En el bosque
Con pasos firmes caminaba por el bosque, su mano firme en el cuchillo mientras buscaba a su próxima presa, su aguda mirada se movía por cada rincón del verdoso lugar sin alguna pista de venados o jabalíes, con un suspiro ronco arrojó el cuchillo o al suelo mientras se sentaba sobre una enorme roca. La cacería últimamente no había ido bien y se estaba quedando sin mercancía, si esto seguía así perdería a sus compradores y eso no lo podía permitir; con un bufido se puso de pie dispuesto a volver a caminar sin embargo el crujido de una rama lo alertó haciéndolo girar, sacando su cuchillo apuntó a la nada mientras intentaba averiguar de donde vino el sonido.
— ¿Quién está ahí? — preguntó con un ceño fruncido y tono amenazante, el crujido volvió a sonar y logró percibir de donde provenía.
— Sal de ahí maldita rata… — gruñó con irritación avanzando hacia un enorme árbol donde podía divisar algo detrás.
Un suave suspiró sonó de detrás del árbol, “entonces no es un animal” pensó mientras caminaba lentamente pero antes de poder amenazar y maldecir de nuevo, la figura salió, vestido en una gran capa y con la capucha puesta siendo sólo su voz por lo que logró adivinar que era un hombre, uno joven por la suavidad en la que logró hablar y también bajo tamaño.
— Disculpa… — murmuró el joven cabizbajo sin permitir que su rostro sea visible, la capucha cubría por completo sus rasgos gracias a su cabeza inclinada.
— ¿Qué diablos haces solo en el bosque? Te pudo haber matado un animal — bramó el cazador aun manteniendo firme el agarre en su cuchillo, no tenía planeado morir pronto y menos por un loquito que vagaba en el bosque.
La mirada del cazador se centró en la figura del contrario, entrecerró los ojos cuando logró a duras penas divisar prendas de alta calidad y fina confección, “¿es un noble?” pensó el cazador y antes de poder preguntar la baja voz lo interrumpió de nuevo.
— ¿Puedes ayudarme a volver al…pueblo? — habló el chico una vez más asegurándose de mantener su cabeza tal como estaba.
— ¿Ayudarte? ¿Piensas que soy un guía o alguna cosa así? Arréglatelas tú mismo, tu fuiste quien se metió aquí — gruñó el cazador mientras se daba vuelta, no tenía intención de ayudar a nadie menos con el mal día que tuvo.
— Te pagaré. — dijo el chico en un tono un poco más firme.
— ¿Pagarme? No trabajo por contrato mocoso, piérde-
— Ciento cincuenta estelares. — dijo el chico al mismo tiempo que sacaba una bolsita que resonó ante el choque de la plata dentro de ella.
El cazador quedó mudo por varios segundos, ciertamente la oferta era tentadora pero aun así seguía reacio a acompañar a un extraño, portar tanto dinero era señal de algo peligroso o muy bueno y dada la ubicación actual estaba lejos de pensar que esto era algo bueno. Con un bufido desdeñoso se giró hacia el chico mirando la manga de su brazo extendido, el bordado se veía demasiado decente a su saber.
— Te dije que no, mocoso, lárgate de aquí — alegó el cazador una vez más. La figura envuelta en la capa se acercó hasta que quedó de frente a él y se bajó la capucha revelando su rostro.
Ojos negros como carbón y el azabache en la cabeza era algo ciertamente común, pero no cualquiera con esas características podía gozar de la riqueza que la familia real de Nadezhda poseía desde hace generaciones, el mocoso frente a él no era nada más ni nada menos que el príncipe heredero. Entonces tuvo razón desde el momento que logró ver parte de las prendas, el bastardo era un noble, y lamentablemente no uno cualquiera.
— Ya no es pregunta, es una orden de tu futuro rey, llévame al pueblo — habló el chico con firmeza y una mirada de molestia hacia el cazador, sin embargo, su mano no flaqueó y siguió extendiendo la bolsa con monedas. — Te pagaré, sólo llévame.
— ¿Mi futuro rey? Ja — el cazador acortó distancia quedando justo frente al príncipe, lo miraba con el ceño fruncido molesto por la arrogancia del chico al haberle dado una orden, jamás estuvo acostumbrado a seguirlas. Lo miró de arriba abajo y habló. — Mírate, puedo matarte ahora y llevar tu cabeza frente al rey reclamando tu puesto.
— Te matarían de inmediato. — aseguró el chico sin cambiar su expresión o siquiera inmutarse ante el intento de amenaza. — Por favor sólo te estoy pidiendo que me lleves de vuelta, doblaré el pago si eso quieres.
Los ojos del cazador se entrecerraron con sospecha, pero al ver al chico sacar una bolsa del mismo tamaño le arrebató ambas. — Bien, pero no esperes que vaya a tu paso débil, si no te apuras los lobos te comerán cuando la luna salga por completo. —
Sn decir más, el cazador comenzó a caminar guardando al fin su cuchillo. Por más que quiso cumplir y no esperar al chico, lo terminó haciendo, no se podía arriesgar a que el príncipe llegara con un solo rasguño y el rey le cortara la cabeza porque su bebé saliera herido, la sola idea lo hizo bufar de fastidio.
El príncipe aceleraba su paso tanto como podía, la noche estaba llegando y si bien no tenía mucha experiencia estando fuera del castillo, no se necesitaba de mucha inteligencia para saber que el bosque no era lugar más agradable para una caminata nocturna. Se abrazaba a su capa y sus ojos iban fijos en el camino frente a ellos, pero en ocasiones veía de reojo al cazador, había un silencio incómodo y esperaba ser el único que lo sentía, odiaba el silencio prolongado y quería iniciar una conversación por mínima y tonta que fuera, pero en ese momento no tenía nada.
— ¿Y, qué hacía su alteza en el bosque? No es exactamente una de las sedes de la alta sociedad en las que alguien como usted acostumbre a estar — soltó de la nada el cazador con un evidente tono burlón. — No hay platillos hechos por el mejor chef o la comodidad de una enorme habitación echa de mármol — continuó, obviamente no tenía respeto por quien iba a su lado y eso molestó al príncipe.
“Insolente…”
Pensó el príncipe, si bien no eran insultos o palabras tan agresivas, era obvio que no estaba acostumbrado a que le hablaran de tal forma y con ese tono, en ese momento se arrepintió de querer iniciar una conversación con tan corriente persona, a su parecer, carecía de educación y sentido de la higiene, parecía que pasaba por alto que era un cazador. Eso no impidió que él se moleste porque el otro se estaba burlando de su vida.
— Quería explorar un poco, no acostumbro a-
— Ah claro claro, el principito siempre está rodeado de guardias y dentro de su bello cuento de hadas. — se burló una vez más el cazador.
El chico pudo sentir como su ojo temblaba en un tic nervioso, suspiró profundo y pensó en que simplemente la gente maleducada abundaba, aun así en su tono más amable habló.
— Precisamente, quería salir un poco sin necesidad de los guardias y ver un poco más allá de los parámetros del reino. — respondió el príncipe mientras se acercaba a un costado del cazador al ver el sol bajando aún más, no quería ser comido por un lobo, y se odió por plantearlo así en su mente.
— Y escogiste el bosque…que estúpido — resopló burlesco el cazador mientras mantenía el paso, se mostraba relajado aunque en realidad estaba alerta.
— No contaba con que me perdería…
— ¿Has venido antes? — cuestionó el cazador.
— No.
Ahora era a él a quien le daría un tic en el ojo, ¿cómo demonios este mocoso entra en el bosque sin compañía y cree que puede salir fácilmente sin haber estado ahí antes? No sabía si era muy ingenuo o completamente idiota, y le agradó más creer lo segundo.
— Serás… — se quedó callado y soltó una risa burlona mientras negaba y caminaba. — Bueno mira a lo que nos llevó tu exploración, ahora tengo que hacer de niñera llevándote a tu sueño rosa y después volver aquí. — declaró el cazador con voz irritada provocando una sonrisa de burla en el príncipe.
Ambos siguieron el camino, al salir del bosque no les tomó mucho tiempo entrar en los confines del reino y el chico volvió a ponerse su capucha, por suerte ya no había tanta gente fuera y pudieron seguir tranquilos.
— Uhm…¿tu nombre? — murmuró el chico mirando ligeramente al contrario.
El cazador le devolvió la mirada y después volvió los ojos al frente, su paso seguía mientras su mente corría con las implicaciones de decirle su nombre al príncipe.
— Te lo diré cuando te deje en el castillo. — dijo sin mucho interés.
— Me quedaré esperando entonces. — aseguró el chico ganándose una mirada confundida del cazador.
Justo cuando llegaron a la plaza del reino, el chico detuvo su paso y miró al cazador asegurándole que de ahí podría volver sólo.
— ¿Sí? No quiero que el rey me mate porque el culo real de su hijo llegó herido.
— Grosero. — exclamó el chico aguantando sus ganas de gritarle al cazador lo vulgar que era. — Sí, yo puedo volver solo desde aquí.
— Bien alteza, entonces lárguese ya. — dijo con una risa al ver el ceño fruncido del chico.
El príncipe puso los ojos en blanco y caminó para rodear la fuente, pero en un momento se detuvo captando la atención del cazador que seguía ahí, se giró para verlo y habló.
— Ilya.
Dijo el príncipe y sin más, continuó su camino hasta que se adentró en un callejón yendo a su castillo. El cazador permaneció ahí hasta que vio la espalda del chico perderse en la oscuridad, se quiso llamar loco, pero sucedió frente a sus ojos, lo escuchó y claramente fue eso, el príncipe le otorgó el permiso de llamarlo por su nombre (o sólo odiaba que le digan majestad todo el tiempo), sino fuera así no le habría dicho el nombre que ya todos conocen, de todos modos, por más que lo intentó ocultar, una sonrisa burlona apreció en su rostro mientras hablaba para sí mismo.
— Mattia… — susurró en su vacío entorno captando al fin las palabras del príncipe, no terminaría el acompañamiento hasta el castillo y de esa forma, no le diría el nombre.
Con un resoplido se dio la vuelta, de nuevo el recorrido odiado mientras salía del reino para adentrarse una vez más al bosque, su paso era despreocupado y su mente seguía vagando en múltiples cosas sin embargo seguía volviendo al príncipe y sus ceños ante el “mal vocabulario” que tenía el cazador.
— Ilya… — murmuró Mattia probando el sabor del nombre del príncipe, era extraño decirlo y negó siguiendo su camino.