Deathween 2024

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Summary

En "Deathween," una serie de relatos sombríos se entrelazan en una biblioteca que parece estar viva, donde cada libro encierra una historia escalofriante con protagonistas que enfrentan sus miedos y sombras más profundas. Desde espíritus vengativos hasta muñecos malditos y rituales oscuros, los personajes atraviesan situaciones aterradoras que los llevan al límite entre la realidad y la locura. Un joven pecoso recorre estos volúmenes inquietantes, cada uno evocando una atmósfera de terror y suspenso, donde lo sobrenatural se funde con el horror psicológico, haciendo que cada historia revele un eco perturbador de lo desconocido y el peso de enfrentarse a lo inexplicable.

Status
Complete
Chapters
32
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo

La penumbra de la biblioteca no era simplemente la sensación de falta de luz; era una entidad palpable, un manto denso y asfixiante que parecía respirar lentamente, como si tuviera vida propia. Se aferraba a cada rincón, a cada espacio cercano, envolviéndolo en un abrazo frío que oprimía el pecho y robaba el aire a cualquier mortal que osara pisar su suelo. A lo largo de los interminables pasillos de madera crujiente por provenir de una edad abandonada por la existencia misma, las sombras se alargaban y retorcían, sus formas distorsionadas danzan como criaturas hambrientas, esperando a su presa. El silencio no solo era la ausencia de sonido; era un vacío absoluto que parecía engullir cualquier intento de romperlo.

En eso, una figura avanzaba con pasos calculados, ligeros, como si el suelo pudiera despertar algo que dormía bajo las capas de polvo acumuladas a lo largo de los siglos. La madera crujía bajo el peso de su frágil cuerpo, pero el sonido se ahogaba rápidamente, devorado por la oscuridad que parecía ir detrás suyo, esperando la mejor oportunidad para engullirlo. La vela que llevaba en su mano parpadeaba débilmente, como si temiera ser extinguida por las mismas sombras que intentaba desafiar. Su luz titilante apenas lograba rasgar la negrura, proyectando espectros de luz que parecían burlarse de la realidad.

El rostro de aquel joven, iluminado intermitentemente por el amarillo inestable, era una máscara de concentración y tensión. Las cicatrices en sus manos y mejilla derecha parecían más profundas bajo la luz temblorosa, como si contuvieran historias antiguas, secretos que tal vez preferirían permanecer enterrados al igual que los libros que no logran ni siquiera tener sombra. Su cabello, rizado y oscuro, caía sobre su frente, pero los mechones apenas se movían en el aire pesado y estancado. Sus ojos verdes, grandes, brillantes no solo miraban; buscaban, rastreaban algo invisible, algo que sabía que estaba allí, acechando entre los estantes polvorientos.

Afuera, la tormenta rugía como una bestia furiosa. Un relámpago desgarró el cielo, iluminando fugazmente las altas ventanas, y durante ese breve destello, pudo ver algo más allá de las motas de polvo que flotaban perezosamente en el aire. Algo se movía entre las sombras, una figura imprecisa, quizás solo una ilusión creada por su mente cansada que se decidió a ignorar. Pero cuando el trueno resonó, sacudiendo las paredes de la vieja biblioteca, se convenció de que no estaba solo. Sin embargo, su rostro no cambió; permaneció impasible, aunque sus dedos se tensaron ligeramente alrededor del candelabro, como si esperara...

Se detuvo frente a un estante. No era un estante cualquiera; era más antiguo, más olvidado, como si incluso el tiempo hubiera decidido ignorarlo. Los libros que contenía eran delgados, polvorientos, casi desmoronándose por la desidia. Parecían secretos olvidados por el mundo, volúmenes que nadie debería abrir jamás. Pero sus dedos se deslizaron por los lomos con una familiaridad inquietante, deteniéndose en un libro encuadernado en cuero negro, agrietado y seco, pero que aún exudaba una presencia malévola. Cuando lo tomó, sintió un leve estremecimiento, como si el libro hubiera respondido a su toque y se mostraba impaciente, deseando ser leído de una vez por todas.

Al abrirlo, la luz de la vela pareció debilitarse, sus sombras crecieron, y por un momento, el silencio se volvió aún más opresivo. Las letras doradas en la portada interior resplandecieron brevemente, como si estuvieran vivas, susurrando promesas de un conocimiento prohibido.

“Lamentos a medianoche.”

Su voz rompió el silencio, pero el eco que resonó en la biblioteca no era natural. Era un susurro distante, un gemido ahogado que parecía venir de los rincones más oscuros de la estancia, como si los mismos muros le respondieran. El frío se hizo más intenso, envolviéndolo como un sudario invisible, y por primera vez en un buen tiempo, un escalofrío familiar recorrió su espalda. Era como si una presencia le acechara, observándolo, esperando que cometiera el más mínimo error.

El joven cerró el libro lentamente, sus ojos reflejando la pequeña llama que ahora parecía luchar por mantenerse encendida. Había algo más en ese lugar, algo que no podía ver, pero que podía sentir, una presión, un peso que parecía aumentar con cada segundo que pasaba. Alzó la vista hacia el vasto espacio vacío de la biblioteca, y por un momento, creyó ver sombras que se movían a su alrededor, danzando en un patrón caótico.

– Empecemos – murmuró con una calma forzada, mientras tomaba asiento en el sofá de cuero desgastado en el que tanto amaba leer. Pero incluso al sentarse, el aire a su alrededor parecía temblar, como si el mismo espacio estuviera a punto de colapsar, como si hubiera desatado algo mucho más oscuro de lo que jamás podría haber imaginado, pero esa sensación fue dejada de lado cuando comenzó con su lectura.