I
Lucy y yo solíamos ir a ver los eventos de la a Universidad a menudo. Normalmente, ninguno de los dos se lograba a despedir del otro ya que siempre nos separaban otras personas ajenas a nosotros dos.
Nose porque lo hacíamos, no entendíamos porque ninguno de los dos se nos ocurrió la remota idea de presentar a su grupo de amigos al otro. Teníamos vergüenza o algo por el estilo no lo se. Pero siempre ahí nos veíamos, en medio del comedor rodeados por los estudiantes de la Facultad de Humanidades, siempre los más hippies y alucines.
Aunque talvez esas palabras puedan cobrar algún tipo de significado positivo.
Al fin y al cabo ella era de la carrera de filosofía. “No hay nada más hippie y tan poco útil para el mundo laboral que ponerse a pensar sobre el mundo laboral”.
Le repetía eso cada vez que tocábamos el tema de nuestras carreras, ella reía, siempre me respondía con una sonrisa agridulce y decía “Mira quien lo dice, el que sin mi inutilidad no se hubiese preguntado nunca, como funcionaba una...” y se quedaba callada pensando lo siguiente que iba a decir.
Normalmente continuaba nombrando algo que estaba ocurriendo alrededor.
Y esas cosas que comúnmente señalaba solían ser cosas electrónicas (mi fuerte)
así que yo le explicaba como funcionaban, cosas como los circuitos y mecanismos de algunos aparatos.
Siempre escuchaba atentamente, era buena oyendo y luego me preguntaba de aquellos quienes hicieron esos inventos . Cual fue la manera de encajar todo de una manera que dio resultado a algo increíble.
Ahí era cuando yo me quedaba callado, y ella trataba de relacionar aquellos mecanismos y flujos que había interpretado para ella en algo más humano.
Cosas de un filósofo ya saben, imposible de saciar sus preguntas. Bonitos recuerdos sin duda.
Me pregunto si ella le gustaba, quedarse a mirar a la gente de noche en el comedor. Evitando sus responsabilidades y realidad...
No entiendo bien el porqué de esa primera noche, me quede ahí y ya no recuerdo el cómo. No tenía mucho tiempo, pero cruzamos palabras casualmente y todo comenzó con un: —–¿hey, te gusta “Casa vieja” (un vino)?– ni siquiera servían alcohol en la cafetería, ella ya lo traía por defecto. Y como el estrés me tenia harto, decidí emborracharme y desahogarme a su lado. Ella lo hizo también, solo que mi memoria no recuerda que me soltó, la resaca nos perdona deciamos.
Eso si, recuerdo que nos fuimos juntos a un hotel cercano, no era carro era especialmente hecho para universitarios, con todo lo malo que significa. Incluyendo el hecho que nos sacaron una buena suma de dinero.
Pero dormimos juntos esa noche, ebrios a más no poder. Y sin ningún recuerdo de un beso o caricia alguna.
Algo surreal para un universitario, pero no para un ingeniero, ni una filósofa.
Ella se levantó primero y se fue sin más decir nada. Pero al día siguiente después de ello, nos vimos de nuevo en el mismo lugar que nos conocimos. Volviendo ella a iniciar nuestra conversación.
—Ay gracias por no abusar de mi ayer, pensé que había pasado algo horrible, pero resulta que todo bien. Disculpa si te ofende que pensara en ello. Solo que...—la interrumpí en ese momento— No, no te preocupes. Es razonable que te preocuparas de eso, creo. Más bien digo, mmm... — y recuerdo que ella estaba toda roja, comida por la culpa, pero al mismo tiempo en sus ojos se veía perdida en pensamientos totalmente ajenos a aquella culpa.
—Más bien... como te encuentras tú—termine de decir y ella volvió a la realidad de nuevo.
Seguimos hablando esa noche, primero sobre nuestras facultades.
— Oye por cierto de que facu eres — me pregunto, yo le di la respuesta rapido y ella prosiguio — ok, entonces de que facultad soy yo?—
Me quede extrañado y ella se río de como era mi expresión al pensar.
—Se te separan los ojos, ¿eso es normal?– decía entre risitas ahogadas.
—Si yo hago eso porque mi cerebro funciona mejor cuando lo separo — no fue una respuesta graciosa, pero ella se río de todas formas.
Era amable, supongo. Talvez un ingeniero promedio no sea muy bueno en los chistes.
Y de todas formas, la conversación nos llevó a muchas otras estupideces por las que reír. Hasta que llegaron dos chicas que saludaron a Lucy (nombre recién extraído esa noche) y ella continuo su jornada después de despedirse con un apretón de las manos fuerte y saludable.
Cuando se fueron, yo tarde en tomar la iniciativa de irme de la Universidad. De todas formas vivía a unos 35 minutos en bus para llegar a mi casa, tenía tiempo así que ese día camine lento a casa.
Reflexionando sobre la nueva rutina que inconscientemente iría tomado desde ese entonces. Y la primera pregunta que me hice en la caminata fue:
—¿Esa chica llevaba ropa interior siquiera?
Hippies, como dije.
Así fue nuestra relación durante un par de meses, reír, facultad, vida y filosofía. Así fue mi vida durante ese tiempo.
Y un día de esos la invite a otro lugar que no fuese el comedor ya tan desgastado por nuestras visitas diarias a la misma mesa.
La tarde de ese día, ella se arreglo bien. Ya no era esa universitaria greñuda, y por una noche su olor corporal se había pasado de un cebolla medio repelente, a un canela suave, tierno de oler y procesar.
Su gorro gris hacia juego con la distinguida chaqueta femenina qué llevaba y denotaba sus curvas de manera en la que su pelo rizado por fin hubiese conocido competencia en ser la parte más hermosa de ella.
Aunque nada le ganaba a esos ojos color avellana con forma de maníes.
De todas formas, nuestra junta fue un poco más de lo mismo y una próxima rutina dentro de poco. Lo más especial ese día fue el descubrimiento de un restaurante no muy fino, pero con un sazón de ambrosía en sus carnes. Que nos convencía a ambos de hacer aquel lugar nuestro punto de reunión para cada una de esas salidas.
Bonitos recuerdos, se creaban cuando nos tomábamos de las manos y empezábamos a bailar dando vueltas en una pequeña pista del local, simplemente disfrutando de la compañía del otro, e ignorando nuestras profundas conversaciones que surgían casi de la nada.
Alejándonos de todo y nada, nuestras manos se separaban y su calidez era arrebatada de la conciencia, pero no de mi corazón, que añora cada pequeño contacto con su piel seca y descuidada.
Eso también se hizo costumbre, y no se si estuvo bien permitir aquella normalidad.
Nuestras vidas continuaron con la más sana tranquilidad. Y en una de esas noches ella dijo:
—Pues hace un buen tiempo que ya no dejo de estar muerta, no lo sé. Creo que me esta empezando a gustar.
Nunca sabré si ella lo dijo con alguna doble intención, pero como todo buen idiota. Me había enamorado de la piojosa.
Hasta que un día simplemente deje de ir. Claro no era la única vez en la que eso había ocurrido, es la Universidad, no un instituto privado. Tal cual los exámenes parciales casi se dieron al mismo tiempo en esa época. Ambos acordamos en vernos después de ello, no era problema y tampoco la primera vez.
Solo que esa noche algo había cambiado en ella. Lo notaba, podre ser un idiota, pero hasta yo me doy cuenta que Lucy estaba pasando por un mal rato. Hoy en día me arrepiento de no haber preguntado esa misma noche, talvez las cosas simplemente hubiese ido diferente, pero al tema.
Cuando se sentó en donde siempre estábamos ella saco un whisky de su mochila — para aflojarnos más duro — decía y ella se sirvió el primer shoot, poco después de sacar el vasito de sake donde nos servíamos el vino. La platica continuo con normalidad, preguntar el como estar y la existencia del otro volvía a ser lo importante, la rutina.
“Solo que ahora con Whisky” me decía a mi mismo tratando de ignorar la clara lúgubres de aquella persona a la que tanto decía amar. En fin la hice reír, para mí eso había sido una victoria. Pero ella lo vio como el punto culmine y se empezó a desahogar.
—Me quitaron la Beca— dijo tratando de ahogar sus llantos con risas, tapando su rostro a medias de manera que las lagrimas nunca lograban caer a sus mejillas. Lucy me había contado sobre su beca unas ocasiones, se entusiasmaba cada vez que hablamos de ello. —Iré a Alemania— me presumía ella y ahora la tenía en frente llorando, por un sueño frustrado que ella no se veía capaz de cumplir .
Y mi primer instinto fue llevármela afuera de la cafetería, a la pequeña terraza que nos dirigía a las escaleras de emergencia del edificio principal de la facultad. Ahí ella me envolvió fuertemente con sus brazos, apoyo su cabeza en mi pecho. Y empezó a llorar desconsoladamente, silenciando el sonido con mi chompa y disimulando el ruido con sus risas. La gente por 15 minutos dejo de importarme y ella se volvió todo lo que importaba en este mundo. No dije nada, ya había tiempo de hablar después. Simplemente la arrope con mis brazos y limpiaba sus mejillas cada vez que su cara se humedecía demás.
Después de esos 15 minutos, ella sujeto mi brazo, se puso a un lado. Seguía sollozando y su rostro estaba más sucio de lo normal, pero no le importaba. Con un firme, pero lento paso me dirigió a la salida del edificio, la gente nos miraba claro, sin embargo, eso solo hacía que ella se apegara más a mi. Y yo trataba de mantenerme firme ante las miradas, de toda la cafetería. No sé porque no bajamos por las escaleras de emergencia, pero ella me quería presumir por algún motivo.
Al fin y al cabo solo fueron instantes hasta que bajamos las escaleras del corredor principal y salimos en busca de un taxi, sin ella desapegarse de mí, más sino, solo a la hora de subirnos al taxi. Y como la primera noche que nos conocimos, no hubo caricias, ni lujurias. Solo que ahora cuando ella me llevo a su cama en aquel departamento solitario, dormimos abrazados sin decir ni una sola palabra.
Esa mañana ella me levanto con un trago de vino en la mano. —¿querí el matutino?— me preguntó y yo me serví. Pero había olvidado que ese día eran los parciales , así que probablemente cometí el mayor error de mi vida. Irme sin conversar de lo ocurrido, irme sin conocer más de ella, irme sin conocer a algún familiar suyo o algo por el estilo, simplemente ella se disculpo, me dio un beso en la mejilla y me despacho por la puerta. Y yo no era que no me quisiera quedar, la expresión en sus ojos era la misma que anoche y lo más probable era que ella hubiese faltado a sus parciales ese día, alcoholizándose hasta la médula.
Pero me fui...
A este punto de nuestra relación, yo había tomado el habito aprendido de ella, el preguntarme el porque de las cosas. Y ahora esas preguntas que hace unos días me hacían la vida más emocionante, se convirtieron en un tsunami que mancho mi mente durante una semana. Claramente me fue pésimo en el parcial. Y no fui a verla toda esa semana para simplemente poder estudiar y recuperar algo de la nota. Lo logré, pero no sabía a que costó.
La semana siguiente, nos vimos de nuevo. Ella estaba distante claramente. Pero no preguntó sobre lo que había pasado. continuamos así por tres días. Yo en mi total lucidez, no me había dignado en preguntarle o interiorizar más sobre el tema de su beca. Al menos hasta el cuarto día en el que el Tsunami ya había pasado y solo faltaba limpiar sus secuelas.
—Te tardaste en preguntar... eh...— no es necesario mencionar que lo dijo de la forma más irónica posible. Pero no la culpo había actuado como un idiota. Así que reí incómodamente y cuando menos lo esperaba ella agarro mi mano y me arrastro de nuevo a tomar un taxi.
Fuimos a su casa, nos sentamos en su cama y empezó a llorar. Moqueaba y se limpiaba en mí y yo solo trataba de consolarla, sin saber como, nunca había visto a una persona colapsar. Pero ese día ella ya no podía más. No tenía motivos para vivir, solo le quedaba yo...
Y fui suyo por esa noche.
Normalmente suele ser al revés, yo tendría que haber tomado la iniciativa, sin embargo, ella fue quien me beso y me acostó debajo de ella.
Fue eso, simples caricias, hasta que le bajé el deportivo sucio que llevaba en la cintura. Prácticamente fue eso lo que desató todo lo que sucedió después.
Ambos nos dimos el consentimiento sin decir ni una sola palabra. Y pues bueno, una cosa es la sensualidad barata del porno, o incluso diría que hasta la del sexo casual.
Pero esa noche nos amamos, en su máxima expresión. Y claro fue incomodo, pero esa inocencia perdida recientemente, nos hizo prolongar más la lujuria qué provocaba el roce y jugueteo de nuestros cuerpos.
Finalmente terminando ambos cayendo dormidos. No fuimos a la Universidad al día siguiente, pasamos el día juntos.
Pero solo nos distrajimos como pudimos de la vida.
Así por dos semanas, y su expresión no había cambiado realmente. Hice lo mejor que pude para ayudarla, te lo prometo. No obstante, dio lo mismo, incluso con nuestra curiosa relación. No pude cambiar la mirada deprimida tan profundamente grabada en ella.
La veía alegre algunas veces, pero ella ya estaba perdida y acabo alejándose de mi vida sin dedicarme algún tipo de adios.
Fue después de que yo estuviera poniéndome al día en todo lo que había ignorado por estar con ella. Y así un día listo para verla, termine parado frente a su cada por tres horas. Teniendo que salir el vecino a informarme, que Lucy había empaquetado todo y se había marchado a quien sabe donde.
Y ahí empezaron las reprimendas de mi mente. Incluso llegué a pensar que la había llegado a embarazar el día que tuvimos nuestra primera vez. Pero no lo sé. Otra línea me llevó a pensar que simplemente iba ir a donar todos sus objetos y a cometer suicidio.
Investigue lo que pude a profundidad. Fui a comisarías, hospitales, amigos del Facebook y demás. Pero no la encontré.
Se fue y ya no había nada más que hacer.
Me había dejado roto, así como ella se había marchado. Deje la carrera y las cosas me fueron mal por un par de meses, sin embargo la necesidad y la culpa de no hacer nada me volvieron a llevar a la Carrera.
Como te imaginas cada día era extraño. Volvía al comedor aquel solo para beber una botella de vino. A base de vino, juegos de computadora y amando mi carreta, saque el título.
Y la suerte me trajo a este trabajo...
Quien lo diría, al final su filosofía me llevó a ser un “experto”, sin sonar arrogante, en el diseño de dispositivos inteligentes automáticos. Lo más cercano que tenemos para crear un humano desde la nada.
Y pues bueno aquí, estamos hablando de relaciones viejas envés de estar trabajando.
—Pues... supongo que no mentiste cuando dijiste que eras muy melodramático.
—Si y si, pero bueno me quería desahogar de aquello desde hace un rato.
—¿y que crees que haya pasado con la chica esa? apoco seguirá viva¿tu crees?
—honestamente...
Me gusta pensar que vendió todas sus cosas, tomo un boleto a Alemania y ahora esta luchando por su sueño como cualquier persona.
Era... alguien fuerte, simplemente espero que lo siga siendo...
—Era una hippie ¿no?. Seguro ahora esta viviendo como indigente, pero está viviendo su sueño.
—Si, ella era alguien que realmente estaba viva... ella... me enseñó a vivir.
—¿Quieres un pañuelo?
—No, no. Estoy bien...