Colibrí frente al Corvus
Start writing hereEnfrento las dudas de mi comportamiento errático, compulsivo, despiadado; no obedezco razón alguna, o eso pienso en mi mundo de papel rayado excesivamente exagerado. Las opiniones son lápices de colores discordantes, rayan hasta borrar todo rastro de la obra maestra que fue la pintura en algún momento; es irónico pensar que los lápices de colores tengan la capacidad de borrar si no son borradores. Mi secreto es algo latiente, desbordante dentro de mi ser; este no es de papel como mi mundo, es de hueso, y cada uno de sus huesos alberga toda la ternura que te tengo, cubierto de lo que se le puede llamar seguridad de tacto.
¿Soy la persona más egoísta por pedirte tu cercanía? La palabra “cercanía”, en mi parecer, está tan mal escrita; “s” en vez de “c”, entonces sería “ser” “canía”, desaparece la “n”, junta todo y es lo que quiero. Caer contigo, olvidando las opiniones rayadas de la gente; quiero darte a ti eso que no tiene explicación, eso absurdo que enloquece a cualquiera, eso que no tiene reglas… No te asustes, querido, y no trates de salir volando como las virutas de los lápices gastados por ti y por la tonta que escribe cartas a todas horas, en donde sea, debajo de la mesa, encima de la cocina, caminando en la cama o durmiendo en la silla de la ventana. Jamás la muevo de su sitio; ya es normal ver hilos blancos, polvillo de oro y la huella de mi cuerpo en la silla, pero, pese a mi pésimo intento de demostración, nunca respondes una de las cartas cuidadosamente dobladas. ¿Acaso no te importa? Sabes que mis sentimientos también son reales, como los vasos de vidrio de tu cocina; esos adorados vasos con fresas dibujadas, romperlos sería para mí una satisfacción indescriptible. ¿Sabes por qué? Me desharía de la imagen tierna e infantil que ves de mí. No tiene nada de malo si algún día deseas utilizarlo, pero quiero que me veas como una mujer. La nieve reposa en mi ventana y el calor es inundado por el frío pensar de no verte en estas fechas. Tu risa ha sido la mejor para calentar el secreto evidente; por favor, no rechaces mi solicitud; tú me traes recuerdos bonitos de gente bonita.
Mi imaginación nos pinta en primavera, posando en una rama, contemplando lo que puede ser un punto engrandecido por nosotros; no podemos ver que solo somos polvo de una inmensa biblioteca. Disfrutemos entonces el hora de sabor a café y textura a pan tostado, tengámonos de una vez. ¿Qué esperas? Desaparece conmigo. Los libros que leímos los quemaré, las cartas las esconderé y la llave del cofre de la razón la perderé; amor o no, revolotearé como los colibríes para darte la mayor de las felicidades. ¿Aceptarías esto? Claro que aceptarás todo, pero mi edad nunca. ¿Por qué lo bueno y sincero tiene un precio a pagar? Es valiente enfrentar este sentimiento absurdo; te indignas y con tu capa negra de plumas te vas con la esperanza de deshacer la fuerza de las miradas en los pasillos, los roces de pétalos a los pases de hojas y los buenos días que parecen más una declaración de amor. Esfuérzate por olvidar todo porque jamás de los jamases lo harás.
Profesor