Abismo Challenger

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Summary

Aquí encontrarás versos arrancados de la profundidad de mi ser, palabras que han nacido entre la asfixia del llanto contenido y el peso de la melancolía. Es un viaje a través de la oscuridad, una danza entre el miedo, la angustia y la inevitable confrontación con uno mismo. Si alguna vez has sentido que la noche te envuelve y oprime tu pecho, que los pensamientos se enredan en espirales sin salida, tal vez encuentres en estas páginas un reflejo, una voz familiar, o al menos la certeza de que no estás solo en la tormenta. Bienvenido a mis pensamientos. Que encuentres en ellos lo que necesitas ver.

Genre
Poetry
Author
Mariel
Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
n/a
Age Rating
13+

Pena y Culpa

Siento el peso de mis acciones pasadas

La culpa latente en mi piel, imposible borrar.

El asco me invade cuando los recuerdos inundan,

El dolor con el que mi corazón se rompió.


Quisiera decir que nada de esto sucedió,

Mi mente está borrosa, atrapada en lo que pasó.

Mi corazón duele, y me atormenta para siempre.

Aquella fue la primera vez que tuve miedo.


Mi mente se bloqueó.

Regresé en el tiempo, huyendo del dolor,

Me quedé en el rincón donde no suba el temor,

Arrepentida de las palabras que salieron de mi boca.


Me duele, y no lo ves; tú sufriste, y por eso no te importa.

Pero yo no provoqué tus heridas, ¿por qué me hieres a mí?

Justificas tus acciones, las que alimentaron mi agonía,

Con los actos atroces que te persiguen de por vida.


Me siento mal por ti: experimenté un fragmento de tu vida, y me rompí.

Me quedé en silencio, y eso me hace sufrir.

Preferiría haber tenido una voz más fuerte para poder salir.

Soy débil, lo lamento, pero sigo siendo una niña, y no lo siento.


Sé que mi corazón es fuerte, pero yo no.

Esperé tres veces para darme cuenta del horror.

No te culpo; yo me culpo.

Me molesta, me derrumbo.


La primera: paralizada, diciendo palabras porque estaba asustada.

La segunda: un parpadeo, un recuerdo borroso que no quiero enfrentar.

Me mostró que, vulnerable, no le importa aprovecharse.

La tercera: me aterra; fui forzada a cumplir lo que tu mente deseaba.

No te detuviste hasta ver mis ojos llorosos frente a tu cara.

Aturdido, te detuviste. ¿Recordaste tu pena?


Porque a mí me apena haber soportado y perdonado lo imperdonable.

Mi mente, en agonía, no te salva de la culpa que sembraste en mi tumba,

La tumba de mi mente sana,

Donde descansa un cuchillo que cortaba la piel tocada.


Los regalos no faltaron; me los diste en disculpa.

Pero eso no borra que hiciste lo mismo que odias.

El mismo daño que recibiste, se lo diste a alguien más,

Como si fuera una maldición, ¿para no sentirte tan mal?


Me dijiste: “No te quiero lastimar”, pero mentiste.

Me aferré a una idea para esquivar la culpa creciente,

Para evitar sentir asco por mi propio cuerpo despreciable.

Decidí cambiar el “no”, para no sentirme mal cuando no fuera respetado.

Así que solo digo “sí”, y me disfrazo con la piel de alguien más.


Ignoro lo sucedido, pero me destrozo nada más.

Me duele la piel y la mente, retorcidas en caramelos,

En dulces palabras llenas de mentira.

Como una muñeca atrapada en un mundo de fantasía.


Me disculpo por no hablar, por pensar que estaba bien,

Pero no contigo: me disculpo conmigo.

Me duele el corazón partido,

Me atormenta la idea de que exagero y que es mi culpa.


La culpa me persigue, cargando con los pecados de los culpables.

Me da miedo exagerar y parecer un farsante.

Me aterra pensar que todo fue mi culpa.

“¿Cómo podría saberlo?” ¿No es esa tu disculpa?


Me da miedo pensar que la agonía la provoqué yo.

No te culpo por lo demás, porque lo demás accedí yo.

Pero me pregunto: ¿las veces que me sentí mal

Fueron porque en realidad no quería?


Quizás por eso mi piel partía, desencantada,

Para trasladar el dolor a otro lugar,

A algo que pudiera ver sanar,

Algo que escurría,

Algo que quizás el agua roja podría borrar.