Venganza

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Summary

Arely Dupont quiere una sola cosa: Poder. Arely es una perfumista que se está haciendo paso hacia el deseo que siempre ha tenido después de que su esposo muriera, ser perfumista. Chad Blackwood es un joven apuesto que ha regresado a la ciudad para hacerle perder la cordura a Arely.

Genre
Mystery/Romance
Author
Pao
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prologo

Francia, 1920.

Giselle me lo había advertido, sus palabras resonando en mi mente como un eco distante, pero yo, arrogante y decidida, opté por ignorarlas. Siempre supe que mis decisiones llevarían consigo consecuencias, pero no era la clase de mujer que se arrepintiera de sus actos. No era esa mi naturaleza.

Incluso ahora, mientras las luces doradas de los candelabros iluminaban la sala, y cada paso que daba resonaba con fuerza en el suelo de mármol, sentía las miradas clavadas en mi espalda. Los murmullos se esparcían como veneno en el aire, cada susurro cargado de juicio y desprecio. Los asistentes, ocultos tras abanicos, intercambiaban palabras en voz baja, afiladas como cuchillos, pero todo eso me era irrelevante.

No me detuve. La desconfianza flotaba en el ambiente, como una niebla que se apoderaba de la atmósfera, y, sin embargo, avanzaba con la arrogancia de quien sabe que ya nada puede tocarla. No me intimidaban. No me interesaban.

¿Quiénes eran ellos, esos que se reunían en esta opulenta sala, vestidos con seda de Oriente y joyas que no hacían más que esconder su oscuridad? Sus vidas eran una farsa, una máscara que desmoronándose con cada mirada que les ofrecía. Yo no necesitaba adornos para destacarme; era más poderosa que todos ellos, y esa certeza me consumía por dentro con una satisfacción que no podía negar. Ellos no lo sabían aún, pero hoy les demostraría lo que era capaz de hacer.

Tomé una copa de champán que me ofreció un mesero, su presencia fugaz apenas un recuerdo mientras mis ojos recorrían la sala. En mi piel, el vestido rojo se ceñía como una segunda piel, bordado con delicadas perlas blancas que brillaban a la luz como si fueran estrellas. El escote, atrevido, revelaba más de lo que debía, y mis guantes, largos hasta los codos, el moño alto en mi cabello rubio y la tiara blanca que lo adornaba

Tu esposo acaba de fallecer Arely no es la imagen que deberías dar.

Yo caracterizada por no tomar las mejores decisiones lo hice con una imagen que no pedía aprobación, sino que la exigía.

Y, sobre todo, el perfume... su perfume. El único aroma que Gabriel había logrado crear con sus méritos, tan profundo, tan inconfundible.

De nada serviría que ellos, con sus vestidos de seda y sus joyas preciosas, intentaran opacarme. El brillo de sus perlas, el lujo de sus collares, no valían nada frente a mi presencia. Yo, Arely Dupont, era más que cualquiera de ellos. Siempre lo había sido. Y, lo más importante, siempre lo sería.

Me incliné hacia la pequeña Camille, una reverencia que no solo era un saludo, sino una amenaza silenciosa, una muestra de mi poder. La sala se sumió en un profundo silencio, y los Rothschild, de pie en el fondo, asintieron con la cabeza. Era una señal clara: la alianza entre la viuda Dupont y la poderosa familia Rothschild se había sellado. No había vuelta atrás.

Este era solo el principio. Una pieza más en un juego mucho más grande. Un paso más hacia el poder absoluto que comenzaba a tomar forma, a moldearse a mi voluntad. Este pueblo me había quitado tanto, y ahora era mi turno de tomar todo lo que merecía. No dejaría piedra sin mover, no dejaría vida intacta. Nadie podría detenerme.

Porque, al final, todos, incluso los más poderosos, terminan sometidos a la voluntad de quienes entienden que el verdadero poder no se ve, no se toca, no se habla. Se siente. Y yo era el viento invisible con olor a perfume que los derrotaría, uno por uno.