Introducción
Cuando da comienzo una historia, lo más común es que no se pueda saber cuál va a ser el final. De vez en cuando es posible hacer conjeturas debido a la forma en que los hechos se desarrollan. Pero nadie podría imaginar jamás que su propia historia consiguiera terminar de forma trágica.
Estaba tirada en un viejo callejón, con los ojos carentes de emoción y el cuerpo retorcido por un profundo dolor que se extendía en oleadas. A pesar de todo, mantenía la mirada en las figuras borrosas en que se habían convertido los asesinos que contemplaban con satisfacción su obra. Apenas escuchaba sus voces, ahogadas y ya no era capaz de apreciar las facciones o gestos en sus rostros. Por su parte, debería haberlo supuesto. Sí. Sobre todo, después de todo lo que había sucedido a lo largo de su vida.
Los recuerdos comenzaron a cruzar por su mente rápidamente, haciéndola rememorar cada cosa. Trató de encontrar en su memoria los primeros años de su vida, pero eran tan lejanos que no podía acceder a ellos. O quizá no quería hacerlo realmente. Solo esperaba ser capaz de encontrarse con su familia una vez. Esa familia que había muerto tanto tiempo atrás de una forma tan... cruel. Tenía la certeza de que iba a morir. Pero, ¿realmente era tan malo? Ya no lo sabía. Hacía mucho tiempo que había renegado a ese deseo, sabiendo que no iba a lograr escapar del destino que habían impuesto para ella.
Llegados a ese punto, un único nombre acudía a su mente. Y lo peor, es que no podía creer que fuera precisamente esa la única persona en la que pudiera pensar al borde de la muerte. Sabía, a pesar de todo, que él era el único a quien podía acudir. Pero eso no causaba nada en ella. No había dolor o miedo. Tampoco alegría. Quizá iba a ser libre por fin.
Sus ojos empezaron a cerrarse lentamente, tratando de finalmente dejarse llevar. El dolor empezaba a pasar, los murmullos burlescos de sus atacantes habían cesado y ya no había más que una bruma oscura frente su cara. Estaba sola. Como hacía mucho tiempo que había querido. Los últimos ápices de calor se evaporaban de su cuerpo mientras su mente la llevaba a los acontecimientos que habían terminado desencadenando aquel final.