Bunny | Chestappen

Summary

Checo es un híbrido de conejo embarazado que puede lactar. Y Max está encantado por eso.

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n/a
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18+

Único




Checo estaba sentado en el sofá de la sala, mientras miraba su abdomen levemente abultado. Estaba embarazado de tres meses.

Comía de su zanahoria y lloriqueaba al sentir sus pezoncitos doler, su bebé aún no nacía y sus pequeños pechos se llenaban mucho de leche.

Cambió su vista al reloj de pared y luego al televisor, su novio no tardaba en llegar.

Max lo había recogido de las calles, siendo sólo un pequeño conejo, le costó mínimo una semana mostrarse por completo, y explicarle todo a su lindo Max.

El menor no podía creer que todo ese tiempo se había estado vistiendo, incluso masturbado, frente al pequeño conejo que en realidad era un híbrido.

El pequeño conejito de nombre Checo, no tuvo mucho problema en explicarle lo ocurrido, puesto que Max ya sabía sobre los híbridos, pero nunca le intereso saber de ellos, el mayor al escuchar esto sólo pudo asustarse pensando que le tiraría a la basura.

Pero el rubio fue muy claro y le dijo que no tendría problema en adoptarle, que se quedaría con él, y así fue.

Un poco difícil al principio puesto que Checo había escapado de un feo hombre que le hacía daño, pero pudo escapar antes de ser abusado.

Y a Max le había costado ganarse la confianza del lindo conejito, pero al final lo logró y ahora llevaban cuatro lindos años de relación con un bebé en camino.

Cuando el embarazo comenzó el pequeño híbrido se asustó mucho al sentir como sus pezones y pecho dolían sin razón alguna, y se asustó aún más al ver como sus pezones se hacían más gorditos y gruesos al igual que su pecho que había empezado a crecer.

Se lo comentó a Max y le enseñó, al menor también se le hizo un poco raro aquello, así que fueron con el doctor y este les explicó que era algo muy normal en un híbrido como Checo, y que sus pechos crecerían un poco, producto de la leche.

A Max le encantaba ver a su conejito con aquellos pequeños pero deseables senos.

El menor se había vuelto un adicto a ellos desde una vez que hicieron el amor y se tentó a probar, juraba que la leche del mayor era la gloria.

Era tan cremosa y dulce.

Joder, podía pasar pegado a su pecho todos lo jodidos días, se suponía que la leche era para el bebé, no para él, pero al menor le daba igual.

Además, ayudaba mucho a Checo a minorar tan terrible dolor que le provocaba tener sus pechos tan llenos.

Checo frotó su vientre, y terminó de comer su zanahoria, sus orejitas parándose al escuchar la puerta de la casa siendo abierta.

Se puso de pie y miro a su lindo novio quitando sus zapatos y dejando su abrigo en el perchero.

—Hola mijn liefje —el menor poso sus manos en el rostro del pecoso y lo beso.

—Hola Maxie, ¿cómo te fue hoy? —preguntó el pequeño conejito, sus lindos ojos marrones brillando y sus orejitas hacía atrás bajitas producto del amor que tenía hacía el menor.

—Muy bien schat, desesperado por verlos a ambos —besó la tierna nariz y poso su mano sobre el vientre del pecoso, agachándose y dejando un tierno beso en la pancita.

—¿Quieres comer ya? —el mayor preguntó caminando hacia la cocina.

Escuchó el “sí” de su novio y procedió a servirle de comer. Y de paso también para él.

Ambos sentados en el comedor hablando de cosas triviales, y sobre comprarle la cuna al bebé, antes de que lo olvidasen.

Ah, y Max reclamando que desde que naciera tenían que darle biberón, puesto que él no estaba dispuesto a compartir los pechos del mayor con su hijo.

—Max no puedes hacer eso, necesita beber de mi pecho porque aún será muy pequeño —Checo un poco confundido por su celoso novio.

—Ese pequeño ladrón, se la beberá toda y esa leche es para mí, es mía —gruñó haciendo un puchero.

Checo entrecerró sus ojos.

—En realidad tú estás robando su leche, y aún no sabes si será una niña o un niño —le miró.

—No pasará nada si bebe del biberón desde que sea pequeño, además no necesito saber si será un niño o una niña para saber que es un ladrón al querer robar mi leche —se cruzó de brazos terminando su comida.

—No puedes hacer eso. Además, ¿sabes cuánto se llenarán mis pechos cuándo nazca? Yo creo que abra suficiente para ambos —dijo el pecoso.

—Delicioso —jadeó Max.

Checo sólo pudo sonrojarse y terminar su comida.

—¿Te parece si miramos una película? —el menor preguntó mientras recogía los platos, poniéndolos en el fregadero y lavándolos de una vez.

—Está bien, iré a la sala, te espero ahí —besó la mejilla de su novio y camino con cuidado a la sala, portando sólo una camiseta de Max que le llegaba hasta la mitad de los muslos.

Amaba ponerse las camisetas grandes de su novio, y al rubio le encantaba verlo con ellas.

Al final ambos se acurrucaron en el sofá, mientras miraban una linda película de romance, hasta que se escuchó un pequeño quejido de los labios de Checo.

—¿Qué ocurre bebé? —preguntó al ver como el mayor se alejaba de su pecho.

Checo vio su camisa mojada justo en la parte de su pecho, estos estaban llenos y gotas de leche habían empapado la camiseta.

—¿Te duelen? —preguntó el menor, relamiendo sus labios.

—S-Si, están muy llenos de nuevo —miró la camiseta con disgusto—. Iré a cambiarme.

Antes de que pudiera irse Max le tomó de la muñeca y lo sentó a horcajadas en su regazo con cuidado.

—¿Puedo ayudarte? —preguntó besando su mentón.

—Claro que sí —alzó su camiseta sonriendo, dejando a la vista sus lindos pechos con las protuberancias goteando leche por lo llenos que estaban.

Max gimió y acerco su rostro, besando el pequeño hinchadito pezón, para luego relamerse los labios por la gota que quedó en ellos.

Abrió su boca y lentamente tomó el pezón rosadito en su boca succionando, sintiendo la caliente y dulce leche en su boca.

Cerro sus ojos por tan exquisito sabor, la cremosa y espesa leche estaba siendo degustada por sus papilas gustativas.

El mayor gimió y sus orejitas se bajaron inmediatamente, sintiendo su rabito moverse inquieto. Movió sus caderas con cuidado restregándose en la erección del rubio que crecía cada vez más mientras su novio bebía hasta la última gota de leche.

—¿Sabe bien? —preguntó acariciando los cabellos rubios.

El menor gime y succiona un poco más, limpiando su boca con su mano, asiente eufóricamente.

—Es muy rica, sabe deliciosa —jadea con la respiración agitada, termina de sacarle la camisa al mayor y vuelve a succionar.

Toma el pezón y lo presiona un poco, succionando con gusto.

—Ahh Maxie... —el mayor cierra sus ojos y abre su boca en forma de “O”.

Max mete su cara en ambos pechos y los acaricia, sintiendo la suavidad de estos, besando ambas protuberancias.

—Maxie, vamos a la habitación, hazme el amor por favor —dice el pequeño híbrido acariciando con sus orejas la cara del menor.

Este asiente, lo carga y besa su frente, caminando hacia la habitación.

Lo acuesta en la cama con cuidado y quita sus bragas. Besa la pequeña pancita y susurra:

—Eres muy sexy —sonríe. Se levanta y se quita la camisa y los pantalones con todo y bóxer.

El híbrido admira la erección del rubio y siente como empieza a lubricar. Sus orejitas siguen bajas.

—Tus orejitas siempre se bajan cada vez que hacemos el amor, eso es tan lindo, te ves precioso —dice el rubio mientras se coloca entre las piernas del pecoso. Besa el cuello ajeno y sin poder evitarlo vuelve a sus senos y succiona fuerte, tanto que mancha las sábanas de la dulce y deliciosa leche de su híbrido.

—Mgh Maxie follame —súplica, mientras cierra sus ojos por tan placentero que se siente ser ordeñado por su novio.

Max se ve obligado a separarse de los pechos, baja en un camino de besos húmedos que pasan por el abdomen del pecoso hasta llegar a su miembro erecto, el cual termina succionando, chupando y atendiendo con su boca.

—Ma...axie ugh —Checo gimió, se sentía extremadamente bien.

La boca caliente del rubio baja más, hasta que pasa por los testículos dejando besos húmedos también ahí. Gira al conejito boca abajo y eleva su trasero quedando la cara del mayor enterrada en la almohada. Sigue con su camino de besos en las esponjosas nalgas, después las abre para admirar la apretada entrada y sonríe al escuchar los gemidos que suelta su novio con cada mínimo toque que recibe de su parte.

Ya bastante motivado por todas las sensaciones, el menor baja su boca hasta el pequeño agujero que lo espera ansioso, con su lengua acaricia cada centímetro de piel, después la introduce lo más que puede haciendo que el pecoso se retuerza de placer.

—Maaax...

El rubio acerca un dedo a la dulce entrada y empieza a introducirlo, el pecoso aprieta la sabana con fuerza cerrando los ojos.

Max gime al sentir lo apretado que esta, mueve su dedo de adentro hacia afuera, creando un lindo vaivén.

Lo mueve en círculos y se sorprende al ver como esos lindos senos que adora comer siguen goteando leche por montones, gotas que dejan manchada la sabana de la cama.

—Así schat, gime mi nombre —cuando siente que el cuerpo ajeno se ha acostumbrado a la intromisión, introduce un segundo dedo haciendo movimiento de tijera para abrir más al pecoso.

Para este punto el mayor se encuentra perdido en las sensaciones que le provoca su novio.

El rubio agrega un tercer dedo, provocando un gemido ruidoso de parte del mayor, el cual se siente completamente en éxtasis, sus mejillas rojas, los labios abiertos y la saliva escurriendo de su boca.

—Max... me... voy... a... corr... —no termina la frase cuando los espasmos comienzan a recorrer su cuerpo mientras un líquido blanco se esparce entre la cama y su abdomen levemente abultado.

—Ese es mi conejito —dice Max sacando los dedos de su interior para girarlo en la cama. Acto seguido lo besa intensamente, mientras el pecoso aún está disfrutando de su orgasmo.

El menor se separa y toma un preservativo del cajón de la mesita de noche, se lo coloca y acomoda su erección en la entrada del pecoso.

Su rabito estaba siendo aplastado, no estaba seguro si el mayor estaba cómodo en esa posición.

—Mijn liefje, conejito, ¿estás cómodo así? —pregunta, el mayor asiente y entonces Max continúa.

Mete el glande y se va introduciendo poco a poco, mira las lindas y excitantes expresiones del mayor, quien gime alto y frunce su ceño.

Cuando termina de entrar se queda completamente quieto, entrelazando sus manos con las del pecoso.

Al darse cuenta de que el mayor se encuentra listo comienza a moverse en su interior haciendo con esto que el pecoso gima mas fuerte.

—Más... más... rápido —dice el mayor mientras sus ojos se encuentran en blanco disfrutando de las embestidas que ahora se vuelven más rápidas y certeras, es justo ahí cuando las estocadas encuentran su próstata haciéndolo llegar al paraíso.

Max suelta gemidos por lo bien que se siente estar dentro del mayor, besa nuevamente los labios de su novio y baja por su cuello, besando y mordisqueando este.

Llega a sus pechos y los lame, lame cada gota que sale y también lame por completo los senos, limpiando la pegajosa y dulce luche.

Toma el pezón izquierdo en su boca, succiona fuerte y gime de puro gusto por el rico sabor, la leche caliente del pecho de su novio llena su boca, muerde suavemente la protuberancia y ahora succiona el otro pecho.

El conejito gime en demasía y aprieta el miembro del rubio en su interior mientras siente los espasmos recorrer su cuerpo y su orgasmo venir intensamente. Finalmente se corre entre sus abdómenes poniendo sus piecitos en puntita.

El menor sonríe y besa la frente del pecoso, deshace el agarre de sus manos y aparta los mechones de cabello de su cara. Sigue moviéndose y se corre en el preservativo con un largo y ronco gemido. Sale de su interior y le hace un nudo al preservativo, tirándolo al bote de basura.

Mira a su lindo novio quien hace un pucherito pidiendo mimos, él toma la sábana y acobija ambos cuerpos, besa el hombro desnudo y atrae a su conejito hasta su pecho mientras se acomodan en una posición cómoda.

—Aún queda mucha —murmura el pecoso tomando con sus manos ambos pechos y los presiona con suavidad—. ¿Quieres más? —pregunta con una sonrisa.

Los ojos del menor brillan y asiente, acercando su boca hacia un seno como si fuera un pequeño bebé, succiona y la leche sale, cierra sus ojos y poco a poco se queda dormido mientras succiona hasta quedarse dormido por completo.

El pecoso ríe enternecido por su lindo novio y abraza al menor.







El pequeño Pato de un año se encuentra bebiendo del pecho de su mami, mientras este le observa con una tierna sonrisa y el bebé sólo puede ver para todos lados mientras bebe de su leche.

—No tarda en venir papi y quejarse —le dice el pecoso a su pequeño hijo quien cierra sus ojos, dispuesto a dormir.

Y tal y como lo dijo, el rubio se asomó por la puerta, gruñendo y haciendo reír al mayor.

—Ese bebé ya tiene un año y sigue tomando de tu pecho —cruza sus brazos y mira al pequeño bebé que sigue succionando del pecho de su esposo.

Porque sí, se habían casado cuando Checo tenía cuatro meses de embarazo. Max se lo pidió y le dijo que se casaran antes de que el bebé naciera, y así lo hicieron.

—Amor tú tienes veintisiete y lo sigues haciendo —ríe y mira que su pequeño ya está dormido, lo carga y lo pone en su cuna.

—¿Ya me toca? —murmura el rubio emocionado.

El mayor ríe por el entusiasmo del menor y es cargado por este hasta la cama.

Max lo besa y puede ver sus senos más grandes y goteantes de leche.

—Te dije que estarían más llenos cuando naciera, es un insatisfecho como tú —le mira con sus orejitas paradas y sus ojitos brillando.

El menor ríe y besa su mejilla, y justo cuando iba a tomar de su pecho el pequeño Pato despierta con su llanto escandaloso.

—Yo lo traigo —dice el menor y besa los labios de su esposo, se pone de píe y toma con cuidado al pequeño bebé que no durmió nada.

Se recuesta en la cama y lo pone en medio, el bebé por inercia busca el pecho de su mami y cuando lo encuentra sonríe mientras bebe la leche.

—Pequeño conejito, ya estás muy nutrido, ¿no crees que ya no necesitas la leche? —pregunta el menor a su lindo bebé, que es idéntico a él, incluso en lo comelón.

El bebé suelta el pezón y balbucea palabras sin sentido.

—No, esto es mío —toma el pecho de Checo y lo presiona suave.

El bebé le mira con el ceño fruncido y como si le entendiera le saca su pequeña lengua y el mayor ríe.

—Mal conejito, eres un malcriado —el gordito bebé le mira con sus enormes ojos azules y balbucea.

—Al parecer cada vez que balbucea está peleando contigo —el mayor los mira a ambos con ternura.

—No es justo, era mi turno de beber —gruñe molesto.

—Puedes beber del otro —Checo se acomoda a modo de que su bebé beba de su pecho izquierdo y Max del derecho.

—¿No te dolerá? —pregunta un tanto preocupado, el mayor niega.

—Adelante, está muy lleno, toda es para ti —le dice con una sonrisa mostrando sus dientes de conejito tan adorables.

El menor sin pensarlo dos veces toma el rosadito pezón y empieza a succionar fuerte la cremosa, espesa y dulce leche de su esposo.

Y el mayor sólo puede cerrar sus ojos al tener a la pequeña boca de su hijo y la de su esposo succionando sus pechos, teniendo tanto parecido hasta en la manera de succionar.

Y aún no sabe cómo no le han dejado seco cuando de leche se trata.

Mira a su esposo y a su bebé y sabe que es feliz, aunque tenga a un adulto bebiendo de su pecho, los ama demasiado.




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