EXTRAÑO AMAR © vkook

Summary

«Extraño amar... Quiero amarte a ti, Jeon Jungkook».

Genre
Romance/Mystery
Author
Yu
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Ú N I C O

Extraño amar.

No es tan difícil de comprender. Extraño dar mi cariño, atención y amor a alguien. No quiero a alguien que me ame, porque personas como esas me sobran. Basta con mirarme desde cualquier ángulo y hablar unos cuantos segundos conmigo para llamar la atención del que quiera, pero ahí radica el problema, porque aunque puedo tener a cualquiera a mi disposición, no deseo que todos lo estén. Quiero a alguien especial, alguien que merezca todo lo que soy en la oscuridad y soledad y lo ame.

Extraño comprar chocolates y envolverlos en listones rojos con notas escritas en ellos. Extraño comprar flores teniendo en mi mente a alguien, o en su defecto arrancarlas y marchitar su belleza únicamente por amor a alguien. Escucho canciones preciosas, y automáticamente maldigo el no tener a quién dedicárselas.

Tal vez soy un romántico empedernido y amo el concepto “amor”. Amo lo dulce e inofensivo que parece, y lo turbio y erróneo que se vuelve. Quiero la felicidad, la ilusión, la decepción y todo el sufrimiento que trae consigo el amor, pues amar es una consecuencia de ser débil.

¿No soy débil? ¿Me volví tan frívolo ante las circunstancias y las personas? ¿Hay algún motivo para todo esto? Tal vez lo haya, mas no lo recuerdo. Tal vez lo recuerdo, y sin embargo no quiero mencionarlo. Tal vez puedo mencionarlo, pero eso arruinaría la gracia de este escrito y este romanticismo se vería manchado por sangre podrida.

Extraño amar...

—Entonces... ámame a mí.

Tu melodiosa voz llegó a mis oídos, robándome una sonrisa absurda que no demoré en mostrar de la manera más amplia y empalagosa posible. Sentí tus brazos envolver mi cintura y yo llevé mis manos a acariciar tus antebrazos, entonces volteándome y mirándote fijamente a los ojos.

Tus ojos son tan preciosos, Jungkook. Son como dos esferas brillantes en medio de la oscuridad que las abarca. Agujeros negros de los que me dejaría engullir y espaguetizar con la mayor de las dichas.

Tu piel es tan suave y tus facciones encajan tan bien con la forma de tu rostro; aquella forma en la que tus padres fueron inspiración y que el universo creó de una manera tan minuciosa y liosa. Siento que me pierdo en tus labios, de color cereza natural, hidratados y manteniendo en ellos una ligera abertura que siempre me incita a besarte.

No lo pensé demasiado. Subí mis manos a acunar tu rostro, cerré mis ojos, ladeé mi cabeza y junté mis labios con los tuyos, empezando un beso lento y tan suave como el trato en general que te mereces.

Cuando te tengo entre mis brazos, siento que eres de cristal. Quiero sentirte, amarte, adorarte, acariciarte y hacerte tan mío como para que nunca desees ser de nadie más, pero a la vez te siento intangible, lejano; como una ilusión que nunca podré tener, y un cristal que nunca me va a satisfacer.

—Quiero amarte —dije sobre tus labios, dejando apenas un hilo de saliva conectándonos. Mis brazos descendieron, envolviendo tu estrecha cintura. Aquella cinturita que me vuelve loco y que me encanta manosear a mi antojo—. Quiero amarte hoy y siempre, Jungkook.

El poco espacio que había entre nosotros desapareció en cuanto rodeaste mi cuello con tus brazos, acercándome aún más a ti. Me miraste con lascivia, y eso bastó para sentir mi pene palpitar.

—Ámame, Taehyung —tu voz fue fina y dulce, provocadora—. Ámame como solo tú sabes hacerlo.

Nuevamente, tomé tus labios entre los míos como si quisiera fusionarlos. Apreté tu cintura, hundiendo mis dedos en ella y luego bajando todavía más, precisamente hasta apretar tus glúteos entre mis palmas. Gemiste sobre mi boca, nuestras respiraciones aceleradas, pidiendo más.

Y por supuesto que íbamos a obtener más.

Tragué un montón de saliva, separándote bruscamente de mí y empujándote sin nada de amabilidad a la cama matrimonial situada a tus espaldas. Caminé lentamente en tu dirección, como un puma salvaje que busca cazar a una inofensiva oveja. Tu sonrisa ladina y victoriosa me quitó la poca cordura que para ese entonces creía que me quedaba.

Descaradamente, tomaste ambos extremos de tu camisa y la jalaste hacia los costados, consiguiendo deshacerte de ella al hacer que los botones que la componían salieran volando a diversos lugares. Yo hice lo mismo con la mía, y entonces me lancé sobre ti, besándote, lamiéndote... saboreándote.

—Eres tan adictivo... —gruñí, lambisqueando tu mandíbula, cuello, clavículas y pecho. En tu cuello dejé chupones prominentes que adquirieron color ipso facto. Probablemente al día siguiente estarían incluso amoratados—. Y eres mío.

Ascendí, al menos hasta conseguir que nuestras miradas se encontraran de nueva cuenta. Tomé tu carita con la diestra, que gracias al tamaño cabía perfectamente en mi mano. Te manipulé de aquí para allá, simple y llanamente admirándote como si fueras una especie de marioneta bajo mi poder.

—Eres tan mío que puedo permitirme ciertas cosas —lamí mis labios, te solté y te propiné una rotunda cachetada. Reíste, pese a que tus ojitos se aguaron por el golpe y el mismo igualmente tomó color al instante—. Cosas como estas.

—¿Es lo único que tienes?

—¿Realmente acabas de decir esto?

Tomaste mi cuello y me acercaste a ti salvajemente, haciendo que las puntas de nuestras narices se rozaran. Me miraste fijamente, con el semblante más oscuro y ciertamente incitante. Casi me sentí retado.

—Y puedo repetírtelo si quieres. ¿Es lo único que tienes?

Reí, reincorporando mi torso. Desabroché mi pantalón, bajándolo segundos después junto al bóxer, exhibiendo mi pene goteante y necesitado de atención.

—Tengo muchas cosas... —me mofé, acariciándome el glande. Con el pulgar, empecé un movimiento en círculos, avivando aún más mi excitación—. Como por ejemplo, unas ganas terribles de hundirme en ti.

Mi accionar fue inesperado, y eso lo hizo más interesante.

Agarré tu cintura y con nada de esfuerzo te volteé en la cama, dejándote boca abajo. Me importó poco tomar la cinturilla de tu pantalón y bajarla a la fuerza junto a tu ropa interior, dejando al descubierto tu culo blanco, terso y sin marcas.

Cual pelota de terapia, apreté tus nalgas con todo el vigor que me fue permitido, hundiendo también mis uñas en ellas. Jadeaste y giraste tu cabeza hacia atrás, mirándome con reproche. Yo sencillamente sonreí y presioné con mi mano libre tu dirigente contra la cama, hundiéndote en el colchón, asfixiándote hasta cierto punto.

—Tae-Taehyung...

—Shhh.

Elevé mi diestra y la eché hacia atrás, otorgándole potencia, y entonces estrellé mi palma con tu glúteo derecho. Tal vez sea enfermizo, mas escucharte gemir ahogado hizo que mi erección palpitara, soltando todavía más líquido pre-seminal.

Mandé a la mierda todo. Agarré tus caderas, alzándolas hacia mí y con mis rodillas separando tus piernas, abriéndote el culo y pegando el ápice de mi miembro a tu rosadita entrada, embarrándola del líquido goteante.

Soltaste hondos suspiros, elevando aún más tu cuadril, apoyándote con los codos sobre el colchón e intentando recuperarte de la asfixiada indirecta que te había ocasionado. Tragaste con dificultad, regalándome gemidos bajitos cada vez que experimentabas mi contacto.

Sin poder más, acomodé mi pene, hice presión y empecé a entrar en ti, envolviéndome de tu estrechez y calidez, mi fluido adquiriendo el trabajo de hacer la tarea más sencilla para ambos. Ahogaste un jadeo, creando con tus brazos una especie de almohada en la que no tardaste en refugiarte. Suspiré y gruñí, como consecuencia hundiendo mis dedos en tu cinturita, dándome el lujo de maltratarla un poco más mientras apreciaba cómo mi falo iba perdiéndose dentro de ti.

Poseerte me hace sentir como el hombre más afortunado en todo el planeta tierra. Tu cuerpo es un dulce exclusivo para mí. Quiero llenarme de ti; que te llenes de mí. Simplemente, quiero todo de ti.

Tras terminar de entrar, comencé inmediatamente con penetraciones duras y profundas, no necesariamente rápidas. Me encargaba de sacar mi miembro casi en plenitud y hundirlo hasta el fondo, sintiendo bajo mi toque cómo te tensabas y mis oídos eran bendecidos con tus suspiros bajos y no tan bajos. Algunos iban más allá de las paredes que nos rodeaban y creaban eco.

Amo todo de ti, Jungkook...

Estoy tan enamorado ahora mismo.

Empecé a necesitar más, lo que me hizo actuar con frenesí. Te nalgueé, golpeé, entré y salí de ti con unas ganas que me sobrepasaban y sobrellevaban.

En algún momento cesé con todo, te volteé otra vez sobre la cama, terminé de quitarte la ropa y te acerqué a mí, mirándote con adoración e ilusión. Tu cabellera negra estaba húmeda gracias al sudor, tus labios más rojos quizá debido a las mordidas que les diste, tus ojos más fulgentes, tu piel brillante y caliente al tacto. Amo verte así y saber que soy yo el que lo ocasiona.

Te arrastré, abrí tus piernas y volví a penetrarte, esta vez tomando tu quijada y empezando un besuqueo que iba al compás de las estocadas que te propinaba. Tus ojos se cerraron y con cierta torpeza intentaste seguirme; los míos, en cambio, estaban abiertos, admirándote en tanto yo me dejaba llevar por las ganas que abarcaban mi cabeza y mis necesidades humanas que únicamente tú conseguías sacar a flote, o por lo menos momentáneamente.

Descansamos por lapsos; mismos lapsos en los que yo bajaba el ritmo y en los que entrelacé tus manos con las mías, posicionándolas por encima de tu cabeza, sometiéndome más y más a mí.

Me reincorporé, mirándote fijamente.

—Me encanta cómo te ves así...

—¿Cómo?

—Así... tan dispuesto a dejarte amar por mí.

Todos en la sala resollaron, sacándome de mi fantasía.

—Kim Taehyung, retráctese de sus palabras.

—¿Qué palabras?

—Las que acaba de decir, por supuesto.

Sonreí ladino, sin quitar mi atención de ti. Me encogí sutilmente de hombros, escuchando a mis espaldas a las familias de mis víctimas gritar maldiciones y sintiendo la mano de mi abogado encima de mi hombro, mirándome con preocupación, casi como si yo estuviera completamente loco.

Soy un romántico empedernido. Si de algo estoy loco, es justamente de amor.

—M-mi cliente pide excusas, su señoría Jeon.

—Pues quiero escuchar dichas excusas salidas de sus propios labios.

Mis ojos seguían sobre ti, cual demonio que anhelaba llevarse tu alma a arder a los confines del infierno.

Bufaste, tragaste en seco y bajaste la mirada a tu dictamen.

—Kim Taehyung, acusado de homicidio premeditado a diferentes individuos engañados bajo falsas promesas de amor, mismos que escondió y enterró en el patio trasero de su vivienda, que maltrató previa y posteriormente a la muerte y a quienes demostró repudio y misantropía.

¿Repudio y misantropía? Yo prefiero llamarle “cansancio”.

Tantas veces extraño amar. Tantos me aman, pero yo no amo a nadie, que en ocasiones simple y llanamente quiero demostrar mi amor y luego irme, cuando sienta que ya no queda nada más en mí para brindar.

—Sin derecho ni justificación, lo que se traduce como desprecio humano y posible psicopatía —seguiste leyendo—. Solo bajo una absurda frase sin sentido. “Extraño amar”.

Y es así.

Extraño amar, Jungkook. Estaba tan feliz en mi imaginación dándote amor a ti...

Extraño amar. Entre tanto odio, a veces solo extraño amar. Todos me aman, pero... ¿A quién amaré yo? Quiero amar.

—Por las presentes, Kim Taehyung es declarado... culpable, y será condenado a cinco cadenas perpetuas. 458 años en prisión.

Toda la sala aulló de alegría, mientras que yo mantenía mis ojos fijos en ti.

Eres tan hermoso. Nunca creí que alguien fuese inalcanzable, y aunque tú sí que das la idea de serlo, lo cierto es que nada ni nadie en este mundo es imposible para alguien como yo.

Extraño amar...

Quiero amarte a ti, Jeon Jungkook.

Quiero amarte tanto, tanto, tanto.

Quiero que me dejes seco de amor, y cuando ya no haya nada más en mí para brindarte, usar tu cuerpo sin vida hasta desgastarlo, convertirte en cenizas, enterrarte en mi patio y que de ti salgan flores tan bellas como tú.

Seguramente crearías las rosas más preciosas de todas.

«Extraño comprar flores teniendo en mi mente a alguien, o en su defecto arrancarlas y marchitar su belleza únicamente por amor a alguien».

Tus flores serían tan hermosas que no me atrevería a arrancarlas ni hacer que su belleza se marchitara únicamente por amor a alguien...

Incluso si para ese momento esté extrañando amar con toda mi maldita alma.


{. . .}

EXTRAÑABA TANTO ESCRIBIR OS. Escuché “si tú supieras” de Alejandro Fernández y de la nada se me vino este os a la mente.

Tal vez yo también esté extrañando amar...

—houndix