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Summary

🤎La vida nunca fue sencilla para Temo. Desde su infancia, estuvo rodeado de carencias afectivas, marcado por la sombra de un padre corrupto y despreciable. En contraste, Viena, una mujer brillante y ejemplar, ha dedicado su vida a los negocios de su familia, sacrificando con ello muchas otras cosas importantes. ♾️Ambos nacieron en el seno de familias poderosas, pero sus destinos se forjaron en tiempos y circunstancias distintas. Ahora, sus caminos convergen en un juego de ambiciones y poder. 🖤 Para Temo, el propósito es claro: mantenerse en la presidencia de la empresa familiar a cualquier precio. 🌹Para Viena, el objetivo es igual de contundente: obtener la presidencia de su propia empresa, cueste lo que cueste. 👉🏽¿Qué ocurre cuando dos voluntades igualmente férreas chocan? 📖 “Quizá somos dueños, sí, pero también somos poseídos. Alguien nos tiene: unos brazos, unos labios, unos ojos. Ojos que nos miran y desnudan, que desde hace tiempo nos poseen y no hacen más que reclamar lo que ya es suyo.” ❤️ CONVERGENCIA: es una historia de intrigas familiares, ambiciones desbordadas y deseos que no se pueden negar. Atrévete a sumergirte en un relato donde el poder y las emociones se entrelazan, mostrando que, al final, todos somos peones de alguien más.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

1. De lo poco, lo mucho

Temo

Recibí mi primer libro cuando cumplí cinco, recuerdo haberlo pedido con mucho entusiasmo a mi madre, para ese entonces ya llevabamos dos años viviendo en el Caribe, donde mi padre había empezado sus negocios, fue agradable el cambio de clima al principio, pero el idioma, la comida y las costumbres no fueron nada sencillo, supongo que para un niño tan mimado como lo era yo, en cierto punto le hacía bien salir de las ñoñerias como las llamaba Napoleón.

Elena, mi madre siempre sonriente y amable, buena con todos incluso con él, me regaló aquel libro del que al principio y por mí cortos años no entendía nada, hablaba de la naturaleza de las cosas, de como las madres en el reino salvaje protegían a sus cachorros y de como los padres en la mayoría de los casos optaban por abandonarlos.

Siempre esperé que el mío hiciera lo mismo.

Con el paso de los años me cansé de esperar, pues parecía la promesa lejana de algo que no se cumpliría.

A la edad de seis Napoleón Beras me propinó mi primera cachetada, se sintió como un golpe fuerte, que logró sucumbir mi cabeza y tumbarme al suelo, mis pocas libras y cuerpo huesudo no pudieron amortiguar la caída por lo que ese día fue escayolado agregandose a la lista de mis primeras veces.

Elena volvió de Escocia, dónde para esta fecha vivía mi querido abuelo Scott William-Laird o Pappa como le escribía de niño en correspondencia antes de que falleciera. Al ver el escayolado envuelto en mi brazo flacucho y pálido no dudó en confrontar a la figura de sombra que moraba en nuestra casa y que hasta ese día le mantuve respeto.

Fue la última vez que la vi, mi madre, no hubo un adiós, no hubo una sonrisa, no hubo una mano con anillo dorado y esmeralda agitandose hacia a mi desde el puente de abordaje y en señal de despedida, solamente un vacío.

Recuerdo sentir la escasa consolacion sobre mis hombros y el mismo misterio que ahora me calcome, pues no entiendo y no comprendo el haberla perdido.

Mi querida madre, cuánto la extrañaba, me dolía la idea de que nunca más podría abrazarla. Recuerdo la tarde en la que la psicóloga de confianza de Napoleón se sentó en mi habitación para explicarme que mamá había muerto, lo hizo de una manera tan profesional que les juro que aun siendo un niño pude entenderlo.

Mamá odiaba a Napoleón.

¿Qué la mantenía junto a él? no lo sé, quizá solo aguantaba todo por mi, me alegro que no tuviera que hacerlo por más tiempo, aun así, la extraño.

—Señor Temistocles —Pablo me saca de pensamientos —su padre lo requiere.

—Gracias Pablo.

Pablo ha sido nuestro mayordomo, fiel amigo y mi alcahuetea personal, siempre lo he sentido más como un hermano mayor, por sus treinta y tantos años que como un mayordomo. Aún así le guardo mucho respeto y cariño.

—Qué querrá el señor.

—Asuntos de la empresa, se nota relajado hoy.

—Será cierto —lo veo sacar su libreta y dirigirse a la cocina, mientras que yo me adentro en el estudio de mi padre.

—Asiento —dice en cuanto me acerco al escritorio. Las cosas eran muy formales con mi padre, no le tengo ningún aprecio, su presencia no me provoca nada y nunca lo he visto como mi futura paterna, más bien como el jefe de esta casa y patrón de los alrededores de la misma. Manteníamos una relación distante, interacciones mínimas y breves. Él siempre mandaba sobre todo; cuando nos sentamos a comer y en en que momento nos podemos retirar, qué días podía salir y qué días debía quedarme en casa. Hasta cuando podía tomar asiento en su despacho y cuando no, esta vez llama mi atención en su petición de hacerlo.

—Señor —sus ojos viajan a los míos casi de inmediato —había olvidado eso, el también decide cuando es mi turno de hablar.

—No te he...

—Lo sé —se levanta bruscamente de su silla. Lo imito.

—¡Y encima interrumpes!

—¡Si! —me sorprendo a mi mismo con el tono que utilizo —pues ya he cumplido la mayoría de edad y quiero reclamar mis derechos como adulto —Napoleón ríe irónico. Se acerca a mi y levanta su mano con la intención de abofetearme pero detengo su mano. —no lo hará otra vez Napoleón Beras, no lo hará.

Mi padre baja el brazo y se aleja de mi con lentitud se acerca al ventanal y me pide que me retire.

Un gran suspiro sale de mi cuerpo cuando el aura de oscuridad me abandona al estar fuera de ahí, de esas paredes en las que mi padre se escudaba y a la qué siempre se me estuvo prohibida la entrada a menos de que fuera necesaria o en dado caso una orden del señor.

Así lo llamaba yo, así me refería a él, el señor. Pues honestamente nunca lo sentí mi corazón como un padre y en la cultura en la que yo había crecido se consideraba una falta de respeto llamarlo por su nombre así que acabo de cometer esa falta entre otras tantas.

Ayer 11 de Noviembre cumplí la mayoría de edad y lo que hasta hace minutos planeaba decirle al señor era que me marchaba, pues ya era hora de salir de esta casa, la cual no me traía muchos buenos recuerdos que digamos.

Trabajo desde los dieciséis para mi padre hasta este punto no sabía si aun conservaba ese trabajo pero al menos había podido ahorrar, ya tenía en posesión una casa, pequeña, pero agradable y una camioneta no tan nueva como desearía, pero es potente.

Las puertas del estudio se abren y dejan ver a la figura del señor nuevamente.

—Temo —noto la sonrisa ironíca que trae su rostro, odiaba esa sonrisa mas que a nada en este mundo.

—Señor —estamos lejos el uno del otro pero mantenemos la voz baja.

—Es momento de que abandones mi casa, no voy a tener un hijo problemático e irrespetuoso bajo mi protección

—Hijo problemático —Sonrió irónico mirando hacia otro lado.

—Te lo dije hace años Temistocles, solo hacía era necesario una falta de tu parte y te echaría de mí casa.

—Es lo que siempre haz deseado. —lo miro fijamente a los ojos y me voy acercando a el en pasos cortos.

—Tú lo haz dicho. —responde inmutable.

—No pienso irme de la empresa.

—Ahí si me sirves —se gira en dirección a su estudio pero antes de entrar se frena —Gazcue suena como un buen lugar para vivir.

—No esperaba que supieras eso —me toma por sorpresa su comentario, se suponía que nadie sabía de mi adquisición de aquella casa.

—No pienso interponerme con tus planes —entra finalmente a su oficina. Salgo de la casa que me vió crecer amargamente estos años y lo hago sin mirar atrás.

(...)

—Buenos días señor Beras —saluda Pablo entrando a mi oficina.

Habían pasado tres días desde mi mudanza a mi propia casa se sentía bien, excepto que ya no contaba con el servicio y cocinar mis alimentos no era precisamente lo mío, de niño solía colarme en la cocina cuando el señor estaba de viaje, pero no hacia más que robar cucharas de azúcar, mermelada o alguna mezcla esquisita qué se estuviese preparando, es así que había recurrido a llamar a Pablo para hacerle una buena oferta.

—¿Haz tomado una decisión Pablo?

—Sí señor.

—¿Y Bueno?

—Mi hermano, Octavio, se quedará con su padre y yo seré su servidor de ahora en adelante —muestro una sonrisa —no sabes cuanto lo aprecio Pablo.

—Igualmente señor.

—El señor...

—Ha estado totalmente de acuerdo.

—¿Debería preocuparme?

—No señor, quede tranquilo.

—Gracias Pablo —saco unas copias de mis llaves del cajón de mi escritorio.

—Es un placer estar bajo su servicio —le ofrezco la mano y sellamos nuestro trato.

Cuando se ha ido vuelvo mi vista a mi trabajo. Hacia un turno meramente matutino de cinco de la mañana a doce del medio día, pero gracias a mi agilidad podía cumplir con todas las cosas que debía tener lista para el siguiente día, mi padre había tenido la gran idea de fundar junto a su amigo de universidad Paolo. Esta empresa.

Amarillo.

En donde nos dedicabamos a manejar la finanzas de múltiples empresas privadas nacionales e internacionales. La mayoría de ellas Inglesas, otras tantas del Caribe y Norteamérica, también adquirimos acciones cada cierto tiempo eso nos ayuda a tener presencia en el mercado financiero y la bolsa de valores. Yo poseía a mi corta edad un amplio portafolio de las mismas y había invertido un gran por ciento de mis ganancias para ser considerado co-fundador junto a mi padre, su amigo Paolo y el hijo mayor del mismo Abel, del Banco De Las Reservas Y Finanzas.

Yo me había graduado más temprano de la escuela, por lo que a esta fecha ya llevaba cuatro semestres en la facultad de Derecho.

Desde los catorce y hasta los diesiciete recibí clases de negocios y economía de manera particular en casa. De amor tuve muy poco, pero de educación no me hizo falta nada.

Siendo estudiante de primer semestre conocí a mi novia Alicia a quién amo con toda locura.

Regresaba hoy de su viaje familiar a Nueva York y me encontraba desesperando por verla, es una rubia alta hermosa, sus ojos son azules del tono más hermoso que haya podido imaginar, últimamente no permaneciamos en buenos términos por mucho tiempo pero aun así es la dueña de mi corazón y tenía planeado muy pronto pedirle matrimonio.

Espero que acepte.

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Hola este es el primer capítulo de este libro que llevo tiempo queriendo hacer publico y que finalmente me he decidido, espero que les haya gustado la introducción de nuestro protagonista.

Todavía no sé cómo iré actualizando, según la aceptación del proyecto me iré organizando.

Es el primer libro que público despues de muchos años escribiendo así que si ven algún fallito por ahí disculpen, pienso someterlo a su debida corrección una vez esté finalizado.

Si te gustó deja un voto y si quieres también un comentario.

Nos leemos pronto.

Soy Dominicana 🇩🇴 puedes dejar tu bandera en los comentarios para saber de donde me lees ❤️