El monstruo en su interior (Naruhina)

Summary

Hubo un tiempo en que Naruto era la escoria en todo Konoha. Para él la vida no fue fácil, pero aprendió a no dejarse llevar por las habladurías o la fama de perro callejero por la que era señalado. Por hazares del destino se cruza con Hinata, y en medio de un malentendido que nunca se habla ella decide irse de casa apoyada por Sasuke quien la conduce a casa de Naruto como una alternativa hasta que encuentre donde vivir. Ahora deben convivir juntos una temporada. Dos personalidades distintas. Un alma libre, espontánea y que dice lo que piensa sin importar las concecuencias, además de otra que lo único que conoce es la tranquilidad del hogar y la familia con la que creció. ¿Cómo se las apañarán para vivir juntos? ¿Despertarán los deseos más primarios en ellos? ¿Caerán en la tentación? ¿Qué secretos desean mantener escondidos del otro? ¿Ganará el amor o la responsabilidad?

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Exiliado

Capítulo 1:Exiliado.

Hace dos años, en algún lugar de Konoha.

La noche trascendía perezosa, las horas pasaban llenándome de una ira profunda y punzante que me atravesaba el corazón, obnubilando mis sentidos por completo.

Me sentía perdido en cada pensamiento que surcaba mi mente mientras observaba la lúgubre celda que me mantenía lejos de mi propósito, de mi único objetivo: Recuperar a mi amigo, Sasuke.

La oscuridad era penetrante y asquerosa. Los barrotes me separaban de mi partida. Una lámpara titulaba colgada desde el techo de piedra dando un toque de luz a mi situación.

Sonreí, incrédulo, recordando las palabras “Hay luz en la oscuridad y bondad en la maldad”.

-¡Qué estupidez! -Dije, sintiendo que la furia volvía a reclamarme.

Me marcharía de Konoha, no había nada ni nadie que me hiciese cambiar de opinión, ni siquiera ella.

El monstruo dentro de mi había despertado, si yo era un cúmulo de emociones el zorro en mi interior era un punto ciego de vibras y colores, rojos y negros.

Sangre, eso me reclamaba el kiubi, amargura y miembros disparatados, odio y desolación. Quería poseer mi cuerpo como la última vez hasta lograr su cometido envuelto en aquella maldad que tanto lo identificaba.

Pude sentir su presencia cuando la dentadura me comenzó a arder, los colmillos se extendieron un milímetro, dolía como demonio, su energía me traspasó y emanó destilando en mi piel.

Unos pasos interrumpieron el silencio.

-¿Ya estas más calmado?

Preguntó mi maestro, Kakashi.

Me observó y frunció el ceño, o más bien parte de este, ya que la mitad de su cara reposaba oculta tras una máscara -Ya veo que no estás del todo calmado, Naruto.

Arrugó el entrecejo y con voz áspera asumió: -Dile a la zorra dentro de ti que se esté quieta.

Sonreí ante sus palabras.

-¡¿Qué me ha llamado?! -Gruñó Kurama.

El kiubi era de temer por todos. Un zorro prepotente y furioso que arrasó Konoha hace años.

Los aldeanos nunca olvidaron lo que sucedió y se mueren de miedo con sólo pensar que esa tragedia volviese a suceder.

Pero no mi maestro, Kakashi era miembro de Anbu y un representante directo de la quinta Hokage. Mi maestro no reculaba contra el poder que tenía y si lo hacía lo escondía muy bien trás su máscara.

Desde que tengo memoria he sido el portador del nueve colas. Lejos de temerle he aprendido a llevarme bien con él y a manejarlo, aunque a veces Kurama posee mi cuerpo y cuando eso pasa yo... Yo no me acuerdo de nada... La última vez Kurama cruzó los límites y la hirió. Él le hizo daño y eso jamás voy a perdonárselo.

Es por eso que ahora lo controlo. Me prometí que el kiubi no volvería a poseerme y muchos a herir a mi princesa.

-Kurama. Ve a dormir un rato -Le dije.

-Naruto, me necesitas para ir trás tu amigo. Déjame salir y nos iremos de aquí. Sólo un rato mas y ...

-¡Qué te vayas! -Puse todo mi empeño en hacer que el zorro se fuera y me dejara en paz.

Mi cuerpo aún dolorido se acercó a los barrotes para preguntarle a mi invitado -¿Qué quieres?

-¿Kurama?

-Se ha ido. Si quieres decir algo...

-La Hokage no te ha dado permiso de ir por Sasuke.

-¿Por qué? Soy perfectamente capaz...

-Naruto, -me interrumpe-, hace unos días Kurama casi destruye la aldea mientras peleabas con Orochimaru y todavía no sabes las consecuencias de eso.

-Pero yo..

-Ademas, viendo que eres un riesgo para todos la quinta ha tomado una decisión... Cuando te den la libertad mañana quedarás exiliado de Konoha por dos años.

-¡¿Qué?!

Los nervios comenzaron a brotar nuevamente.

La serenidad me abandonó y para colmo el zorro comenzó a reír, sus carcajadas exageradas me aplastaban los oídos.

¿Exiliado?

¿A dónde iré?

¿Qué va a ser de mi ahora?

¿Hinata lo sabrá?

¿Cómo estará al saber que debo marcharme de la aldea? ¿Vendrá conmigo?

-Naruto. No es el fin del mundo. La Hokage espera verte en la entrada, ella requiere hablar contigo.

-¡No quiero hablar con esa vieja! Vociferé, colérico.

-Como quieras. Yo debo irme -Se alejó pero sus pasos se detuvieron a escasos metros-. Por favor, que Kurama permanezca donde está. Hasta mañana.

Pasados unos segundos la voz energúmena y cortante del zorro astilló mi cabeza -¡Te desechan como si fueras basura! ¡Casi siento lástima de ti!

-¡Déjame en paz!

-¡Estás sólo! ¡Somos tú y yo!

No estaba sólo, la tenía a ella, mi Hinata, mi dulce y tierna Hinatita, la mujer tan especial que conocía cada rincón de mi mente, cada felicidad, dolor, objetivo y sentimiento.

Recordé lo que me dijo: “Los amigos son tesoros preciados, Naruto. Sasuke cometió el error de ir con Orochimaru, sólo tu puedes hacer que entre en razón y regrese y todo ese odio y deseo de venganza se disuelva. Para eso tu tambien necesitas prepararte. No será fácil ver a la cara de tu amigo cuando estás a punto de pelear contra él, porque eso tendrás que hacer, aunque sea por una buena causa, aunque duela”.

El recordarla hizo que me sintiera mejor.

Su cabello negro como un manto, las mismas hebras que acaricié cientos de veces, enredandolas entre los dedos, su tez blanca y tersa que me arropó en infinitas noches de soslayo, sus ojos blancos perlados, producto de la herencia de su familia, esos ojitos me miraban y yo me derretía. Cuando me acercaba para mimarla ella se sonrojaba, sus mejillas se formaban rojizas y tartamudeaba.

Yo quería tenerla pero habían muchos obstáculos en el camino, o más bien dos, uno de ellos una pequeña irritación en los testículos, su primo, Neji, el imbécil con título, un príncipe mimado y perfumado que la rondaba y no la dejaba respirar. Y el otro obstáculo, su padre, el Rey de Clan Hyuga.

Los primeros rayos del sol aparecieron y el guardia abrió mi celda.

La aldea estaba igual que siempre, ruidosa, los residentes paseaban de un lado a otro, haciendo sus compras y quehaceres, según me trasladaban más ojos curiosos se posaban sobre mi y el murmullo comenzó a extenderse. Dejé de mirarlos y seguí mi camino.

-Naruto.

-Señora Hokage -Saludé, cortante.

-No me odies -La vieja Tesenade se acercó y descansó sus manos en los hombros-. Yo quiero lo mejor para la aldea.

-Por supuesto -Mi tono indicó ironía.

-Tú también eres parte de Konoha. Esto es lo mejor para ti. Quiero que visites las aguas termales del norte del país. Me han dicho que Jiraiya está por allí. Él podrá ayudarte estos años con tu entrenamiento.

-No entiendo que quieres decir.

-No es un adiós. Es un hasta pronto.... Jiraiya sabrá que hacer.

-¿Y si quiero ir ahora mismo trás mi amigo? ¿Qué me lo impediría?

-Ella -Señaló detrás de mi.

Mis ojos recorrieron buscando a quien señalaba.

-¡Hinata! -Corrí a su encuentro, pero según me acerqué noté algo en el ambiente que no estaba bien.

Más hombres del Clan Hyuga se fueron acercando formando un redondel. Tantos ojos perlados me pusieron nervioso, sus uniformes verdes claros me engullian, me sentí débil y enano ante tantos Byakugans activos.

-Lo siento -Fue lo único que alcancé a escuchar de ella, sus ojos eran ríos acuosos, sollozaba, dolida.

-Naruto Uzumaki -Dijo el jefe del Clan, padre de Hinata-. No quiero problemas contigo, pero estoy dispuesto a tenerlos si insistes en ser digno de mi hija.

-Yo...

-Ella es mucho para alguien como tú. Es una princesa y tú... tú no eres más que un Don Nadie.

-Señor -Agregué apretando los dientes.

-Mi consejo es que luego de marcharte elimines de tu memoria cualquier rastro o posibilidad, por muy remota que sea, de tener a mi hija. Sé que has estado trás ella un tiempo y no pienso permitir que termine con un animal de tu calaña.

-Usted no sabe...

-Has sido exiliado por un tiempo. Eso significa que regresarás a la aldea. Cuando lo haga le sugiero que no se acerque a mis dominios buscando a una mujer que no le corresponde.

-¡Pero ella me corresponde! ¿Hinata...? -Dije, implorando que hiciese algo al respecto.

Una ráfaga cortante se estrelló en mi estómago. En un instante estaba de pie y al otro en el suelo. El viejo se atrevió a tocarme

-¡No vuelvas a mirarla! ¡No eres digno de tal osadía! ¡Te lo advierto Uzumaki no seré tan amable si vuelves a acercarte!

-¡¿Usted que sabe de nosotros?! ¿Cómo se atreve...?

-Estas avisado. Ella será castigada por permitir que un perro Callejero como tú mansillara su cuerpo.

Lo último que vi fue al clan Hyuga dispersarse y a Hinata cojeando del brazo de su primo.

Actualidad

Sentado frente al fuego.Sopesando esos recuerdos del pasado.

Transcurrieron dos años desde que me fui y ahora estoy de regreso.