Rowoon "el mejor novio"

Recordar cómo empezó todo me hace suspirar. Me di la oportunidad de salir con Rowoon porque, seamos sinceras, es el hombre que cualquier mujer desearía en sus sueños: agradable, guapo, educado y con una galantería que me desarmó desde el primer día.
Ahora estábamos aquí, en las cabañas de la montaña, listos para pasar nuestro primer fin de semana como novios. Sentía que el corazón se me salía del pecho cada vez que él me miraba y mi timidez se volvió mi enemiga Y entonces: un mensaje de Min-ho.
Rowoon se tensó. Su rostro, siempre perfecto, se nubló por un segundo.
—¿Necesitas tiempo para responder ese mensaje importante? —preguntó, alejándose lentamente. Su voz sonaba herida, como si ocultara una decepción profunda—. Ok, te dejo un momento. Atiende eso ahora. De verdad espero que pongas todo en su sitio; tú ya estás en una relación conmigo.
Me quedé helada. Se sentía tan intenso. Sé que suena inmaduro para mi edad, pero sinceramente no sabía qué hacer. ¿Cómo se maneja a un novio celoso cuando ni siquiera has tenido amigos hombres?
—No, espera, estás malinterpretando... —alcancé a decir, pero él ya entro a la cabaña.
Con las manos temblorosas, llamé a Marydan. Necesitaba que ella pusiera orden con Min-ho.
—Comunícate con el señor Min-ho y pídele una cita para el lunes —le ordené a mi amiga—. No le des explicaciones ni mi ubicación. Voy a apagar el celular.
Al entrar a la cabaña, Rowoon estaba de espaldas. Al oírme, se giró y me regaló esa sonrisa que me hacía olvidar cualquier problema.
—¿Solucionaste todo?
—No tengo nada que solucionar con nadie —respondí, acercándome a él—. Ahora mismo nada importa más que nosotros dos.
Rowoon me rodeó con sus brazos y me miró con una ternura que me hizo flaquear las piernas.
—Entonces, dame un beso. Pero no cualquier beso... quiero que me des uno como jamás en tu vida lo has hecho.
Se acercó lentamente y me besó. La intensidad subió en un segundo. Sus manos guiaban mis movimientos con una seguridad que me fascinaba y me aterraba a la vez. Cuando nos dirigimos hacia la cama, mis nervios ganaron la batalla. Me detuve en seco. Era demasiado pronto; en mi mente, una semana más era lo "correcto".
—¿Qué pasa? —preguntó él, suavemente—. Pareciera que te has asustado.
—Estoy un poco asustada —admití, sintiéndome como una colegiala—. Recién ayer acepté ser tu novia. ¿Podríamos ir más lento?
—Entiendo tu miedo, preciosa —dijo él, dándome un beso en la frente que me hizo sentir protegida—. No te presionaré. Vamos tranquilamente. Creo que será mejor que pida otra habitación; estar cerca de ti puede hacerme caer en tentación. ¿Te convence eso?
Me reí, encantada por su caballerosidad. Pasamos el día recorriendo pueblos pintorescos, tomados de la mano. Rowoon estaba atento a cada una de mis peticiones, haciéndome sentir como la mujer más especial del mundo. Pero al regresar por la noche, el "destino" nos jugó una broma: ya no había habitaciones disponibles.
—Mi hermosa, de verdad que no te haré pasar un mal momento. ¿Me dejas quedarme aquí? —me pidió con una mirada de cachorrito.
—Entonces quédate... ¿no se puede hacer nada más, o sí? —respondí, dejándome llevar por un momento de audacia.
Empezamos a besarnos, pero fue él quien se apartó esta vez, cuidando mis límites.
—Será mejor que veamos una película para quitar los "malos pensamientos" —bromeó.
Nos acostamos a ver la televisión, pero yo no podía dejar de mirarlo. En mi mente pensaba que estaba desperdiciando la noche, que quizás debía ser más valiente, pero mi inseguridad me mantenía "mojigata". Rowoon se dio cuenta y me pellizcó la nariz con cariño.
—Estás muy ansiosa, Stefany. Pasas saliva y te sonrojas... pero te estás controlando. Puede más tu pensamiento antiguo que las ganas de sentirte mujer, ¿verdad? —me abrazó fuerte—. No seas promiscua, aguanta un poco más. Duérmete, no te haré pecar si no quieres.
Me quedé dormida entre sus brazos, sintiéndome a salvo. Pero a medianoche, escuché que atendía una llamada en la terraza, hablando en coreano. No entendí nada, pero una corazonada me despertó. Fui al baño y descubrí que mi periodo había llegado. Cuando salí, Rowoon me esperaba con una noticia: debíamos volver temprano por un evento de su padre.
—Puedes irte si gustas, yo puedo regresar con Marydan —le sugerí, pero él se negó, al notar mis compresas en la mano.
Se portó como un ángel. Me obligó a ponerme calcetas, me trajo una almohadilla caliente para el vientre y cocoa. Me sentía abrumada por sus cuidados; realmente se estaba esforzando por ser el mejor novio del mundo.
Al día siguiente, después de un desayuno perfecto donde Rowoon bromeó con su "belleza de semidiós", regresamos a la ciudad. Pero al llegar, el ambiente cambió.
Rowoon parecía molesto por la llamada de su padre y me dejó cerca de una base de taxis.
—Tengo que dejarte aquí, amor. Nome puedo desvíar. Toma un taxi —me dijo antes de irse a toda velocidad.
Me quedé ahí, con mis maletas y una sensación extraña de vacío. Y fue entonces cuando el apareció. 
Un auto frenó frente a mí y Lee Min-ho bajó con esa cara de pocos amigos que siempre carga. Sin dejarme protestar, me jaló del brazo y me metió a su coche.
—¡Eres su novia, no su amante! ¿Por qué te deja aquí tirada? —gruñó Min-ho mientras arrancaba—. ¿Sabes si no es casado? ¡Deberías saber que el Director quiere que seamos pareja! No fui a buscarte a la montaña por respeto, pero esto es demasiado.
—¡Cállate, Min-ho! ¡No es asunto tuyo! —le grité, pero él solo sonrió con ese cinismo que me saca de quicio.
Llegamos a mi casa. Min-ho bajó mis maletas y, para mi horror, sacó las suyas.
—¿Tú a dónde vas? —pregunté, sintiendo que el dolor de cabeza me explotaba.
—¡Sorpresa! Soy tu nuevo roommate —soltó con una carcajada—. Marydan se mudó ayer. La casa es del Director, y él decidió que yo viviré aquí.
—¡Rowoon se va a morir! ¡Esto se va a malinterpretar! —exclamé, entrando a la casa en estado de shock.
Min-ho me tomó por los hombros, su expresión cambió a una de esas que me hacían sentir que él podía leer mi alma.
—¿Dónde quedó la mujer empoderada, Stefany? Pareces un cachorro asustado. ¿Tanto lo quieres? —se acercó más, invadiendo mi espacio—. No dejaré que te manipule. Tú misma vendrás a mí cuando te des cuenta de a quién amas de verdad. ¡Te extrañé, de verdad lo hice! ¡Ah sí ! ¿Hacia donde queda el súper ?
Me solté de él y corrí a mi recámara, cerrando la puerta con seguro. Me tiré a la cama haciendo un berrinche, mientras escuchaba a Min-ho reírse desde la sala. Mi vida perfecta se había convertido en un campo de batalla entre el "novio perfecto" y el "intruso cínico".