfrentado a mis padres, mis tíos y hasta a mi hermano si tan solo hubieras dicho que me querías.

Lily: Es por eso que no te lo dije —dijo y se limpió el rastro que había dejado su lagrima— Y-y luego dejaste de ir a la orden... y luego James... y ahora... y tú... ¡Carajo, es muy confuso, Miranda!

Miranda: Simplifiquémoslo entonces —propuse, y, tomando fuerzas de mis adentros, pregunté:— ¿Lo amas? —me acerque más a ella. Al final, todo se reducía a esa pregunta—

Lily: Y-yo... no lo sé —dijo mirando al suelo, alentándome a preguntar lo que ansiaba saber—

Miranda: ¿Y a mi? —interrogué, tomando sus mejillas entre las manos, e hice que me mirara—

Lily: ¿A ti? —repitió tomando mi cintura, y clavó sus ojos en mis labios— Te amo desde que te vi en la estación 9¾ con esa estúpida túnica de Slytherin y ese collar extraño —recordó y reímos con felicidad—

Poco a poco me fui acercando, muy lentamente, nuestras respiraciones ya chocaban y ella clavaba sus dedos en mi cintura suavemente. Le urgía, tanto como a mí, besarnos de una vez. Pensé que el momento estaba a mi disposición, que podría tardar cuando quisiera, pero al final ella, impaciente por tanto aguantarse, me jaló y nuestros labios chocaron magníficamente en el beso más hermoso de mi vida.

Si fuera por mí, habría inmortalizado ese beso, y lo hubiera prolongado románticamente por toda la noche, pero de un segundo al otro Lily me empujó levemente haciéndome sentar en una mesa, para luego sentarse sobre mi y volver a besarme pero más apasionadamente, rebosante de lujuria. Un giro que no preveía, pero acepté gustosa.

Cuando la falta de oxígeno nos obligó a separarnos, aproveché para quitarle la camiseta y bajar mis besos a su cuello,ya que ella tenía tanta prisa por sentirme sobre su piel quise darle el gusto. Ella comenzó a gemir muy suave mientras mis manos recorrían su espalda acercándose a su trasero. Lily tomó con sus manos mi nuca y cuando empecé a apretarla más contra mi la rasguñó con los dedos. Dejé su cuello, tras dejarle alguna que otra marca, y volví a unir nuestros labios.

Lily: ¿Qué hay de ti? —me preguntó jadeando, con sus delicados labios vueltos rojos de tanto besarme— ¿me amas?

Miranda: Con todo el corazón —le respondí también jadeando, observando debidamente el verde de sus ojos—

Quedé tan embelesada por su sonrisa que no me aguanté las ganas de besarla nuevamente. En algún momento durante el beso nos movimos hasta el piso, realmente no me enteré hasta que nos separamos, toda mi atención y dedicación la tenían los labios de Lily.

Me posicioné arriba de ella, y contemplé su piel desnuda. Nunca pensé que podría tener así a Lily, se veía tan hermosa. Su pecho, tapado solo por su sostén, subía y bajaba, igual que mi mano por su cintura suave.

Lily: Miranda... —murmuró tensa— Y-yo... yo no...

Miranda: No haz estado con una mujer ¿Cierto? —pregunté con calma, ya sabía la respuesta, pero aun así la pelirroja negó con la cabeza en el momento justo en que mis ojos fueron a parar en los suyos— ¿Quieres probarlo?

Lily: Si, claro que si —dijo acariciando mi mejilla— Pero no sé como.

Pude ver en su rostro que moría de vergüenza, así que tomé su mano y la besé antes de separarme de ella. Me quité la túnica y la camiseta, quedando solo en sujetador igual que ella. De inmediato sus ojos fueron a mis pechos, fue como si sus nervios se hubieran evaporado en el aire, su mirada se cargó de lascivia. Volví a inclinarme sobre ella y a besarla con aún más pasión.

Miranda: Déjame guiarte —murmuré sobre sus labios— Muero por ser la primera mujer con la que estés... y la última.

Ella asintió mirándome a los ojos, mirándome con esos hermosos ojos verdes, cegados de placer. Me separé un poco y tomé una de sus manos, la pasé por mi clavícula y lentamente la conduje hacia abajo guiándola hasta mis pechos. Volví a besar a Lily y solté su mano, dejándola tocar y apretar a gusto.

Fue cuestión de tiempo para que las demás prendas quedaran tiradas por la habitación. Mi mano guiando de vez en cuando a la suya sirvió para que Lily se soltara más y más, perdiendo todos los nervios que tenía. Siempre fue una alumna rápida para aprender, en esta situación no podía ser diferente.

Hicimos el amor allí mismo.

Lo hicimos hasta el más absoluto cansancio. Comprendí entonces otro modo de sexo, uno que solo ella podría hacerme probar, como si el placer carnal fuera lo de menos, como si mi alma pudiera sentir la suya uniéndosele, como si los gemidos y jadeos fueran poesía. Nos unimos, no fue solo que nos acostáramos y nos diéramos placer una a la otra, fue un solemne acto de amor.

El calor en nosotras lo sofocó el frío del suelo, nos acostamos boca arriba, una al lado de la otra. Quise voltear a verla, pero de inmediato escondió su rostro en mi cuello. Sabía que le daba vergüenza, siempre hacía eso cuando quería esconder un sonrojo o una sonrisa, así que la abrasé y acaricié su espalda, regocijándome con su respiración y sus labios contra mi cuello. Estábamos solo recuperando las energías, en silencio y tranquilidad, hasta que Lily súbitamente, y como un baldazo de agua, me dijo:

Lily: Me divorciaré de James.

Miranda: ¿Qué? —pregunté, y ella se sentó sobre mí—

Lily: Que me divorciaré de James —repitió sonriéndome, pero yo conocía muy bien su sonrisa culposa, la detecté de inmediato—

Miranda: No quiero que lo hagas solo por mí —objeté acariciando sus piernas— Dijiste que no sabes lo que sientes por él, puedo esperar a que lo descubras... y-y si...

Lily: No me hace falta descubrirlo —afirmó, y se inclinó para darme un fugaz beso, tan rápido como un parpadeo, y volvió a sentarse— Sé muy bien a quien amo. Y no es justo para James, ni para mí, que esté con él si te amo a ti.

Escuchar esto me emocionó, no lo negaré jamás. Me senté y la besé, la apreté más hacia mi rodeando su cintura con mis brazos ella hizo lo mismo con mi cuello, siguiéndome el beso con igual devoción.

Miranda: Te advierto que no pasarás ni un mes como divorciada —le dije sonriente, ella se rio levemente pero aun así me mantuve firme— Hablo en serio, Evans. Apenas te divorcies me tendrás de rodillas con un suntuoso anillo. Luego nos casaremos. Te haré mi esposa, Lily.

Lily: Si lo hicieras tu madre te odiaría para siempre —musitó con pesadez, bajando la mirada—

Miranda: Eso ya da igual —dije poniendo mi frente contra su frente— Yo me odiaría si no lo hago. Te amo demasiado. Más que a mi familia, Lily, mucho más.

Lily: También te amo —dijo subiendo su mirada hasta mis ojos— Y no voy a esperar a que te arrodilles. Desde ya te digo que si, quiero casarme contigo. Quiero una vida contigo a mi lado... solo así sé que será la vida más feliz que pueda tener.

Casi que se me empañan los ojos de escuchar sus palabras. Una sinfonía de latidos se desató en mi pecho.

Cuando estábamos a punto de darnos otro apasionado beso, sentimos una puerta cerrarse bruscamente fuera del salón.

Lily: ¿Qué fue eso? —preguntó asustada aun estado encima de mi regazo— ¿Otro alumno?

Miranda: Lo dudo —respondí alertada—

Lily se bajó de mí y volvió a ponerse su ropa, yo hice lo mismo a prisa. Cuando ya nos habíamos vestido, nos armamos con nuestras varitas y salimos lentamente del salón, observando todo al rededor minuciosamente, preparadas para defendernos. Caminamos un poco y nos sorprendimos al ver que en aquella gran y pared que debería estar vacía, justo en frente de un tapiz de Bárnabas el Chiflado, había una imponente puerta de madera oscura.

Lily: ¿Crees que el traidor esté ahí? —preguntó tensa, mirando aquella puerta como si fuera la entrada al infierno—

Miranda: Aquí nunca hubo puerta, así que supongo que si —deduje, y supe de inmediato que debíamos entrar—

Con suma cautela empecé a acercarme a la puerta, justo antes de que pudiera tocarla sentí la mano de Lily sobre la mía, temblando de miedo, acaricié con mi pulgar su palma y tomé firmemente su mano, eso la calmó y entramos juntas, par a par y aun tomadas de las manos.

Entramos y solo había una inquietante oscuridad, la única luz que alumbra aquel lugar, que parecía un infinito cosmos sin estrellas, era una vela fila y blanca posada en una tarima de cemento que sin duda servía para erguir una estatua sobre él.

Miranda: ¿Qué es este lugar? —pregunté acercándome a la luz tenue de la vela, confiando en que Lily lo sabría, nadie sabía tanto de Hogwarts como ella—

Lily: No lo sé... Miranda, tengo un mal presentimiento sobre esto —murmuró, viendo hacia la inmensidad negra, que era lo único alrededor—

Hice caso omiso a Lily, solté su mano y seguí acercándome, iluminé con mi varita la tarima y pude ver letras en ella, escritas en el mismo cemento.

Miranda: Pietra —leí, suponiendo que sería alguna pista de este misterioso lugar—

Al instante la luz amarillenta de la vela se volvió blanca, un blanco tan puro que molestaba a la vista, y se disparó a mi, cerré los ojos por impulso y sentí como si me dieran una pedrada justo en pecho.

Lily: ¡Miranda! —escuché que gritó, y se acercó a mi, tomó mis hombros para asegurarse que no caiga hacia atrás— ¿Qué fue lo que hiciste? —preguntó mirándome, luego miró a la vela y la tarima desesperada por una explicación—

Miranda: N-no sé que...

X: ¡Avada Kedabra! —gritó alguien desde las densas tinieblas—

Apenas sentí aquella chillona empezar a la lanzar la maldición nos protegí desviándola, abracé a Lily y nos escondimos detrás de la tarima. Escuchamos molestas como el traidor cobardemente huía cerrando de un portazo la única puerta, nos asomamos y efectivamente ya no había nadie ahí, estábamos por pararnos pero sentí un fuerte y seco dolor en el pecho.

Lily, asustada por mi quejido de dolor, se me acercó y miró mi pecho quedando perpleja. Una mancha grisácea sobresalía por mi camiseta, le di dos golpecitos con la punta del dedo y me percaté que era piedra sólida, poco a poco la mancha se agrandaba, convirtiendo mi ropa, mis músculos y todo a su paso en piedra.

Miranda: ¡Por Merlín! ¡¿Qué demonios es esto?! —exclamé, y la mancha se hizo repentinamente más grande—

Lily: ¡Carajo! —gritó derramando una lágrima. De inmediato recogió del suelo su varita y apuntó tan alto como pudo— ¡Lumos Maxima!

Una gran bola de luz se alzó hasta tocar un muy alto techo, y desde allí iluminó matando toda la oscuridad que nos inquietaba. Lily me ayudó a pararme ya que empezaba a pesarme el pecho, a más se agrandaba esa circunferencia gris más me pesaba mi cuerpo. Me senté en la tarima, y Lily, desesperada, empezó a revisar todo en busca de la manera para socorrerme.

Lily: Ay no, Miranda... —sollozó recorriendo el lugar con la mirada— es-estamos en la sala de menesteres.

Miranda: ¿La qué? —cuestioné nerviosa—

Lily: Es una habitación a la que una persona sólo puede entrar cuando tienen una necesidad real. A veces está ahí, y a veces no lo está, pero cuando aparece siempre está preparada para las necesidades del buscador —dijo tan rápido que apenas entendí—

Miranda: ¡¿Y por que diablos esta sala me quiere petrificar?! —pregunté gritando asustada, pues la mancha no paraba de agrandarse—

Lily: ¡No sé! ¡No sé! —dijo con histeria, abrazándome mientras lloraba y palpaba mi pecho sólido— Y-yo... creo que es por que el traidor entró primero... é-él necesitaba sacarnos del medio.

Miranda: No, no a ti, a mí —deduje con rapidez—

Lily: ¿Qué? —preguntó separándose de mi—

Miranda: Sirius dijo que si este plan fallaba iría uno a uno viendo la mente de todos en la orden, claramente el traidor no quería eso —le expliqué—

Lily: Pero los únicos que lo sabíamos somos nosotros seis... —dijo y llevó una mano a su boca— No puede ser.

Miranda: Si, Lily —dije, y dejé de sentir mi corazón, probablemente por que ya estaba petrificado, me sorprendió que siguiera con vida, lo agradecí— El traidor estaba entre nosotros... Debes decirles, a todos, tienen que descubrirlo.

Lily: ¿Q-que? ¡No! ¡No voy a dejarte aquí petrificándote! ¡No!

Miranda: No hay alternativa, Lily —dije, y antes de que objete la besé— Te amo, siempre lo haré...

Lily: Miranda... no —balbuceó llorando— Yo te amo.

Miranda: Vete... adviérteles... y-y dile a mamá que me perdone, por dejarla sola —dije, ahora llorando yo—

Lily: No... —negaba con la cabeza haciendo caer sus lagrimas— No... debe haber otro modo... te sacaré de aquí.

Miranda: En poco tiempo solo cargarás un pedazo de piedra sin vida, Lily —le dije y limpié sus lagrimas, sabiendo que de todos modos saldrían nuevas— Por favor, si tengo que morir está bien, pero tú debes vivir.

Lily: ¡No! ¡No sin ti!

Miranda: Tú puedes, Lily —dije acariciando sus mejillas— hazlo... por mi... por nosotras y por el amor que te tengo.

Lily lloró, y lloró más hasta que finalmente asintió rendida, me regaló un último e inmortal beso antes de encaminarse a la salida. Como pude, cargando el peso de mi tórax completamente petrificado, tomé mi varita del suelo y me subí a la tarima. Lily me dio una última mirada y una forzada sonrisa, mientras con todo dolor veía a mi rostro volviéndose completamente de piedra. Ella salió, cerró la puerta y la luz se apagó, dejándome atrapada en una total oscuridad, tan densa que sentí que había muerto.

Esa fue la última vez que vi a mi Lily.









Hola, Inkitt!

Estoy muy feliz de publicar aquí la que es, hasta hoy, la historia más leída de mi perfil original en Wattpad.

Voy a subir todos los capítulos que ya se encuentran disponibles en la otra plataforma. Y luego voy a ir actualizando la historia simultáneamente en ambas plataformas con fin de prevenir una hipotética censura en alguna de las dos plataformas. Con la diferencia de que la versión de Wattpad llamé "T/N" a la protagonista, y en esta versión le puse como nombre fijo "Miranda"

Si veo que le va bien a esta historia aquí, voy a subir también la precuela, llamada "La Sucia Flor", cuyos tres primeros capítulos ya están disponibles en Wattpad.

Que la disfruten!

Atte: Canuta Black