🔞-ˋ₊˚. :𝑇𝑒𝑎𝑐ℎ𝑒𝑟'𝑠 𝑝𝑒𝑡: ‧₊°FreenBecky

Summary

Becky,una estudiante normal se ve en vuelta en una relación con su profesora de Enfermería, lo que no sabia era que su profesora se obsesionaria con ella. ❥ ✰ ┊ ☏ ﹄ :white_small_square: ♚ ◌HISTORIA ╰┈➤Pareja Lésbica. ╰┈➤Contenido Lesbico. ╰┈➤Diferencia de Edad. (20/35)

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo uno

El campus de la universidad privada de Bangkok estaba en plena efervescencia. Grupos de estudiantes conversaban en los pasillos, algunos repasaban apuntes a última hora, y otros simplemente disfrutaban de un descanso bajo la sombra de los árboles del jardín central. Becky Armstrong caminaba con paso rápido, apretando su mochila contra su hombro mientras esquivaba a los demás estudiantes. Su bata blanca se movía con cada paso, recordándole que en unas horas tendría que ir a su turno de prácticas.

Sin embargo, en ese momento, su mayor preocupación era la tutoría privada que estaba a punto de tomar.

—Dicen que la profesora Freen Sarocha es estricta, pero te ayuda a mejorar —le había comentado una de sus compañeras—. Aunque también dicen que es… peligrosa.

—¿Peligrosa? —había preguntado Becky con confusión.

—Sí, ya sabes… encantadora, pero con un historial de corazones rotos.

Becky había ignorado ese comentario. No estaba ahí para enamorarse ni para preocuparse por rumores. Solo quería aprender.

Cuando llegó al aula privada donde se llevaría a cabo la tutoría, Becky respiró hondo antes de tocar la puerta.

—Adelante —escuchó una voz firme al otro lado.

Empujó la puerta con cuidado y entró.

Freen Sarocha estaba sentada en un escritorio de madera oscura, con un libro abierto frente a ella y una pluma girando entre sus dedos. Llevaba una blusa de seda color crema y un pantalón negro ajustado que resaltaba su figura esbelta. Su cabello oscuro estaba recogido en una coleta suelta, con algunos mechones cayendo despreocupadamente sobre su rostro.

Cuando alzó la vista y la clavó en Becky, esta sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Becky Armstrong? —preguntó Freen sin levantar una ceja.

—S-Sí, profesora.

Freen sonrió con un aire de diversión y cerró el libro con calma.

—Pasa. Cierra la puerta.

Becky obedeció y se sentó frente a ella, sintiendo que el ambiente se volvía más denso de lo que esperaba. Intentó enfocarse en la materia, en los apuntes que había traído, pero la presencia de Freen era imposible de ignorar.

—Bien, empecemos —dijo Freen, apoyando los codos sobre la mesa mientras la observaba con una mezcla de interés y… algo más.

Las primeras explicaciones fueron sencillas. Freen hablaba con confianza, con una voz que atrapaba, que hipnotizaba. Cada vez que Becky intentaba anotar algo, sentía los ojos de su profesora sobre ella, como si la estuviera evaluando más allá de su capacidad académica.

—¿Por qué enfermería? —preguntó Freen de repente, deteniéndose en medio de una explicación.

Becky levantó la mirada, sorprendida.

—Porque quiero ayudar a las personas —respondió con sinceridad.

Freen sonrió, apoyando su mentón en una mano mientras la observaba fijamente.

—Qué dulce.

Becky sintió un calor inusual en su rostro. Bajó la mirada y frotó el lápiz entre sus dedos, intentando ignorar el cosquilleo en su estómago.

Freen volvió a hablar de la materia, pero Becky apenas podía concentrarse. La profesora tenía una forma de moverse, de gesticular, incluso de sonreír, que la descolocaba. Había escuchado sobre su encanto natural, pero nunca pensó que sería tan… real.

—¿Estás nerviosa? —preguntó Freen con una media sonrisa.

—¿Eh? No… solo estoy concentrada —dijo Becky rápidamente.

—Bien. Me gusta que mis alumnas sean dedicadas.

El tono de su voz era normal, pero había algo en su forma de decirlo que le hizo estremecerse.

Cuando la clase terminó, Becky recogió sus cosas con rapidez, sintiéndose agotada y un poco alterada.

—Nos vemos en la próxima tutoría —dijo Freen con una sonrisa ladeada.

Becky asintió y salió del aula con el corazón latiéndole con fuerza. Caminó por el pasillo sintiéndose confundida.

Era la primera vez que alguien la hacía sentir así...Y lo peor de todo era que no sabía si quería evitarlo… o volver a sentirlo.

...................

El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte cuando Becky salió de la universidad. El viento fresco de la tarde le revolvía el cabello mientras caminaba hacia la parada del autobús. Su turno de prácticas había terminado, y ahora solo quería llegar a casa, darse una ducha caliente y dormir.

Pero por más que intentara despejar su mente, los recuerdos de la tutoría con la profesora Freen Sarocha seguían rondando en su cabeza.

-¿Estás nerviosa?- había preguntado Freen con esa sonrisa que parecía conocer todos sus secretos.-

Becky frunció los labios y negó con la cabeza, como si con ese simple gesto pudiera apartar aquellos pensamientos. No entendía por qué la actitud de Freen la afectaba tanto. Solo era su profesora. Solo había sido una clase privada.

Nada más.

El autobús llegó y Becky subió, sentándose junto a la ventana. Mientras observaba las luces de la ciudad pasar, sacó su cuaderno de apuntes y repasó lo que habían estudiado en la tutoría. Necesitaba concentrarse en eso.

Al llegar a su departamento, se dejó caer en la cama con un suspiro.

Vivía sola en un pequeño apartamento cerca de la universidad. Era un espacio sencillo, pero lo suficiente para sentirse cómoda. Se quitó los zapatos y miró el techo, dejando que el silencio de la noche la envolviera.

Su celular vibró sobre la mesa de noche.

Mensaje de Ming

—Becky, ¿cómo te fue en la tutoría?

Becky sonrió al ver el mensaje de su mejor amiga. Ming siempre se preocupaba por ella.

Mensaje de Becky

—Bien, aprendí bastante.

A los pocos segundos, su celular volvió a vibrar.

Mensaje de Ming

—¿Y qué tal la famosa profesora Freen? Dicen que es guapísima.

Becky dudó antes de responder. ¿Cómo describirla sin sonar extraña?

Mensaje de Becky

—Es… profesional. Explica bien.

Ming- respondió con un emoji de risa.-

Mensaje de Ming

—Eso no responde a mi pregunta. ¡Vamos, dime la verdad!

Becky dejó el celular a un lado y se cubrió el rostro con una almohada. No quería admitir que la imagen de Freen se había quedado grabada en su mente.

Al final, decidió no responder.

Después de una ducha rápida, Becky se metió en la cama y cerró los ojos, convencida de que al día siguiente todo volvería a la normalidad.

Sin embargo, en sus sueños, la voz de Freen seguía resonando en su mente.

—Qué dulce.

Becky se removió en la cama, inquieta.

Lo último que quería era pensar en su profesora.

Pero parecía que su subconsciente tenía otros planes.