No sangro en rojo

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Summary

Basada en los mitos de la antigua Grecia, una joven a quien el destino no le ha sonreído aún debe descubrir su lugar en el mundo, sin jamás llegar a imaginarse lo que realmente representa su presencia. Este es el primer libro de la saga Riálega, espero lo disfruten aquellos fans de Percy Jackson.

Genre
Fantasy/Drama
Author
Selvya
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
16+

Miseria

La noche se alza en la antigua grecia, las personas terminaban sus labores diurnas y junto con el pestañeo del sol se cerraban las puertas de las casas, se arropaban los niños en la cama con un dulce beso de buenas noches con la intención de protegerlos de las indeseadas pesadillas que con llantos interrumpían el descanso en toda la cuadra, los padres se acostaban con la tranquilidad de mañana tener un nuevo día para pensar, trabajar, descansar y crear, así funcionaba la vida en la cúspide de la civilización, un relajado a la vez acogedor ritmo de vida, pero lamentablemente no funcionaba así para todos.

Una muchacha con piel de luna y ojos de fuego vagaba por las calles de Atenas tratando inútilmente de esquivar las flechas lanzadas por el frío, tarea complicada cuando su armadura se trataba de una gastada túnica que inclusive se podría considerar traslúcida. Acompañado a esto los gruñidos de su estómago quienes le recordaban que ya pasaban dos amaneceres desde la última vez que tocó un trozo de pan, todavía recordaba aquel gesto de gentileza del anciano, ella se encontraba encogida en la tierra alejándose de unos imbéciles quienes intentaron darle fin a la condenada de la ciudad.

La chica repudiada por el sol, no era posible que las manos de los dioses podrían haber creado aquella aberración, una tez que no estaba hecha para los rayos del amanecer, unos ojos ígneos que confirmaban su existencia antinatural, debía morir, aquel monstruo de la noche quien gritaba constantemente interrumpiendo el curso natural de la alta vida griega, no se podía tener piedad con ese monstruo. Primero fueron miradas despreciables que no importaban más que un plato de comida, lentamente progresaron en zancadas, patadas, golpes y encerronas por palizas.

Los moratones calaban en la chica pero no por tanto tiempo, había un recuerdo difuso en su mente; se encontraba rodeada de nada, lanzando golpes al aire mientras la sangre caía por su labio. En medio de la paliza logró colocarse de pie, su cuerpo se movía solo, apenas lograba ver como su puño llegó a la nariz del primero, su pie a la rodilla del segundo, de alguna forma que desconocía su mano tomó la cabeza del tercero para estamparla en su propia rodilla, esa fue la primera vez que no sintió dolor en su cuerpo.

Se encontraba alejándose aireosoa después de su primera victoria, pero si que estaba cansada, se había llevado un par de golpes, eso y el sol que parecía desintegrar su piel a cada segundo que pasaba bajo él le hacían una tortura cada paso que daba, se escondió bajo la sombra de un árbol dónde probablemente perdería la conciencia hasta la llegada de la luna, ahí es cuando este señor se acercó con un presagio de muerte, pero también media barra de pan que dejó caer en las faldas de la pequeña, pocos podrían explicar lo poco que importaban las palabras y a la vez lo mucho que disfrutó aquella comida.

Ese día se había sumado a la larga lista del pasado, ahora lo importante era evadir el frío y comer otra vez, como si una luz cayese del cielo logró distinguir algo de humo entre los matorrales, casi igual a una sabandija logró escurrirse hasta ver un par de jóvenes riendo junto a una fogata, con cartas en sus manos, lo que saltó a la vista de la niña fue un trozo de carne rostizándose frente al fuego, siquiera supo cuando la baba empezó a caer de sus labios, tenía que tomarlo, solo veía sus dientes encajándose en aquel jugoso pedazo, sus manos por instinto se acercaban al lugar, lentamente sus pasos la llevaron como sabandija hasta el campamento, esperaba que los soldados estuvieran demasiado entretenidos en su juego como para notarla, grave error.

¡Pitufa ladrona!, ¡ven acá monstruo de mierda!

Sorprendida, giró su rostro en medio del acto, cuando sintió un dolor seco en el pómulo y el sabor seco de la zapatilla del soldado en la boca, apretó los dientes con una mueca de dolor, sujetándose el cachete mientras se colocaba de pie en un intento de tomar guardia contraatacar, pero no era lo mismo tres niñatos ahijados de filósofos a un par de soldados entrenados y preparados para una guerra inminente. Ni siquiera logró levantarse correctamente cuando sintió el dolor seco en sus rodillas de un palo cercano y la mirada sedienta de sangre de aquel soldado quedó grabada mucho, mucho tiempo en su memoria.

Se desplomó rebotando en el suelo, sus manos cubrieron su cuello y sus codos los costados de su cabeza, mas en ningún momento se atrevió a cerrar sus ojos, a cada patada, a cada insulto le lanzaban leña a esa llama que crecía lentamente. Al asegurarse que la ladrona sintiese la paliza por mucho tiempo más la cargaron como un saco de papas, e incluso con menos cuidado la hicieron volar un par de metros, cuando vieron que no se movía, tal vez a forma de venganza, tal vez a forma de broma lanzaron ese trozo de carne en la misma dirección.

Despertó con un dolor de los mil infiernos, la cabeza le retumbaba como si le hubiese mordido el mismísimo Cancerbero mientras se colocaba de pie y analizaba el entorno, estaba amaneciendo, algo lejos estaba el campamento y a su lado cubierto en polvo lo que hace unas horas fue ese delicioso trozo de carne, anotó no volver a meterse a un campamento militar, mientras empezaba a alejarse antes que a alguno se le ocurriera acercarse a ella con Zeus sabría qué motivos.

Corría dando tropiezos hasta que no veía nada ni nadie, respiraba aliviada, hasta darse cuenta que un paso delante de ella se encontraba una una bajada drástica y dentro de ella una cueva abismal, como la misma entrada al Hades que tanto mencionaban por las calles.