Capitulo 1
Cristal
Mi nombre es cristal, vivo en el año 2.340 y es aterrador.
En este sombrío panorama, nací en medio de la desesperación y la lucha por la supervivencia. Mi madre, valiente y decidida, me trajo al mundo mientras huía de las garras del despiadado Khan un ser despreciable, que tortura o mata a todo aquel que se opone a su persona, a veces solo, según él, para mostrarse un ser benevolente los deja prisioneros obligándolos a trabajar en la construcción de pozos o minas de oro, los dos tesoros más importantes para la humanidad que aún queda viva. Los demás humanos que han tenido suerte de no caer en las manos de Khan viven en pequeñas ciudadelas, oasis de esperanza en medio del caos, albergan a aquellos que se niegan a doblegarse ante el yugo de Khan. Allí, entre sus estrechas calles y frágiles muros, se forjan vínculos de solidaridad y resistencia, aunque siempre acechados por el temor y la incertidumbre. Las pocas personas que no son esclavos trabajan lo poco que hay de tierra fértil, cuya producción cae en las manos del tirano en un noventa por ciento y el resto se divide en la población que apenas sobrevive, los que tienen más suerte reciben comida fresca y el resto casi en estado de putrefacción. La vida en las ciudadelas es una lucha diaria por un pedazo de pan y un sorbo de agua, mientras el tirano se regodea en su opulencia y crueldad.
También existen lugares llamados tabernas, refugios para los errantes y desamparados, ofrecen un breve respiro en medio del caos. Allí, entre murmullos de conspiración y cantos de desesperanza, los destinos se entrelazan en un torbellino de esperanza y desolación.
Crecí entre susurros de rebelión y suspiros de resignación, rodeada por la cruda realidad de un mundo quebrantado por el poder corrupto. En este mundo desgarrado por la injusticia, luchamos por encontrar un rayo de luz entre las sombras, anhelando un mañana donde la libertad y la justicia reinasen una vez más. Pero mientras tanto, seguimos resistiendo, alimentando la llama de la esperanza en medio de la oscuridad.
Los vestigios que quedan de la antigua humanidad son un claro ejemplo de lo maravillosa y caótica que era la vida, construcciones gigantescas ahora ocupadas como ciudadelas o puntos estratégicos para resguardar el territorio de Khan y sus hombres. Los pocos libros que se han encontrado hablan de la vida anterior, nos transportan a épocas de esplendor y caos, donde los humanos podíamos vivir sin temerle a la vida todo el tiempo o historias ficticias basadas en esos años.
Entre las historias y leyendas, se entretejen los hilos de la tecnología perdida, maravillas de ingenio y creatividad que desafían nuestra comprensión. Algunos inventos han sobrevivido al paso del tiempo, adaptándose a las necesidades de una era diferente, mientras que otros han caído en manos de Khan y sus científicos, transformándose en herramientas de opresión y control.
La oscuridad de aquellos días aún se cierne sobre mí como una sombra implacable, recordándome los horrores que presencié y viví hace ya cuatro largos años. Fuimos capturados por Khan y sus hombres. Nos sometieron a interrogatorios tortuosos, buscando desesperadamente obtener información sobre los escondites de la resistencia.
De los cuatro que fuimos capturados, solo dos logramos sobrevivir al tormento. A mí me arrebataron mi libertad y me arrojaron a las entrañas de la mina principal de oro, un lugar donde el sufrimiento y la muerte eran compañeros constantes. Recuerdo con espanto cómo llevaban a las personas vivas en carros de hierro hacia el interior de aquellos hornos infernales, donde quedaban atrapadas hasta que sus cuerpos se consumían por completo, reducidos a cenizas.
Mi madre, valiente y luchadora, fue la primera en morir a manos de Khan. Incapaz de soportar su frustración por nuestra negativa a revelar información, él le arrebató la vida con un disparo brutal. Aquel acto de crueldad marcó el comienzo de un largo y doloroso calvario que aún resuena en mis pesadillas más oscuras.
La sala resonaba con la violencia de las palabras de Khan, sus amenazas eran como un látigo que azotaba nuestros corazones. Mis manos temblaban mientras veía impotente cómo torturaban a mi madre, quien soportaba cada golpe con una valentía que me dejaba sin aliento. A mis dieciséis años, comprendí que mi vida valía menos que la causa por la que luchábamos, y si era necesario sacrificarla por la libertad, lo haría sin dudarlo.
-Si quieren vivir, deberían decirme donde está el resto de los estúpidos, eres la líder de todos ellos, tienes una hija ¿¡quieres que muera!? – mi madre seguía en silencio, aguantando los golpes y otras torturas, mientras yo miraba hecha pedazos. – entonces, líder de la resistencia, serás la primera en morir.
-¡Nunca te rindas, amor! ¡Somos la resistencia, la única esperanza! – alzó la voz con firmeza, tratando de infundirme valor mientras soportaba cada golpe y tortura de Khan. Pero sus palabras se perdieron en el vacío cuando el arma de Khan segó su vida sin piedad. El dolor me embargó al presenciar su muerte, y la angustia se multiplicó al ver cómo León, quien había sido torturado hasta perder la conciencia, también caía víctima de la brutalidad de Khan
-¿Cuántos años tienes niña? – preguntó Khan, y su risa retumbó en la sala cuando le revelé mi edad.
-Dieciséis - respondí, sintiendo cómo su mirada penetrante se clavaba en mí.
-Los mismos que mi hija ―musitó, sumido en sus pensamientos. Luego, con una frialdad escalofriante, dictó mi destino―. Te dejaré vivir, pero serás mi prisionera. Por ti, vendrá toda la resistencia. Eres lo que queda de su líder ―se giró hacia Miguel, quien escuchaba en silencio las macabras palabras de Khan.
-Tú llevarás un mensaje. No te seguiré. Diles que tengo a su hija, que la mantendré con vida hasta que cumpla veinte años. Y que, durante ese tiempo, en cualquier mes, cualquier día antes de los veintiuno, ella morirá.
Vivir bajo la opresión de Khan era una pesadilla constante. La mina a la que nos llevaron era un infierno subterráneo, pero incluso sobre la tierra, el trabajo era agotador y despiadado. Los esclavos más fuertes, en su mayoría hombres, eran los designados para descender a las profundidades de la mina, mientras que el resto de nosotros nos encargábamos de mover el oro que extraían y llevarlo hacia la superficie. Una vez allí, el oro se destinaba a la fabricación de joyas y monedas, las primeras para la mujer de Khan y su hija, y las segundas para Khan y sus secuaces, quienes las intercambiaban por bienes como alcohol o comida en las ciudadelas bajo su dominio.
Cada moneda representaba una decisión vital: vivir o morir. Los aldeanos pagaban a los soldados por su vida, pero si alguien no tenía cómo pagar, estaba condenado. En este cruel sistema, el oro se convertía en el único medio de supervivencia, ya que era utilizado en trueques desesperados por comida, alcohol o incluso por la propia vida.
La posibilidad de escapar era una ilusión en este mundo controlado por Khan. Cualquier intento de rebelión era castigado con brutalidad. Los golpes llovían como la lluvia sobre aquellos que osaban desafiar el orden impuesto. Los castigos más severos eran reservados para aquellos que intentaban huir o se atrevían a enfrentarse a los guardias.
Los hornos, lugares de muerte y desesperanza, eran testigos mudos de la tragedia diaria. Casi a diario, llevaban a cabo ejecuciones, y el sonido de los gritos desgarradores llenaba el aire, penetrando en lo más profundo de nuestros corazones. Sin embargo, lo más impactante era ver la determinación en los rostros de aquellos que se dirigían hacia su final. Sabían que la muerte era un alivio frente a la agonía de una vida sin esperanza, donde la única salida era la muerte, ya sea por las llamas de los hornos o por una bala en la oscuridad de la noche.
Después de años de observación y meticulosa planificación, había llegado el momento de actuar. Había estudiado cada detalle de la mina y los movimientos de los guardias, memorizando cada rincón y horario con precisión. Pero incluso con todo ese conocimiento, sabía que el riesgo de la muerte siempre estaba presente. Muchos habían intentado escapar antes que yo, y la mayoría había pagado el precio con sus vidas.
El tiempo estaba en mi contra. Mañana, en mi vigésimo primer cumpleaños, sería el día en que debía intentar la fuga. No había margen para el error; era una cuestión de vida o muerte. Nadie vendría a rescatarme, y dependía de mí misma encontrar una salida de este infierno antes de que fuera demasiado tarde.
La incertidumbre me abrumaba mientras me preparaba para lo que sería mi última noche en la mina. Todos en ese lugar sabían quién era yo, y aunque algunos me protegían, era una carga que no quería llevar más. Me había cansado de ser el motivo de su preocupación, de no poder devolverles todo lo que habían hecho por mí desde que nací.
Con cada minuto que pasaba, la ansiedad crecía dentro de mí. ¿Y si no lograba escapar? ¿Y si moría en el intento? No podía permitirme ese lujo, no cuando sabía que mi muerte podría desatar una guerra contra Khan. La resistencia había desaparecido en los últimos cinco años, y no sabía si era por miedo o si Khan los había eliminado a todos después de lo sucedido con mi madre.
La noche avanzaba lentamente y el tiempo se agotaba. No sabía cuándo vendrían por mí, pero una certeza se instalaba en mi mente: debía escapar cuanto antes. Khan podía haber insinuado que no me mataría el día exacto de mi cumpleaños, pero todos sabíamos que no esperaría un solo día más para hacerlo.
Cada rincón de la mina era un recordatorio de la urgencia de mi situación. Los intentos fallidos de otros prisioneros resonaban en mi mente, pero no podía permitir que eso me detuviera. Esta vez sería diferente, tenía que serlo. Repasé mentalmente cada pasillo, cada recoveco, buscando desesperadamente una salida. No tenía un plan concreto, pero la determinación ardía en mi interior.
El momento que había estado esperando finalmente llegó. Vi cómo algunos guardias se retiraban para comer, dejando a los menos atentos a cargo. Era mi oportunidad. Con el corazón latiendo con fuerza en el pecho, comencé a moverme sigilosamente, cada paso calculado, cada respiración contenida.
Cuando estuve a unos cincuenta metros de la libertad, me descubrieron. Sin pensarlo dos veces, me lancé a correr, mis pies golpeando el suelo con fuerza mientras el aire quemaba mis pulmones. “¡Corre, corre, corre!“, era lo único que resonaba en mi mente, cada paso acercándome un poco más a la tan ansiada libertad.
A medida que las balas silbaban a mi alrededor, me repetía a mí misma que solo faltaban veinte metros más. La adrenalina fluía por mis venas mientras corría con todas mis fuerzas, sabiendo que la libertad estaba al alcance de mis manos.
El dolor recorrió mi cuerpo como una descarga eléctrica cuando las balas me alcanzaron, pero, aun así, me negué a rendirme. Seguí avanzando con todas mis fuerzas, sintiendo cómo cada paso se volvía más difícil, el dolor punzante en mi pierna izquierda amenazaba con derribarme.
A tan solo diez metros de la salida, vi a alguien más corriendo hacia mí. Mi mente luchaba por procesar la situación mientras la agonía se apoderaba de mi cuerpo. La segunda bala atravesó mi hombro derecho y la tercera se incrustó justo debajo de mis costillas, haciéndome caer al suelo.
Pero entonces, sentí un par de manos sujetándome, evitando que mi cabeza golpeara el suelo con fuerza. Abrí los ojos y me encontré con una mirada preocupada, una cara que reconocía, pero no podía entender por qué estaba ahí.
-Dime que estás bien, por favor, debes salir de aquí —sus palabras llegaban como un eco lejano mientras luchaba por mantenerme consciente.
Traté de ponerme de pie con su ayuda, pero mis fuerzas flaqueaban. Fue entonces cuando los hombres de Khan nos alcanzaron, interrumpiendo nuestro intento de huida. Uno de los guardias gritó su nombre, pero ella lo detuvo con determinación y valentía.
—¡Déjala en paz! —su voz retumbó en el aire, llena de rabia y autoridad—. Ya está herida.
Pero el guardia se negaba a escuchar, decidido a llevarme a los hornos. Ella se interpuso, dispuesta a protegerme a cualquier costo. Las palabras de enfrentamiento entre ella y el guardia llenaron el aire, mientras yo luchaba por mantenerme en pie.
-¿Megan? – dije en un susurro débil, fue cuando la miré y me di cuenta quien era y lo hermosa que se veía de cerca, ella solo me miro he hizo una mueca con su boca confirmando – no puede ser
-Si puede ser, quédate quieta, estoy tratando que no te maten – me dijo susurrando -
-Aléjate de ella, Megan – dijo el guardia, escupiendo su rabia – si se escapa, puede ser el fin de tu padre y también el tuyo, debo matarla
-Mi padre es el que da esa orden, él sabe cuándo la matara, tú eres solo un soldado más.
-La orden ya fue dada, debo llevarla a los hornos, muévete – el soldado dio un paso hacia nosotras, enseguida ella se puso de pie -
-Sobre mi cadáver – poniéndose frente al hombre interfiriendo a su paso – ¡vamos¡¡mátame ¡- Entonces, el guardia se abalanzó hacia ella con violencia, golpeándola en el rostro. La vi caer, pero se levantó con rapidez, su determinación intacta a pesar de la sangre que manaba de su labio partido. – No pasarás de aquí, maldito imbécil —sus palabras resonaron con firmeza y desafío, hacia el guardia que se interponía en nuestro camino.
A pesar de todo, sabía que ella estaba dispuesta a protegerme, incluso si eso significaba enfrentarse a la violencia de los hombres de Khan.
-Megan, no te puedo matar, pero sí puedo golpearte
La tensión en el aire era palpable mientras todos los prisioneros observaban la escena con atención, viendo cómo intentaba escapar y cómo Megan se interponía valientemente entre el guardia y yo. Cada segundo parecía una eternidad, hasta que un grito rompió el silencio.
“¡Nuestra vida por la tuya!“, exclamó uno de los prisioneros, desatando un sentimiento de solidaridad en el grupo. Entendimos al instante lo que eso significaba: era nuestra oportunidad para escapar.
Cuando el guardia se distrajo por el caos que se desataba detrás de él, Megan actuó con determinación. Con un movimiento rápido, le arrebató el arma y disparó sin dudarlo. El estruendo del disparo resonó en la mina, marcando el inicio de nuestra libertad.
-¡Debemos irnos! – me rodeó con su brazo, ofreciéndome apoyo mientras intentaba ponerme de pie, y me sujeté de su cintura para mantener el equilibrio. –
-¿Por qué me ayudas? – pregunté, sintiendo la necesidad de entender sus motivos en medio de la urgencia por escapar –
-Eso lo resolveremos después - respondió Megan con determinación, mientras me instaba a caminar lo más rápido posible - se dónde te está esperando tu gente.
-Eso me hace tener más preguntas – Sus palabras aumentaron mi curiosidad, pero no había tiempo para más preguntas. Confié en ella y seguimos adelante, dejando atrás el caos y la opresión de la mina.
Una vez fuera de la mina y con la certeza de que nadie nos perseguía, disminuimos el paso. Me sentía exhausta y la sangre seguía brotando de mis heridas, pero sabía que no podía rendirme. Había luchado demasiado para llegar hasta aquí, para alcanzar la libertad que tanto anhelaba.
-Tienes que caminar un poco más, falta poco para llegar.
-¿A dónde me llevas? - pregunté, sintiendo una mezcla de confusión y esperanza.
-Debes entender que no quiero hacerte daño, no soy como él - Megan se detuvo por un momento, como si estuviera buscando las palabras adecuadas - Un poco después de que llegué a la mina, tu gente me habló, No sabían cómo hacerlo, ni se les ocurrió que tú harías algo como esto, pero están preparados hace mucho tiempo, planeando cómo sacarte de ahí. El plan era hacerlo esta noche, para que nadie los viera, pero te adelantaste y, al hacer eso, los planes de mi padre de matarte a medianoche se adelantaron.
-¿Cómo sabes todo eso? - pregunté, sintiendo que el peso de mis heridas se hacía más evidente.
-Él confiaba en mí. Me estaba preparando para darme el mando de su territorio. Soy su única heredera, así que debía saber sus planes, aprender a pelear y usar las armas.
-¿Y por qué a medianoche? - pregunté mientras luchaba por mantenerme en pie.
-Porque hoy también es mi cumpleaños, y se supone que hoy debía asumir como primer comandante del ejército de Khan - Nos detuvimos, y ella miró a su alrededor - Hemos llegado. Debemos esperar aquí. Siéntate
-¡¿Aquí?! Pero pueden vernos los hombres de Khan - exclamé, preocupada.
-Tranquila, ellos no se atreven a pasar por aquí. Hay muchas minas sin explotar - me aseguró, guiñándome un ojo - este camino está libre. Ellos no lo saben – añadió con una sonrisa
-Está bien - accedí, dejando que me ayudara a sentarme. - ¿Sabes cuándo llegará la ayuda? No sé si me quedará mucha sangre por mucho tiempo más - comenté con una débil sonrisa -
-Ya vengo, debo dar la señal - respondió Megan antes de alejarse.
-Deberías hacer explotar algunas minas para que crean que nos morimos, así nos dejarán de buscar por un tiempo - sugerí, buscando una solución -
-Esa es la señal de tu rescate - dijo sonriendo, confirmando mis sospechas.
Megan regresó apenas unos minutos después de haberse marchado. Se arrodilló a mi lado y comenzó a revisar mis heridas con cuidado, su expresión reflejaba preocupación mientras tomaba mi temperatura y evaluaba mi estado general.
-¿Qué me ves hija del dictador? – dije entre verdad y broma – ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me ayudas?
-Porque ya no quiero ser solo la hija del dictador. He tenido todo en la vida, sí, pero también he visto el sufrimiento y la injusticia que mi padre ha causado. No puedo quedarme de brazos cruzados mientras él sigue sembrando terror y destrucción. Ayudarte es mi forma de hacer las paces con mi conciencia, de intentar enmendar los errores del pasado. No quiero más muertes, quiero un futuro donde todos podamos vivir en paz y libertad. Por eso te ayudo – dijo mientras me daba una cálida, pero triste mirada - Ya no quiero más muertes, quiero que mi padre y sus hombres paguen todo el daño que han hecho – se quedó en silencio unos segundos – llegué a la mina como prisionera hace unos meses, tu gente se acercó a mi mucho antes, ayude a muchos de los tuyos que eran esclavos en la fortaleza de mi padre para que escaparan, pero me atrapó justo cuando los dejaba ir, ellos están bien, lograron irse, pero yo fui enviada a la mina, donde te conocí desde lejos, no me permitían acercarme a ti, ni tus hombres ni los de Khan, así que te vigilaba a la distancia, hasta que te vi correr, tratando de escapar, sabía que te matarían, así que corrí hacia ti, eres la esperanza que les queda y también la mía
-Ya veo, así que, ¿ahora no consigues todo lo que quieres? – sonreí mientras la miraba, la verdad es que era hermosa, su pelo rojo brillaba bajo la luz de la luna que lograba pasar a través de las ramas de los árboles, sus ojos de color gris eran como ver el mar en un día nublado y esas pecas en sus mejillas la hacían ver tierna -
-Pues no y creo que me gusta – sonrió – aunque me gustaría pedirte algo antes de irme a morir a manos de mi padre
-¿Qué es lo que deseas? - pregunté con curiosidad, sintiendo un nudo en la garganta por la situación y la incertidumbre del futuro.
-Te observé tanto tiempo, me memorice cada una de tus facciones, puedo distinguir cuando estas enojada o planeando algo, adelantarme a tus movimientos, como hoy que supe que debía correr hacia ti para ayudarte – el espacio entre nosotras disminuyó a solo unos centímetros – no me quiero ir de este mundo sin antes probar un beso tuyo -
Miré hacia abajo, para poder ver donde estaba su mano, colocando la mía arriba de la de ella, luego subí la mirada dándole permiso para que me besara – se acercó mirando mis labios y nos besamos. Sus labios recorrían los míos suavemente, ya había besado antes, pero esta sensación jamás la había sentido y debo decir que, de cierta manera, me entristeció, pero también me hizo desear más. Al separarnos, note que caían lagrimas por sus mejillas, levanté mi brazo bueno y se las seque – no llores, por favor- le dije, a penas con fuerzas –
-Prométeme que lucharás hasta el final y que harás pagar a mi padre por todo el sufrimiento que ha causado - su mirada estaba llena de determinación y súplica al mismo tiempo.
-Te lo prometo - respondí con seriedad, sintiendo un nudo en el estómago ante la gravedad de la situación - Lucharé con todas mis fuerzas hasta que Khan y sus hombres sean derrotados – Megan asintió con una sonrisa en los labios, una expresión de alivio se reflejaba en su rostro. A pesar de la adversidad, había encontrado un rayo de esperanza en medio de la oscuridad.
En ese momento llego el rescate, era un vehículo todo terreno con dos personas, bastante diferentes entre ellos, la primera que bajó era una chica de unos dieciocho años, más o menos de un metro cincuenta, pelo corto ondulado, quien llegó a mi lado corriendo y muy preocupada, detrás de ella, emergió un hombre alto y musculoso, con una presencia imponente que contrastaba con la delicadeza de la chica. Su cabello era tan radiante como el sol, y su expresión facial mostraba determinación y firmeza.
-Quítate de su lado – ordenó a Megan a apartarse – ¡Alex! ¡son tres! ¡Dos salieron! ¡una aun dentro, en la espalda! – le gritó al hombre alto que se acercaba -debemos llevarla rápido– el tipo grande se agacho a mi lado y me tomó en brazos, le dio las gracias a Megan y caminó hacia el vehículo –
-Tú te quedas acá, ten una muerte rápida – escupió con odio la chica bajita -
-Ella debe ir conmigo a todos lados, no dejes que se separe un centímetro de mí – le dije al grandote con voz casi inaudible.
-Si señora – se giró - ¡Lara! Por órdenes de la líder… - lo interrumpí –
-Cristal, me llamo Cristal.
-Por orden de Cristal, la hija de Khan viene con nosotros y no se puede separar de ella ni un centímetro – Lara intentó protestar, pero se arrepintió, en su lugar, solo hizo una mueca de disgusto -
El rugido del motor resonaba en mis oídos mientras luchaba por mantenerme consciente. Sentía el vaivén del terreno accidentado bajo nosotros mientras nos alejábamos de la mina y la opresión del dolor en cada parte de mi cuerpo herido. Megan se movía con agilidad dentro del vehículo, ayudando al hombre grande a acomodarme en el asiento trasero. Fue entonces cuando mi cabeza terminó apoyada en sus piernas, su mano acariciando mi mejilla con delicadeza mientras la otra sostenía firmemente la mía. A pesar del caos a nuestro alrededor, su tacto transmitía una sensación de calma y seguridad que me permitía relajarme, aunque fuera por un instante.
-Gracias por salvarme la vida – me dijo susurrando –
-Gracias a ti, por salvar la mía – sonreí a penas –
Íbamos rápido, el motor del gran automóvil rugía, tanto que apenas podía escuchar lo que hablaban a los gritos las dos personas que fueron a mi rescate. Mi mente procesaba más lento, perdía la conciencia a ratos, Megan me decía que resistiera. No sentía nada más que mi corazón latir cada vez más lento y las suaves caricias de la hija de Khan sobre mi rostro.
El rugido del motor llenaba el espacio, casi ensordeciéndonos, mientras nos adentrábamos en la oscuridad de un subterráneo. Mi mente, embotada por el dolor y la pérdida de sangre, luchaba por mantenerse consciente, mientras el mundo a mi alrededor se volvía borroso y distante. La poca luz que había provenía de las ranuras o grietas del techo, también en las partes más oscuras había antorchas colgadas en las paredes o barriles metálicos con fuego en su interior. El vehículo avanzó varios metros más por un túnel. El grandote me tomó nuevamente en sus brazos y caminó conmigo unos cincuenta metros más, hasta llegar a lo que parecía ser una estación de metro abandonada, Megan no se separaba de mí y Lara sin dejar de vigilarla, iba detrás.
En medio de la penumbra, escuché pasos acercándose, indicando la presencia de varias personas que se aproximaban hacia nosotros.
El eco de nuestras voces resonaba en los túneles mientras avanzábamos dentro la estación de metro abandonada. Mis palabras salían apenas en un susurro débil, pero con determinación.
-Alex, ¿verdad? - pregunté, luchando contra la debilidad que me embargaba.
-Sí, así es -respondió el gran hombre con firmeza.
-No permitas que le hagan daño -le recordé, aferrándome a sus palabras como un último recurso de esperanza.
Lara, la joven que nos había rescatado, intervino con curiosidad:
-¿Puedo preguntar por qué la cuidas tanto?
-Me salvó la vida -respondí sin titubear-. Ahora es mi turno de protegerla.
-Aún así, podríamos mantenerla con vida y tenerla encerrada -insistió, con cara de pocos amigos
-Ya lo dije, ni un centímetro lejos de mí -repetí con firmeza, a pesar de la debilidad que sentía-No permitiré que nada le pase.
Mis palabras se desvanecieron en el aire, apenas audibles, pero cargadas de determinación. Estaba fría, mis fuerzas menguaban rápidamente, pero, aun así, me aferraba a la voluntad de proteger a Megan.
Con un paso apresurado, Alex continuó avanzando por los túneles mientras llevaba mi cuerpo en sus brazos. Nos encontramos con un grupo de personas que nos observaban con atención mientras subíamos las escaleras. Murmullos con mi nombre y el de Megan se extendían a nuestro alrededor, llenando el ambiente con un aire de expectativa.
Al llegar al último escalón, nos topamos con un hombre de aspecto imponente: pelo negro, barba frondosa y una estatura casi igual a la de Alex. Se acercó rápidamente, con preocupación evidente en su rostro, y dio instrucciones para que lo siguieran hasta una habitación equipada con instrumentos médicos. Probablemente habían sido recuperados de algún edificio de salud cercano.
-¿Por qué la hija de Khan está aquí? - preguntó el hombre a Lara.
-Cristal no quiere separarse de ella – dijo a regañadientes.
-Que espere afuera y vuelves inmediatamente - esta vez, se dirigió a Alex, quien me dejó sobre una mesa fría para que el hombre pudiera revisarme y curarme. Luego se dirigió a Megan, quien lo siguió sin chistar.
-Cristal, tenemos los elementos necesarios para ayudarte, aunque no contamos con medicamentos. Esto te va a doler, pero trata de no moverte - explicó el hombre mientras se preparaba para comenzar el proceso de curación.
Cuando Alex regresó, le pidió que me sujetara para evitar que me moviera. Comenzó a limpiar la herida en mi hombro, donde la bala había salido. Sentir la aguja pasar una y otra vez a través de mi piel fue una tortura, pero aguanté el dolor lo mejor que pude sin gritar. La segunda herida de bala fue mucho peor, ya que esta aún estaba en mi cuerpo. Aun así, tuve suerte, ya que por milímetros no tocó nada importante. Cuando el hombre sin nombre comenzó a extraer la bala, pensé que moriría de dolor. En ese momento, Megan entró en la habitación, alertada por mis gritos.
-¡Te dije que esperaras afuera! - gritó el hombre, mientras Megan se acercaba a mí haciendo caso omiso a sus palabras.
-Aquí estoy - dijo, abrazándome sin entorpecer el paso del hombre que me trataba de curar - ¿Qué están esperando para hacerle una transfusión? Ha perdido mucha sangre, su corazón no va a resistir, ¡menos con esta tortura! - alzó la voz, viendo cómo casi perdía la conciencia.
-No tenemos a nadie con su tipo de sangre - respondió el hombre.
-¿Entre tanta gente?
-Puedes darte cuenta de que no tenemos lo necesario para saber el tipo de sangre de tantas personas. No preguntes estupideces, niña.
-Háganla conmigo, tenemos el mismo tipo - antes de que el hombre preguntara cómo Megan lo sabía, ella explicó - mi padre tiene mucha gente que trabaja para él, entre todas esas personas hay varios que se ocupan de las investigaciones. A Cristal le sacaron una muestra cuando la llevaron a la mina. Khan tiene todo bajo su control y saber el tipo de sangre de sus esclavos solo para salvarse en caso de que lo necesite él, mi madre o yo - dijo, descubriéndose el brazo y estirándolo hacia el hombre - ¿Supongo que tienes lo necesario para hacer una transfusión rudimentaria y dársela?
-No - intenté negarme, pero Megan y el hombre hicieron caso omiso a mi negativa.
-Tranquila - dijo acariciando mi mejilla - estaremos bien, solo será un poco.
Alex, que ya no me sujetaba, porque Megan, a pesar de tener su brazo conectado al mío por medio de una sonda y agujas, lo había sustituido, me acercó un pedazo de tela para morder antes de continuar mi tortura. La bala finalmente salió y pude respirar por unos segundos. Mi cabeza cayó al hombro de Megan y, mientras respiraba agitadamente, ella se alejó unos centímetros, levantó mi cabeza y limpió el sudor de mi frente con su mano.
-Eres muy resistente, yo ya me habría desmayado - susurró a mi oído, volviendo a abrazarme, para que comenzaran a cerrar la herida.
-Creo que falta poco para que suceda – dije poniéndome el trozo de tela nuevamente en la boca, justo cuando sentí las manos de sin nombre sobre mi espalda, después de los primeros puntos, me desmaye en sus brazos.
Al recobrar la conciencia, noté que Megan estaba a mi lado, acariciando mi mano y esperando a que despertara. Me di cuenta de que las tres heridas de bala habían sido cerradas y ya no sangraban.
-Qué bueno verte aquí, hija de Khan - sonreí levemente.
-Hola, hija de la resistencia. ¿Cómo te sientes? - preguntó Megan.
-Duele un poco. ¿Y la gente? - pregunté al darme cuenta de que estábamos solas.
-Afuera, supongo que discutiendo acerca de qué harán conmigo.
-Por cierto, gracias por tu sangre. ¿Cómo te sientes? - le pregunté.
-Me dieron agua y algo que parecía pan - levantó los hombros -
En ese momento, se escuchó a una mujer alzar la voz. Era Lara.
-¡La hija de Khan no se puede quedar! - gritó furiosa -
-Tampoco confío en ella, Lara, pero nosotros no decidimos esto - respondió Alex, siendo apoyado por otra mujer, cuya voz me parecía conocida.
-¿Cómo que no podemos decidir, Víctor? - preguntó Lara, refiriéndose a sin nombre.
-Porque le salvó la vida, Lara. Tiene el beneficio de la duda y, al ser así, quien debe decidir si confiar o no es Cristal. Sabes muy bien cómo son y serán las cosas con su llegada.
Mientras tanto, nosotras dentro de la habitación escuchábamos toda esa conversación en silencio. Megan volteó a mirarme y con una leve sonrisa dijo:
-Somos las personas menos adecuadas para estar juntas. Creo que lo mejor es que me vaya.
-Tú no te mueves de mi lado. ¿Dónde piensas ir? Fuera de aquí solo encontrarás la muerte o, peor aún, tu padre te encerrará por siempre. Además... - me quedé pensando un momento - me gustaría conocerte mejor. Digo, para que me des información valiosa.
Fue entonces que entraron las personas que estaban discutiendo. La mirada de Lara se posó en nuestras manos y, segundos después, salió enojada.
-Ya sabemos que no se irá – dijo antes de cerrar la puerta con fuerza, los demás asintieron con la cabeza, dirigiendo sus miradas hacia nuestras manos. Megan soltó mi mano suavemente mientras me miraba.
-Cristal, ¿Cómo te sientes? - preguntó sin nombre
-Bien, gracias. A todo esto, no nos hemos presentado como corresponde. ¿Cuál es tu nombre? – hablé con la mejor voz que pude -
-Me llamo Víctor.
-Víctor, supongo que están aquí para conversar e informarme los pasos a seguir por mi parte.
-Aun no, Cristal. - intervino la mujer cuya voz me parecía conocida. - ¿Te acuerdas de mí?
-Sé que te conozco, pero... - fui interrumpida por Víctor.
-Creo que mejor las dejamos solas. Alex, hija de Khan, fuera.
-Se llama Megan y ella se queda. - Víctor y Alex salieron de la habitación cerrando la puerta. Me quedé mirando a Megan - ¿Estás bien?
-Creo que debería salir también.
-No es necesario, dadas las circunstancias. - dijo la mujer con el mismo color de ojos de mi madre - La última vez que nos vimos, tenías 8 años, Cristal. Soy tu tía, hermana de tu madre - Mi corazón latía rápido.
-¿Luna? Yo... - respiré profundo. - No sé qué decir. Estabas viva. ¿Por qué no fueron por mí? ¿Quién quedó a cargo? ¡Estuve cinco años en ese maldito lugar y casi muero! – las palabras que salían de mí, eran una mezcla de emociones y sentimientos nostálgicos y de furia hacia todo lo que me había tocado vivir hasta ahora -
-Lo sé. No podíamos arriesgar a todos, aún no estábamos listos. Los hombres de Khan nos habían dejado con muchas bajas y desarmados. Después de enterarnos de la muerte de mi hermana y que Khan te tenía encerrada, comenzamos a rearmarnos. Creamos un plan para tu rescate. Luego de los años, se dio una pequeña oportunidad de salvarte. Nos enteramos de que Megan estaba prisionera por ayudar a los nuestros, así que recurrimos a ella. No pensamos jamás qué harías algo así para salir de ahí.
-¿Y ahora tienen algo para acabar con Khan?
-Sí, pero aún no es tiempo. Necesitamos que te ganes la confianza de todos, ahora más que nunca. Y lo digo por ella también. - miró a Megan. - Eres la hija de Khan. ¿Quién me asegura que dejarás que lo matemos? ¿Dejarás que Cristal mate a tu padre? Cristal, ¿serás capaz de matar a Khan, si es necesario? O ¿te detendrás por ella?
-Creo que... - Megan me interrumpió.
-Si mi padre debe morir, para asegurar que todo esto se termine y por fin haya algo de paz, no seré yo quien lo impida - le dijo a Luna para luego mirarme. - Lucharé junto a ti para lograr la paz.
-Ya veo - dijo mi tía - Sé que Megan está muy bien entrenada. En cambio, tú, deberás hacerlo y aprender todo lo que sabemos y más. Una vez te recuperes, comenzarás con los entrenamientos. Cuando estés lista, tomarás el mando de la resistencia. Por ahora, yo estaré a cargo. Quiero que conozcas a tu gente, que confíen en ti, que te quieran y lo que sea que esté pasando entre ustedes no lo oculten, son libres. Por último, como sabrán, esto - señaló el lugar - y como todas las que existen, eran estaciones de metro. Nosotros las hemos convertido en nuestros hogares. Así mismo, construimos lugares para dormir, comer y asearse. En este caso, Cristal, tienes una habitación solo para ti, así como yo. En cuanto a Megan, irá a las habitaciones comunes, donde compartirá con el resto de la comunidad.
-Sabes que si la dejo sola no la dejarán en paz, ¿verdad? Tiene que ganarse la confianza, pero no la tiraré a los leones sin un arma para defenderse. Imagino que mi habitación es lo suficientemente grande como para que quepa otra cama. Si no, dormiré en las habitaciones comunes.
-No, por seguridad, no puedo permitir que vayas donde están todos. No sabemos cuándo pueda haber un infiltrado. Haré que lleven otra cama a tu habitación.
Seguimos a Luna, quien nos enseñó de camino a la habitación, el hogar de la resistencia, al menos lo que estaba por ese lado, Megan me ayudaba a caminar, como lo había hecho cuando me saco de las minas. La gente nos seguía con la mirada, desconfiando de la hija de Khan, se escuchaban los murmullos en contra de ella, las preguntas que se hacían unos a los otros sobre mi decisión.
Finalmente, llegamos al lugar donde sería mi entrenamiento. Estaba bien acondicionado, con diferentes sectores claramente definidos. Uno contenía máquinas rudimentarias o reconstruidas para ejercitarse, como pesas, sacos de boxeo y colchonetas. En otro sector había una zona de lucha, con el piso marcado por líneas amarillas formando un cuadrado. En el tercer sector estaban las armas: pistolas y metralletas improvisadas, así como una variedad de armas blancas de diferentes tamaños y tipos, muchas de las cuales desconocía por completo.
-Esta es la zona de entrenamiento, donde pasarás al menos cinco horas al día - explicó Luna - Alex será quien te ayude con las máquinas y todo lo relacionado con la fuerza. En cuanto a aprender a luchar y utilizar armas, yo me encargaré de eso. Y no creas que por ser mi sobrina seré indulgente contigo; seré mucho más estricta y dura.
-Está bien ¿Cuándo empiezo?
-Mañana desde las 7 a.m., pero por ahora solo aprenderás sobre armas y algunos ejercicios con Alex. Eso durará hasta que te recuperes de tus heridas - dijo mi tía, luego se dirigió a Megan - Tú también puedes estar aquí, pero mantente al margen una vez que comience el entrenamiento conmigo. No intentes protegerla; ella tiene que aprender por sí misma.
-Casi no notaras mi presencia.
El recorrido termino fuera de nuestra habitación, que originalmente era solo mía, al llegar, Lara y otra chica salieron de esta.
-Luna, acabamos de reorganizar la habitación - dijo, girándose hacia mí y tomándome de la mano - Dejé algo para ti dentro, espero que te guste - añadió con una sonrisa, luego miró a Megan despectivamente.
-Gracias - respondí.
-Las dejaré descansar. Mañana, lleguen puntuales – ordenó finalmente mi tía, para luego darse media vuelte e irse -
La habitación era sorprendentemente amplia. A la izquierda, se destacaba una cama grande con una robusta base de madera que ocupaba la mayor parte del espacio disponible debajo. Las almohadas y mantas parecían irresistiblemente acogedoras, ofreciendo un refugio reconfortante en medio del caos que los rodeaba. En contraste, a Megan le asignaron un catre militar, más austero y menos hospitalario. Era evidente que el resto de la resistencia también se conformaba con condiciones similares para dormir.
Sobre la cama, reposaba una caja misteriosa. Con curiosidad, levanté la tapa y me encontré con un retrato de mi madre, delicadamente enmarcado. En la esquina del retrato, unas iniciales, “J.C.“, llamaron mi atención. Junto a la fotografía, descubrí una pistola con el nombre de mi madre grabado en un costado, y un pañuelo fucsia, cuyo significado escapaba a mi comprensión en ese momento. Con cuidado, enrollé el pañuelo alrededor de mi muñeca derecha, sintiendo una mezcla de nostalgia y determinación al sostener esos objetos que evocaban recuerdos de mi madre y la lucha que estaba por venir.
-Ya veo de dónde sacaste la belleza - comentó Megan mientras observaba el dibujo de mi madre en mis manos.
-Fue una mujer muy bella - sonreí, cambiando rápidamente de tema - No me parece justo que duermas en esa cosa. Duerme en la cama; yo me acomodaré en el catre. He pasado cinco años durmiendo en el suelo; eso será un lujo en comparación.
-No puedo aceptar eso. Estás herida; necesitas más comodidad que yo.
-Entonces compartiremos la cama. Es lo suficientemente grande como para tres personas. No aceptaré un no por respuesta.
-Está bien, gracias.
-Iré a asearme - anuncié con una sonrisa - ¿Vas conmigo?
-No deberías forzar tu cuerpo, al menos hasta que sanes un poco.
-En las circunstancias en las que vivimos, no puedo darme el lujo de descansar.
-Está bien, iré contigo - acordó finalmente Megan.
La humanidad había logrado, junto con la tecnología, transformar el agua de mar en agua potable. Se construyeron pozos y represas para tratar ese agua y luego, a través de las cañerías ya existentes, se distribuía a las ciudades. Sin embargo, surgió un problema cuando empezaron las guerras: los principales objetivos eran estas plantas de tratamiento de agua. Con el tiempo, tras la destrucción y la reducción de la población en la Tierra, Khan se hizo con el control de la única planta de agua que quedaba en funcionamiento en el territorio. Fue así como comenzó a acumular poder, apoderándose de otras plantas, pozos y represas a lo largo y ancho de los territorios más lejanos, consolidando su dominio y autoridad.
Una de las principales cañerías pasaba justo por debajo de la línea de metro más transitada en ese entonces, que ahora servía como hogar para la resistencia. Ellos intervinieron parte de esta para lograr tener acceso al agua en diferentes puntos de la línea, asegurando así su supervivencia en un mundo controlado por Khan.
Muchos años antes que empezaran las guerras, alrededor de 60 años antes que la vida se destruyera como tal, todas las estaciones de metro estaban equipadas con baños para los pasajeros que transitaban por ellas a diario. La resistencia adaptó estos baños para su propio uso, aprendiendo a fabricar jabones a base de plantas como el quillay, que servían tanto para el cuerpo como para lavar la ropa. Estos jabones todo en uno eran una bendición para ellos.
Los baños estaban ubicados a unos cien metros de mi habitación y a unos veinte del área donde dormía el resto de la resistencia. Por supuesto, no había agua caliente, pero eso no me importaba en lo más mínimo. Después de pasar cinco años encerrada, sin poder quitarme la suciedad y el sudor del cuerpo, limitándome a limpiarme con algún trapo húmedo o reservando un poco de agua que no bebía para lavar mis partes íntimas, el agua fría era un verdadero lujo. Sentir el agua correr sobre mi cuerpo era simplemente perfecto, y podría haber pasado horas debajo de ella.
-Ya terminé, ¿te importa si me voy antes a la habitación? – dijo Megan –
-Ve, solo grita si necesitas ayuda, ellos también están entrenados – dije mientras me lavaba el cabello –
Cinco minutos después, salí de la ducha y al dirigir mi mirada hacia la entrada del baño, vi a Lara apoyada en la puerta, que estaba cerrada.
-Lara – dije, tratando de no mostrar sorpresa mientras me secaba el pelo, con algo de dificultad, por las heridas, con lo que parecía una toalla pequeña –
-Espero que no te moleste, pero necesitaba hablar contigo
-¿Está todo bien?
-No, ¿por qué ella? Aquí hay muchas personas que morirían por estar contigo. No logro entender por qué la elegiste - su voz se iba elevando con cada palabra -. Es la hija de Khan, su padre mató a tu madre. ¡Te acuestas con la hija del asesino de tu mamá! - alzó la voz al ver que no le ponía mucha atención.
-¡Hey! Cálmate - la interrumpí - Primero, si no fuera por ella, yo ya estaría muerta. Segundo, ¿por qué hablas de elegir a alguien? Nadie es dueño de nada ni de nadie. Tercero, yo no me acuesto con ella y, por último, sé muy bien de quién es hija y todo lo que hizo su padre, pero eso no te da el derecho, ni a ti ni a nadie, de castigarla por lo que hizo o sigue haciendo Khan. Megan eligió estar con la resistencia mucho antes de conocerme, y si la protejo o no, es mi problema, mientras no afecte a la resistencia, lo seguiré haciendo.
-No lo entiendes, ¿verdad? - se acercó, quedando a menos de un metro de mí -. Nosotras deberíamos estar juntas. Mi padre es el segundo al mando y pronto estaré lista para tomar su lugar. Si estamos juntas, seríamos imparables - se acercó más, logrando quedar pegada a mí, lo único que nos separaba era una toalla, la cual aferraba con todas mis fuerzas.
-Lara - dije, respirando profundo, tratando de conseguir paciencia y no empujarla -. Debes tener claro que mis prioridades no son el tener a alguien. Tengo que concentrarme en mi entrenamiento y ganarme a la gente de la resistencia para que crean en mí. No tengo tiempo para esta clase de problemas.
-Yo no seré un problema, ¿no entiendes que te quiero conmigo? – se alejó unos centímetros - me pregunto, ¿cómo será un beso tuyo? – pregúntale a Megan, pensé - ¿Por qué sonríes?
-Me alagas Lara, pero no te besare. Ahora, déjame pasar, hace frio y me gustaría poder ponerme algo de ropa e ir a mi habitación para descansar
-Está bien, me volteare para que te vistas – sonrió –
-Gracias. Es hora de salir ¿no crees?
Mientras me vestía, pensé en lo útil que sería tener a Lara de mi lado, incluso si estaba enamorada de mí o algo por el estilo. Sin embargo, no estaba del todo segura de que fuera lo correcto. Utilizar a alguien de esa manera solo para mi conveniencia y hacerle daño sin motivo no iba con mi forma de ser. Además, involucrarme con Lara podría lastimar a Megan, a quien valoraba más de lo que pensaba. Decidí que lo mejor era mantener una distancia prudente y enviar señales claras de que solo éramos amigas. Una vez lista, me dirigí hacia la salida, donde aún estaba ella, pasando por su lado y tocando su hombro con mi mano.
-Pero… - la interrumpí –
-Es tarde, debo descansar para entrenar mañana. Si vamos a ser amigas, necesito que respetes mis prioridades como futura líder de la resistencia.
-Está bien, pero ¿puedo pedirte algo?
-¿Qué quieres?
-¿Tendrías una cita conmigo? Al menos para que me conozcas y así puedas elegir entre ella y yo.
-Ya te dije que no tengo nada con ella.
-Pero piensas en ella, y no como amiga.
-Está bien, Lara - dije, cansada de la conversación - Te daré lo que me pides. Avísame cuándo y dónde.
-Mañana, después de que termines de entrenar, te pasaré a buscar.
-No, dame una hora después de entrenar para ducharme. Ve por mí a mi habitación.
-Está bien.
Los cien metros que me separaban del baño a mi habitación, los recorrí pensando en cómo manejar la situación con Lara. No estaba interesada en nada sentimental o amoroso con ella, así que aprovecharía la supuesta cita para dejarlo bien claro. Intentaría ser lo menos cruel posible. Por ahora, debía centrarme en mi responsabilidad con la resistencia. Megan también era mi responsabilidad y estaba perfectamente bien con eso. Debía protegerla, al menos hasta estar segura de que aquí dentro no correría ningún riesgo.
Una vez dentro de la habitación, vi a Megan dormida en el lado derecho de la cama. Estaba destapada, había sido una noche y un día agotador y, horrible para ambas. Después de tanto tiempo tratando de sobrevivir en la mina, estas serían nuestras primeras horas tranquilas. La observé, parecía un ángel durmiendo. Aún sentía el recuerdo de sus labios tocando los míos. Quería besarla nuevamente, pero sabía que no debía. Mi gente no me lo perdonaría, al menos no hasta que ella se ganara su confianza, y eso llevaría tiempo. Por ahora, sería feliz solo con su presencia a mi alrededor. Estaba segura de que ella lo entendía y pensaba igual que yo.
´´Debo contarle lo que hare con Lara mañana´´ era en lo único que podía pensar, era importante para que Megan no perdiera la confianza en mí, solo esperaba que comprendiera la situación.
Después de dejar de dar vueltas al asunto de Lara y dirigir mi mirada a otro lado que no fuera Megan, tomé el retrato de mi madre. Era un dibujo hecho a carbón, por la firma, deduje que se trataba de mi padre a quien no alcance a conocer, ya que había caído en uno de los tantos enfrentamientos con los hombres de Khan. En él se reflejaba su belleza con todo detalle. Se veía tal como la recordaba. Me senté en mi lado de la cama y, de repente, las lágrimas comenzaron a caer por mis mejillas. No recordaba haber llorado así por ella. El peso de su muerte siempre lo había llevado conmigo, pero ese dolor me había ayudado a fortalecerme y a no rendirme en aquella prisión. Creo que el hecho de sentirme a salvo por primera vez en años había permitido que aquel sentimiento fluyera a través de mi cuerpo. Aunque quisiera detener las lágrimas, no podía. Sabía que debía salir de la habitación; de lo contrario, despertaría a Megan. Cuando me estaba levantando para buscar algo de aire y tratar de calmarme, sentí sus brazos alrededor de mí. Era un abrazo cálido.
-¿Mejor? - preguntó mientras me giraba hacia ella, aún con lágrimas en mis mejillas, pero con los sollozos ya calmados, permitiendo que el aire llegara mejor a mis pulmones.
-Gracias - respondí, asintiendo con la cabeza. - Nunca la había llorado, supongo que ya era hora.
Megan me dio espacio y abrió la ropa de cama para que me metiera dentro, quedando boca arriba.
-Ven, acuéstate, trata de dormir - me dijo.
-Lo siento, no quise despertarte - ella me miraba atentamente -
-No te preocupes por eso - me respondió, limpiando una lágrima más que caía por mi mejilla. - Ven aquí -
Abrió sus brazos para que me acercara a ella.
-Creo que necesitas un abrazo más - agregó con una sonrisa -
Me acerqué a ella, agradecida por tenerla cerca para consolarme. Sentir la calidez de su cuerpo, sus brazos envolviéndome con ternura, su aroma reconfortante y el latir constante de su corazón me ayudaron a calmar mi tristeza. Esta sería la primera y última vez que lloraría por mi madre fallecida, porque el dolor que sentía debía transformarlo, como lo había hecho durante todos esos años en prisión, en fuerza para vencer a Khan. Lentamente, me fui quedando dormida, abrazada a Megan.
Por primera vez en mucho tiempo, pude dormir sin ser atormentada por pesadillas. Al despertar, los brazos de Megan aún me rodeaban, recordándome que no estaba sola.
-Megan - susurré mientras tomaba su mano que me rodeaba.
-Estoy despierta - respondió con voz suave y adormilada – solo, no quería que esto terminara - suspiró -. ¿Ya es hora?
-Sí. ¿Vas a acompañarme?
-Sí, necesito volver a entrenar, pero primero, vamos a vendarte las heridas. No lo hiciste después de ducharte y se pueden infectar.
De repente, recordé lo ocurrido anoche con Lara, sumado a todo lo relacionado con mi madre, y al tener a Megan tan cerca, olvidé mencionarle mis planes después del entrenamiento.
-Megan... - murmuré, sintiendo un nudo en la garganta ante la posibilidad de que ella reaccionara mal.
-¿Qué ocurre? - me miró con la cabeza ligeramente inclinada, como tratando de entender, mientras me ayudaba con el vendaje -
-Después del entrenamiento, Lara vendrá por mí a la habitación - me acerqué a ella un poco más, preparándome para su reacción.
-¿Hay alguna reunión programada? - preguntó con curiosidad.
-Algo así. Debería haberte contado, pero con todo lo que pasó, simplemente no pude. Lo siento - admití, sintiendo cierta incomodidad por no haber compartido la información antes.
-Si es algo relacionado con la resistencia, no tienes por qué disculparte, Cristal. Y si te preocupa dejarme sola por un rato, no te preocupes, puedo cuidarme yo misma - respondió con una sonrisa tranquilizadora. Luego, su expresión cambió a una de confusión - ¿O hay otra razón? - agregó, frunciendo el ceño mientras me observaba detenidamente.
-Cuando te fuiste de las duchas, Lara apareció - comencé a explicar, tratando de mantener la calma.
-¿Qué quería? ¿Estuviste con ella mucho tiempo? - su tono de voz se tornó más serio, y sus manos se cerraron en puños.
-No mucho. Cuando entró, yo aún estaba en la ducha. Después de unos diez minutos, salí y me di cuenta de que ella estaba allí, esperando con la puerta cerrada - me acerqué y tomé sus manos para calmarla.
-¿Te vio desnuda? - preguntó, apretando la mandíbula, pero evitando mirarme directamente a los ojos.
-No - respondí con una sonrisa nerviosa - logré cubrirme con la toalla antes que me viera. En resumen, me reclamó sobre tu presencia y el hecho de que te defiendo y cuido tanto. Sugirió que debería estar con ella en lugar de contigo, ya que así es como debería ser - expliqué, observando su reacción.
Megan levantó la cabeza, con la boca entreabierta y los ojos muy abiertos, claramente sorprendida por mis palabras.
-Tranquila - intenté tranquilizarla, acariciando su mejilla - le negué todo, o al menos casi todo. Le dije la verdad, excepto que ya nos hemos besado - solté una risa nerviosa - eso no tiene por qué saberlo. Pero, lo importante es que me pidió una cita, y será hoy. Creí que era apropiado contarte después de lo que compartiste esa noche sobre tus sentimientos hacia mí.
-Supongo que es lo correcto, ¿verdad? - suspiró, pareciendo triste mientras bajaba la mirada - ¿Por qué permitirían que estuvieras con la hija del enemigo?
-Iré a la cita, Megan, pero no para formalizar algo con Lara. Ella me pidió una oportunidad y se la daré, pero solo como amiga. Hoy mismo le dejaré claro que entre nosotras no hay nada más que gratitud por habernos salvado la vida mutuamente.
-Pero sí lo hay, Cristal. ¡No podemos negarlo! No sé cómo ocultarlo - exclamó con frustración.
-Megan, prioridades. Debemos ganarnos la confianza de la gente aquí, por separado. Eres la hija de Khan, y necesitan confiar en ti. No puede haber nada entre nosotras más allá de lo que ya ha pasado.
-Entonces, creo que deberíamos empezar por no dormir en la misma habitación, Cristal. Estás dando la idea equivocada a tu gente. Mi presencia aquí no te está ayudando mucho.
-Eso no. Te quedas aquí, donde pueda cuidarte. Es solo cuestión de tiempo que confíen en ti.
-¿Podría dormir en el catre, al menos? Será menos tortuoso para mí tenerte cerca, y te prometo que seremos solo amigas.
-No me agrada mucho esa idea, pero aceptaré - dije, quedando en silencio por unos segundos - Confías en mí en lo que respecta a Lara ¿verdad?
-Confío en ti, en eso y en todo lo demás - respondió Megan, mirándome a los ojos. Su mirada transmitía todo lo que le costaba y cuánto se esforzaba por mantener su distancia y mantenernos solo como amigas - Te prometo que mantendré mi distancia.
Al llegar a la zona de entrenamiento, nos topamos con Alex, quien estaba inspeccionando las armas que usaríamos hoy. Mi madre se había encargado de enseñarme a utilizar algunas, pero necesitaba mejorar mi puntería. También me había instruido en lo básico del combate cuerpo a cuerpo, sin armas, así que no estaba completamente en blanco.
-Buen día, Alex. ¿Qué me enseñarás hoy?
-Cristal -respondió con una sonrisa-. Tengo entendido que Diana, tu madre, te estaba enseñando a pelear y el uso de algunas armas de fuego.
-Así es.
-Bien, no empezaremos de cero entonces -dijo, luego dirigiéndose a Megan-. Meg, ¿te puedo decir así?
-Aunque me niegue, lo harás de igual forma, imagino -respondió Megan.
-Imaginas bien, Meg. Luna me dijo que entrenaras por tu parte.
-Así es. No interrumpiré a Cristal, si es eso lo que te preocupa -aseguró Megan.
-Bien -volvió hacia mí, golpeando sus palmas-. ¡Comencemos!
Durante dos horas nos dedicamos exclusivamente a ejercitarnos, haciendo breves pausas solo para beber agua. A pesar de que no me encontraba en mal estado físico, considerando que mis heridas aún estaban frescas, logré seguir el ritmo exigente impuesto por Alex sin que los puntos se abrieran. Sin embargo, al observar a Megan, mi aliento se escapaba. Aquella mujer era imparable: saltaba la cuerda, levantaba pesas, hacía abdominales, trotaba y levantaba su propio peso como si fuera una máquina. Alex la miraba disimuladamente; en su rostro se notaba la impresión que le causaba. Quizás pensaba que la hija de Khan sería débil, protegida por su padre y adorada como una princesa, pero resultaba ser todo lo contrario.
Mientras el grandote me ayudaba con los últimos abdominales, entró Luna, quien también se quedó mirando a Megan. Ella estaba tan concentrada en su ejercicio que no se percató de la presencia de Luna ni de su cercanía a Alex y a mí.
-¿Cómo va todo por acá? - preguntó mi tía, hincándose a mi lado y mirando al hombre extremadamente musculoso - ¿algo que contarme, Alex?
-Todo muy bien, dadas las circunstancias - respondió Alex, refiriéndose a mis heridas - buen rendimiento, solo me falta probarla con las armas.
-¿Y qué me dices de Megan?
-Debo decir que la hija de Khan me ha sorprendido. Si se gana nuestra confianza, será una muy buena ayuda y protección para nuestra futura líder.
-¡Ey! ¡No hablen de ella como si yo no estuviera presente! Además, no dejaré que la traten como mi escudo - dije poniéndome de pie con algo de dificultad, a la vez que ellos también lo hacían.
-¡Ay! Cariño - sonrió Luna - no es necesario que nosotros le pidamos eso. Ella arriesgaría su vida por ti y no podrás evitarlo, por más que te niegues - mi tía vio mi intención de protestar, pero levantó la mano en señal de silencio y se dirigió al grandote - Dejemos hasta aquí tu parte, Alex. Déjame ver el tema de las armas por hoy. Más tarde te daré información al respecto. - El hombre musculoso se dio media vuelta y desapareció, mientras Megan se acercaba a nosotras.
-Hola, Luna, ¿interrumpo? - me guiñó un ojo.
-Claro que no. Me encargaré por hoy de las armas. Quiero ver lo que saben y qué tan buenas son.
Mi tía nos mostró todos los tipos de armas de fuego que la resistencia tenía. Nos enseñó cómo usar las que no conocíamos y practicamos con ellas durante cerca de cuarenta minutos. Además de las armas de fuego, había otras opciones como cuchillos, espadas, sables y arcos. Megan tomó uno de los arcos y comenzó a usarlo. Me quedé admirándola; era una arquera de primera y se veía bellísima.
-Algo me dice que se puede confiar en ella, y Alex cree lo mismo. - Luna me guiñó un ojo y tocó mi hombro con su mano derecha - Dejen todo ordenado antes de irse. - dijo antes de girarse y marcharse.
-¿Me enseñarías a usarlo? - le pregunté a Megan, en el momento en que soltaba la flecha.
-Claro que sí, cuando estés mejor de tus heridas. - me regaló una sonrisa, la más linda que había visto desde que tenía memoria. Tenía claro que me perdía en sus ojos cada vez que me miraba, que el roce con su piel erizaba la mía. También sabía que debía ser firme con la decisión de solo ser amigas, por el bien de la resistencia. Aunque no sabía cuánto tiempo iba a cumplir con eso, ni si ella se aburriría de esperar, o peor aún, si aguantaría que Lara me siguiera insistiendo.
-Si me hieren en batalla, tendré que usar las armas que tenga a mi alcance o pelear de igual forma, sin importar el dolor. Es mejor acostumbrarme ahora que estoy herida, pero segura. - afirmé.
-¿Me estás hablando en serio? - dijo sorprendida.
-Sí, me lo estoy tomando seriamente.
-Ok, toma - Me entregó el arco y una flecha, colocándose a mi lado derecho para corregir posturas. - No está tan mal, pero... - Se puso detrás de mí, tomando mis brazos para moverlos a la altura correcta. Estar tan cerca de ella hizo que su aliento soplara en mi oreja. Cerré los ojos por un segundo, respirando profundo para evitar que los escalofríos recorrieran mi cuerpo. - Ponte derecha, apunta y... Suelta. - Disparé la flecha siguiendo sus indicaciones.
-Hay que afinar un poco la puntería, pero lo has hecho bien. ¿Te ha dolido mucho el hombro? - Preguntó.
-Mucho. - Sonreí. - Pero no importa. ¿Sabes pelear con espadas?
-¿Las katanas sirven? - Se rió.
-¿Me enseñas? - Ignorando sus palabras, fui a buscar unas espadas de madera para entrenar. Tomé dos y me acerqué.
-Tómala. Tienes ventaja, usaré mi brazo izquierdo. - Sonrió y me puse en guardia.
-Cristal, te estás forzando mucho. Se pueden abrir tus heridas, además, es tu primer día. ¿Por qué lo haces? - Comencé a atacar y ella solo se defendía.
-Necesito ponerme en forma y aprender todo lo más rápido posible. - Respondí.
-No te creo. - Comenzó a atacarme. - Dime la verdad.
-Esa es la verdad. - Esquivé un ataque, pero el dolor atravesó mi hombro y costillas donde la tercera bala había entrado. Me quejé, pero seguí adelante.
-No lo es - Atacó de nuevo - No del todo. Dime, o mueres. – Caí. Me regaló una sonrisa traviesa mientras colocaba la punta de su espada sobre mi pecho.
-Retraso lo que más puedo el tiempo, para no ir con Lara - Dije finalmente, mientras tomaba su mano para poder ponerme de pie.
-Creo que deberíamos irnos, está llegando mucha gente. - Fue entonces cuando giré mi cabeza y me di cuenta de que al menos unas quince personas nos observaban. No supe interpretar sus rostros; después de todo, me habían visto caer ante la hija de Khan, pero también la habían visto ser amable conmigo, demostrándoles que solo quería ayudarme.
Pasamos lenta y tranquilamente a través de las miradas inquisidoras de la gente. Unos cuantos metros más adelante, nos dimos cuenta que nos seguían seis personas, tragué saliva y miré de reojo a Megan, notándola algo tensa y lista para defenderse.
-Tranquila - le susurré, intentando calmarla - nadie se atrevería a atacarnos aquí adentro.
-Pero a mí sí. No sé si podré contra todos y salir viva en el intento - respondió Megan con nerviosismo.
-También pelearé si es necesario. Solo veamos qué quieren - traté de reconfortarla.
-Veamos.
-Sé que nos están siguiendo y que son seis. ¿Qué necesitan? - pregunté, manteniendo la calma mientras seguía caminando.
-Te dije que se darían cuenta, Luis - susurró una voz femenina.
Megan y yo nos quedamos mirando, preparadas para defendernos. Las seis personas que nos seguían nos observaban tímidamente. Cuando me volví para mirar a Megan de nuevo, la vi sonreír, ya más relajada.
-¿Y a ti qué te pasa? - pregunté levantando una ceja.
-Son los últimos a los que ayudé a escapar de las manos de mi padre - se acercó a ellos. - ¡Luis, Marta! Qué gusto verlos nuevamente.
-¡Oh, querida! Pensábamos que no te volveríamos a ver - respondió la mujer bajita de mejillas rojas y amable sonrisa, mientras se acercaba para abrazar a Megan.
-Pues aquí me tienen. Cristal me salvó la vida - dijo Megan.
-Señorita Cristal, disculpe por molestarlas. Solo queríamos darle las gracias a Megan e informarle a usted que hemos estado hablando con los demás para que confíen en ustedes, sobre todo en ella que es la hija de Khan. Por eso ellos cuatro han venido con nosotros, para demostrarle lealtad como futura líder de la resistencia. Son nuestros hijos, Aren, John, Astrid y Camila - los cuatro hijos de la adorable pareja dijeron al unísono “les seremos leales”. Aunque me parecía algo extraña y fuera de lo normal esta situación, mantuve la compostura. Realmente estaba muy cansada y algo adolorida. Solo quería seguir mi camino hacia las duchas y descansar solo cinco minutos antes de encontrarme con Lara. Pero me preocupaba dejar a Megan sola. Así que lo siguiente que salió de mi boca nos sorprendió a todos.
-Necesito pedirles un favor y espero que Megan esté de acuerdo. En unos minutos más debo encontrarme con la hija del comandante, y no quiero dejar a Meg desprotegida ni que coma sola. ¿Podría alguno de ustedes acompañarla?
-Con mucho gusto - dijo Luis.
-¿Les parece que en cuarenta minutos nos vemos en la habitación de Cristal?
-Perfecto - habló Marta, esbozando una gran sonrisa.
Dejamos atrás a la familia de Luis y Marta, y nos dirigimos hacia las duchas, que tanto anhelaba. Al llegar, había unas cuantas personas, y solo una regadera estaba desocupada. Dejé que Megan la ocupara primero, prefiriendo tener precaución y vigilar las intenciones de quienes estaban cerca. Aunque fue solo por unos cinco minutos, Meg salió rápidamente y me cedió el lugar.
-No te alejes tanto – le susurré. – Por favor.
-Deberías comenzar a confiar en tu gente. Es la mejor forma en que ellos confíen en nosotras.
-Tienes razón, pero concédeme eso por ahora, por favor.
-Está bien. - ella rió - Gritaré si te necesito.
-Gracias - le agradecí antes de entrar a la ducha.
-¿Eres la hija de Khan? - le preguntó alguien.
-Sí, ¿Quién pregunta? - respondió Megan.
-Soy Aitor.
-Aitor, soy Megan. ¿Necesitas algo de mí?
Me quedé congelada, escuchando aquella conversación, preparada para correr hacia Megan en caso de necesidad. Me apresuré en quitarme el jabón, sin dejar de escuchar atentamente.
-No todos están de acuerdo con tu presencia aquí.
-Lo sé.
-Escuché que ayudaste a varios de nosotros a escapar de tu padre y que salvaste a Cristal.
-Así es.
-Gracias. Mi hermano mayor fue uno de los que ayudaste a salir de ahí. Estamos muy agradecidos contigo.
-Y, ¿dónde está él?
-En una misión, buscando alimento. Debería volver esta noche.
-Ya veo. Bueno, me alegro de haber podido ayudar. Espero que confíes en mí a pesar de saber quién soy.
-Lo hago. No cualquiera arriesga su vida por alguien que no conoce. He estado tratando de cambiar algunas mentes por aquí, pero al parecer ustedes se encargarán solas de hacerlo.
-¿Por qué lo dices?
-Por lo que algunos vieron entre ustedes hace un rato. No estoy muy seguro, pero mi amiga Luz dice que miras a nuestra líder como solamente se miran las estrellas o el cielo.
-¿Cómo es eso?
-Como algo único e increíblemente mágico y maravilloso.
-Bueno, tu amiga no está tan lejos de esa definición. ¿Cuántos años tienes, Aitor?
-Trece.
Salí del cubículo de la ducha, sintiendo el calor de la atmósfera del vestuario. Mientras me secaba y volvía a colocar vendas nuevas, podía sentir el sonrojo en mis mejillas, consciente de que la conversación de Megan con Aitor me había dejado un tanto vulnerable. A pesar de la timidez que me invadía, decidí enfrentar la situación y salir adelante. Respiré profundamente, tratando de recuperar la compostura, y di un paso fuera del cubículo, lista para afrontar lo que fuera que estuviera esperándome afuera.
- Me encantaría conocer a tu hermano, Aitor - dije mientras miraba al chico, quien se giró con una gran sonrisa al escucharme.
- ¡No puede ser! ¡Eres tú! - exclamó emocionado.
- Sí, soy yo - respondí riendo.
- Te hemos estado esperando por mucho tiempo - continuó emocionado - Escuchamos lo que hiciste para escapar, ¡fue una locura fantástica!
- Bueno, casi me matan - bromeé, guiñándole el ojo - pero tu amiga me salvó
- ¿De verdad podemos ser amigos, Megan? - preguntó Aitor, con una expresión esperanzada.
- No veo por qué no – respondió Meg con una hermosa sonrisa.
- ¡Genial! - exclamó Aitor, radiante.
Después de conversar con el niño, nos retiramos a nuestra habitación para esperar a nuestras respectivas citas. Sentirme obligada a encontrarme con Lara no me hacía ninguna gracia, pero ya me había comprometido, y como futura líder de la resistencia, siempre debía cumplir con mi palabra. Solo esperaba que la chica bajita entendiera y me dejara en paz.
- ¿Sabes dónde te llevara? - preguntó Megan sin mirarme, dándome la espalda -
- No lo sé. No me ha dicho nada al respecto. Aunque no creo que haya muchas opciones.
Pasamos los últimos quince minutos en silencio, ambas deseando iniciar alguna conversación, pero ninguna de nosotras se atrevió a abrir la boca. Por mi parte, me encontraba dividida entre dos opciones: terminar enfadadas o terminar en la cama. Sin embargo, ninguna de las dos parecía ser la mejor alternativa en ese momento. La primera en llegar fue Marta, acompañada de uno de sus hijos.
- Hola, soy Marta - dijo la mujer tocando la puerta, anunciando su llegada, Megan se apresuró a abrir
- Espera - le dije, tomando su brazo a la altura de la muñeca - solo hablaremos, ¿sí?
- Ya te dije, no debes darme explicaciones - me sonrió - solo ten cuidado con lo que dices y haces. Serás la líder en un tiempo más y eso puede jugarte en contra - se acercó y me besó en la mejilla - te estaré esperando - abrió la puerta y salió.
Cinco minutos después, llegó Lara. Al abrir la puerta, me encontré con la chica bajita de ojos brillantes, los cuales me miraban esperanzados por nuestra cita. De alguna manera, la actitud que había decidido tomar con ella se desvaneció y adopté un tono más políticamente correcto. Me llevó a una de las salidas más cercanas que daba a la entrada de un edificio en ruinas. La luz del sol penetraba a través de los huecos en las paredes, iluminando el lugar y permitiendo ver el cielo. Pensé que sería un lugar perfecto para venir de noche con Megan, pero borré ese pensamiento inmediatamente. No podía permitirme ese tipo de ideas. El lugar era ideal, ya que, al estar en ruinas, nadie entraría a revisar si había alguien dentro, y los drones de Khan tenían una nula visibilidad desde las alturas.
- Aquí venimos de vez en cuando a ver el cielo durante el día, entenderás que vivir bajo tierra no es lindo - sonrió.
- ¿Y de noche? - le pregunté, mientras me sentaba en un bloque de cemento que me indicaba Lara y recibía la comida que me estaba ofreciendo.
- No todos se atreven a salir de noche -explicó - Bueno, en realidad, los que salen de noche son Luna, mi padre, Alex y Cristopher, claro, sin contar a los vigilantes que son cuatro por turno.
Lara me contó que los cuatro, su padre, Luna, Alex y Cristopher, salían de vez en cuando para vigilar los alrededores. Eran los mejor entrenados y muchas veces se quedaban haciendo guardia hasta altas horas de la noche en los puntos estratégicos de vigilancia. De esta manera, habían conseguido apoderarse de varios drones y modificarlos para nuestro favor. Además, Lara me informó que, para salir, era necesario avisarle a Luna, no para obtener permiso, sino para que estuvieran atentos en caso de algún rescate o peligro. Esto no significaba que podían negar la salida, pero era mejor prevenir, especialmente si se trataba de nosotras.
Llevábamos cerca de una hora cuando Lara dejó de hablar sobre la resistencia y ponerme al día con los temas que Luna aún no había querido contarme. Pasó entonces a lo que realmente había venido a hablar.
- Lo se Cristal, pero no puedo evitar sentir celos de ella, he visto como se miran
- Ya te dije, no me puedo permitir tener algo con ella, contigo ni con nadie, la resistencia es primero - le dije la verdad, por más que quisiera, mi responsabilidad estaba con la resistencia y yo no podía poner mis sentimientos por delante. Se puso de pie y se me acercó –
-Cristal, ¿has pensado en lo que hablamos ayer? - preguntó sonrojándose.
- No tengo mucho que pensar, Lara. Ayer te di mi respuesta. - La interrumpí con suavidad.
- Pero Megan... - intentó continuar.
- Megan me salvó la vida y es la hija de Khan. Estoy confiando en ella y espero lo mismo de quienes estén a mi lado. - Le sonreí, tratando de transmitir calma.
- Pero duerme contigo - se acercó, buscando una explicación.
- No, ella tiene su cama. - La corté antes de que pudiera seguir hablando y me puse de pie - Por ahora debo enfocarme en sanar y en los entrenamientos. No puedo perder el tiempo en este tipo de cosas. Hoy me hice el tiempo para ti, pero sabes muy bien que debo volver con Luna, porque me quiere enseñar los mapas del territorio y todo lo demás que debo aprender sobre Khan.
- Entiendo, no te causaré problemas. - Lara me miró y luego sonrió. - ¿Tendrás algún problema si entreno en tus horarios? Me gustaría, al menos, que seamos amigas - preguntó con amabilidad.
- No creo que haya problema. De igual forma, deberías preguntarle a Luna. - Respondí, manteniendo la calma.
Ya de regreso, Lara me dejó cerca de los comedores y se marchó a la reunión que tenía con su padre y mi tía. Yo fui a buscar a Megan, pero no la encontré. Marta me dijo que ya se había ido a la habitación, así que di la vuelta para ir a su encuentro, pero una voz de hombre me detuvo.
- Soy Cristopher - dijo, estirando su mano para saludarme. - Acabo de presentarme con Megan y le agradecí haberla salvado y de salvar también mi vida.
- Oh, eres el hermano de Aitor - dije, sonriendo y estrechando su mano. - Espero que puedas ayudarme con la gente de aquí para que confíen en Megan.
- Eso hago, líder. - dijo poniéndose firme.
- Soy Cristal, por favor, llámame por mi nombre - puse una mano en su hombro. - Dime una cosa, Cris, ¿siempre sales por provisiones?
- No siempre por provisiones, a veces es por alguna otra misión. Soy el jefe en terreno y quien las organiza. Mi padre me enseñó todo y más de este trabajo, antes de caer ante Khan el día que te secuestraron - bajó la cabeza con tristeza.
- Ya veo, lo siento mucho. - respondí, sintiendo compasión por él.
- Gracias. - me miró cambiando la expresión. - ¿Puedo saber el porqué de la pregunta?
- Me gustaría que me enseñaras lo que sabes e ir contigo en alguna misión y así conocer el territorio. - expresé.
- Sería peligroso para ti, Cristal. Si algún hombre de Khan te ve, o a Megan, sería el fin. Sabrían que están vivas. - respondió con preocupación.
- Tendré cuidado, me disfrazare si es necesario
- Esta bien, ya veremos cómo lo hacemos, primero hay que informarle a Luna
- No te preocupes, déjame eso a mí - le guiñe el ojo -una última pregunta ¿Megan se fue sola?
- No, yo la acompañe - toque su hombro con mi mano, dándole unos golpecitos – Gracias
Al llegar a la habitación, me encontré con Megan tocando la guitarra y entonando una melodía desconocida para mí. Estaba tan inmersa en su música que no notó mi presencia al principio. La música de décadas pasadas, cuando la civilización aún florecía, se había desvanecido en gran medida en nuestro mundo actual. Salvo algunos dispositivos antiguos capaces de reproducir discos de vinilo, los cuales eran raros de encontrar, la música se limitaba a lo que se podía crear manualmente.
- Que bonito suena - le dije una vez terminó. Se sobresaltó al escucharme. -
- ¡Mierda! - exclamó, poniéndose pálida - casi me matas de un infarto
- Lo siento, no pude interrumpir- me disculpé - suena muy bonito.
- Gracias - respondió con una sonrisa, dejando la guitarra que, para mi sorpresa, no sabía de dónde había sacado, detalle que deje pasar - ¿Cómo te fue?
Me senté en la orilla de mi cama y le conté con detalle sobre el lugar al que me había llevado Lara y todo lo que habíamos conversado. Megan me miraba atenta mientras relataba cada detalle. También le mencioné a Cristopher y cómo había solicitado que me enseñara el lugar y me permitiera acompañarlo en alguna misión. Al escuchar esto, Megan se levantó un poco alterada, expresando su descontento con la idea.
-¿Estás loca? – exclamó - ¿Qué pasa si mi padre te descubre? ¡Te matará sin pensarlo!
Traté de calmarla.
-No lo hará. Nadie sabrá que soy yo, al menos no aquellos que irán conmigo. Solo Cris.
-Eso es imposible. Deben informárselo a Luna - insistió Megan con determinación. Sonrió triunfante - O lo haré yo
-Está bien, en la reunión de más tarde le informaré - accedí, aunque con una mueca de desacuerdo.