𝑩𝒂𝒅 𝑳𝒐𝒗𝒆: αмοя мαℓο ┇ᵗʷᶜⁿʳ

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Summary

Después de descubrir la infidelidad de su esposo, Bill decide huir de su vida monótona y aburrida para embarcarse en un viaje en auto en busca de libertad. Mientras tanto, Tom, un fugitivo de la justicia, se cruza con un atractivo rubio y lo obliga a convertirse en su cómplice. Junto con Gustav, se dirigen a Las Vegas, pero en el camino, Tom se verá obligado a tomar medidas desesperadas para sobrevivir. ✥--------------- ✦ ---------------✥

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

—¡Lo sabía!— El gruñido de ira y decepción retumbó en la lujosa habitación del hotel.

—Espera, no es lo que piensas —dijo el hombre desnudo y medio excitado, bajándose de la mujer para seguirle el paso a su esposo, que ya se dirigía hacia el ascensor. —Puedes escucharme —pidió.

—No hay nada que puedas explicar, Jared. Lo vi todo y lo entendí perfectamente —respondió su esposo, sin detenerse.

—Ella no es importante para mí. Se me ofreció y yo soy humano, no puedo controlarme... Además, ¿qué haces aquí? ¿Me estás siguiendo? —reclamó con un tono de indignación.

—Eres tan cínico —pronunció entre dientes, queriendo golpear ese bonito e infiel rostro. Pero no se ensuciaría las manos y todo lo dejaría en manos de sus abogados.

Las puertas del ascensor por fin se abrieron, y el rubio entró, seguido de su esposo o ex. —¿Qué haces? Vístete.

—No, hasta que me escuches —

—Estás haciendo el ridículo —

—Crees que me importa. Hago lo que sea por ti, bebé —

—No me llames así, infiel —

—Bebe, hablemos —pidió Jared.

—Es tarde para eso. Te quiero fuera de mi casa —dijo el rubio, y con eso salió del ascensor.

—Bill, hablemos, por favor, escúchame —gritó Jared.

—¡Ve a vestirte! —giro para decirle, pero no se detuvo aunque su esposo estuviera armado un show con sus gritos.

Subió al auto que anteriormente había dejado en la acera y arrancó a toda velocidad hacia su hogar.

Vio la mansión aparecer a su vista y fue allí que sus ojos derramaron unas cuantas lágrimas, pero no por descubrir la infidelidad, eso lo intuía hace meses atrás. Lo que le dolía era haber perdido casi diez años de su vida por estar casado con un actor de medio pelo. Bueno, Jared Leto es un gran actor, pero era un completo idiota, y sentía que la juventud se le esfumaba entre sus manos.

Los guardias abrieron las puertas para dejarlo entrar, y cuando estuvo frente a su mansión, se estacionó y entró, ignorando a los empleados que le preguntaban sobre la cena que estaba preparando. Subió las escaleras y fue directo a su habitación, tiró el abrigo que su esposo le había regalado esa mañana para celebrar su onceavo aniversario.

Sacó unas maletas y metió lo que consideraba que iba a necesitar.

—Señor, ¿quiere que pongamos la mesa? El señor Jared...?— preguntó uno de los empleados.

—¡No! Quiero que regales la comida entre los trabajadores o a los de la calle, no me importa —respondió Bill.

—Pero... ¿se van de viaje?— preguntó el empleado, al ver la cantidad de maletas que preparaba, dando gruñidos y metiendo la ropa sin cuidado.

—Fred— Bill detuvo sus movimientos y tomó el abrigo para dárselo a su mayordomo, que lo tomó—. Me voy de viaje, no sé cuándo regrese, pero necesito que llames a Axel y le digas que se ocupe de mi divorcio y que saque a patadas a Jared de aquí. ¿Lo harás?

—Sí... pero... ¿y usted? —preguntó Fred.

—Ya te lo dije, me voy de viaje —

—¿A dónde? —

—Aún no sé, pero te estaré llamando. Ayúdame con las maletas —pidió Bill.

Fred asintió y tomó dos maletas para subirlas a otras dos y comenzar a rodarlas y bajarlas por las escaleras. Mientras que Bill cargaba con otras dos y así bajarlas a paso lento.

Caminó por el pasillo, encontrando a su paso a las empleadas con las bandejas de comidas para comenzar a repartir entre ellos.

—Dile a Mario que saqué el Subaru y sube las maletas allí, Fred —ordenó Bill, sin esperar respuesta.

Entró en la oficina de su ex esposo, bajó el cuadro y tecleó los códigos de la caja fuerte. Cuando el “tik” sonó, abrió la puerta y comenzó a meter dinero, joyas y tarjetas de crédito. Pero se detuvo al encontrar un sobre con su nombre. Frunció el ceño al no reconocerlo y trató de abrirlo, pero de nuevo Fred lo interrumpió.

—Señor, ya está el Subaru listo —dijo Fred.

Bill asintió, metió el sobre en su maletín, colocó de nuevo el cuadro sin cerrar la caja fuerte (total estaba vacía) y salió apresuradamente. Tenía poco tiempo para largarse, seguramente su ex venía en camino y no quería lidiar con su estúpido y falso arrepentimiento.

Se subió al auto y miró a Fred. —Te estaré llamando. Por favor, llama a mi hermano y dile que puede estar feliz que voy a divorciarme de Letto y que no lo quiero viviendo aquí.

—De acuerdo, lo haré —respondió Fred.

—Eres libre de irte con el señor si es lo que deseas, Fred. De hecho, todos son libres si quieren seguir al señor Jared. Pero me alegraría que cuidaras mi casa mientras vuelvo.

—No me iré. Lo esperaré — murmuró Fred.

Bill respiró aliviado. Tener a Fred cuidando su casa y sus pertenencias lo hacía tomar más valor del que tenía. Le regaló una sonrisa y arrancó en el Subaru, hasta salir a la carretera y perderse en la distancia.

—Esto se pondrá feo, Fred —dijo Mario, viendo cómo el rubio salía a toda velocidad sin cuidado al conducir un auto de miles de dólares, la última adquisición de Letto.

—Lo sé... debo hacer unas llamadas —respondió Fred entrado a la casa.

Bill solo veía la carretera a su frente. Ya había llegado a la concurrida ciudad de Chicago, y el ruido y el caos aparecieron en su camino. No sabía cuántas horas condujo hasta que su estómago pedía a gritos comida. Así que vio el próximo restaurante, que parecía elegante y no estaba muy concurrido. Lo que menos quería era que un fotógrafo lo capturara entrando allí y, en menos de un minuto, tener a su infiel exesposo en el lugar. Le bastaba con soportar sus insistente llamados y miles de mensajes que solo borraba sin leer su contenido.

Ya estaba decidido: se iría de viaje en el bonito Subaru azul. Se bajó y entró directamente a la barra para pedir su comida para llevar. Miraba el menú y optó por lo más rápido: una hamburguesa y papas. Cuando el mesero se dio su entrega de inmediato, salió del lugar. No sabía por qué se sentía tan observado. Estaba acostumbrado a los paparazzi, pero esta mirada lo hacía estremecer.

Por enésima vez, la llamada de Letto entró, y ya estaba harto. Así que contestó.

—¿Qué quieres? —

—Si le llegas a hacer tan siquiera un rayón al Subaru, Bill, te juro... —amenazó Letto.

—¿Me juras qué, Letto?

—Ese auto vale millones, y ¿cómo es eso que no puedo entrar a mi casa? —

—¿Tu casa? Es mi casa, maldito traidor, y te quiero fuera.

Jared suspiró y rió con ironía. —¿Cuándo vas a volver? —preguntó.

—Jamás... y si lo hago, créeme que no te quiero ver en mi casa. Así que ahórrate tus excusas y promesas baratas... Me voy a divorciar de ti, Jared, y te dejaré sin nada —respondió el rubio.

—Escúchame, Bill... —comenzó a decir Jared, pero el rubio cortó la llamada y apagó el teléfono.

Caminó hasta su auto, pero notó que dos personas lo seguían. Bill se puso nervioso, metió su mano en su chaqueta y sacó su llavero. Sin detenerse, buscó desesperado el frasco de gas que tenía colgado allí y se preparó.

Se detuvo y giró tan rápido, accionando el tubo y rociando a uno de ellos, que gritó desesperado cubriendo sus ojos.

—¿Quieres que te eche a ti? —dijo Bill, mientras mostraba su gas al otro individuo, que solo sonreía.

—Calma, cariño, somos inofensivos —

—Claro... y por eso me seguiste como un par de hampones —respondió Bill.

—Solo te escuchamos hablar por teléfono y te veías irritado y peleando... ¿con tu pareja? Pero antes de eso, vimos en las noticias que un Subaru azul había sido robado —dijo mirando el auto estacionado.

Bill tragó saliva. —Hay muchos Subaru en la zona —contestó, viendo que al que le había rociado gas ahora se lavaba el rostro.

—Pero no todos los conduce un sexy rubio y que su esposo es Jared Letto —

—¿Qué quieres? —preguntó Bill resignado.

—Que nos lleves a la siguiente ciudad —respondió.

—No, no los conozco —

—Tengo aquí el número de Letto, podría llamarlo y... —amenazó el hombre mostrando un teléfono.

—Está bien, suban, pero si intentas algo, los rocío —

—De acuerdo, belleza —

—Me llamo Bill —

—Ese estúpido es Gustav y yo me llamo Tom .