Capítulo 1
Apretó sus labios cuando la flecha falló y el venado corrió hacia el bosque. Tenía que ir tras él. Tomó las riendas del caballo y lo guío hasta la sombra de un árbol donde fuera visible para sus soldados. Acarició levemente su trompa para después colocarse el arco en la espalda y se adentró por el mismo lugar que había tomado el animal.
No pudo evitar sonreír cuando halló sus huellas tras caminar un poco. Dio un vistazo a su alrededor y lo único que vio fueron los grandes árboles y la espesa maleza que lo rodeaba, era un lugar excelente para ocultarse. Sin embargo, estaba seguro que no tardaría en encontrarlo si seguía el rastro y teniendo en cuenta su tamaño.
Siguió las huellas hasta toparse un prado que daba al río, y ahí lo vio, parado en la orilla del río. Esta vez no lo dejaría escapar. Sostuvo de nuevo el arco en sus manos junto a una flecha y se preparó, apuntó hacia el venado y cuando estuvo a punto de soltarla un grito se oyó a lo lejos. El susto ocasionó que soltara la flecha de manera descuidada. Esta terminó por caer a un lado del animal, lo que ocasionó que hullera de nuevo.
Sin embargo, por esa ocasión no se preocupó por seguirlo, prefirió correr hacia donde estaba seguro que provenía el grito. A medida que se acercaba, sollozos se escuchaban con mayor claridad hasta que al fin distinguió la figura de una mujer a lo lejos, corrió aún más rápido hacia ella, pero paró al ver las alas que adornaban su espalda.
Era una hada.
¿Qué hacia una hada fuera de la muralla y peor aún tan lejos de ella? No era común, mejor dicho, era casi imposible que una hada fuera de las murallas. Era poca la información que se sabía de ellas, entre eso su singular belleza y el gran desagrado por los humanos.
Era la primera vez que veía a una real, hasta hoy solo las había visto en los libros que se encontraban en la gran biblioteca del castillo. Y aunque en ellos las describían como mujeres hermosas, ninguno podría haberle preparado para ver a la hada que tenía a tan corta distancia. Para él, era la mujer más bella que ha visto en su vida, con su cabello rojo, espeso con preciosas ondas y sus alas translúcidas que parecían brillar con la luz del sol.
Sin embargo, no pudo seguir divagando cuando otro sollozo se escuchó y la vio forcejear de nuevo. Sherniel alzó sus cejas y sin pensarlo se acercó lentamente a ella, intentando rodearla para mirarla de frente.
La hada al notar su presencia, luchó aún más por liberarse de, lo que ahora podía ver, una trampa para osos que no tenia los dientes filosos que normalmente portaban, pero con la suficiente presión para ocasionar una fractura. O al menos en un humano o animal. Sherniel esperaba que no estuviera herida de gravedad. Sin embargo, la sangre que salía de su pierna ya había formado un pequeño charco bajo ella, era angustiante.
—Oye, tranquila, solo quiero ayudarte —dijo con calma, al mismo tiempo que lanzaba el arco y las flechas a un lado para después alzar los brazos con las palmas abiertas—. Ves, no tengo nada que pueda lastimarte.
Ella dejó de luchar. Su respiración era errática y su cuerpo estaba cubierto de sudor, pero aún así no despegaba sus fieros ojos de él, atenta a cada movimiento que realizaba. Sherniel intentó acercarse y esta vez ella se lo permitió. Colocó ambas manos sobre la trampa, una en la parte de arriba y otra abajo como apoyo, jaló la parte de arriba para poder dejar un espacio lo suficientemente amplio para que la hada pudiera sacar la pierna, pero solo logro separarla un poco antes de que su fuerza fallara y volviera a cerrase, sacándole un alarido.
—¡Dioses! ¡No quise hacerlo! —Miró hacia la hada que lo veía con el ceño aún más fruncido de lo que ya estaba y sus labios sellados en una línea recta. Su expresión era fría, pero Sherniel podía imaginarse el dolor que debía sentir. Fue un estúpido al creer que podría abrir una trampa de esa manera. Suspiró mientras se levantaba, tenía que encontrar algo que pudiera utilizar como palanca.
Observó a su alrededor y cerca del río vio una pequeña rama. Corrió hacia ella y lo tomó en sus manos, era lo suficientemente pequeña para poder hacer que entrara en la hendidura de la trampa, pero con el grosor suficiente para evitar que se rompiera en el acto.
Se acercó nuevamente a ella e insertó la rama en la abertura. Esta vez si pudo abrirlo un poco más, y no tuvo que decirle nada a la hada cuando ella ya se había liberado a penas tuvo el espacio suficiente.
Sherniel soltó el tronco y la jaula se cerró sobre él. Volteó hacia la hada, ella intentaba levantarse y antes de que Sherniel pudiera reaccionar cayó al suelo, sosteniendo su pierna y sin parar de soltar quejidos. Él se acercó rápidamente a ella y se detuvo al llegar a su lado, pero no la tocó.
—Déjame revisarla, necesitamos lavar la herida. —Ella ni siquiera volteó a verle—. Por favor…
La hada suspiró y quitó sus manos de la pierna. Sherniel rompió parte de su capa y corrió hacia el río, bajó con cuidado las rocas que lo rodeaban y mojo la tela una vez llegó a la orilla.
Sumergió la tela y segundos después la sacó para exprimirla. Corrió de nuevo hacia ella, pero en el momento en que Sherniel quiso limpiar su herida, la hada le arrebató la tela de las manos y la limpio por sí misma. Al estar la herida completamente limpia pudo ver qué no era tan grave como pensó al inició.
—Vaya, creí que estaría peor —dijo sin disimular la sorpresa.
—Lo estaba. —Sherniel se sobresaltó al escuchar la voz, no esperaba que supiera hablar, o al menos no su idioma. Aunque no le desagradó ni un poco, a pesar de su tono duro, tenía una voz bastante suave y placentera de oír.
—¿A qué te refieres con que lo estaba? —preguntó, esperando con ansias que siguiera hablando, lamentablemente no fue así.
Ella no respondió, solo señaló su herida con el dedo índice. Sherniel centro su atención de nuevo a la herida, no pudo evitar abrir los ojos y entreabrir la boca al ver como la herida parecía cerrarse de a poco, aunque que más podía esperar de una hada. Una vez estuvo cerrada por completo, ella se levantó nuevamente, esta vez sin caerse, y extendió sus alas. Dio la vuelta y Sherniel observó como flexionaba sus rodillas para luego elevarse.
—Gracias, humano, estoy en deuda contigo —dijo antes de irse sin esperar respuesta.
Cuando perdió a la hada de vista, él también se levantó mientras sacudía su pantalón y buscaba las cosas que había dejado tiradas en el suelo. Al cruzar de nuevo el bosque, caminó hacia donde había dejado al caballo y vio a Belsarion esperándolo con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Sherniel suspiró, se había olvidado por completo de su amigo. A pesar de ser el hijo de una sirvienta, desde niño siempre fue bastante mandón y cuando cumplió la mayoría de edad y formó parte de la guardia real, en ocasiones, lo regañaba como si él fuera el príncipe y no Sherniel. Como ahora…
—¡¿Dónde carajos te habías metido, Sherniel?! ¡Estamos retrasados! —exclamó apenas estuvo frente a él.
—Primero, esa no es forma de hablarle a tu príncipe. —Alzó uno de sus dedos frente a la cara de Belsarion, mas lo único que recibió fue un golpe en su mano por parte de él—. Segundo, estaba cazando un venado, pero se escapó.
Una vez montó al caballo, volteó hacia Belsarion. Él aún permanecía con el ceño fruncido y sus labios apretados.
—¿Qué esperas, Belsarion? Apresúrate, estamos retrasados. —Sonrió al verlo rodar sus ojos y bufar antes de subirse él también a su caballo y empezar a galopar hacia el castillo.
Había sido un día bastante interesante. Tal vez era la primera vez que veía a una hada, pero estaba seguro que ninguna otra sería tan hermosa como ella, lo único que lamentaba era no haber pedido su nombre. Sin embargo, ya lo tendría en cuenta la próxima vez, porque sí, si tenía que ir todos los días a ese lugar o buscarla por todo el bosque y prado, lo haría.