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Summary

Alana, una mujer hermosa que con dedicación, talento y trabajo, había logrado escalar en la empresa de su familia. Logrando llegar a la presidencia, se siente feliz, realizada, capaz. Lo que no sabe, es que su hermano (por envidia) encuentra la manera de sacarla de la empresa y de la vida familiar. Una vez desterrada de todos, Alana decide rendirse. Sin pensar que llegará alguien más, que le dará una nueva razón para seguir adelante.

Status
Complete
Chapters
26
Rating
n/a
Age Rating
18+

Cap 01

Todo el mundo me conoce como Alana, la hija perfecta, la buena estudiante, la buena hermana, la buena empresaria pero si me preguntan a mi, la verdad es que no tengo idea de quién soy.

Cuando tenía dieciocho años e ingresé a la universidad para estudiar administración de empresas, sentía que estaba realizando mi sueño más grande o eso creía yo. La realidad es que ahora que lo pienso, estaba más bien, realizando el sueño de mi padre.

Mi padre, Patrick, era un hombre que desde joven buscó forjarse un futuro sólido y lo logró. Con los ahorros que tenía hasta el momento (cuando tenía veintiséis años) se arriesgó y abrió una empresa de compra venta de bienes raíces.

A palabras de él, el camino nunca fue fácil y muchas veces batallaba con la versatilidad del mercado. Había buenos y malos años pero logró consolidarse cuando emprendió la venta de terrenos a empresas que buscaban construir edificios, bodegas u oficinas entre otras cosas.

Cuando nació mi hermano Fernando, el disfruto de los primeros beneficios del trabajo duro de papá, por lo que literal, nunca movió un dedo para tener dinero en el bolsillo. Lo que lo convirtió en alguien altanero y caprichoso. Acostumbrado a tener sexo, mujeres y libertad para apostar.

Claro que esa era su vida privada, porque a los ojos de mi padre, él cumplía con todos los requisitos para tener las riendas de la empresa. Una vez que logró graduarse (después de dos años sabáticos y varias materias reprobadas). Llegó a la empresa de papá y pidió el puesto de subdirector de la empresa.

Papá que ya era grande y quería jubilarse, le dio el puesto, mientras yo solo me dedicaba a ser la mujer que todos esperaban de mí. La hija, la hermana, la amiga (solo faltó la esposa) y eso porque no me había casado, sino hubiera entrado en el paquete de personas por las cuales siempre debo ser la mejor y estar disponible y de buen humor.

Ahora que lo pienso, creo que es un cliché bastante absurdo. Tener que siempre estar a disposición de todos, al contestar una llamada, un mensaje, una reunión o resolver un problema pero esa fue mi vida universitaria y un poco de mi vida laboral.

Regresando un poco. Cuando entré en la universidad, me dediqué tanto a ello, que hasta recibí una mención honorífica por mis calificaciones (así de trillada era mi vida perfecta).

Asistía a seminarios, estudiaba, los maestros me conocían, tenía un círculo de amistades exagerado. Mis redes sociales estaban llenas de likes y me encantan. Las fotografías diarias, en el desayuno, en la comida, en la cena, entre clases, haciendo mis actividades diarias, eran de rutina (solo me falto subir fotos mientras me daba una ducha).

No dudo que es gratificante ese like, ese me encanta, siempre y cuando no se vuelva una dependencia (como me pasó a mi) siempre me levantaba con la idea de generar más reacciones en mis redes sociales, solo por recibir un poco de la aceptación que creía necesitar de los demás.

Papá siempre se la pasaba trabajando y mamá, simplemente se cansó y un día se fue a conocer el mundo y nunca regresó. Jamás volvimos a saber que fue de ella, jamás supe porque no nos quiso ni a mi hermano, ni a mi en su vida cuando eso paso yo solo tenía cuatro años.

Era tanta la gente que conocía que ni siquiera era capaz de recordar sus nombres, solo usaba la palabra“cariño”para todos en general y me funcionaba. Sentía que era feliz, que mi vida era plena. Aunque la realidad es que me esforzaba el mínimo por saber algo más de las personas que me rodeaban.

Cuando me gradué, papá me regaló un viaje a la zona arqueológica de Machu Picchu. Quisiera recordar mejor ese viaje pero estaba tan enfrascada en documentar cada momento de mi vida en las redes sociales, que olvidé disfrutar del lugar. Si quisiera detallar algo del lugar en estos momentos, la verdad es que no podría.

A mí regreso a casa, mi padre tenía para mí, el mejor regalo que jamás pensé que podría darme. Una motocicleta. En cuanto la vi, supe que esa motocicleta y yo, viviríamos los mejores viajes de mi vida.

También como parte del regalo de papá, fue un pequeño puesto administrativo en su empresa. Me sentía soñada, al tener mi oficina, mis accesorios de oficina y una secretaria afuera de mi puerta, para cualquier cosa que se me ofreciera.

La lista de candidatos a novios… uff… era larga pero no había alguien con quien realmente sintiera que conectara, alguien que me viera a mi y no al dinero o al nombre de la empresa de mi padre.

Si bien me agradaba salir y divertirme con alguno que otro galán, la realidad era que solo lo hacía para complacer a mi papá, porque él quería que yo formara una familia, que tuviera novio, me casará, tuviera hijos y me olvidará del trabajo y que me quedara en casa esperando a mi esposo y cuidara de mis hijos.

No sé porque esa idea de familia no me convencía del todo. Posiblemente tuvo que ver cuando siendo adolescente tuve un encuentro íntimo con una mujer y no sé si fueron mis hormonas, que ya casi llegaba mi menstruación o que pero me gustó, aunque no fue como muchos llegan a imaginar.

Era en ese entonces una adolescente de catorce años, cuando jugando tenis, conocí a la niña que recogía las pelotas y como yo tenía que ser amiga de todos, me hice su amiga.

Nunca olvidaré que cuando estaba en los vestidores, la vi metiendo su mano a su shorts, cuando me vio, en vez de darle vergüenza, me dijo que si la quería tocar. Le dije que sí y sentí su humedad, me dio la indicación de que subiera y bajara mi mano, que la penetrara con mis dedos y así lo hice.

Me gustaba la sensación y más cuando ella subió mi playera y comenzó a chupar mis pezones, la sensación fue bastante agradable y más cuando ella metió su mano a mi entrepierna introdujo suavemente sus dedos a mi intimidad y me hizo sentir muy bien.

Lastima que fue mi único encuentro, después de ese día, no la volví a ver y nunca supe su nombre y desde ese día, encuentro más excitante a una mujer que a un hombre. Tal vez también influya que estando en la universidad también tuve un encuentro íntimo con un hombre.

No confío mucho en mis recuerdos pero teniendo en cuenta que estaba ebria, es lo más cercano a la realidad que puedo contar. Era una de esas tantas fiestas a las que inevitablemente tenía que asistir. Ya tenía unas copas encima y un chico se acercó a mí para bailar.

No sé exactamente cuánto tiempo estuvimos bailando o cuando fue que terminamos en un rincón de la casa, yo pegada a la pared y él a mi espalda. Recuerdo sus manos (bastante suaves) sobre mis pezones, luego sobre mi intimidad. Posiblemente fue el alcohol, no lo sé pero cuando metió su mano a mi intimidad, no pudo evitar pegarse a mí y sentí su erección en mi trasero.

Así como comenzó la magia se apagó. Recuerdo que introdujo sus dedos en mi intimidad y se sintió bastante incómodo, al mismo tiempo que torcía mi brazo y repegaba su erección a mi mano. No pasó mucho tiempo cuando él ya había eyaculado y yo me quedé sin ganas de probar más, a pesar de que me invitó a buscar una habitación vacía.

Mi vida era así, sin sexo, sin novio, solo muchas amistades, muchas fotografías, muchas redes sociales, muchos compromisos, mucho trabajo, mucho café y ¿Por qué no? Una que otra copa de vino ocasional.

Normalmente después del trabajo, subía a mi motocicleta y me agradaba bastante la sensación del motor debajo de mis piernas. El aire sobre mi cuerpo y la velocidad, eran lo máximo después de un largo día entre juntas y un montón de personas a las cuales complacer.

No sé en qué momento las apuestas de mi hermano Fernando comenzaron a descontrolarse y comenzó a hacer mal uso del dinero de la empresa. Obvio que si yo lo noté, para papá fue una enorme“Red Flag”e intervino casi de inmediato.

Me enteré por mi secretaria, que papá y Fernando discutieron acaloradamente en su oficina e incluso algunos llegaron a asegurar que hasta habían llegado al punto de lanzarse alguno que otro objeto de la oficina. La verdad solo la saben ellos pero después de ese día. Mi vida cambió.

Papá sacó a Fernando, no solo de la empresa, también de la nómina. Eso sí que me sorprendió, porque sabía que Fernando no era de los que buscarían inmediatamente buscar otro trabajo. Yo con mi vida social, la verdad no le di importancia.

Debí haberlo hecho, ya que días después mi papá comenzó a instruirme en la dirección de la empresa, yo me sentía en las nubes, mientras Fernando hacía un viaje (no se a donde) para calmar su berrinche por ser despedido.

El tiempo pasó y comencé a tener un mayor control sobre todo lo que tenía que ver con la empresa y en menos de dos años, literalmente casi la manejaba yo sola. Obvio papá estaba pendiente de cada movimiento que hacía y nada se autorizaba si no llevaba su firma.

Negar que papá estaba decepcionado sería inútil. Veía a Fernando como su sucesor pero su gusto por las apuestas no le ayudaron en nada. De alguna manera yo me sentía como su premio de consolación y por esa razón, nunca me dejó el total control de la empresa, aunque lo único que él hacía era firmar todo lo que yo ya había aprobado.

El tiempo corre deprisa y más si solo eres una persona que tiene una rutina. Levantarme, hacer ejercicio, desayunar, ir a la empresa, regresar, beber café o una copa de alcohol, leer, mirar series o películas y dormir. Eso no aplicaba a los fines de semana, en los que estaba lleno de cualquier tipo de evento social.

Sentía que mi vida estaba completa. Hasta que… sin esperarlo y estando papá en su oficina firmando todo lo que le había mandado para autorización. Papá murió de un infarto fulminante.

Fernando solo regresó para el funeral y la lectura del testamento. Mi legado una enorme casa con más de diez habitaciones, piscina, gimnasio, sala, comedor, cocina, cuarto de servicio, una cancha de tenis y alrededor una pista de atletismo y un enorme recibidor con un piano de cola como decoración y rodeada de enormes jardines y un fideicomiso (que me dejaría vivir cómodamente sin trabajar el resto de mi vida) y claro olvide la empresa. Que tonta soy.

Fernando recibiría una mensualidad y se quedaría con la casa de papá y su departamento de soltero. Decir que le salía humo por las orejas sería quedarme corta, porque hizo una rabieta tan grande, que incluso golpeó al abogado que leía el testamento.

Obviamente el abogado lo demandó y con tal de no tocar la cárcel, pagó por el“incidente”o así lo llamó él. En el testamento solo quedó una cláusula, que fue lo que para mí, en estos momentos me hace pensar, que fue la causante de que ahora piense de forma diferente.

La cláusula era simple. En dado caso de que yo estuviera imposibilitada para llevar las riendas de la empresa. Entonces y solo entonces, mi hermano se haría cargo de ella, lo que se veía como algo bastante lejano o mejor dicho imposible.

Pensar en imposibles o de manera hiper optimista era uno de mis más grandes defectos en ese tiempo. Meses después, me daría cuenta de que lo imposible, fue mi peor pesadilla hecha realidad.




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