Chapter 1
Tres años atrás...
El barco danzaba al compás de las olas, un vaivén constante que hacía mecer la caña de pescar en manos de Anya Acosta. Un quejido escapó de sus labios, la frustración evidente en su rostro.
— ¡Nada! —exclamó, su voz apenas un susurro sobre el rugido del mar. El capitán Park, a su lado, soltó una risilla divertida y le ofreció una botella de agua. — Dame un buen trago, el agua me oxida.
— Vamos, Anya —dijo el capitán, abriendo la hielera en busca de algo más fuerte. — Lo tuyo no es la pesca.
Sonrió ampliamente, sus ojos arrugados por las líneas de la experiencia.
— Lo sé, pero tengo antojo de una buena comida, no de lo que traes ahí —respondió Anya, tomando un trago de la botella y señalando la segunda hielera, repleta de kimchi. — Necesito carne, o juro que me crecerán repollos en el trasero.
— Sería un buen negocio —bromeó el capitán, haciendo suspirar a Anya. — Ni una sonrisa, eh.
Meneó la cabeza, acomodándose en su silla plegable, la misma que lo había acompañado durante los largos años que llevaba surcando los mares. Para Anya, lo mejor de estos viajes era la soledad, la ausencia de miradas indiscretas.
— No me gusta sonreír —dijo Anya, lanzando el anzuelo de nuevo al agua. — No es mi estilo.
Anya Acosta. Insegura, sí, pero con una coraza impenetrable que ocultaba su fragilidad. Doce años trabajando junto al capitán Park, doce años desde que él la encontró en un callejón oscuro, un pálido espectro de niña, apenas una sombra entre las sombras de la ciudad. Las frías calles la habían visto crecer, marcada por el hambre y el abandono. Robaba comida para sobrevivir, un acto desesperado que le había traído golpes y desprecio de los comerciantes. Solo tenía nueve años. ¿Qué podía hacer?
Pero el capitán Park, un hombre que surtía de pescado a esos mismos locales, la vio. Vio su potencial, su agilidad, su tenacidad. La recogió, la enseñó a navegar, a pescar, a sobrevivir. Él le enseñó coreano, ella le enseñó español. Una extraña simbiosis entre dos mundos, dos lenguas, dos vidas. Él la conocía, conocía sus silencios, sus miedos, la fortaleza que había construido para protegerse del mundo. Sabía que la confianza no le llegaba fácilmente, que cada sonrisa, cada palabra, era un acto de valentía. Y sabía que ella hacía este trabajo no solo por el dinero, sino por la libertad que le daba, la independencia que tanto ansiaba.
— Ay, debí traer algo más —dijo el capitán, rascándose la cabeza y quitándose la gorra. — Pero lo olvidé.
Tomó un sorbo de su soju.
— Descuida, se que podré pescar algo, además ya estamos aquí, perdimos cargamento, pero podemos llevar pescado —respondió Anya, encogiéndose de hombros.
— Aunque debemos tener cuidado —dijo el capitán, terminando su bebida. — Escuchamos un disparo, no fue lejos de aquí.
Anya asintió, limpiándose las comisuras de los labios. El recuerdo del disparo la golpeó con la fuerza de una ola. Dos disparos, quizás. Fuego cruzado. Pero no era el sonido lo que la paralizaba, sino los recuerdos que lo acompañaban: la sangre, los cuerpos inertes, las miradas acusadoras que la perseguían, el peso de la culpa, aunque todos, de alguna forma, se lo habían buscado. El aroma a sangre salada la inundó, la imagen de la violencia la asfixió.
— ¡Anya! —la voz del capitán la trajo de vuelta a la realidad. — ¡Hay un cuerpo! —Anya soltó la caña, un jadeo escapando de sus labios. — Te dije que el disparo era cerca —dijo, su voz llena de preocupación.
En el horizonte, un cuerpo flotaba en el agua, golpeando el casco del barco con un ritmo macabro.
— ¿Murió? —preguntó Anya, su voz apenas un susurro.
— No —respondió el capitán. — Aún respira.
Se miraron a los ojos, la gravedad de la situación reflejada en sus miradas.
— Debemos ayudarlo —dijo el capitán.
— No sabemos quién le disparó, podríamos estar en peligro —respondió Anya, su voz firme, a pesar del miedo que sentía.
Con cuidado, entre los dos, lograron subir el cuerpo inerte de Jun-ho al barco. El joven estaba pálido, con una herida sangrante en el hombro. Anya, con una mezcla de nerviosismo y determinación, examinó la herida. Sus manos, acostumbradas a la rudeza del mar y la pesca, se movían con una inesperada delicadeza. El capitán Park, con la mirada fija en el horizonte, maniobraba el barco con experticia, su experiencia en el mar le permitía navegar con precisión, incluso mientras lidiaba con las olas y el viento.
— Necesita atención médica urgente —dijo el capitán Park sin apartar la vista del mar, su voz grave y firme. — Pero hasta llegar al puerto...
Anya, silenciando al capitán Park con una mirada, ya estaba trabajando. Con movimientos seguros y eficientes, limpió la herida con agua salada, procurando no causar más dolor. Luego, utilizando un trozo limpio de tela que siempre llevaba consigo, hizo un vendaje improvisado para detener el sangrado. Sus dedos, ágiles y hábiles, trabajaban con precisión, mientras sus ojos oscuros reflejaban la concentración. La experiencia de haber visto y tratado heridas en el pasado, le permitía actuar con rapidez y eficacia.
El capitán Park, observando en silencio el trabajo de Anya, sintió un nuevo respeto por la joven. Había visto su lado frío y distante, pero ahora veía su compasión y su habilidad. Era una mujer capaz de muchas cosas, mucho más de lo que aparentaba. Él, que la había encontrado en su peor momento, había sido testigo de su transformación, de su lucha por sobrevivir. Esta situación, la urgencia de salvar una vida, revelaba una faceta de Anya que él apreciaba aún más.
El viaje de regreso fue silencioso, interrumpido solo por el sonido del motor y el chapoteo de las olas contra el casco del barco. Anya, con la atención fija en Jun-ho, vigilaba su respiración y su pulso, asegurándose de que la hemorragia estaba controlada. El capitán Park, con su mirada firme en el horizonte, navegaba con precisión, guiando el barco hacia el puerto. El sol comenzaba a ponerse, pintando el cielo con tonos de naranja y rojo. La tensión del momento se sentía palpable, pero también una silenciosa esperanza. La vida de Jun-ho pendía de un hilo, pero Anya y el capitán Park harían todo lo posible para salvarlo.
Ignorando el terrible precio que tendrían que pagar por esa decisión.
#NOTA DE LA AUTORA: ¡Que onda! Ojala este capitulo sea de su agrado, en cuanto pueda actualizo. Como saben esta historia
será con mi hombre (uno de tantos) Jun-ho, por lo que se narrara lo que sucede afuera, no en los juegos, por su comprensión, apoyo y cariño ¡Gracias!