Prólogo
— Año 20XX [En alguna parte de Rusia Oriental]
Yo era una página en blanco. Hacía y decía siempre lo que mi familia quería, no era diferente de un títere y sin embargo, no me di cuenta de ello hasta que fue demasiado tarde. Toda mi vida busqué la aprobación de mis padres pero se me fue negada sin importar que mis manos y mi cuerpo sangrasen. Yo fui un completo idiota, un ingenuo que pensó que si daba todo de mí y me esforzaba, eventualmente, ellos reconocerían mi valor y me verían con cariño y respeto pero eso fue un error, un error que pagaré con mi vida.
Ahora lo veo, la horrible vida que viví pasó ante mis ojos en un instante como un efímero sueño. Y en este preciso momento en que mi frío aliento se escapa de mi cuerpo puedo estar seguro, yo moriré aquí hoy. Moriré de la manera más patética y sin sentido en la que un ser humano puede morir.
Mi cuerpo que ahora es de piedra, mi piel que se a trasformado en un azul pálido; mis vasos sanguíneos, arterias y venas que se han congelado con cada segundo que pasa, me advierten que mi fin está cerca.¿Cómo no saberlo? moriré aquí en este desolado e inhóspito lugar. Estoy cansado, ya no tengo ganas de luchar ni de seguir adelante porque nada me espera del otro lado. Los padres que tanto amaba me traicionaron y me dejaron aquí para morir como un perro o, mejor dicho, para ser comida de lobos.
— Ja, malditos bastardos.
Tengo frío, hambre y un cansancio que ha sido acomulado a lo largo de estos treinta años. No quiero morir así pero se han agotado mis opciones, ya no me queda nada. ¿Alguna vez mi existencia tuvo sentido?, ¿qué he hecho para merecer esto? Solo fui lo que ellos querían; solo hice lo que ellos necesitaban que hiciera, fui su fiel esclavo, su perro más leal y un hijo obediente. Y aún así, se atrevieron a destruir lo único que alguna vez me importó y quise. Todo es culpa de ellos, los maldigo.
— No. No te mientas, Jimin. Esto es culpa tuya.
Sí, no puedo engañarme. Todo esto pasó porque fui débil, un cobarde que siempre huyó de lo que era correcto. Fui un monstruo que dañó y redució a cenizas a familias enteras por el "bien de la familia". Mi muerte no es más que una justicia divina y me lo tengo merecido por todo lo que hice, apesar de que estoy lleno de arrepentimientos por aquellos inocentes que llevé a la desgracia, lo único que está ahora en mi mente y corazón es el asqueroso y ruin deseo de venganza. Si tan solo pudiera llevarlos al infierno conmigo sería menos desdichado pero no es así, solo me queda esta maldita autocompasión y rabia.
— Si comenzara de nuevo, ¿podría ser libre?
No. Definitivamente, no. Sería de nuevo un esclavo y daría mi alma a cualquier ser que pudiera concederme el deseo de ver sus cabezas desprenderse de sus cuellos, observar sus rostros llenos de dolor y desesperación.
— Espero verlos en el infierno malditos bastardos y una vez ahí me vengaré de todos y cada uno de ustedes. De toda nuestra podrida familia, lo juro.
— ¡Chamán, Chamán!
— ¿Qué pasa, niño? No grites o harás a los espíritus enfurecer.
— Lo siento, es que salimos a cazar y encontramos un cuerpo. Lo traje a la aldea porque es extraño.
— ¿Dónde está?
— ¡Por allá!
— ¡Oh, ancestros. Por fin a llegado el elegido!
— Es este, Chamán. Mírelo, es extraño y su ropa también lo es.
— Tuviste una muerte miserable. Puedo ver que tu vida fue maldecida por cuatro demonios, hombre del Sur. Los espíritus no están complacidos con tu partida.
— ¿Chamán?
— Llévalo a la tienda, es momento de iniciar el ritual.
— Sí, Chamán.
A ti que estás marchito; a ti que has muerto por dentro y por fuera, a ti que has perdido la esperanza y el camino, a ti que has vivido solo porque respiraste el fino aire, te digo: ¡Que tu alma escuche con atención y se grábe lo que diré en la carne y en los huesos!
— Sé el otro; sé el mismo, sé ambos.
Los espíritus guiarán el camino hacía la luz, sigue ese camino y no lo pierdas nunca más. El momento ha llegado, es ahora y está hecho.
— Chamán, ¿terminó?
— Sí, nuestro trabajo ya está hecho.