Los siete inviernos que nunca tuvo el año. (Jenli)

All Rights Reserved ©

Summary

Lalisa Manobal fue una mujer casada. Y se dice que "fue", porque su esposo murió en un accidente luego de cuatro años de un sano y bonito matrimonio. O así lo creyó ella, cuando de pronto una mujer llegó a su puerta, afirmando que tenía un hijo con su esposo; su mundo se derrumbó. Lo que un día ella creyó perfecto ya no existía. Su vida se volvió monótona. Después de ahí, Lisa entendió que tenía que empezar a vivir los siete inviernos que nunca tendrá.

Status
Complete
Chapters
44
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo Uno.

LALISA MANOBAL.


Un día despiertas y ya tu mundo no es el mismo, ya no compartes la afición de preparar un desayuno para ti, sino que te sientas en esa sala a mirar las horas pasar. Esperando que un milagro te devuelva esas ganas de vivir. Y eso ocurrió conmigo.


Después de años de un matrimonio que supuse "feliz", me di cuenta, o más bien, me abrieron los ojos. Mi marido me era infiel, y todo porque yo no podía darle hijos, lo que no encontró conmigo, lo buscó por otro lado. Y lo peor, es que no me siento culpable por su muerte, me siento culpable por no poder darle lo que por años me pidió.


Un hijo.


Pensé que estábamos bien, que él respetaba nuestra unión, pero parecía no ser así.


Cada día que intentábamos salir adelante, cada que me besaba o estaba conmigo de manera romántica, llegaba en las noches y me susurraba lo mucho que me amaba. Yo todos esos momentos los sentí reales. Y para nada aburridos.


Incluso ahora lo extraño como la primera vez que me llevó flores, buscando mi mano y pidiéndole a mis padres que confiaran en él. Ya hoy no era lo mismo, se cumplían siete meses de su muerte, y tres desde que me enteré de aquel pequeño, al cual no le iba a negar parte de la fortuna de mi marido. Una prueba de ADN, fue suficiente para saber que era real.


El pequeño tan sólo tiene un año, y es todo un hombrecito, a veces me provoca las lágrimas, saber que eso no fue producto del amor que decía tenerme. Y el cual fue falso.


Fruncí los labios, y abrí la nevera del GYM tomando una botella de agua. Suspiré y la llevé a mis labios, era común que mis rutinas cambiaran. Por ejemplo, me la pasaba más metida en el GYM, que en mi casa. Ya no era divertido.


Luego de haberme cambiado de lugar y dejarle la anterior a la ex de mi marido, creo que todo fue una porquería. Ya no quería esa casa, ni mucho menos sus recuerdos, ni vivir con el fantasma del hombre que amé por tantos años. Jackson ya no existía para mí, ni para nadie, pero para muchos, su fantasma convivía.


Por lo menos sus padres salieron a defenderlo. Diciendo que yo jamás pude darle aquello, luego de ahí jamás volví a hablar con ellos. Y del niño tampoco sé mucho, no es como que sea mi familiar pero no tiene la culpa del desarrollo que ocurrió en la trama.


Mi corazón se seguían mirando afectado, por las noches se encogía, recordando todo lo que viví. Y de nada me arrepiento.


Porque todo me llevó a donde estoy ahora.


—¿Lisa? —Somi chasqueó los dedos frente a mí—. Andas un poco volada —bromeó la otra.


Ella trataba de hacerme reír todos el tiempo, y claro, si mi rostro estaba peor que el mismo día en el cual tuve que ver a mi exesposo en un ataúd. Y cuando lo recuerdo, me dan escalofríos.


Pestañeé repetidas veces y suspiré.


—Sólo... pensaba —fruncí los labios—. ¿Qué pasa?


—El entranador te llamaba, dice que tardas mucho —comentó—. ¿No te sientes mal?


Negué, —Pensaba, Somi. Sólo eso.


Ella más que nadie sabe por el duelo que pasé. Todas las lloradas que di, pensando que ya no tenía futuro, y que la empresa que un día era de mi Esposo y mía, no iba a poder seguir adelante, pero supe mantenerme. Mi vida no era fácil, pero todos los días despertaba luchando por mí. Y no dejándome morir.


—¿Segura?, puedes decirme —insistió.


—Dile que iré en un segundo —hablé desviando el tema.


Ya no me era para nada entretenido hablar de mis temas personales, ni con Somi, ni con absolutamente nadie. Somi simplemente se limitó a asentir, y se retiró. Cerré mis ojos por un segundo, y cuando los volví a abrir por la pesada mirada de alguien en mi nuca, me giré y encontré una mirada café. Una gatuna para ser más exacta.


Fruncí el ceño, y la mantuve fija. Una chica joven, la cual estaba entretenida, simplemente mirándome. Y no era la primera vez. Somi me dijo que en diversas ocasiones, aquella joven me miraba por minutos largos, eso hasta que la sacaban del trance o yo me retiraba. Pero jamás le di ni la más mínima importancia.


Seguía con mi día, porque eso no me quitaría el sueño. Solté el aire contenido, y volví a lo mío, olvidándome por completo de aquella chica. La cual poco o nada me importaba.


No la detallé, no sentí nada, no me importó.


Ahora mi cabeza estaba muy llena de problemas, y traer más por sólo una mirada... sería un pesar.


Le resté importancia y regresé con el entrador. Pronto mis días en el GYM se terminarían, pensaba trasladarme a otro lugar. Quería o más bien, mi cuerpo y mente necesitaban un lugar nuevo, donde no conociera a personas con la misma cara, mismo nombre, quería un cambio de ambiente.


Ya no sólo me lo pedía el cuerpo, sino las ganas de llorar todas las noches por las cosas que no pudieron ser. Y que jamás podrán ser.


—Aunque me digas que no tienes nada —Somi se colocó frente a mí, mientras yo cargaba aquellas pesas—, no te creeré, Manobal.


—¿Quién te dijo a ti que me importa que tú me creas? –increpé. De manera que Somi sólo suspiró—. Lo siento, Somi, no es mi intención hablarte de esa manera. Pero déjame en paz, no me apetece conversar sobre algo que viví por tantos años y que ahora todo el mundo toma a la ligera.


—Vale, lo siento, pero quiero que sepas el que no estás sola —insistió.


—Eso lo sé, me lo dicen a cada rato. Pero es muy diferente el estar sola al sentirse sola, Somi. Y yo me siento sola —detuve el cargar las pesas—. Deseo llegar a casa, encerrarme en mi despacho y pintar, sólo eso.


—¿Te vas a joder la vida?, estás joven, no te dejes morir porque tu esposo no supo respetar tu matrimonio —recordó.


—No me jodo por eso, Somi. Me jodo porque... ya no es lo mismo de antes, estoy por los treinta y pocos, ya no puedo jugarme la vida así. Creí que para él era mucho más que una máquina defectuosa —susurré lo último—. Pero ya pasó. Son cosas que tengo que superar.


—Jackson debe de estar muy arrepentido, el serte infiel a ti, es una de las peores cosas que el ser humano puede hacer —aclaró Somi.


—Tiene razón —ambas giramos la cabeza de golpe hacia un lado, encontrándonos con la misma chica. La de ojos gatunos.


—¿Disculpe?, ¿está usted escuchando nuestra conversación? —inquirí.


Las mejillas de la chica se tornaron rosadas y carraspeó.


Esto de por sí ya era incómodo. ¿Qué no le enseñaron que era muy malo aquello?


Por Dios. La vi unas dos o tres veces y creo que ella hizo lo mismo conmigo, y opina de esta manera en algo que no le compete.


—Lo siento —arrugó el ceño—. No era mi intención.


—Pues lo hizo, y está incorrecto —declaré.


Era joven. Le calculaba unos veintipocos. No mucho.


Su cabello lacio y recogido en una coleta, con varios mechones cayéndole a los lados. Un top y unas licras, unos tenis sencillos y una piel limpia y tersa. Unos ojos llamativos. Era atractiva, por eso mi entrenador no podía esperar a terminar conmigo para irse con ella.


Recuerdo que intentó coquetear conmigo, pero al saber que tenía esposo, descartó la idea. Es algo patético cuando se lo propone.


La chica lucía inocente, tenía ese no se qué... era... muy linda.


Jamás negaré la belleza de una mujer, aunque nunca me llamaron la atención por lo menos no de esa manera. Ni sentimental ni mucho menos sexualmente.


Con el único hombre que estuve, con el cual mantuve una relación oficial fue con Jackson. Y hasta el día de hoy, el único que me atormenta por las noches, y me hace creer que debí esperar un poco más, porque no era el correcto. Aunque otra parte de mí, no se cansa de decirme que si fue el correcto, en el momento equivocado.


Quisiera preguntarle el porqué lo hizo, pero ya no está aquí.


—Lo sé, y disculpe —hizo una pequeña reverencia—. No vuelve a pasar.


—No, claro que no. O me veré en la obligación de dejar este lugar —respondí en un tono arisco.


–Hey, Lisa, ya te pidió disculpas —intervino Somi—. Tranquila, chica. Sabemos que no volverá a ocurrir, pero ¿lo que dije es cierto, no?


La morena asintió con una sonrisa pequeña y soñadora. Rodé los ojos.


—Sí, es muy atractiva, Señora —dijo a mi dirección.


Forcé mi sonrisa, —Gracias. Y disculpe que le diga esto, pero ¿puede retirarse?, es una conversación de dos —nos señalé a Somi y a mí.


—Oh, claro, perdón —retrocedió sin dejar de mirarme—. Adiós.


Levanté la mano, despidiéndola. La chica se giró y sólo escuché un largo suspiro salir de ella. Bufé.


—Ahora todo el mundo tiene que saber sobre mi vida —chisté.


—No te enojes, Lalisa. La pobre estaba que temblaba del miedo, ¿que no viste su reacción? —se burló Somi.


—No, ni me interesa, con suerte y le hablé —respondí restándole importancia.


—Es muy linda.


—Quizás sólo es físico. Y cuidado te conviertes en una asalta cunas, Somi —ambas avanzamos hasta las duchas—. Eso estaría muy mal.


—¿Cuánto le calculas?


Me detuve, —Yo que sé.


—Yo le cálculo unos veinte. No es mucha diferencia. Tengo veintinueve —sonrió satisfecha—. En cambio para ti si sería la diferencia. Tienes treinte y cuatro años ya.


—Somi, no me la voy a coger. Primero que nada, no me interesan las mujeres. Lo segundo es que, acabo de terminar un matrimonio.


—Lisa, son casi ocho meses, supéralo.


—No se supera, Somi. Se aprende a vivir con ello, y yo no sé como hacerlo aun. Fueron años de mi vida casada con Jackson. Lo amé, fue mi primer hombre no sexualmente, pero me entendiste —resoplé—. Y es tan jodido extrañar algo que ya estaba roto.


—¿Lo amaste o sólo era costumbre?


—No me vengas de psicóloga, por favor —agité la mano—. No me interesa tu psicología.


—Piénsalo, Lisa. Quizás no era la persona para ti; quizás la persona para ti es un poco más joven, de ojos sexys...


—No me gustan las mujeres. No tiene nada de malo, pero no son lo mío.


—Prueba el sexo con una, y verás como ni Dios te saca de ahí, Lisa.


—No lo necesito, he estado perfecta sin esos problemas en mi vida —me saqué la ropa de hacer ejercicio—. Si me permites, me ducharé.


—Lalisa, todo el mundo necesita sexo. Inténtalo, es muy bueno.


—No me interesa —me entré a una de las duchas y abrí la llave, permitiendo que el agua caliente me relajara—. Por el momento sólo deseo vivir en mi soledad.


—Metida en libros viejos y manchada de pintura, escuchando música clásica. Cosas de viejos —bufó Somi—. Con lo buena y joven que estás.


Y de nuevo mi mundo se cerró, pensando en las palabras de Somi. Me estoy dejando morir por alguien al cual no le importé. O quizás sí.


Es que no lo sé, y eso es lo que se me hace tan frustrante.


Nunca supe lo que sintió Jackson por mí.


Y a este punto, creo que jamás lo sabré.


****


—Hola, Mami —entré a la casa de mi madre, dejando un beso en su mejilla—. ¿Dónde está Louis?


—A veces desaparece —dijo mi madre en un tono suave—. ¿Cómo estás, preciosa?


Sonreí, —Echando en falta tu comida. Me muero de hambre, salí del GYM.


—Ahora mismo te sirvo un poco.


En cuanto vi a mi gato Louis, lo tomé entre mis brazos y sostuve contra mí. Este me ayudó en mis momentos de soledad, pero por el trabajo no podía tenerlo todo el día, lo dejaba con mi madre y en la noche pasaba a buscarlo, no me gustaba dejarlo solo. Pero era un buen compañero, se acostaba a mi lado todas las noches, esperando que terminara de pintar y ya luego de ahí, se dormía conmigo.


Era lindo escuchar sus maullidos por las mañanas, y verlo dormir primero que yo.


—Huele muy rico —admití.


—Es tu comida favorita —se sentó frente a mí, mirándome—. ¿Todo bien hija?


Asentí, —Sí, mami. ¿Dónde está papá?


—Oh, en el garage, arregla una máquina ahí toda vieja. Le dije que la echara a la basura pero sabes como es él.


Sonreí, —Sí, lo sé.


—¿Segura que está todo bien?


Torcí los labios, —Lo manejo, mamá. Todo saldrá y estará bien, tranquila.


—Espero que sí, pequeña. Por cierto, tu padre y yo abriremos la pequeña tienda.


—Oh, eso es muy bueno, por fin me hicieron caso —metí una cucharada de la comida en mi boca.


—Así es. Esperemos que todo salga como lo planeado.


—Ni lo dudes. De ahora en adelante, las cosas serán diferentes... y mucho mejores.


‧₊˚❀༉‧₊˚.