Un latido más cerca

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Summary

Candy, una chica de 16 años, lleva una vida ordinaria como la de cualquier estudiante, pero un día vio a una chica y sintió un interés repentino.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1: Un encuentro inesperado

Era un día soleado. Candy observaba el cielo a través de la ventana de su salón, perdida entre las formas de las nubes. Sus pensamientos flotaban tan ligeros como ellas.

“¿Podré amar y ser amada de la misma manera en que me gusta amar?” se preguntaba en silencio, suspirando suavemente.

Cuando llegó su hora libre, decidió salir a caminar para despejar la mente. El aire fresco y la luz del sol parecían prometer algo diferente ese día. A lo lejos, bajo la sombra de un árbol, vio a una chica dormida. Había algo en aquella escena que le llamó la atención, un impulso inexplicable la llevó a acercarse.

Dudó por un momento, pero finalmente se inclinó un poco y dijo en voz baja:

—Hey, despierta. Dentro de poco sonará la campana para regresar a clases.

La chica abrió los ojos lentamente, parpadeando confundida. Candy notó que había un pequeño hilo de baba corriendo por su barbilla.

—Creo que realmente estabas profundamente dormida —comentó con una ligera sonrisa—. Tienes algo de baba cayendo de la barbilla.

La chica se limpió rápidamente con la mano, sonrojada.

—Eh… ¿Eeeh? Lo siento, estaba tan cansada que terminé quedándome dormida. Por cierto, ¿quién eres?

Candy se rió suavemente.

—Oh, lo siento. Olvidé presentarme. Soy Candy. ¿Y tú eres…?

—Soy Melissa. Gracias por despertarme antes de que suene la campana.

—No hay de qué. Por cierto, ¿cómo pudiste quedarte dormida como si nada?

Melissa suspiró, rascándose la nuca con una sonrisa avergonzada.

—Es que me distraje viendo animes en la noche y, cuando me di cuenta, ya estaba amaneciendo.

—Oh… Apenas llegues a casa deberías descansar.

Candy no pudo evitar fijarse en Melissa. Había algo hipnotizante en sus ojos color marrón, brillando con la luz del sol. Su corazón latió un poco más rápido.

—¿Puedo tener tu número? Me gustaría conocerte más.

Melissa asintió con una sonrisa cálida.

—Claro, puedes considerarme tu amiga a partir de ahora.

Se intercambiaron los números. Candy no pudo evitar sonreír mientras guardaba el contacto. En ese instante, sonó la campana anunciando el fin del descanso. Candy sintió una leve punzada de decepción.

—¿Mañana estarás aquí? —preguntó antes de irse.

—Sí, la mayor parte del tiempo me siento aquí.

—Te veré mañana entonces. Procura no desvelarte viendo anime.

Ambas se rieron y se despidieron.

Esa noche

El día había terminado, pero Candy no podía dejar de pensar en Melissa. “¿Qué es esto que siento? Mi corazón late un poco fuerte al pensar en ella”, pensó, recostada en su cama tras un baño relajante.

Mientras miraba su celular, una notificación apareció en la pantalla:

Melissa: Holaa, Candy. ¿Ya estás en casa?

Candy dudó un segundo, pero decidió responder de una forma espontánea. Se tomó una foto en pijama y la envió.

Candy: Pues estaba pensando en acostarme, estoy algo aburrida.

Pocos segundos después llegó la respuesta:

Melissa: ¡Te ves taaan lindaaa!

El rostro de Candy se tiñó de un leve rubor mientras abrazaba su almohada.

Candy: ¿Puedo verte?

Melissa: ¿Verme?

Candy: Me refiero a si puedo ver una foto de lo que haces ahora.

Melissa: Aaah, claro. Solo dame un segundo.

Melissa envió una foto acostada en su cama, con su pijama desordenado y una sonrisa tranquila.

Melissa: Estoy igual que tú, en pijama y aburrida.

Candy apretó la almohada contra su pecho, sintiendo un calor inexplicable. Se quedó mirando la foto por un rato, distraída, hasta que una nueva notificación la sacó de sus pensamientos.

Melissa: ¿Estás ahí?

Candy reaccionó rápidamente.

Candy: Sí, lo siento. Me distraje un poco. Olvidé decirte que te ves muy linda. Mañana quiero verte.

Melissa: ¡Ahí estaré!

Candy: Solo no te quedes dormida o te tomaré una foto.

Melissa: Creo que me iré a dormir ahora para que eso no ocurra.

Candy soltó una risa suave y, al apagar la pantalla, se quedó mirando el techo, sintiendo que algo había cambiado en su corazón.