Caída Libre

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Summary

Un accidente aéreo inesperado une los caminos de Asher y Olivia, dos jóvenes cuyas vidas no podrían ser más distintas. Asher, el hijo rebelde de una familia adinerada carga con un pasado lleno de excesos, resentimientos familiares y una dolorosa relación con su padre. Olivia, por otro lado, es una artista marcada por la pérdida y la fe que la sostiene a pesar de las tormentas de la vida. Ambos son obligados a enfrentarse no solo a sus heridas físicas, sino también a los abismos emocionales que los consumen. La tragedia los obliga a enfrentar sus miedos, sus heridas físicas y emocionales, y los fantasmas de su pasado. En el hospital, su encuentro es el inicio de una relación compleja, llena de tensiones y conflictos, pero también de momentos de crecimiento y transformación. Mientras Olivia busca compartir su fe y esperanza, Asher se resiste, atrapado en el dolor y la culpa. A través de pruebas, reconciliaciones y distancias necesarias, ambos inician un viaje hacia la redención. Asher descubre la posibilidad de un cambio real al enfrentarse a su propio vacío y encontrar consuelo en una fe que nunca había considerado. Olivia, mientras tanto, lucha por sanar sus propias heridas y seguir adelante. ¿En un mundo roto, la fe y el amor pueden ser suficientes para reconstruir todo?

Status
Ongoing
Chapters
7
Rating
n/a
Age Rating
13+

¿Dejar de sentir o empezar a sentir alivio?

Todo parecía estar de cabeza, totalmente hecho de humo y cenizas. El inquietante silencio cubría el bosque, el mundo se había cayado por unos instantes. De manera súbita, el crujido de ramas y un chisporroteo de algo que aún ardía, rompían por completo ese momento de “calma”.

Asher despertó dando una gran bocanada de aire, apenas consciente de su entorno. Su visión tan borrosa no le daba ni una pista de dónde estaba, tuvo que parpadear varias veces para intentar ver algo. La sensación de que su cabeza iba a explotar lo sumergía en sufrimiento. Trató de moverse cuando una descarga eléctrica le atravesó parte del hombro y del pecho. Parecía que desplazar cualquier parte de su cuerpo era un infierno de dolor.

Su mente permanecía nublada por el impacto.

¿Dónde estaba exactamente?¿Cómo terminó ahí?

El aire era una mezcla de hojas chamuscadas, metal retorcido y algo más…sangre. El chico bajó la mirada y vio su pantalón desgarrado, con una mancha roja extendiéndose desde el muslo. Su pierna estaba torcida en un ángulo antinatural, sin mencionar que el dolor era insoportable.

Al tratar de incorporarse, su cabeza cayó hacia atrás con un mareo repentino. Llevó una mano temblorosa a su frente y sintió una costra pegajosa de sangre que cubría un corte justo sobre su ceja. La playera que llevaba estaba rasgada y su piel mostraba quemaduras rojizas. El hombro izquierdo continuaba mandando ráfagas de electricidad mientras palpitaba con un dolor profundo, como si alguien lo hubiera aplastado con una fuerza descomunal.

Sus recuerdos aún permanecían borrosos, pero una palabra resonaba en su mente: “mamá”. Asher giró su rostro hacia los restos del avión, el fuselaje estaba partido en varios pedazos, ahora sólo era una masa irreconocible de metal que ardía en medio del bosque. El paisaje parecía sacado de una pesadilla. El olor a queroseno quemado y carne chamuscada era casi insoportable. Su corazón empezaba a latir con fuerza, cada vez más rápido, a pesar de la debilidad que sentía. Sabía que su madre y su hermana estaban allí dentro o ¿estarían en alguna otra parte del bosque como él? Tenía que levantarse y buscarlas, pero en las condiciones en las que estaba, no podía hacer ninguna de las dos cosas.

Cerca de él, un débil gemido sobresalió de entre el silencio.

A unos metros, entre las sombras del bosque, entre el humo y las cenizas, una mujer joven yacía tendida sobre un lecho de hojas y tierra. Parte de su cabello parecía estar quemado, cubierto de polvo y su rostro estaba marcado por moretones y varios cortes profundos. Una de sus manos estaba envuelta en sangre seca; un trozo de metal la había atravesado. Su pecho subía y bajaba con esfuerzo, como si cada respiración fuese una lucha.

Los pantalones de la chica estaban desgarrados y ennegrecidos, había varios cortes en sus piernas. Su cuerpo entero temblaba con espasmos involuntarios. En su inconsciencia, la chica murmuraba algo, palabras ininteligibles que se mezclaba con el zumbido que aún resonaba en sus oídos. Sus labios se movían débilmente pero no tenía la fuerza para pronunciar aquello que su mente quería expresar.

El sonido de las ramas quebrándose y el fuego consumiendo todo a su alrededor, la trajo a un estado de seminconsciencia. Intentó levantar la cabeza, pero el mundo giró a su alrededor. Cuando abrió los ojos por completo, lo único que pudo ver fue la figura de un joven que se arrastraba hacia ella. Parecía estar haciendo un esfuerzo descomunal, impulsándose con un solo brazo. Entre todo el humo y el polvo del bosque, ese hombre parecía un fantasma en la penumbra.

Para Asher cada movimiento era un esfuerzo sobrehumano, una agonía. Las lágrimas rodaban por sus mejillas mientras su brazo sano empujaba su cuerpo unos pocos centímetros a la vez. Al estar más cerca de la mujer, se echó de espaldas y cerró los ojos unos segundos. Sus pulmones ardían cada vez que su pecho subía. Buscó a ciegas el hombro de la chica que se encontraba a su lado.

-¿Estás…viva?-murmuró. Su voz era ronca, apenas un hilo.

La mujer asintió débilmente mientras dirigía su rostro hacia él. Sus labios estaban temblando, al igual que todo su cuerpo en sí.

-No…sé-respondió ella. El peso de sus palabras se hundió entre ambos.

¿Qué estaban haciendo ahí para empezar?¿Se trataba de un mal sueño?

-Saldremos de esta-susurró Asher mientras enfocaba su mirada en la chica.

La reconoció. Era la pasajera que estaba sentada a unos asientos de él, ¿cierto? La chica del cabello castaño que había estado dibujando en un cuaderno antes del despegue. Era ella. La misma chica misteriosa que vio en el aeropuerto, con su audífonos de diadema, moviendo su lápiz como si no hubiera un mañana. Estaba sola en ese vuelo.

-Hey- dijo Asher en un suspiro. Era como si su garganta estuviera cubierta de vidrio roto.

La chica misteriosa no respondió. Sus labios seguían temblando. Sus dedos se movían débilmente, intentando aferrarse a la tierra como si eso pudiera anclarla al mundo.

-No…te duermas- la urgencia en la voz del chico le arrancó un gruñido de dolor. La pierna herida lo estaba traicionando, cada movimiento enviaba punzadas ardientes desde su muslo hasta su cadera-Oye, tenemos que estar despiertos. Vendrán… por nosotros.

La chica abrió los ojos lentamente, sus pupilas estaban desenfocadas.

-¿Qué pasó?-su voz estaba quebrada.

-El avión…-respondió Asher, tragando lo que parecía ser sangre, para mantener la claridad- Se estrelló… lo que importa ahora… es que estamos vivos.

Ella lo miró, intentando procesar sus palabras. Lágrimas silenciosas comenzaron a rodar por sus mejillas mientras un sollozo escapaba de sus labios.

-Duele-dijo ella en apenas un susurro.

Asher apretó los dientes. El dolor empezaba a apoderarse cada vez más de él, que en cualquier momento se podía desmayar.

-Mírame-exigió Asher en un tono más firme de lo que se sentía- Habla conmigo, ¿cómo te llamas?

La muchacha parpadeó lentamente, luchado por enfocarse en él, en mantenerse despierta más tiempo.

-O…Olivia- su voz se quebró al pronunciarlo.

-Asher-la respiración del chico empezaba a hacerse más pesada- Vaya… forma de- un gemido lo interrumpió, le estaba exigiendo demasiado a su cuerpo- presentarnos.

-Ajá..

Olivia empezaba a desvanecerse poco a poco. Se estaba rindiendo ante el dolor, el cansancio y los golpes que había recibido durante el impacto.

-Vendrán por nosotros…-las lágrimas rodaron nuevamente por el rostro de Asher. La frustración y el miedo lo estaban quemando por dentro.

El bosque parecía cerrarse a su alrededor, una prisión de oscuridad, humo y miedo. No había nadie más. Ningún sonido de sirenas, ningún grito de ayuda. Solo ellos dos atrapados en un limbo entre la vida y la muerte.

Después de un rato Asher cedió a la oscuridad, sus oídos zumbaban así que no podía escuchar del todo. Estaba exhausto, le faltaba el aire, sentía el frío recorrer su cuerpo y envolviéndolo. Esa sensación tan extraña de muerte lo invadía de nuevo, como un suave toque de ¿alivio? Probablemente era porque ya no estaba sintiendo su cuerpo, era como si se hubiera desconectado de la realidad por completo.