El idilio de la Mariposa [Parte Final]

All Rights Reserved ©

Summary

El idilio de la mariposa. [Parte Final] Conclusión de la historia de Hellen y Hadriel. Hadriel y Hellen se convierten en esposos. A pesar de continuar con su vida, la noche de pasión que compartieron, sin saber que eran ellos, los asecha de forma constante. Ellos conviven como marido y mujer bajo contrato, mientras experimentan la tragedia, la esperanza y la luz. El amor empieza a aflorar en ellos, pero los fantasmas del pasado les impide estar juntos. ¿Podrán conocer la vedad de sus identidades y ser felices? O, las intrigas los mantendrán separados, sin poder ser felices por completo.

Status
Complete
Chapters
107
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+
This is a sample

Capítulo 1 Prefacio: La sorpresa

Novela comercial. 3 actualizaciones todos los días.

Hellen estaba en la sala de estar del apartamento. Desde que Hadriel se había ido, había estado de mal humor y sin ganas de hacer nada. Aunque hablaban por teléfono, ya se había acostumbrado a estar con él, casi todo el día. Al escuchar el timbre, pensó que era su hermana Hellan, por lo que abrió sin ver a través del mirador y sin mucho entusiasmo. Sin embargo, al abrir la puerta, el mundo de Hellen pareció detenerse por un instante. No era su hermana Hellan quien estaba allí, sino Hadriel. La sorpresa hizo que su corazón diera un vuelco y comenzara a latir con fuerza, cada latido resonando en su pecho como si quisiera salir. El mal humor que había sentido durante todo el día desapareció en un instante, reemplazado por una mezcla de alegría y alivio.

Sus párpados se abrieron ampliamente, reflejando la incredulidad que sentía. No esperaba verlo tan pronto, no después de haberse acostumbrado a su ausencia y de resignarse a la distancia que ahora los separaba. Pero ahí estaba, frente a ella, en carne y hueso, como si el tiempo y la distancia no hubieran existido.

Una cálida ola de emociones la envolvió. Sentía un nudo en la garganta, y su mente se llenó de pensamientos desordenados, todos girando en torno a él. ¿Había regresado por ella? ¿Por qué tan pronto? Aunque había hablado con él por teléfono, la realidad de tenerlo allí, de nuevo, frente a ella, era completamente diferente. Era tangible, real, y la conexión entre ellos, aunque silenciosa, se sentía más fuerte que nunca.

El simple hecho de verlo allí, de nuevo en su vida cotidiana, hizo que se diera cuenta de cuánto lo había extrañado, de cómo su presencia la hacía sentir completa. Hellen sintió un calor recorrer su cuerpo, una mezcla de alivio y felicidad que no había sentido en mucho tiempo. No pudo evitar que una sonrisa suave, casi involuntaria, apareciera en sus labios mientras lo miraba.

En ese momento, se dio cuenta de cuánto se había acostumbrado a él, a su presencia constante, a la seguridad y el apoyo que le brindaba. Había algo en su regreso que le daba esperanza, que le hacía sentir que todo estaría bien. Aunque había estado intentando mantener la compostura durante su ausencia, ahora entendía que lo necesitaba más de lo que había admitido.

La sorpresa inicial se desvaneció, dando paso a una profunda gratitud. Hadriel estaba de vuelta, y con él, la calma que solo su presencia podía traer. Mientras lo observaba, con el corazón aún acelerado, no pudo evitar pensar que tal vez, solo tal vez, su regreso significaba algo más, algo que ella anhelaba descubrir.

Cuando Hadriel avanzó hacia ella y la envolvió en sus brazos, su cuerpo comenzó a temblar suavemente, sacudido por una ola de emociones que la invadió por completo. El contacto repentino de su abrazo fue como un torrente cálido que derritió la barrera de autocontrol que había construido durante su ausencia. Sentir el peso y la calidez de su cuerpo contra el suyo la llenó de una profunda sensación de seguridad, como si, de repente, todo lo que había estado mal en su mundo se corrigiera en un instante.

El latido acelerado de su corazón se volvió más intenso, casi desbordándose en su pecho, mientras se dejaba llevar por la realidad de tenerlo tan cerca de nuevo. Sus manos, temblorosas, encontraron el camino a su espalda, y al aferrarse a él, sintió como si estuviera anclándose en un puerto seguro después de una tormenta prolongada.

El aroma familiar de Hadriel la envolvió, una mezcla sutil de madera y especias que siempre asociaba con él. Esa fragancia le trajo de vuelta una avalancha de recuerdos compartidos, momentos en los que se había sentido igualmente protegida y querida, aunque de una manera que aún le costaba comprender por completo.

Hellen sintió un nudo formarse en su garganta, mezcla de alivio, alegría y una profunda gratitud. Cada fibra de su ser se entregó a ese abrazo, sintiendo que todo el peso y la ansiedad de los días pasados se desvanecían en la cercanía de Hadriel. Era como si ese solo gesto hubiera sanado todas las heridas abiertas por la distancia.

El abrazo era firme, pero al mismo tiempo delicado, y la hacía sentir infinitamente valiosa, como si cada parte de ella fuera importante para él. Mientras su mente trataba de procesar lo que estaba sucediendo, una simple verdad surgió con claridad: había extrañado más de lo que estaba dispuesta a admitir, y ahora que lo tenía de nuevo, no quería soltarlo. En ese momento, se dio cuenta de lo mucho que se había acostumbrado a necesitarlo, a desear su cercanía, y a cómo esa necesidad crecía más con cada segundo que pasaba entre sus brazos.

Después del abrazo, Hadriel y Hellen se miraron durante unos momentos, una conexión silenciosa entre ellos que no necesitaba palabras. El tiempo parecía detenerse brevemente, capturando ese instante en el que dos mundos diferentes comenzaban a entrelazarse. Ambos se saludaron formalmente, conscientes de la nueva dinámica que se establecía entre ellos.

Hadriel, con su postura siempre impecable y su expresión seria, tomó la iniciativa de presentar a su amigo y leal secretario.

—Ella es mi esposa, Hellen Harper —dijo Hadriel con un tono que dejaba entrever una mezcla de orgullo y respeto.

Jareth Davies, con su habitual cortesía y lealtad, se inclinó ligeramente en señal de respeto.

—Es un honor conocerla, mi señora —dijo Jareth con voz firme y respetuosa—. Estoy a su servicio y al de mi señor, para lo que necesite.

Hellen, aunque un poco sorprendida por la formalidad de la presentación, sonrió amablemente.

—Gracias, Jareth —respondió ella, sintiendo el peso de la situación.

Hadriel, siempre enfocado en los detalles y en mantener el orden, asintió y, junto con Jareth, comenzó a llevar las bolsas de compras al apartamento. Había adquirido todo lo necesario para el bienestar de Hellen y del bebé en camino, un acto que, aunque práctico, reflejaba su creciente compromiso con su nueva vida. Cada bolsa que cargaba al interior del apartamento era un recordatorio tangible de la nueva responsabilidad que había asumido.

A medida que entraban las bolsas, Hadriel se aseguraba de que todo estuviera en su lugar, organizando las cosas con la misma precisión que aplicaba en su vida profesional. Aunque la tarea era mundana, sentía una extraña satisfacción al saber que estaba contribuyendo al bienestar de su esposa, incluso en estos pequeños detalles.

Jareth observaba a su amigo, su señor, el hombre del que había estado enamorado en secreto, con una mezcla de admiración y respeto. Sabía que Hadriel no era un hombre que dejara las cosas al azar, y ver cómo se involucraba en cada aspecto de su nueva vida era una confirmación de lo mucho que esta situación lo estaba afectando, aunque no lo mostrara abiertamente.

Hellen, mientras tanto, observaba a Hadriel con una creciente curiosidad y afecto. Aunque su matrimonio había comenzado bajo circunstancias poco convencionales, no podía evitar sentirse agradecida por el esfuerzo y la dedicación que él estaba demostrando. Sabía que Hadriel era un hombre complejo, difícil de leer, pero cada gesto, por más pequeño que fuera, le revelaba una nueva faceta de su personalidad.

Cuando terminaron, Hadriel se tomó un momento para respirar y mirar el resultado de su labor. Su mente, siempre analítica, estaba tranquila al ver que todo estaba en su lugar. Sabía que este era solo el comienzo, que aún había mucho por delante, pero en ese instante, sintió que había dado un paso importante hacia la construcción de algo que, aunque incierto, comenzaba a tomar forma.

Subscribe to Hernando J. Mendoza to continue reading.