Entre colmillos y garras /Jacob Black/ Oc / BL

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Summary

William Masen es un chico normal con una vida normal, pero en el hay secreto que nadie sabe... No, no es superhéroe, ni tampoco un ser de otro planeta. Esto tiene que ver con antes de que el naciera, se trata de su antepasado, un gran antepasado, que, con el tiempo, pasara de ser su tío a hermano, a sobrino y a nieto, es sobre su adorado tío Edward, un vampiro con quien vivirá a partir de ahora debido a la muerte de su padre. A partir de hoy ira a Forcks, donde encontrara un amor poco convencional en un chico llamado Jacob, que lo hara enfrentar muchos problemas, así William se encontrara en colmillos y garras, luchando por su amor.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
13+

Vampiros


Su familia siempre ha sido "especial".


Sus padres y él, son como toda familia. Pero tienen un secreto muy peculiar.


¿Creen en vampiros? Bueno, pues William tenía 10 años cuando comenzó ha hacerlo. Recuerda muy bien el día que paso.


Una tarde en particular varios hombre y mujeres llagaron a la casa de su padre después de la muerte de su madre, el funeral apenas había comenzado así que el pequeño no le tomo mucha importancia. Se sentía demasiado mal para saludar a las personas, si su madre estuviera viva lo regañaría por ser maleducado, pero no lo estaba, así que, que más daba...


— William — lo saludo uno de los hombres acercándose a él, se le hacía conocido de alguna parte, tenía la nariz de su padre ¿eran familia? — Soy un primo de tu padre.


— Mucho gusto — contesto sin más, no sabía que su padre tenía más familia, él solo sabia del abuelo Richard, quien ya había fallecido. Pero el hombre lo veía con cierto brillo en los ojos, como si recordara a alguien muy especial en él pero ¿a quien?.


— Te pareces a mi hermano— le dijo. Pero William lo noto, parecía que ese hombre leía mentes o algo por el estilo. No quería ser grosero, pero a menos de que ese hombre no leyera mentes a el que le importaba si se parecía a su hermano. Y entonces el hombre rio como si le hubieran contado un buen chiste.


— Disculpe, pero ¿De qué se ríe? — pregunto con el entrecejo fruncido.


— De lo mucho que te pareces a tu padre. — acaricio su cabeza con un gesto delicado, despeinando su negro cabello.


William se extrañó aún más, y pensó con nerviosismo que era muy raro que aquel hombre lo tratara como si fuera su hermano menor cuando no conocía ni su nombre.


— Me llamo Edward — se presentó con una sonrisa.


Bueno, han oído el dicho de que una gota de agua puede derramar un vaso entero, pues para el pequeño esa fue la última gota en su curiosidad, una que debía ser saciada. Miro a Edward a los ojos con un brillo especial, este hombre y estaba cien por ciento seguro de eso, podia leer las mentes.


El resto del tiempo se la paso observando al hombre, pero este parecía de lo más normal, aunque un poco raro. El resto de las personas que venían con el también eran raros, uno de ellos parecía un oso gigante, pero era muy alegre y le gustaba jugar con él, la chica que era su pareja era muy dulce con el, siempre le daba dulce y le acariciaba el cabello. Otro de ellos era muy callado pero cada que lo veía le sonreía, además le gustaba ayudarle en sus travesuras (de las cuales Emmett fue víctima) por alguna razon a su lado se sentía más seguro al decir sus excusas cuando los atrapaban, su pareja era una chica muy alegre que tenía aspecto de hada ambos disfrutaban de leer y era como una gran amiga.


Edward era muy divertido, habían jugado al ajedrez y William no pudo ganarle ni una vez, al parecer su frustración siempre divertía al hombre, ambos amaban la historia y encontraron eso en común. Los más grandes, eran Carlisle y Esme, ambos lo trataban como si fuera su nieto, a pesar de que se veían más jóvenes que su abuelo, a quien no conocía, pero sus gestos eran un poco anticuados.


Entonces William comenzó a preguntar. ¿Por qué Emmett era tan fuerte? ¿Por qué no les gusta salir cuando hay sol? ¿Por qué parecía que no comían? ¿Por qué parecían ser tan rápidos? ¿Por qué siempre tenían la piel fría?


Y cuando descubrió la verdad, apenas pudo creerlo. Al principio se rio con ganas, pensó que debía ser un chiste, pero cuando vio la cara seria de su padre su risa seso. Le explicaron con cuidado todo el asunto incluyendo su conexión con Edward.


Resultan que el vampiro era su ancestro, o al menos el hermano mayor de su ancestro. Parece que después de que fue convertido en vampiro (hecho que no le dijeron como sucedió) no pudo ver nunca a su familia, pero siempre se mantuvo atento de su hermano menor quien en realidad solo era un año menor. Entonces cuando su hermano se caso, Edward apareció en la boda y le dijo la verdad, desde entonces toda la familia Masen conocía este secreto, incluyendo a su padre y abuelo.


Desde entonces y después de muchas demostraciones de sus dones y fuerza al niño que parecía encantado con tener un ancestro vampiro, los Cullen siguieron visitando a William, quien siempre de alegraba de tenerlos de visita.


Hasta que su amado padre falleció... Perder a su padre fue igual de horrible que cuando perdió a su madre. Los Cullen no pudieron asistir al funeral, parece que estaban muy preocupados por la pareja de su tío Edward, Bella. Ella era una humana, cuando se enteró que su tío salía con ella no pudo evitar estar muy feliz, aunque su romance era muy parecido al de las típicas novelas adolescentes. Espero conocerla más nunca se dio la oportunidad, parece que un amor entre una humana y un vampiro era muy complicado.


Asi que ahora después de la muerte de su padre aquí se encontraba, camino al frio pueblo done los Cullen vivían, aunque para ellos quizás era ideal.


El vuelo fue muy tranquilo, tanto que comenzó a aburrirse, así que comenzó ha hablar con la persona a su lado. Descubrió mucho sobre él. Su nombre era Tyler, tenía 16 años (era mayor que William) estaba regresando de un viaje junto a varios compañeros de su escuela, era tauro, le gustaba leer, su color favorito era el cafe y al parecer era un escritor novato. Conversaron durante el resto del vuelo hasta que aterrizaron.



[...]



Al salir del avion William se despidió de su nuevo amigo, no tardo en encontrar a los Cullen. Emmett era de tamaño de un oso, cualquiera podia parecer pequeño a su lado y Rosalie era una chica con cara de pocos amigos. Al verlo ambos le sonríen y el a ellos, al llegar es recibido por un gran abrazo de Emmett.


— ¡Cuánto tiempo, pequeño! — ya no era un pequeño, tenía 15, pero a comparación de Emmett, si que parecía uno. Alejándose de el con una sonrisa Emmett hace espacio para que Rosalie pueda saludarlo.


— William has crecido querido — la chica besa su frente con cariño. Rosalie siempre vio un hijo en él.


— Cinco centímetros para ser exactos — William suelta con gracia. Al parecer ser alto no estaba planeado en sus genes. Hace tiempo que no la veía pero estaba seguro de que posiblemente apenas tenia la altura de Alice. Además de que su gusto por la ropa holgada lo hacía ver más pequeño de lo que realmente era.


— Espero tengas hambre porque Esme preparo un gran banquete para ti — tomando su equipaje Emmett y ellos caminan a la salida. El camino a la casa de los Cullen fue rápido, entre risas y anécdotas William menciona la fiesta de cumpleaños que la familia organizó a Bella, la pareja de su tío Edward.


— No la conozco mucho así que le compre esto — le muestra a la pareja un hermoso reloj femenino.


— Te molestas demasiado, cariño — dice Rosalie — No debes llevarle nada, apenas la conoces.


— Pero me gustaría que nos lleváramos bien — hacer amigos le era fácil. Podia hacerlos donde fuera. Pero, aun así, no podia evitar sentir cierta ansiedad al pensar que quizás podia no agradarle a Bella.


Cambiando de tema llagaron a la casa, bajando con entusiasmo y dejando atrás a la pareja de vampiros William entra con alegria abriendo la puerta un poco fuerte. Esme, Carlisle, Jasper y Alice lo recibieron una sonrisa.


— ¡Liam! — Alice lo abrazo y como había sospechado tenían la misma estatura. Con una sonrisa le devolvió el abrazo.


— Cuento sin verte, soldado — Jasper lo llamo por su peculiar apodo. Cuando Jasper iba a visitarlo solían jugar a los soldados y William siempre era él más destacado.


Separándose de Alice, William adopta una pose militar y responde: Un gusto general. Jasper ríe ante su actuación y revuelve con cariño su cabello.


Le mostraron su habitación que para su sorpresa tenía cama. Alice se encargó de decorarla por lo que tenía luces por aquí y por halla, varias fotos de la familia junto a William, un par de fotos de amaneceres y para su alegria, dulces por donde fuera.


Se sentó su cama que era demasiado grande, pero le gustaba el espacio extra. Recostándose con un suspiro el sueño comenzó a invadirlo, no lo había mencionado, pero vivir sin su padre le dolia. Pero sabia acostumbrarse a la perdida, primero fue el abuelo Richard, aunque en realidad era muy pequeño así que no lo recuerda bien. Después su madre, quizás, esa fue la que más le dolió. Siempre fue un niño de mamá, un secreto que todos conocían, tal vez porque era hijo único. Y ahora su padre, después de haber perdido a su madre, se acostumbró a ese dolor, pero eso no significaba que doliera menos, solo que ahora podia disimularlo.


Se alegraba de que los Cullen lo cuidaran, solía ser un poco animado, así que esperaba no ser un problema. Se había quedado dormido sobre la enorme cama sin siquiera desvestirse. La calidez de las cobijas y el suave aroma a lavanda impregnaban la habitación, dándole una sensación de hogar que hacía mucho no sentía.


No supo cuánto tiempo durmió, pero una sensación de incomodidad lo despertó. Abrió los ojos lentamente y parpadeó varias veces para despejarse. Fue entonces cuando notó una silueta a los pies de su cama.


— ¿No te parece que dormiste suficiente, soldado? — La voz de Jasper sonó con diversión, aunque su rostro mostraba su típica calma.


William se sentó de golpe, todavía adormilado.


— ¿Qué hora es? — preguntó, frotándose los ojos.


— Casi mediodía — respondió Alice desde la puerta, con una sonrisa traviesa. — Estábamos pensando en ir de compras, necesitas ropa nueva.


El chico rodó los ojos.


— ¿Qué tiene de malo mi ropa?


— No es mala — intervino Rosalie, entrando junto a Esme. — Solo que con tu estilo tan… relajado, podrías pasar por el hermano menor de Alice.


— Y no queremos eso, cariño — agregó Esme con dulzura.


William suspiró. Sabía que no podía escapar de Alice cuando se trataba de moda, así que no tenía sentido pelear.


— Está bien, pero con una condición.


Alice entrecerró los ojos, sospechando.


— ¿Cuál?


— Después de las compras, me llevan a ver un partido de fútbol americano, en un restaurante.


Emmett, que acababa de entrar con Carlisle, soltó una carcajada.


— ¡Me agrada cómo piensas, pequeño!


Alice suspiró dramáticamente.


— Está bien, pero solo porque me caes bien.


Con ese trato cerrado, William se duchó rápidamente y se vistió con lo que tenía a la mano. Luego bajó al comedor donde, como era costumbre, Esme había preparado un gran banquete solo para él. Aunque los Cullen no comían, se habían asegurado de que él tuviera todo lo que necesitaba.


Mientras comía, notó que Edward no estaba presente.


— ¿Dónde está mi tío?


Los Cullen intercambiaron miradas. Fue Carlisle quien respondió.


— Está con Bella.


William asintió. Entendía que su tío estaba en una situación complicada, pero eso no quitaba que sintiera curiosidad por su pareja humana.


Tras terminar su desayuno, salieron hacia el centro comercial. Alice estaba emocionada, y aunque William intentó no comprar demasiadas cosas, terminó con varias bolsas gracias a la insistencia de sus “tías”.



[...]



La tarde continuó con normalidad. Fueron a un restaurante a ver el partido que William tanto deseaba, y como era de esperarse, Emmett estuvo más emocionado que nadie, gritando y animando como si su vida dependiera de ello, y los demás clientes por alguna razon lo hicieron con él.


Al volver a la casa Cullen, la noche ya había caído. Todos estaban relajados en la sala cuando Edward y Bella aparecieron.


William sintió una punzada de nervios. Se levantó del sofá y se acercó a su tío y a su pareja.


— Tú debes ser Bella — dijo con una sonrisa.


La joven asintió con timidez.


— Y tú eres William. Edward me ha hablado mucho de ti.


William le tendió el regalo que había comprado.


— No nos conocemos mucho, pero quería darte esto.


Bella tomó el paquete y lo abrió. Su expresión se iluminó al ver el reloj.


— ¡Es hermoso! Gracias, William.


El chico se sintió aliviado.


— Me alegra que te guste.


Pasaron un rato conversando. Bella era más reservada de lo que imaginaba, más notaba algo raro en las miradas que le dirigía. Alice rápidamente tomo a Bella y le entrego el resto de los regalos


Mientras Bella terminaba de desenvolver el resto de sus regalos, William se recargó en el sofá, observándola con interés. Se notaba que no estaba acostumbrada a recibir tanta atención.


— No tenías que traerme nada, de verdad — insistió Bella con una sonrisa tímida mientras dejaba el reloj cuidadosamente sobre la mesa.


— Es mi forma de decir que quiero llevarme bien contigo — respondió William con una leve sonrisa.


La conversación siguió su curso mientras Bella abría el último regalo. Pero en un descuido, el filo de una de las envolturas de papel le hizo un pequeño corte en el dedo.


— Ah… — Bella susurró apenas, observando la diminuta gota de sangre que aparecía en la yema de su dedo.


Pero eso fue suficiente.


El ambiente en la sala cambió en un instante.


William sintió la tensión en el aire antes de que pudiera procesar lo que estaba pasando. Un gruñido bajo resonó en la habitación, y cuando levantó la vista, vio a Jasper con los ojos completamente oscuros, su cuerpo rígido como un depredador acechando a su presa.


Todo pasó demasiado rápido.


Jasper se lanzó hacia Bella.


William apenas tuvo tiempo de abrir los ojos con sorpresa antes de que Edward reaccionara, empujando a Bella con fuerza para alejarla del peligro.


— ¡No! — rugió Edward mientras interceptaba a su hermano.


Bella salió disparada por la fuerza del empujón y cayó contra la mesa de cristal de la sala. El vidrio se hizo trizas bajo su peso, y un sonido desgarrador llenó la habitación cuando los fragmentos afilados se clavaron en su piel.


— ¡Bella! — gritó William, incorporándose de golpe.


El olor a sangre fresca impregnó el aire.


Jasper intentó dar otro paso hacia ella, pero Emmett y Rosalie lo sujetaron con fuerza.


— ¡Sácquenlo de aquí! — ordenó Carlisle con voz autoritaria.


Sin dudarlo, Alice se unió a Emmett y Rosalie, ayudando a arrastrar a Jasper fuera de la casa, aunque el vampiro aún luchaba contra ellos, su instinto cegándolo por completo.


Edward se quedó en su lugar, paralizado, con los puños apretados. Sus ojos estaban llenos de desesperación.


William apenas pudo procesar lo que acababa de suceder. Su respiración era rápida, su mente aturdida. La sangre… la reacción de Jasper… el sonido del vidrio al romperse…


— William — la voz dulce de Esme lo sacó de su trance.


Cuando giró la cabeza para mirarla, notó su expresión de preocupación.


— Ven conmigo — le dijo con suavidad.


Pero William no podía moverse. Sus ojos se dirigieron de nuevo a Bella, quien yacía en el suelo con el rostro pálido, los fragmentos de vidrio esparcidos a su alrededor y Carlisle arrodillado a su lado, ya revisando sus heridas con precisión.


Edward se apartó con la mandíbula tensa, evitando mirar la sangre.


— Edward… — murmuró Carlisle, pero su hijo negó con la cabeza y se fue sin decir palabra.


El sonido de la puerta al cerrarse hizo eco en el silencio tenso.


— William, vamos — insistió Esme, tomando su mano con delicadeza.


El chico asintió lentamente, todavía sintiendo su corazón latiendo con fuerza en su pecho.


Sin decir nada más, dejó que Esme lo guiara escaleras arriba, lejos de la escena caótica.


Al llegar a su habitación, Esme lo sentó en la cama con cuidado.


— Respira profundo — le pidió con dulzura.


William obedeció, intentando calmar el temblor en sus manos.


— Nunca… nunca lo había visto así — murmuró después de un momento.


Esme se sentó a su lado y le acarició el cabello con ternura.


— Jasper ha trabajado mucho para controlarse, desde que te conoció, pero a veces… el instinto es más fuerte — explicó con paciencia.


William asintió lentamente, aunque su mente seguía reviviendo la escena.


— No puedo dejar de escuchar el sonido del vidrio rompiéndose — confesó con voz baja.


Esme le sonrió con comprensión.


— Sé que fue aterrador, pero Bella estará bien. Carlisle la está cuidando.


William la miró con incertidumbre.


— ¿Y Edward?


Esme suspiró, su mirada reflejando tristeza.


— Está pasando por muchas cosas en este momento. Solo necesita tiempo.


William se quedó en silencio por un momento, asimilando todo.


Esme se inclinó y le dio un beso en la frente.


— Descansa, cariño. Mañana hablaremos con más calma.


William asintió, y aunque intentó dormir, sabía que esta noche sería larga.


Sabía que nada volvería a ser igual después de esto.