Capítulo 1 🌾
Yagi Toshinori revisaba con paciencia y esmero los albaranes del último mes. Cansado de tanto papeleo, se reclinó contra la confortable silla giratoria de cuero, y dado que estaba sólo, apoyó los pies en la enorme mesa de caoba de su despacho en la casa familiar.
Hacía casi ochenta años que su abuelo, Sorahiko, había viajado a Japón. Él era de Carmel, un pequeño pueblo campesino americano, viajó en busca de una mejor calidad de vida y queriendo dejar atrás la pobreza y las desilusiones en las que vivía enclaustrada la América de aquellos años.
Con innumerables esfuerzos y un gran sacrificio, compró un viejo rancho y un pequeño terreno junto a éste, en Musutafu-Japón. Dado que no tuvo fortuna al probar con la agricultura, un vecino le previno que esas tierras eran buenas para el ganado. De modo que con el poco dinero que le quedaba, compró cuatro toros y tres vacas, y gracias a algunos sabios consejos, inició un negocio de cría de ganado, que en poco más de dos años dio sus primeros frutos..
Con el dinero que fue ahorrando en sus primeros años, pudo reformar la casa y el establo. El viejo rancho, con un precioso porche sostenido por enormes columnas blancas, revivió de nuevo.
Gracias también a unas buenas inversiones en diferentes empresas, pudo ampliar los terrenos y adquirir más cabezas de ganado, de modo que el rancho "Plus Ultra", se convirtió en uno de los más importantes de la ciudad de Musutafu. Debido a que el precio de ganado se triplicó, manteniéndose en cabeza durante varios años, en poco menos de quince años, la fortuna que llegó a amasar convirtió su rancho en uno de los más importantes de la ciudad.
Su abuela, Nana Shimura provenía de un pequeño pueblo de Oklahoma, y también se había criado en un rancho; Sorahiko la conoció en una subasta de ganado a la que ella acudió con su padre. Desde ese primer encuentro, pasó más de un año, en el que sus visitas a la familia de ella se hicieron cada vez más frecuentes, ya fuera para hacer negocio... o para verla. Se casaron poco tiempo después, y tuvieron dos hijos, Kotaro y Hana. Yagi no llegó a conocer a su abuelo Sorahiko, y la abuela murió cuándo el era apenas un niño.
Su tía Hana se casó con un prometedor abogado, trasladándose a Musutafu, donde vivieron toda su vida; ambos habían fallecido ya, al igual que sus padres.
Al morir su abuelo, su padre Kotaro Toshinori , tomó las riendas del rancho, considerado ya uno de los mejores del país en lo referente a cría y venta de ganado para distintos sectores empresariales. El primitivo y diminuto establo enseguida se quedó pequeño, y en esos años fueron cuándo se construyeron los establos nuevos. El original quedó destinado a las oficinas. Su madre, era hija de un comerciante de piensos alimenticios. Tenían un enorme almacén en las afueras de Oklahoma; allí se conocieron y se enamoraron.
Yagi tenía diecinueve años cuándo su padre murió, y el rancho pasó a sus manos. En aquella época el estaba en la universidad, y gracias a que tenían un número considerable de empleados, pudo terminar sus estudios antes de tomar las riendas del rancho. Actualmente, el rancho abarcaba tierras de más de 200 hectáreas de superficie, dónde paseaban y pastaban a sus anchas más de dos mil cabezas de ganado. Tenía personas de confianza a su lado, y dado que había aprendido el oficio prácticamente desde la cuna, siguió con la tradición familiar.
Soltó un pequeño suspiro mientras recordaba con nostalgia esos tiempos, ya lejanos; su mirada paseó lentamente por su despacho, deteniéndose en dos portarretratos de plata que descansaban en una pequeña mesita, en el lado derecho de la pared. No pudo evitar sonreír con pesar al observar uno de ellos; una mujer con el pelo color azabache y penetrantes ojos negros que sonreía delicadamente a la cámara.
-Qué guapa estaba en esa foto- dijo, perdido en sus pensamientos y en sus recuerdos. Había conocido a Sayuri cuándo chocó con ella accidentalmente a la entrada de una tienda, en la ciudad. Se disculpó por su torpeza, y al hacerlo observó que esas ónix que tenía por ojos tenían un brillo triste y apagado. Impulsivamente, la invitó a tomar un café, y allí sentados, ella le contó un poco su historia.
Sayuri y su marido se habían mudado a Musutafu hacia dos años. El marido trabajaba en el despacho de abogacía. Ellos tenían un hijo de tres años, llamado Eijiro Kirishima. Desgraciadamente, ocho meses después de su llegada a la localidad, a su marido le diagnosticaron leucemia, y murió seis meses después. El escuchó atentamente sus palabras, sosteniéndole una mano y consolándola lo mejor que pudo; ella y su marido no tenían más familia.
Sayuri estaba buscando un empleo, ya que la pensión de viudedad apenas le daba para llegar a fin de mes. Él, impresionado por su valentía, y un poco atraído por esa belleza morena, le comentó que estaba buscando una secretaria, para ocuparse de los papeleos de compra venta y otras labores administrativas. Le ofreció pasarse por las oficinas del rancho, y dos días después, ya tenía nueva secretaria. Al pequeño le encantaban los animales, y cada vez que Eijiro iba al rancho, Yagi lo llevaba a los establos para que viera a los terneros recién nacidos o a los caballos.
Poco a poco Sayuri fue recuperando la ilusión, forjando una gran amistad con Yagi, y poco a poco esa amistad se transformó en amor. Un año y medio después de su accidental encuentro, Sayuri y Yagi contrajeron matrimonio, y los tres iniciaron en la casa principal del rancho "Plus Ultra" su vida de casados. El pequeño Eijiro adoraba a Yagi; el sentimiento era mutuo por ambas partes, y aunque Eijiro conservó el apellido de su padre, lo crió cómo si fuera su propio hijo, al que enseguida se sumaron tres hermanos más, Shoto, Sero y Katsuki.
Su vista giró hacia el otro portarretratos. La instantánea pertenecía a la boda de su hijo Shoto con Momo, hija de otra de las poderosas familias de ganaderos de la ciudad, los Yaoyorozu; rodeando a los novios estaban sus hermanos.
Desgraciadamente, Sayuri no pudo estar presente en la boda de su hijo. Murió tres días después de haber dado a luz a Katsuki, tras un complicado y peligroso parto. Sus otros embarazos ya habían sido considerados embarazos de riesgo, teniendo que guardar reposo para que llegaran a buen término. Cuándo nació Sero decidieron no tener más hijos, pero Katsuki vino de improviso... y esa vez, no pudo superarlo.
Sintió que una parte de su alma se iba con ella aquel día. Eijiro tenía ocho años, Shoto cuatro, Sero dos y Katsuki apenas tres días. De la noche a la mañana se vio sólo, criando a cuatro niños. Hubo un momento en el que creyó enloquecer por los recuerdos; la había amado desde la primera vez que la vio, y se fue tan joven, con apenas treinta y dos años. Pero tuvo que sacar fuerzas de dónde no las tenía, sus pequeños le necesitaban; ellos fueron el motivo principal por el que seguir viviendo y luchando, y le prometió a Sayuri que así lo haría.
Habían pasado veintiocho años, y su madre, que crió a sus nietos con un inmenso cariño, hacía tres años que había fallecido. Estaba muy orgulloso de sus retoños, todos habían ido a la universidad y trabajaban en el rancho, a excepción de Shoto.
Eijiro ya tenía treinta y seis años; había heredado el pelo moreno de su madre, aunque le guste teñirlo de rojo intenso, y tenía los ojos rojos, rasgo de su padre biológico. Poco antes de que Sayuri muriera, ambos le habían explicado que su verdadero papá estaba en el cielo, por eso él no se apellidaba Toshinori, aunque lo fuera a todos los efectos. Sorprendiendo a ambos, el pequeño lo tomó muy bien, presumiendo en el colegio de que tenía dos papás. Era un muchacho alegre y extrovertido, lo contrario a Shoto.
Los ojos de Shoto eran grises casi azul, al igual que los de Yagi, con el cabello teñido de dos colores, mitad albino y mitad rojo. Cómo Eijiro, ambos eran fuertes, y con un peculiar sentido del humor, rasgo que también heredó Sero, éste tenía la cabellera y ojos negros; era el que más se parecía a Yagi por su sonrisa, físicamente hablando, y también en su carácter y forma de ver la vida.
Katsuki, su hijo pequeño, era el único que había heredado los ojos rojos de un familiar lejano de su ex mujer. Su pelo rubio cenizo en punta, y aunque Sero y él no eran tan grandes cómo sus hermanos, también eran fuertes. Sin embrago, el carácter de su hijo pequeño le preocupaba sobremanera; pasó de ser un muchacho alegre, a uno solitario y serio. Desde que rompió su compromiso con Camie, su novia de toda la vida, se había envuelto en una especie de coraza, y era imposible traspasarla.
Camie y Katsuki se gustaron desde niños, y en la adolescencia empezaron a salir. Ni cuándo él se fue a Yuei y ella a Shiketsu, a proseguir sus estudios superiores, interrumpieron la relación. Al finalizar sus estudios universitarios, se comprometieron formalmente, pero un mes antes de la boda, con todo a punto para el gran día, Katsuki sorprendió a Camie en la cama con otro hombre, ni más ni menos que con Neito Monoma, único hijo del alcalde de Musutafu, y con el que Yagi nunca se había llevado especialmente bien.
Obviamente, el compromiso se rompió, y cómo en toda ciudad pequeña, la noticia corrió cómo la pólvora. Camie y Monoma se casaron a las pocas semanas de aquello, abandonando Musutafu y trasladándose a Aichi, dónde éste había encontrado trabajo. Desde que ocurrió aquello, Katsuki cayó en una profunda depresión, de la que le costó mucho tiempo salir; consiguió superar su ruptura con Camie, pero se cerró en banda a conocer a otras chicas, y de su interior nació una especial y cruel adversión al cariño y al amor hacia el sexo opuesto.
Muchas jóvenes e incluso donceles de la localidad suspiraban por Katsuki, pero él los espantaba rápidamente, sin darles oportunidad alguna. Huía del amor.
Unos golpes suaves en la puerta le sacaron de sus preocupaciones y recuerdos.
-Adelante- por el marco de la puerta apareció la figura de Shōta Aizawa.
-Siento interrumpirte- se excusó él -Hisashi te está buscando, está en el establo de los caballos- le informó. Yagi lo observó con una sonrisa cariñosa. Shōta Aizawa era el ama de llaves de la casa desde hacía diez años, y el que cuidaba de todos ellos desde que su madre no estaba. Era de complexión y estatura pequeñas, y con unas facciones serias pero amables, todo un doncel. Los ojos color negro de él lo miraban con un deje de preocupación. Cerrando la puerta, se acercó a la mesa con cautela.
-Qué te ocurre?- preguntó Shōta apoyando una mano en su hombro, esperando a que hablara.
-Pensaba en los chicos- confesó serio -Katsuki me preocupa-. Shōta suspiró, y Yagi bajó las piernas de la mesa, tomando a Shōta por la cintura y poniéndolo en su regazo. Hacía mucho tiempo que entre ellos había algo más que una amistad, pero lo mantenían en el más absoluto de los secretos. Cierto que sus hijos eran ya adultos y lo entenderían de sobra, pero no querían habladurías y rumores; en el rancho trabajaban muchos vaqueros y otras personas, y ambos lo preferían así.
-Algún día abrirá los ojos, y volverá a enamorarse- le consoló Shōta -Cuándo aparezca la persona adecuada- Yagi suspiró preocupado.
-Ya no sé que pensar- musitó -sabía que le costaría superar lo de Camie, pero no imaginaba que se cerraría en banda a las mujeres o donceles-.
-Conmigo es bueno, con la señora Chiyo, la cocinera, se porta muy bien- rebatió él -Con la señora Yui...- enumeró él, divertido y acurrucándose en su pecho.
-Ya sé que se lleva bien con la asistenta y las mujeres mayores de cuarenta años- replicó Yagi, rodando un poco los ojos -me refiero a conocer a chicas jóvenes o algún dondel, a enamorarse... si sigue así, va a quedarse muy solo- Shōta le dió la razón.
-Era una broma; pero debes tener paciencia; te lo vuelo a decir, algún día conocerá a la persona adecuada-.
-Ojalá lleves razón- expresó Yagi, estrechándolo contra su pecho -no sé que haría sin ti, y sin tus ánimos y consejos- Shōta negó con la cabeza, dejando un pequeño beso en sus labios.
-No tienes que agradecerme nada; te quiero, y todo lo que te preocupa a ti, me preocupa a mi- le recordó el pelinegro, mirándole con cariño -sobre todo lo que se refiere a los chicos- Yagi sonrió a la alusión de sus hijos.
-Yo también te quiero- le dijo Yagi de vuelta -¿sabes qué quería Hisashi?- interrogó. Shōta negó con la cabeza.
-Será mejor que vaya, entonces- volvió a besarlo y ambos se levantaron, saliendo del despacho y encaminándose a la puerta principal.
-¿Nadie ha respondido al anuncio que pusimos?- preguntó Yagi. La señora Chiyo, la cocinera del rancho, se había jubilado hace un mes, y no encontraban una sustituta. La señora Yui y Shōta se ocupaban de la limpieza y mantenimiento de la inmensa casa, pero la buena señora ya era muy mayor, y sólo iba tres veces a la semana.
-Nadie- confirmó con una pequeña mueca -esperaremos un poco más- se dijo para si mismo. Yagi asintió, despidiéndose de Shōta guiñándole un ojo y encaminándose hacia los establos, en busca de Hisashi.
Hisashi Midoriya era el capataz del rancho, su mano derecha y el segundo al mando. Llevaba siete años en el rancho "Plus Ultra", y llegó en el momento justo; cuándo Kou, el viejo capataz, se jubiló, Hisashi llegó a Musutafu buscando trabajo. Toda su vida había trabajado con animales, de modo que después de entrevistar a varios candidatos, Hisashi se quedó con el puesto. Aparte de saber todo lo referente a la crianza de ganado, también llevaba las cuentas y supervisaba los registros de los animales junto con los contables y administrativos.
Hombre serio y reservado dónde los haya, le costó entablar confianza con su jefe, pero una vez pasaron los primeros meses, forjaron una gran amistad dentro y fuera del trabajo. Poco sabía Yagi sobre su vida anterior, pero era un hombre que había tenido mala suerte. Era dueño de un pequeño rancho en el norte de Hosu, pero unas malas inversiones, sumadas a las deudas contraídas por el juego, hicieron que lo perdiera todo, de modo que tuvo que ponerse a trabajar para poder saldarlas. Yagi no quiso ahondar en la herida, preguntándole por qué se había dejado arrastrar por el póquer; además, al empezar a trabajar en el rancho "Plus Ultra" ya no jugaba, y poco a poco fue pagándole a sus acreedores.
Al llegar al establo, allí se encontró a su amigo, acompañado de Sero.
-Hola Hisashi, hijo- los saludó a ambos -¿qué ocurre?-.
-Hemos recibido el informe del veterinario- le contó Sero -para iniciar la cría de caballos; podemos cruzarlos con las yeguas sin problemas-. Yagi asintió contento, mirando a los tres ejemplares negros que habían adquirido recientemente. Observó que Dynamight, el caballo de Katsuki, no estaba en su habitáculo.
-¿Dónde está Katsuki?- preguntó.
-Está en los pastos de la ladera norte, dónde hemos trasladado a los toros que adquirimos el mes pesado- le informó su amigo.
-¿Y Eijiro?- siguió interrogando.
Ha ido a Kamino, a ver esa yegua de la que nos habló el señor Nabe y tantear un poco el precio- Yagi asintió, mirando los animales. Sus hijos estaban tan familiarizados en los negocios del rancho, que tenían carta blanca para tomar ciertas decisiones. Eijiro tenía mucha labia, y era el que normalmente se encargaba de interactuar con posibles clientes.
-¿Cuándo vais a empezar?- les preguntó, señalando de nuevo a los alazanes que tenían enfrente.
-Si todo va bien, en tres días trasladaremos aquí las yeguas y veremos qué ocurre- dijo Sero.
-Me parece bien...por cierto, ¿este fin de semana te vas a Hosu?- le preguntó Yagi a Hisashi. Siempre que podía, iba a ese pequeño pueblo, pero nadie sabía si iba a visitar a alguien en concreto, o simplemente a descansar allí. Éste asintió con la cabeza, animado y contento.
-Te veré el lunes entonces; mañana por la mañana salgo para una reunión en Aisu, y no regresaré hasta el sábado por la noche- les informó a ambos -por lo tanto, espero que os comportéis- Sero rodó los ojos a la mención de él y sus hermanos.
-Tranquilo papá, ¿sabes que tenemos treinta años?- le recordó su hijo con sorna -bueno, a excepción de Katsuki- musitó con una sonrisilla malévola.
Yagi ignoró la última aclaración de su hijo y se dirigieron a la puerta de los establos, cuándo sintieron un golpe seco, seguido de un intenso grito de dolor. Al volver presurosos al interior, se encontraron a Hisashi tirado en el suelo, con una mano apoyada en el antebrazo derecho y muy pálido.
-¡Hisashi!- gritó Sero asustado, arrollidándose junto a él.
-Llama a Mic y a los chicos- le instó su padre. Sero salió corriendo, mientras que él intentaba sin éxito reanimar a su capataz.
-Vamos amigo, no puedes hacerme ésto- musitaba Yagi, preso de la desesperación-.
-Yagi... Izuk... Izuku- Yagi abrió los ojos mirándolo cómo respiraba con dificultad mientras pronunciaba ese nombre. Su jefe, pensando que deliraba, le instó a que se tranquilizara.
-No hables Hisashi, aguanta- le decía.
-Izuku... Hosu- la suplicante mirada de su capataz le conmovió y cuándo intentó preguntarle quién era Izuku, Hisashi ya había perdido el conocimiento.
-¡Maldita sea!- bramó, zarandeándole suavemente- ¡no me hagas ésto!- al momento, su hijo Sero entró corriendo, seguido por Mic, el segundo capataz, acompañado de Louis y Han, dos de los peones del rancho.
-Hemos llamado a una ambulancia- le contó Mic a su jefe -estará aquí en pocos minutos-.
Trataron de reanimarle, hasta que vieron a los sanitarios acercándose a ellos. Shōta también había oído los gritos y había acudido al establo. Justo en el momento en que los sanitarios empezaron a revisarlo, oyeron los fuertes relinchos de un caballo. Katsuki, alertado por uno de de los vaqueros, también acudió a ver qué había sucedido. Todos miraban con la respiración contenida cómo examinaban a Hisashi.
-Los síntomas apuntan a un infarto de miocardio- les informó el médico -debemos trasladarlo inmediatamente al hospital-.
-Por supuesto, mis hijos y yo les seguiremos en el coche- asintió Yagi.
-Vamos papá- Katsuki ya estaba saliendo a por el vehículo, los sanitarios trataron de estabilizar a Hisashi, pero cuándo lo estaban introduciendo en la ambulancia, el monitor de las constantes se alteró, y un pitido ensordecedor inundó los alrededores.
-¡Se está parando! ¡Hay que iniciar maniobra de recuperación!- el médico de la ambulancia daba órdenes e indicaciones a sus colegas. Sero, Katsuki, Yagi, Shōta y los trabajadores esperaban al lado de la ambulancia, con el corazón en un puño... hasta que un pitido ligero y constante confirmó el fatal desenlace.
-¡Joder!- bufó Katsuki, incrédulo.
-Yagi...- éste se giró hacia Shōta, que estaba en shock. El médico se acercó a ellos.
-Ha sufrido otra parada...lo siento, no hemos podido hacer nada- les informó cabizbajo. Yagi no dijo una sola palabra, mudo de la impresión y del dolor, mientras que los sanitarios tapaban el cuerpo inerte de su amigo y certificaban su muerte.
¡Hola chicos!, ésta nueva historia tendrá mucho drama a más vaya avanzando, pero el romance no se perderá. 💕
Éste capítulo lo hice más bien para presentar a los personajes, así que salió un poco largo.
Espero disfrutéis mucho al leerla. Dénle mucho apoyo por favor. <3