Una historia de ebriedad y largos besos.

Summary

Una noche, un anillo, un vuelo, turbulencia, un profesor y un piloto. Un poquito trazado, pero antes de terminar este mes de San Valentín quiero subir esta historia que ya la había preparado con otros fines, pero no estaba terminada, aprovechando día del amor lo termine y la comparto. ONE SHOT.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Una historia de ebriedad y largos besos

Disclaimer: los personajes no me pertenecen, pertenecen a Marvel/ Mr. Lee / y demás creadores de estos increíbles super-seres. Esta es solo una idea mía convertida en letras.


Esta historia es un STONY. 


Mundo alterno.


¡Gracias por leer y espero que lo disfruten!



Una historia de ebriedad y largos besos


Tony apuró sus pasos entre la multitud de personas emocionadas por el viaje. Si perdía apenas unos minutos, el avión se iría sin él.


Los adornos rojos en forma de corazón y el sonido de músicas melosas y románticas en los altavoces flotaban sobre el bullicio general. Estaban a un día de San Valentín. Y Tony pensó que realmente necesitaba un milagro para alcanzar el avión y regresar a América.


Todo por haberse desvelado la noche anterior entre copas con sus amigos. Rhodes y Stephen nunca perdonaban una salida cuando él estaba por aquí, más aún cuando Tony cuando debía regresar a casa.


Claro, Tony no se negaba, ya que su falta de tolerancia al alcohol lo dejaba sedado lo suficiente para soportar el vuelo, sin miedos y sin náuseas al volar. Tony siempre lo necesitaba. Al menos después de ser uno de los pocos sobrevivientes de un vuelo que había acabado con la vida de sus padres.


Pero la noche anterior se le había ido de las manos entre copas de vino dulce y brindis, él bar con adornos de rojo y corazones, él había hecho cosas que nunca antes pensó que haría en su vida. El solo pensarlo hizo que su rostro se tiñera en color carmín.


Aún recordaba vagamente al hombre sumamente atractivo, de cabellos rubios y ojos azules, con una sonrisa dulce, pero seductora. El sujeto había estado conversando a unas mesas de él y Tony no había podido quitar los ojos de él, fue un "flechazo instantáneo", probablemente como dirían los fantasiosos, cupido y su flecha habían dado en el blanco, sumándole el estado etílico qué traía, Tony se había convertido en Julieta.


Tony había bebido demasiado, pero aún recordaba cómo sedujo al hombre para tener una noche de locas aventuras, aventuras que solo al recordarlo, hacían que su corazón latiera como un caballo de carreras. Él nunca se había animado tanto con respecto a abordar a una persona al azar, porque solo era un triste profesor de física en la universidad.


Era tan aburrido que nunca antes había tenido una cita decente, menos aún, pensar en una cita con alguien tan atractivo, nuevamente, menos aún tener sexo con alguien.


La noche anterior, Tony se había acercado de manera sugerente al hombre, había acariciado su hombro con la punta de sus dedos, deslizándose por los pectorales que parecían cincelados en roca y como si él fuera un seductor por naturaleza, o al menos eso era lo que su alcoholizada mente creía que era, él había susurrado cosas al oído del hombre. Aún recordaba el rostro sorprendido de sus amigos y también del amigo del hombre rubio, Tony solo había emitido una risa boba ante la reacción generalizada, aquello definitivamente había sido algo muy osado para su personalidad tranquila y gris.


El mismo, se había sorprendido cuando después de una negativa, donde ni recordaba lo que el chico atractivo le había dicho, el hombre permitió sus avances.


Luego de eso, los flashes de memoria lo colocaban, pasando de un estado de lucidez a otro de laguna mental, entre los brazos del hombre, quien acariciaba su cuerpo con manos y boca, su torso desnudo, dejando un camino de besos, sus pezones siendo acariciados, estirados y mordidos.


Todo era un borrón del cual no recordaba nada más que flashes. En ellos, Tony veía el vaivén constante del cuerpo musculoso contra el suyo. El ruido del choque de pieles, el rostro excitado, sus dientes apretados y sus ojos azules intentando devorarlo por completo, la sensación de su propio cuerpo que se contraía, el gemido vergonzoso que había dejado salir y su vientre se apretaba y la liberación llegaba, luego oscuro.


Aquella mañana, cuando despertó totalmente desorientado y adolorido, había descubierto su cuerpo lleno de marcas de mordidas y chupetones, que estaban volviéndose de color rojo al color violeta. El hombre, a su lado, dormía de manera apacible con uno de sus brazos alrededor de su cintura, apresándolo contra su fuerte pecho, mientras el otro brazo, permanecía bajo la almohada. Mientras Tony recobrara la conciencia tratando de armar la situación, tal como lo intentaba ahora, movió con cuidado el pesado y musculoso brazo y se levantó con sigilo, su cuerpo protestó con dolor y gimió cuando se movió. Él quería quejarse de dolor con cada movimiento qué hacía. Pero se mordió los labios y buscó sus ropas.


Había pensado en huir desde que despertó, por lo que se vistió con prisas pero tratando de guardar silencio. Cuando el hombre murmuró algo y se movió, Tony lo miró dormir, él era tan atractivo que hacía que el estómago de Tony bailará. El brillo de algo dorado en las sábanas lo hizo despertar de su estado de ensoñación.


Un anillo. Una alianza.


Mierda

.


Su cabeza comenzó a girar. Y poco a poco recordó al fornido hombre en el bar, mostrando un anillo en su dedo y excusándose ante sus propuestas.


—Mierda...— repitió en un susurro, sintiendo su cuerpo temblar.


El sonido del despertador, que indicaba que era hora para su vuelo, casi lo hizo gritar como si hubiera sido descubierto mientras robaba algo.


Tony miró su teléfono que marcaba casi medio día, y su vuelo salía en una hora, Tony nunca estuvo tan aliviado de salir huyendo con el rabo entre las patas de algo. Había tomado sus cosas, y aunque la camisa en este momento incluso estaba del revés, Tony alcanzó un taxi y se había acercado al aeropuerto con apuro y miedo de haber perdido el vuelo y sintiéndose la peor escoria.


Cuando el hombre del taxi amarillo le deseo feliz San Valentín, Tony trago ante el recuerdo.


Aquello era cosa de una noche, él no sabía ni su nombre ni quién era, pero el hombre estaba casado y él había sacado del camino aquel dato tan importante, pero molesto, porque había estado bajo efectos del alcohol.


Probablemente, nunca lo volvería a ver. El rubio, era algún inglés, uno más de todos los miles de habitantes de Inglaterra.


Tony se sintió como una puta, rompe hogares.


El nerviosismo hacía que sudara, no era solo por el hecho de que estaba arribando tarde al aeropuerto, sino que el siguiente día al arribar a Estados Unidos, él debía presentar una conferencia en su Alma Matter, tenía miles de alumnos esperando para oír aquella nueva teoría que él traía entre manos.


Tony había sido un genio toda su vida. Poseía con un coeficiente intelectual mucho más amplio que el común denominador de las personas. Un niño prodigioso como tendían a llamarlo.


Al apenas cumplir 11 años, él había empezado su vida universitaria.


Carreras como física, ingeniería, medicina, habían pasado por él, y ahora, después de varios títulos dentro del mundo de la ciencia, Tony se dedicaba a enseñar, y seguir aprendiendo.


Él era un hombre simple. Amaba a armar modelos de pequeños robots que podían moverse por sí solos, le encantaba ver el rostro de los alumnos sorprendidos, y por más de que él probablemente solo tenía la misma edad que ellos, Tony se encariñaba rápido con sus chicos. Él era un maestro joven, muy joven, con mucho conocimiento, pero al fin y al cabo un maestro aburrido y descolorido.


Cuando por fin vio el número del puerto donde debía abordar al avión, la señorita encargada de juntar los tickets se sorprendió cuando él rápidamente apoyó sus manos sobre la mesada, jadeando por aire.


— ¡Disculpe! Soy el pasajero Anthony Stark, ¡Disculpe la demora! ¿Aún puedo abordar el vuelo? — la mujer lo miró y sonrió amablemente comentándole qué estaban esperando por él y el abordaje de la tripulación de cabina para poder volar, el resto de los pasajeros ya estaban acomodados.


Tony estaba sudado y agitado, obviamente nervioso. Cuando vio la sonrisa de la mujer, supo que estaba salvado, que podría abordar el avión y que aún estaba en pista. Suspiró aliviado y agradeció a la mujer.


Tomó su valija de mano, agradeciendo que había viajado con poco equipaje, por lo que su paso por la mesa de registro de la aerolínea había sido necesaria, pero corta y rápida. Encaminándose por la pasarela hasta donde lo esperaba la tripulación de cabina, más sonrisas y agradecimientos, para luego estar adentro.


Apenas se acomodó en su lugar entendió que ese día, corría con suerte. Al menos el tramo tan largo de Inglaterra a América, viajaría solo y sin compañero de asiento, por lo que podría dormir a pierna tendida ocupando ambos lugares.


Cuando la auxiliar de tripulante de cabina se acercó, él pidió un vaso de agua y se tragó la pastilla que lo ayudaría a conciliar el sueño gran parte del camino.


Cuando los demás tripulantes iniciaron su explicación sobre normas y sistemas en caso de emergencia, Tony pudo tranquilizarse un poco con respecto a su ajetreada mañana. Su mente vagó recordando aquellas manos sobre su cuerpo y la espalda ancha que había quedado dormida en la habitación del hotel. Los días eran fríos aún y podía ver la finísima capa de nieve que aún persistía y que caían por la ventana, al igual que cuando Tony casi perdía la conciencia luego de aquel orgasmo que lo golpeó tan duro.


La voz del capitán saludando a la tripulación por medio del altavoz y deseando un buen viaje a todos los pasajeros lo distrajo un momento y luego el avión tembló avisando su movimiento e inminente despegue.


Cuando el transporte aéreo se alzó en vuelo, los dedos de Tony se cerraron con fuerza contra el reposabrazos y su estómago se hizo un nudo, sus palmas se sentían húmedas y resbaladizas contra el cuero del asiento.


Él sabía que debía verse verde y enfermo cuando el niño del otro lado del pasillo lo miro susurrando algo a su madre, sabía que estaría como si fuera a vomitar. Él se sentía más bien como si fuera a desmayarse.


Acomodo su chaqueta y se colocó la capucha sobre la cabeza, los lentes se deslizaron por el puente de su nariz y él los colocó de nuevo en su lugar recostando la cabeza contra la ventana.


Estaban cada vez más alto, las nubes eran lo único visible ahora. Respiró más profundo y se acurrucó en su asiento intentando conciliar el sueño que llegaba muy de a poco, pero llegaba.


Tras unos agonizantes minutos, el avión se estabilizó y dejó de subir. Tony, por fin, pudo soltar el reposabrazos y suspirar.


Oyó personas del otro lado de la cortina que separaba la primera clase de la clase comercial y económica y asumió que las personas estaban levantándose y preparándose para el largo viaje de más de ocho horas, cubriendo kilómetros sobre el océano.


Tony pestañeó unas veces más y luego cayó en el ya esperado y agradecido sueño.


Soñó con las manos grandes que lo acariciaban, se metían debajo de su camiseta, los labios besaban con una experiencia y vigor que hacían que se le acelerara el corazón, exigiendo una respuesta de su parte. Tony quería gemir y sacudirse, él lo había disfrutado como nunca pensó que lo haría. Había dolido demasiado al inicio, pero el hombre rubio había sabido moverlo, reconfortar y excitar, el dolor pasó y el placer estalló en su mente como fuegos artificiales.


De la nada, al contrario del placer que sentía, las náuseas lo invadieron.


Abrió los ojos con dificultad, pestañeando para poder despertarse, entonces su entorno se sacudió con fuerza. La negrura fuera de la ventana le advirtió qué ya habían pasado la hora de entrada del sol. Su corazón se agitó cuando entendió que era el avión el que atravesaba una turbulencia. El cinturón repentinamente sé ajustó demasiado, sus latidos se enloquecieron, oyó personas susurrando y el rostro asustado del niño del otro lado del pasillo.


Sabía que no iban a caer, su conocimiento lo respaldaba, sabía que el piloto estaría luchando para salir de la burbuja de aire y lograr estabilizar el avión. Él lo sabía.


Pero su miedo no dejaba que su cuerpo pudiera entenderlo por completo.


Sus manos sudaban, aun después de que el temblor pasó, su rostro definitivamente estaría blanco. Sus dedos se negaban a soltar el respaldo que dividía los asientos. Tony no podía oír nada, apenas podía ver por el rabillo del ojo a la gente moviéndose, los tripulantes de cabina asistiendo a las personas preocupadas, una mujer se acercó a él y le preguntó algo, él no pudo girar el rostro para mirarla, definitivamente estaba teniendo un ataque de pánico.


Sintió la mano de la mujer en su hombro sacudiendo ligeramente, pero él no podía salir del estado en el que estaba. Estaba petrificado. Vio a la mujer retirarse y luego de un momento el asiento a su lado fue ocupado por alguien que no se posicionó sobre él, solo marco su presencia a su lado.


La mano que se apoyó sobre la suya era grande y cálida, pero no intentó que retirara sus dedos pegados al posa brazos, qué probablemente debían estar fríos y blancos debido a la presión que ejercía.


Podía oír palabras que poco a poco tomaban sentido,

"levanta las manos sobre la cabeza, ¿Puedes hacerlo?"

Tony no contesto,

"¿hay algo en lo que pueda ayudarte?" "Voy a tomarte la mano cariño"

Aviso.

"Estoy aquí contigo, no voy a abandonarte, ¿me oyes?, me quedaré a tu lado"


Una suave caricia circular se marcó constante sobre sus nudillos, suave y continua. Tan solo indicando qué alguien estaba allí junto a él, que no estaba pasando por aquella situación en soledad.


Su corazón fue bajando el ritmo y su respiración volviéndose más tranquila a medida que pasaban los minutos. Cuando por fin los dedos se ablandaron y quedaron flojos sobre el cuero, aquella persona giró lentamente la mano de Tony y entrelazo sus dedos.


Ahora Tony podía distinguir que la persona que estaba a su lado y lo confortaba, se trataba de algún tripulante de cabina. Tenía una impecable camisa blanca, y una corbata color azul marino, cuya punta estaba metida en el bolsillo de la pechera, guante en su mano derecha, mientras el guante Izquierdo descansaba sobre sus muslos porque la mano que debía usarlo estaba entrelazada con los dedos de Tony. Las mangas de la camisa estaban arremangadas sobre sus antebrazos musculosos. El aroma era increíblemente masculino y a Tony le recordó al perfume que traía impregnado en la mañana, aquel que había adquirido por rozarse y friccionarse contra el hombre rubio del bar.


—Respira con suavidad y profundo, cariño— Tony giro la cabeza lentamente para observar a la persona que le hablaba, los ojos celestes preocupados, pero serios, eran inolvidables.


Él era tan atractivo o más aún de lo que había sido la noche anterior, y por su acento al hablar, en el cual, Tony no se había fijado estando borracho, se adivinaba que no era británico. Parecía americano. Treinta y pocos años, más alto que él en definitiva, mucho más alto de lo que le parecía a la mareada cabeza de Tony en el bar. Con buen porte, e iba impecablemente vestido con un uniforme de piloto, con la insignia dorada en el pecho, del otro lado una porta nombre donde recitaba

"Capt. Steven G. Rogers"

. Sin poder dejar de observarlo, Tony boqueo como un pez fuera del agua.


Tony no podía dejar de mirarlo y recordar las cosas que habían hecho la noche anterior, estaba ensimismado y no se daba cuenta de que el hombre lo miraba de regreso.


Steve sonrió divertido ante el chico menudo con aquel abrigo divertido a rayas azules y blancas, él era bonito en demasía, además de sus labios rosas que se abrían y cerraban, como queriendo decir algo y arrepintiéndose. Tenía el pelo castaño y suave, lo sabía porque él lo había hundido sus dedos en ellos la noche anterior cuando lo empujaba contra el colchón para perderse en su interior. La nariz aniñada y, vestido con aquellos vaqueros viejos, era de lo más tentador y adorable que Steve había visto.


Vio al chico hechizado por él y eso le encanto.


—¿Estás bien? Si no puedes hablar conmigo, solo asiente cariño— Steve no podía evitar que el mote cariñoso se le escapara. Había tenido una decepción enorme al no encontrarlo en la cama tibia esa mañana. Había querido acariciarlo un poco más antes de viajar de nuevo.


Ahora lo veía en su vuelo camino a América y eso le daba nuevas esperanzas. Podría ser que el chico estaba regresando a casa. Aquello significaba que solo debiera buscarlo por todo el territorio americano. Eso era más positivo que por todo el globo terráqueo.


El chico parecía estar pasando por un ataque de pánico debido a las turbulencias que atravesaron minutos antes, lo que daba paso a dos posibilidades, o él tenía terror a los vuelos o era solo una faceta por nunca haber estado en una turbulencia real. Se inclinaba más por lo segundo, ya que cuando había pasado anteriormente a su lado lo vio dormido junto a un vaso vacío de agua.


Era normal para algunos pasajeros usar sedantes para dormir, él lo había visto todo a lo largo de sus diez años dé pilotaje.


Era deber de Steve como capitán del transporte, revisar y asegurar a los pasajeros luego de una experiencia como aquella, saber que todo estaba bien y mitigar las preocupaciones. Cuando una de sus compañeras de vuelo le había comentado sobre la situación de uno de los pasajeros, y que, además, parecía demasiado joven, Steve tenía que probar hacer algo por él.


Cuando vio al chico, primeramente pensó que se trataba de un adolescente que viajaba sin sus padres. Sus lentes redondos como el personaje de aquel libro de magos le daba un aire infantil en conjunto a su cabello despeinado, más el abrigo que quedaba grande en su cuerpo casi lo hizo asegurar aquello. Cuando delicadamente retiro la capucha para poder estar en contacto visual con él, lo reconoció.


Ahora intentaba que el encantador chico saliera de su estupor y comenzara a dar señales de interactuar con la realidad de nuevo.


—Cariño, Si no puedes hablar conmigo, solo asiente o cierra los ojos para saber que me escuchas — volvió a insistir.


El chico respiro lento, intentando meter aire a sus pulmones, asintió lentamente, respondiendo a lo que él le había solicitado, aquello saco a Steve de sus pensamientos y lo trajo al presente. El chico relamió sus labios secos y Steve se moría por hacer lo mismo con los labios del chico. Sus ojos marrones con pupilas dilatadas eran como un ciervo encandilado por luces. Como cuando el chico estaba al borde del orgasmo. Algo salto en los pantalones de Steve, quien tuvo que respirar profundo para mantener tranquilo su cuerpo.


Cuando el chico bajo la mirada, directa a su mano izquierda, donde la argolla descansaba en su dedo anular, Tony tragó y su rostro se coloreó, retirando la mano de manera apresurada.


Steve sintió la pérdida de calor y maldijo en su mente, apretando los dientes.


"Aquel hombre era casado" se repitió Tony. ¡¿Cómo tenía tanta mala suerte de encontrarse de nuevo con él?! Y no solo encontrarse con el hombre más atractivo que jamás haya conocido, sino que aquel, adonis, era el piloto del maldito avión.


Retiro la mirada con la cara roja parecida a un tomate y trato de apartarse de los ojos celestes del hombre que lo hacían sentir caliente. "Steven" recalco su mente. Tony quiso pegarse la cabeza contra la ventana ante la aclaración.


Él siempre había sido un chico bueno, recatado y un poco exigente con las personas que le gustaba o atraía, pero aquel hombre lo tentaba tanto que su comportamiento se volvía loco y provocador.


"Aquel hombre era casado" se dijo de nuevo.


—Muchas gracias, Capitán Rogers — dijo con un hilo de voz.


—Steve— corrigió el capitán, tratando de apaciguar el tono muy serio que había usado el chico— puedes decirme solo Steve.


Tony lo miro con sorpresa. Como podía aquel hombre coquetear con él teniendo una alianza en la mano y en un avión lleno de personas. Tenía que ser la cúspide del cinismo.


—Yo estoy bien, si me disculpa iré al sanitario— aseguro mientras se levantaba.


Steve vio el cambio repentino de ánimo del chico y él tenía que arreglar el malentendido. El cambio fue drástico y rudo, y él pudo notarlo de la misma forma en que se percató de que la mano que sostuvo el asiento, al levantarse, aún temblaba.


—Te acompañaré...


—No es necesario, Señor... Capitán Rogers, sé muy bien donde queda - dijo mientras coloco de manera tajante un muro entre ellos.


Steve suspiró y siguió preguntando a los pasajeros si se encontraban bien, intentando cumplir su deber con todos y cada uno de ellos, dando el tiempo pertinente para que el chico del asiento 44 volviera a su lugar. Luego de unos minutos, el chico no regresaba y Steve se estaba impacientando. Camino con tranquilidad hasta el servicio donde el joven de cabellos marrones se había instalado, llamo una vez y no obtuvo respuesta. Una segunda vez y oyó un gruñido desde adentro, cuando golpeo la tercera vez la perilla giro y el chico asomo la cabeza con timidez.


—Está ocupado— dijo con un mohín en el rostro.


—Claramente, sí— sonrió Steve.


Tony le gruño y Steve solo levanto las manos en señal de paz.


Antes de que Tony pudiera cerrar nuevamente la portezuela, Steve metió la mano y la sostuvo, observo por un segundo la espalda de los asientos, sabiendo que ya todos estaban de nuevo retomando sus descansos, algunos con auriculares y otros con antifaces para asegurar la oscuridad. Steve se metió en el pequeño cubículo.


Tony se apretó contra la pared posterior, el tamaño del lugar ya era pequeño y tener el gran cuerpo del capitán adentro, lo hacía aún más apretado.


— No huyas pequeño— Steve atrajo a Tony y lo pego a su cuerpo. Tony apoyó las manos en el pecho del hombre para separarse y atino a gritar, pero Steve cubrió su boca con su mano libre. — ¡No grites! Déjame explicar lo que sucede...


Tony lo miro con enfado desde sus ojos cafés y a Steve aquello se le hizo lo más tierno que había visto en muchísimos años. Tony suspiró y miro para otro lado.


— ¿No gritarás?— Tony lo miro desafiante y Steve le sonrió. — vamos cariño, dame una oportunidad de explicarte.


Tony estaba odiándolo, ¿cómo podía ser tan atractivo y tan desgraciado al mismo tiempo?, suspiró y asintió aún con la mirada desconfiada.


Steve retiró sus manos del cuerpo de Tony y se quitó la argolla.


—No es real, es falsa...— dijo. El gesto de desconfianza y hastío en el rostro de Tony le dio la idea de que el chico no le creía. — tómala, y revísala.


Tony la sostuvo y sus ojos se abrieron, porque era cierto. Parecía una especie de acrílico que había sido bañado en oro. Con la uña lo rayo y la fina capa dorada se corrió dejando ver un centro transparente como si fuera de plástico.


— Es falsa...— dijo Tony mirándolo.


—Es falsa— repitió Steve con una sonrisa enternecida.


— Pero,... ¿Por qué estarías usando una alianza falsa...?— Steve lo miro y tuvo que sostener todo el deseo que tenía de lanzarse a por la boca del chico. Se veía pequeña y rosa, llena en el labio de abajo y por demás apetecible cuando el chico hacía algún gesto con ella.


— ¿Cómo explicarlo...?— dijo mirándolo divertido — para evitar ser abordado a cada lugar al que voy, o incluso en el trabajo. Los tripulantes de vuelo no tienen fama de ser tranquilos, por ello me ayuda bastante tener un escudo para evitar avances. No me encanta la idea que los demás piensen que soy promiscuo.


Tony lo miro, el hombre era estúpidamente atractivo, probablemente podría tener a cualquier mujer que deseara, u hombre que quisiera. Incluso probablemente ese hombre había sido popular toda su vida, en la escuela secundaria habría sido alguna estrella de futbol, aquellos músculos no eran cosa reciente, el cuerpo lleno, la espalda en forma de triángulo, los músculos trabajados.


— Oh, vaya... significa que yo fui un acosador.— dijo Tony mientras sus mejillas se coloreaban al igual que sus orejas.


—Podría decirse que sí. Pero estuve halagado— dijo Steve acercándose a Tony y presionando su cuerpo contra el del chico— nunca había visto una cosa tan tierna, retorciéndose y confesando que me estaba entregando su virginidad, incluso el sexo oral fue fantástico para ser tu primera vez.


—Oh, por Dios, no lo hice, ¿cierto?— pregunto estúpidamente, ¡Por supuesto que lo había hecho! Por esa razón el hombre lo sabía.


Steve rio entre dientes.


— Fui cuidadoso, lloraste adorablemente, pero luego te adaptaste bien, tu nombre es Anthony, ¿cierto? — dijo mirando los labios de Tony haciendo que este se sonrojara


—Ahn, Sí, sí— dijo un tanto nervioso.


Steve rio abiertamente, el chico era adorable.


— ¿Sabías que tiene una especie de fijación oral?


—Fi... ¿Fijación oral? A... ¿A qué te refieres?


— Podría mostrarte— dijo sugestivamente mientras apoyaba una mano en la pared de la cabina, por encima de la cabeza de Tony y la otra al costado de su cintura, encerrándolo.


Tony tragó, con el corazón latiendo como caballo salvaje, aquello era demasiado peligroso, demasiado cerca y muy apretado y la mirada celeste parecía que estaba mirando a una presa, una presa a punto de ser devorada.


Se miraron el uno al otro en silencio.


Tony se humedeció los labios con un golpe de su lengua. Steve levantó la mano y acarició el labio inferior del chico con el pulgar.


Tony se quedó muy quieto, casi sin respirar.


Steve empujó lentamente el pulgar en la boca, separando suavemente los labios de Tony, mientras se continuaban mirando el uno al otro. El chico rozó tentativamente la punta de su lengua por el pulgar y luego... Él chupó.


Steve inhaló bruscamente, sintiendo la sangre bombeando en su corazón.


Empezó a empujar y tirar del pulgar dentro y fuera de la boca de Tony, todo el tiempo mirándolo a los ojos. Hizo a Tony ruborizarse de un color rojo escarlata, él estaba chupando el pulgar del hombre, era solo un pulgar y Tony sentía que podía desmayarse de lo excitado que estaba, él amaba hacerlo, el interior de su boca hormigueaba.


No podía dejar de succionar y lamer.


Quería seguir chupándolo.


Él hizo un pequeño ruido en desacuerdo cuando Steve quitó el pulgar.


—Definitivamente, fijación oral—, Steve murmuró antes de inclinarse y reemplazar el pulgar por su lengua.


Segundos después, Tony se encontró aplastado con el pesado cuerpo de Steve sobre él.


Él estaba gimiendo mientras luchaba con avidez junto a la lengua dentro de su boca, sus manos enterradas en el cabello del hombre. No podía siquiera fingir que no disfrutaba de esto, así que no trató de suprimir sus suspiros y gemidos de placer mientras Steve se cogía a fondo su boca con la lengua.


—Eres adorablemente ruidoso, — gruñó Steve, pellizcando a lo largo de la mandíbula de Tony y por su cuello.


Tony se sentía demasiado desorientado para responder y solo lo jaló de nuevo a sus labios.


Quería más besos. Necesitaba más besos


De un momento a otro una pequeña vibración se sintió entre sus piernas, y Steve cerro los ojos tratando de calmarse, tratando de bajar la excitación que sabía podía notarse hasta en su voz.


— Lo siento, cariño— dijo mientras llevaba la mano al pantalón y sacaba el teléfono. Se aclaró la garganta antes de contestar. — Aquí Rogers.— Tony no sabía qué le habían dicho al teléfono, pero Steve suspiró y arrugó el labio con hastío, Tony se lamió los labios sintiéndolos vacíos y abandonados.— Estaré allí en dos minutos.


Tony lo miró expectante mientras Steve cortaba la comunicación y suspiraba, luego sin previo aviso, los labios de Steve bajaron sobre los suyos agresivos y demandantes nuevamente, Tony gimió dentro de ellos y Steve se adentró en su boca, Tony sintió que podría desmayarse por la carga de pasión en el beso. Su lengua comenzó a bailar al ritmo que lo mantenía Steve.


Los ojos de Tony se abrieron cuando sintió la fría mano de Steve envolverse alrededor de sus miembros. Él se tensó. Él estaba duro.


No solo eso, sino que él estaba duro, como nunca antes pensó que lo haría.


—Al diablo, el maldito avión...—, dijo Steve y comenzó a acariciarlos rápidamente, besando a Tony más profundamente, más sucio.


Tony no podía hacer nada más que gemir. Estaba demasiado extasiado para protestar. Él quería venirse, sentía que su bajo vientre iba a explotar. Antes de que pudiera detenerse, empezó a mover las caderas, encontrándose con los vaivenes de la mano de Steve, sintiendo el otro miembro frotar contra el suyo. El miembro de Steve era estúpidamente grande, ¿cómo había entrado eso en él?, le parecía imposible.


Trato de acallar sus gemidos que cada vez eran más subidos de tono, aquello estaba mal, el lugar estaba mal, todo estaba mal, si alguien los hallaba, Tony nunca más podría volar, podría acabar en la cárcel, al igual que Steve. Pero era tan excitante sentir ese peligro, aquel que nunca había sentido antes en su aburrida vida.


No pasó mucho tiempo. Ahora los besos se habían vuelto salvajes, labios y dientes mordiendo y chupando. Tony levantó la pierna y la enganchó sobre los muslos de Steve. Fuego quemó a través de él en un resplandor rojo vivo, y podía sentir que se reunía en su vientre, él estaba por explotar y desmayarse. Sintió a Steve gruñir, bajo y áspero, estremeciéndose mientras se corría, pegajoso calor húmedo reuniéndose entre ellos, entre sus dos manos. Unos cuantos golpes más y Tony se venía también, gimiendo y arañando los brazos de Steve que lo tenían aprisionado.


Abrió los ojos lentamente y encontró a Steve sonriéndole mientras estiraba un brazo y obtenía papel del dispenser para limpiarlos.


Steve parecía tan estoico y tranquilo que nadie pensaría que se había corrido hace segundos, impecable. Él, en cambio, era un desastre.


— Sostente cariño— dijo al sentir las piernas de Tony temblando como gelatina contra las suyas.


Tony asintió lentamente todavía incapaz de pensar en nada, además del hecho de que él simplemente había tenido relaciones sexuales en un avión. Steve le acomodo los pantalones por no decir el miembro que aún colgaba fuera de su ropa y Tony quería desaparecer de la vergüenza.


—Necesito ir a la cabina, estaremos aterrizando en una hora— aviso mientras le acomodaba el gran abrigo a rayas sobre su vientre limpio. Tomo un trozo de papel y anoto su número telefónico. —Quiero cenar contigo, por favor, llámame al aterrizar.


Dijo rápidamente dándole un beso en la frente sudorosa a Tony para luego salir del pequeño espacio y cerrar la puerta tras él.


Tony aún seguía embotado cuando se decidió a salir de allí y prepararse para el aterrizaje, todos dormían y la cabina estaba a oscuras, solo iluminada por las tenues luces que indicaban los pasillos.


El aterrizaje, ni siquiera lo asusto, tenía los latidos acelerados, pero por lo que había sucedido y no por el inminente contacto con el suelo.


Cuando Tony salió y termino el papeleo, froto sus manos, de manera indecisa, ¿acaso estaba bien que llamara al piloto? Sus labios cosquilleaban queriendo un contacto de nuevo. Hurgo en sus bolsillos buscando el número de teléfono cuando por fin tomo valor.


El bolsillo estaba vacío, busco y busco en todos sus recovecos y luego en los otros. El número no estaba. Lo había perdido.


Tony sintió profunda decepción consigo mismo.


Tal vez sabía que el hombre solo buscaría unas noches con él, que no sería algo para siempre. Pero Steve había sido dulce y comprensivo ambas veces. Claro, estaba el hecho de que todos y todas decían que al inicio, cuando había interés, todos eran así, hasta conseguirlo. Pero ¿qué Steve no había conseguido ya su "cereza"?


Luego de diez minutos de discusión consigo mismo. Donde concluyo que no importaba si aquello era solo de una noche, lo disfrutaría, se acercó al aparador donde una señorita atendía a los clientes y pasajeros.


— Disculpe, la tripulación de cabina del vuelo 254 que aterrizo hace veinte minutos, ¿por dónde se retira?— la mujer lo miro primero con desconfianza, pero luego de estudiar su ropa y sus lentes, tal vez asumió que podría tratarse del familiar menor de alguno de ellos, y le indico la puerta por donde saldrían.


Tony agradeció y se acercó al lugar tomando asiento en el tándem de espera.


Reviso su teléfono y aviso a Rhodey que había legado sano y salvo, enviándole una foto suya, también a Strange quien había escrito preguntando lo mismo. Otro mensaje fue para Pepper, su hermana, quien había dicho que lo buscaría del aeropuerto al llegar.


La respuesta de ella no se hizo esperar cuando dijo que se acercaría solo a la casa y que no se preocupara. Cuando la puerta se deslizó, Tony levanto la mirada y una de las mujeres con el uniforme salió primera, luego otras dos intercambiando una charla amena sobre por fin estar en casa.


Tony estaba ansioso con el corazón latiendo a mil por hora.


Cuando el gran cuerpo de Steve salió a través de las puertas corredizas, venía conversando y riendo con un hombre también de uniforme y cabellos castaños largos.


Tony casi podía babear al ver a Steve con el uniforme completo, saco lustroso y pulcro y la gorra blanca sobre la cabeza. El piloto no dejo su conversación y Tony empezó a sentirse nervioso a medida que se acercaba, pensando que podría haber hecho lo incorrecto, y que esto podría considerarse un acto de acoso.


—No ha llamado Buck, tal vez él no esté interesado como lo creía— explico Steve a su compañero.


—Vaya, sería la primera vez que alguien no está interesado en ti— dijo con burla— eso es bueno, sufre un poquito lo que sufrimos los mor...


Bucky levanto una mueca en los labios cuando miro al frente y luego le levanto las cejas a Steve, lanzándole una señal para mirar al frente.


Cuando Steve miro al frente y poso los ojos en él, el estómago de Tony se revolvió.


A paso rápido, el capitán del vuelo caminó hacia él, dejando a su compañero atrás luciendo una sonrisa de ganador de apuesta.


Sin previo aviso lo alcanzo, tomo un puñado de los cabellos de Tony y lo jalo para atrás, levantando el rostro del chico y plantando un beso. Cuando Steve chocó sus labios juntos, lo primero que Tony sintió fue alivio.


Y entonces todo lo demás se desvaneció; había grandes manos en su nuca, un cuerpo firme contra el suyo, y labios, calientes y ardientes; y Tony se oyó gimiendo, tratando de besarle más duro, llevarlo más profundo. No tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado hasta que un carraspeo de garganta los trajo a la realidad.


—Me estoy retirando Steve— aviso Buck con una sonrisa burlona mientras arrastraba su maleta lejos.


—No llamaste, — dijo Steve mirándolo a los ojos sin darle la menor atención a su amigo que se marchaba.


—Perdí el número, yo no tenía la cabeza en su lugar y lo perdí— dijo sonrojándose.


—Entonces, ¿me esperaste aquí?— una mueca de superioridad levantó el borde derecho del labio de Steve.


Tony hizo un mohín con la boca y giró el rostro de color rosa, avergonzado de darle la razón.


Oficialmente, Steve no podía esperar a tener al chico a solas, y joderlo duro contra el colchón hasta que perdiera la conciencia. Steve contuvo el aire tratando de calmarse, si no lo hacía terminaría cogiendo a Anthony en algún baño mugroso y no podía poner algo tan precioso en un lugar sucio.


— ¿Cenas conmigo? — le preguntó el capitán y Tony asintió rápidamente. — ¿Vas conmigo o tienes un vehículo?


— Iban a venir a buscarme, pero cancelé.


— Bien, entonces te llevo — dijo mientras miraba a su alrededor — ¿es todo el bolso que llevas?


Tony asintió.


— Solo fui por un par de días — dijo sosteniendo su mochila.


Steve igual se la arrebató y la colocó sobre su maleta de mano, qué se deslizaba con facilidad mientras lo instaba a caminar con él.


—Entonces, ¿fuiste a visitar a unos parientes?


—No, fui a una conferencia de unos días.


— ¿Algo de la universidad?


— Sí, fueron dos días. Pero bastante agotadores.


— Lo imagino, estudiar siempre es agotador.— Tony ladeo la cabeza sin entender. — y ¿qué estudias Anthony?


— Eh. Yo no lo hago— fue el turno de Steve de no entender justo cuando llegaron al auto.— Wow, ¿este es tu auto?


Steve sonrió, su hermoso Porsche negro se encontraba allí, impecable como siempre que volvía.


Miró a su alrededor y saludo al hombre del otro de la casilla del guarda dándole un saludo de agradecimiento.


Vio el rostro sorprendido de Anthony y se felicitó por sorprenderlo. Era cierto que anteriormente había usado este vehículo para sorprender y conquistar mujeres, y había sido un comodín indispensable para sus aventuras, pero aquellos días habían quedado atrás hace bastante tiempo. Ahora agradecía que el auto no perdiera su poder de asombrar.


— Entra — dijo, mientras abría la puerta del acompañante para el chico. Cuando Tony se acomodó en el auto se sintió fabuloso. Steve subió del lado del conductor y encendió el motor. Incluso el sonido del componente era agradable. — pareces sorprendido.


—Bueno, nunca antes había estado en uno de estos.


— Es normal, aun eres un estudiante, ya vendrán tiempos donde tengas de estos.


Tony rio con ganas y Steve lo miró.


— No soy un estudiante, pero aun así no sé si los tendré, son demasiado vistosos. No van conmigo.


— ¿No eres estudiante? —Pregunto desconcertado — entonces para qué fuiste a la conferencia que dices.


Tony sonrió, le tocaba sacar su as de la manga para sorprender a las personas.


— Fui el disertante.


Steve lo volvió a mirar y Tony sabía que estaba tratando de calcular su edad.


— Pero te ves como de 22 años.


— Soy joven, sí, pero ya tengo dos doctorados, uno en Física y otro en Ingeniería del MIT, además de Mecánica cuántica. Y tengo menos edad, no veintidós años, como dices, — Steve frenó con un poco de brusquedad para mirarlo preocupado. — 20 años, tengo veinte, —dijo rápidamente.


— ¡Dios!, por un momento pensé que me dirías dieciocho. Me entregaría a las autoridades yo mismo si tenías 18. Disculpa, pero debo pedirte tu identificación, es solo por seguridad.


— No quise asustarte. — Dijo rebuscando sus documentos y pasándole a Steve si ID. El hombre suspiro aliviado cuando lo vio con sus propios ojos la edad del chico.


— Perdóname tú a mí, no todos los días encuentras a un adolescente que te dice que es maestro de física, cuántica, doctor e Ingeniero. La lotería se gana una sola vez. Joven, bonito, inteligente, adorable. Lo tienes todo.


Tony se removió en su asiento incómodo por los comentarios. Bueno, nunca le había dicho esas cosas, más que joven, inteligente o aburrido.


— Realmente soy bastante aburrido y remilgado.


Steve estalló en una carcajada que resonó en la cabina.


— Eres el chico más pasional y sexy que he conocido a mis 32 años. Sobre todo con eso que haces con la boca.


Tony se sonrojó de manera agresiva.


— No suelo hacer esas cosas.


—Bueno, eso lo sé, — dijo con una sonrisa —me lo repetiste al menos diez veces aquella noche en Londres.


— Dios, qué vergonzoso.


— Te lo dije, me siento honrado — dijo con un toque de diversión en su voz. —Ahora ven aquí y dame un beso.


Tony parpadeó.


— ¿Qué? Tú estás conduciendo.


—Voy a mantener mis ojos en el camino— Steve dijo más seriamente, pero con una sonrisa socarrona, sin mirarlo.


— ¿Hablas en serio?


— Algo que deberías saber es que el 99% del tiempo hablo muy en serio. Y también que en ocasiones, cuando quiero algo, tengo poca paciencia, me gusta ir a por ello de inmediato.


Tony miró los labios de Steve.


—Es... Está bien— dijo mientras se deslizó hacia allí. Tony tenía los latidos a mil, nunca había hecho algo tan arriesgado y peligroso.


Steve volvió un poco la cabeza, puso la mano en la nuca de Tony y lo besó.


Tony suspiró y su lengua comenzó a bailar junto a la lengua de Steve. Después... Un poco más tarde, Steve mordió el labio inferior de Tony por última vez, y lo apartó.


— Eres un dulce cachorro. No puedo esperar a tenerte de nuevo.— dijo mientras se lamía los labios.


Cuando el carro paró, Tony pareció despertar de su ensueño.


Era un hotel de lujo el que se alzaba frente a ellos, con al menos veinte pisos de una mole acristalada y costosa, Steve se metió al subsuelo y aparco el vehículo, qué entonaba absolutamente con todo en el lugar, como si cada botón o cañería qué veía gritara dinero.


Tony miró sus ropas y se sintió ligeramente incómodo.


— ¿No podíamos solo cenar en algún carro de comida? — preguntó exteriorizando la incomodidad qué sentía.


— ¿Sucede algo, Anthony?


— Bueno, no estoy acostumbrado a estos lugares, Steven.


— Solo Steve. — Dijo mientras el otro lo miraba — creo que ya estamos más allá de llamarnos por nuestros nombres, ¿no es cierto?


— Bueno, Steve. — dijo con una sensación rara al pronunciarlo, como si el nombre del hombre podría valer millones de dólares como todo en ese sitio — solo creo que estoy muy fuera de lugar, no estoy vestido correctamente, además, no es solo eso, tal vez en todo mi guardarropa tendría algo que pudiera acomodarse con esto. Es demasiado, solo vamos por comida callejera. Por favor.


Steve lo miró, estudiando. Tony se percató de que estaba discutiendo consigo mismo si Tony decía la verdad o simplemente simulaba ser humilde. Parecía ser algo natural en él, bueno, Tony lo entendió, imaginaba que tener mucho dinero hacía que algunas personas desconfiaran de los fines de otras.


— De verdad Steve, siento como si estuviera en un lugar al que no pertenezco. Como cuando pones un adorno feo junto a porcelana carísima.


Steve no pudo reprimir la carcajada.


— Ven aquí — dijo jalando a Tony a sus brazos, cargándolo tan fácilmente desde abajo de las nalgas y mirando el rostro sonrojado del chico que quedaba sobre él mientras este intentaba equilibrarse con sus manos sujetas al hombro de Steve. — Tú eres valioso Anthony, tal vez ahora mismo la porcelana más valiosa que ha caído en mis manos.


Steve maniobró el ascensor aun con Tony en sus brazos y presionó el último botón del grupo hacia el Penthouse. Cuando la cabina espejada se movió, Tony rodeo el cuello de Steve en respuesta al movimiento. Segundos después, el timbre sonó y las puertas dobles se abrieron, el dueño del lugar caminó apresurado, llevándose al chico con él para arrojarlo a cama.


Tony emitió un grito ahogado cuando Steve lo dejo caer, pero el dolor de una caída nunca llego, el suave colchón lo engullo y la frescura de las sabanas contrastaba con el calor de sus mejillas.


Steve enterró su cara contra el lado de la garganta de Tony, aspirando profundamente, su cuerpo tenso como una cuerda estirada, pequeños y suaves besos se repartieron sobre el cuello de Tony, dejando algunas marcas rojas.


—Quiero cogerte, Anthony — Steve chupó con fuerza a un lado de su cuello, sus manos amasando el trasero de Tony y empujando su miembro hacia el muslo del chico, haciendo que este notara su excitación y su urgencia. —Necesito sexo contigo, de nuevo y de nuevo.


Tony cerró los ojos, tratando de pensar, tratando de recordar cómo respirar porque no parecía como si estuviera recibiendo ningún oxígeno en su cerebro y toda su sangre parecía haber sido drenada hacia abajo y su cabeza estaba estúpidamente vacía, y no importaba, sabía en qué acabarían cuando espero a Steve.


Tony mismo había esperado por esto luego de lo que sucedió en el servicio del avión.


Steve se irguió sobre sus rodillas y retiro su saco y corbata de manera desordenada, desabotonó la camisa como si estuviera haciendo un espectáculo privado para Tony. Tony tragó cuando Steve se retiró la hebilla del cinturón y lo atrajo para un beso, cuando lo atrajo para besarlo, Tony se apoyó en el colchón mullido y no pudo evitar que sus una de sus manos subieran hasta el estómago lleno de cuadros de Steve para conseguir algo de equilibrio.


El miembro totalmente despierto de Steve se apretaba contra sus pantalones, Tony miro para abajo y Steve le levanto una ceja sugerente.


Fue un instante donde Tony lo pensó consigo mismo, pero nuevamente se dijo que esta podría ser la única oportunidad de hacer algo tan descabellado como eso en toda su aburrida vida y recordarlo por completo.


Se sentó sobre sus talones y retiro el abrigo que lo cubría, llevándose con él, la playera que traía debajo. A diferencia del cuerpo esculpido de Steve, su físico era descolorido, ya que siempre estuvo encerrado en laboratorios, taller o aulas de clases. Nunca había hecho tanto ejercicio porque prefería las bibliotecas. Sus piernas eran flacas y blancas bajo los pantalones, pero a Steve no pareció importarle mucho, sus ojos denotaban placer al verlo, como si algo se moviera bajo esa superficie celeste como un lago.


Tony llevó las manos temblorosas hasta el cinturón negro con la insignia que sujetaba el pantalón banco de Steve, deshizo el botón y luego el cierre, dejando el gran bulto bajo la ropa interior que comenzaba a mojarse con líquido. Y Tony no pudo evitar que la saliva se le juntara en la boca cuando bajo el rostro para mirarlo. Armándose de valor, movió el elástico para abajo y el gran miembro salto hacia el estómago musculoso del capitán.


¿Aquello había estado dentro de él? Quería darse golpecitos de felicitaciones en la espalda.


Mirándolo aun si saber demasiado qué hacer, Tony acarició el miembro hasta que volvió a crecer unos centímetros más, viendo un cambio sutil en la respiración de Steve. El ángulo era incómodo, así que lo sacó totalmente con las bolsas que colgaban de el, incluidas.


Era grande y grueso y estaba muy cerca de su cara. A pulgadas de distancia.


Tony se lamió los labios nerviosamente, sin poder apartar la vista.


Tenían que ser por lo menos veinte centímetros de largo.


Steve suspiró, y Tony lo miro, viendo aquella sonrisa socarrona en su rostro, se movió un poco y la cabeza mojada presiono contra los labios de Tony.


—Sé que quieres tenerla en tu boca— dijo acariciando su rostro— Chupa. — ordeno. Tony inhaló cuidadosamente. No olía mal, bueno Steve, no olía mal en absoluto.


Tentativamente, lamió la cabeza. El sabor era diferente a como pensó que sería, al menos no como él había esperado.


Pasó la lengua de nuevo. El capitán gruñó, su mano, agarrando el pelo de Tony con más fuerza.


—Abre la boca. — Fue una orden. Tony hizo lo que le dijo, y la gorda cabeza empujó dentro de su boca. Tony chupó suavemente.


Una parte de su mente todavía estaba atrapada en el hecho de que tenía el miembro de otra persona en su boca. Nunca lo había pensado, ni en sus más locos sueños. No podía creerlo, pero el calor y pesadez de aquel órgano estirando sus labios ampliamente lo hicieron muy, muy real.


Los ojos de Steve estaban fijos en su rostro mientras empujaba su miembro más profunda, su mano pesada en la nuca de Tony.


Tony encontró su mirada, se sonrojó, y cerró los ojos, decidido a centrarse solo en conseguir aquel trabajo bien hecho. Él no quería parecer un tonto frente a aquel espécimen de hombre que era obviamente por demás experimentado en ese campo.


Pero con los ojos cerrados, era como si su otros sentidos habían despertado y todo era más intenso. Era demasiado excitante, sin poder evitarlo, un gemido escapo de sus labios haciendo que Steve suspirara.


Steve estaba duro y grueso en su boca, sabiendo a piel y a algo más. Era extraño hacer aquello, pero no pensó que fuera algo muy terrible. Era algo que siempre se había preguntado, ¿cómo sería si yo...?


Tony la quitó de la boca, respiró y chupó la cabeza de nuevo, bajando un poco más lejos, probando. Tuvo un breve momento de preocupación, de que él no estuviera haciendo esto, como debía de ser, pero se dijo a sí mismo que Steve lo habría retirado si no lo satisfacía, ¿verdad? Tony bajó un poco más, tratando de tomar la mayor cantidad de ese enorme pedazo de carne dentro de su boca, como podía.


Él fue abajo, a continuación nuevamente arriba, marcando un ritmo, tratando de acostumbrarse a ello. Él se estaba centrando tan duro en esto, tratando de contar en su cabeza, que le tomó un tiempo antes de darse cuenta de que Steve le estaba diciendo algo.


Tony se quitó la polla con un pequeño "pop" y miró arriba hacia Steve, todavía saboreándolo en toda su lengua. Él parpadeó hacia él un poco abrumado por las cosquillas que sentía en el cuerpo y lo excitado que se encontraba, tuvo que reprimir las ridículas ganas de preguntarle si estaba haciéndolo bien, como un alumno deseoso de complacer a su superior.


— ¿Lo estoy haciendo mal?—, Dijo, en cambio. Como de costumbre, cuando estaba nervioso, su voz salió como un hilo.


Steve se limitó a mirarlo, por lo que pareció una eternidad, sus ojos celestes acristalados, con los párpados pesados. Finalmente dijo:


—Estás adorable con mi pene en la boca.— La voz de Steve era áspera y gutural, a pesar de que fue Tony quien simplemente se había pasado los últimos minutos con un pene en la boca. —Continúa cariño, lo estás haciendo bien.


Tony asintió con esperanzas.


Dio al miembro de Steve unas cuantas lamidas antes de envolver sus labios hacia atrás alrededor de él y hacer lo que a él parecía gustarle, ritmo y concentración. Tony fue mucho más desordenado de esta forma. Bajó tanto como pudo sin ahogarse, volviendo a subir y afuera, lamiendo una larga franja hasta la parte inferior de la de aquel miembro duro y lamiendo la abertura, degustando la salada amargura.


Tony trató de no pensar en lo obsceno que probablemente se veía así, bombeando la cabeza y goteando saliva en todas partes mientras chupaba el miembro excitado de un hombre que había conocido la noche anterior.


Steve gruñía y empujaba hacia abajo en su cabeza, por lo que estaba claramente haciendo algo bien.


Más tranquilo, Tony seguía chupando, trabajando su boca más rápido ahora, ignorando el dolor en la mandíbula y moviendo su mano más rápido a lo largo de la parte del tronco de Steve que no podía caber en su boca.


—Abre los ojos—, Steve espetó.


Tony lo hizo y elevó su vista hacia él. Sus ojos se encontraron, y Tony se sonrojó, muy consciente de que sus labios todavía estaban envueltos firmemente alrededor de Steve.


—Anthony, voy a moverme tu boca, ahora. Esa lengua juguetona tuya está por volverme loco—, dijo Steve, en tono de conversación, como si no tuviera el miembro en la boca de otra persona. —échate hacia atrás cachorro y déjame que haga el trabajo. Mírame.


Tony sintió sus mejillas y cuello enrojecerse, pero hizo lo que le fue dicho. Steve se movió, sus fuertes, grandes manos acunando su rostro. Su miembro se deslizó fuera de la boca de Tony hasta que solo la cabeza quedó dentro.


Tony miró a Steve con ojos expectantes, inocentes. El hombre le regresó la mirada, sonrió y empujó profundamente en su boca. Tony se quedó sin aliento, luchando contra su reflejo nauseoso y tratando desesperadamente de respirar, pero aun sosteniendo la mirada, como se le indicó.


Las fosas nasales de Steve se dilataron, sus ojos vagando por toda la cara de Tony acariciando sus mejillas con los pulgares para luego colar uno de ellos en su boca y para vergüenza de Tony, el intento lamerlo también además del enorme miembro en su boca.


Steve sacó toda la longitud y empujó de regreso dentro. Luego de nuevo.


Tony estaba seguro de que se sonrojaba bajo la mirada incesante Steve, porque se sentía increíblemente excitado y extasiado. Todo se sentía demasiado y abrumador: el gusto, el peso, la sensación del miembro en la boca, las manos fuertes sosteniendo con firmeza su cara mientras Steve empujaba dentro y fuera de su boca, la respiración del capitán cada vez más trabajosa, sus ojos oscuros e intensos fijos en los de Tony.


Steve sostuvo sus caderas quietas y Tony casi se ahogó, pero él se deslizó hacia fuera, sintiendo el calor golpeando la parte posterior de su garganta, saliendo a borbotones en rápida sucesión.


Tosiendo, Tony dejó que el miembro semi erecto saliera de su boca.


—Trágalo Anthony—, Steve ordenó.


Tony lo miro confundido, pero hizo lo que le dijo, aunque con cierta dificultad.


Afortunadamente, no sabía mal como había esperado. Mirándolo hacia abajo a través de ojos con párpados pesados, Steve respiró hondo antes de jalarlo para arriba y estampar sus labios con los de Tony.


―De acuerdo, continuemos— Dijo mientras empujaba a Tony a la cama— voltéate sobre tu vientre para mí, por ahora ―susurró Steve, y Tony se giró lentamente. Steve atrajo una almohada y la coloco debajo de las caderas de Tony mientras este se coloreaba al dejar expuesto su trasero en esa posición.


Steve puso el condón y el lubricante en la mesita de noche y cerró el cajón. Luego se colocó entre las piernas de Tony y se inclinó hacia adelante, pasando su lengua entre los omóplatos de aquella pequeña espalda.


―No he podido sacar el sabor de tu piel de mi mente, eres delicioso ―dijo Steve mientras pasaba sus manos por los costados de Tony y dejaba un mordisco en la espalda. Le besó y lamió la espina dorsal de Tony hasta la parte baja de su espalda.


Tony tembló y se estremeció contra la ropa de cama que tenía debajo, empujando su trasero hacia arriba y hacia abajo.


Steve acarició el trasero de Tony y suspiro sintiendo su miembro crecer de nuevo. El capitán besó la parte baja de la espalda, lamiendo y chupando, escuchando los gemidos tiernos que Tony intentaba esconder contra el colchón.


Steve separó las nalgas de Tony y le pasó el dedo por la entrada, rosada y apretada, aún un poco roja por la aventura de la noche anterior. Vio una mordida que dejo en Tony anteriormente y su miembro chorreo de deseo. Tony jadeó cuando Steve jugo con aquella parte, y Steve mojó su dedo antes de burlarse ligeramente de la piel alrededor de su abertura.


―Steve ―se quejó Tony apretando la sábana blanca entre las manos.


― ¿Está bien esto? ―Steve preguntó, pero todo lo que obtuvo como respuesta fue un gemido. Steve volvió a burlarse de la piel y luego arrastró su lengua detrás con ella.


Tony gritó algo ininteligible y echó la cabeza hacia adelante cuando Steve pasó su lengua por encima de su orificio y luego trabajó aquel lugar llena de terminaciones nerviosas.


―¡No!, porque haces...―Tony balbuceó cuando Steve probó su orificio. Tony jadeó para respirar y curvo su espalda dándole un mejor ángulo a Steve―. Steve, Steve, yo... ―se quejó.


―Lo sé, esto es un bonito déjà vu ―dijo Steve, y continuó lamiendo y chupando hasta que todo lo que escuchó fueron gemidos bajos que continuaron y continuaron.


A Steve le encantaban esos sonidos, hacían que su sangre fluya por su cuerpo y aceleraba su corazón. Continuó lamiendo a Tony hasta que todo lo que obtuvo fueron gemidos. Tony sostuvo el borde del colchón con las manos y giró la cabeza hacia un lado, gimiendo suavemente. Sintió a Steve moverse en la cama, pero su mente parecía abombada.


Cuando el dedo de Steve volvió a su entrada, estaba frío cuando hizo contacto, luego se deslizó dejando algo frío y oleoso en la superficie, y Tony lanzo un jadeo intuyendo lo que vendría a continuación.


El dedo se burló de la entrada de Tony y luego lentamente introdujo la punta en el interior caliente. Tony se puso tenso, apretando el dedo de Steve con sus músculos internos, y Steve esperó hasta que Tony se relajara antes de deslizarse más profundamente.


El mordisco de quemazón lo hizo apretar los dientes cuando el dedo se metió en él, y luego de unos segundos de espera, Tony suspiro lentamente en señal de que su cuerpo se adaptaba. Steve comenzó a moverse lentamente, inclinando ligeramente su dedo, buscando, En el momento en que la espalda de Tony se curvó y este jadeo, supo que encontró lo que estaba necesitando.


―Por Dios, ¡Steve! ―Tony lloró, y Steve sonrió.


―Ahí te gusta, ¿cierto cariño? ―dijo, pasando suavemente su dedo sobre la zona unas cuantas veces más.


Tony temblaba debajo de él.


Steve añadió un segundo dedo, tratando de relajar y estirar los músculos de Tony. Lo último que quería hacer que toda la pasión que estaba ganando para el chico se desvaneciera por el dolor, y Steve sabía que la mejor manera de evitarlo era una preparación lenta, sensual y cuidadosa, tal y como lo había hecho la vez anterior. Había sido satisfactorio ver la forma en como Anthony se derretía en sus brazos y lloraba de placer. Él quería ver de nuevo esas lágrimas, y quería oír de nuevo los jadeos del chico, esta vez con su nombre en ellos. Por lo que debía ser paciente. A pesar de pensar eso, estaba por enloquecer por meterse dentro del chico.


En nombre de eso, insertó con cuidado un tercer dedo. El interior era caliente y aún estaba suave por su último encuentro, aún algo hinchado. Tony respingó y Steve le acaricio la cadera y las nalgas.


Luego volvió a relajarse, y los dedos a moverse, sacando leves gemidos de los labios de Tony.


Una vez que pensó que Tony estaba listo, Steve quitó sus dedos y lentamente hizo rodar a Tony sobre su espalda.


Tomó el condón y abrió el paquete con los dientes, luego lo enrolló a lo largo de su miembro.


Steve vio a Tony observar su miembro con incredulidad. Probablemente preguntando de nuevo como lo había hecho con él la noche anterior.


―Está bien, cariño, entrará de nuevo―dijo Steve dentro de un suspiro que intentaba controlar la alocada necesidad que sentía de estrellarse dentro del inocente chico― Levanta tus piernas y sostenes desde detrás de las rodillas. Iré despacio, y tienes que prometerme que me dirás si quieres que pare, aún estás un poco hinchado y no quiero lastimarte.


―E... Está bien ―respondió con un hilo de voz. Tomo la parte de atrás de sus rodillas y las estiro, abriéndose para Steve. La vergüenza total lo consumió y su rostro se coloreó.


Steve acarició los muslos de Tony mientras se ponía en posición y presionaba la abertura de Tony. Al principio, encontró resistencia y no quiso forzarse en él, así que se inclinó para adelante y le dio a Tony la distracción necesaria por medio de un beso, tomó su tiempo, y luego el cuerpo de Tony se abrió para él.


Tony jadeó, y Steve se detuvo.


― Respira Anthony ―ordeno Steve. Su mente estaba a punto de estallar al igual que su miembro, pero no le haría daño al niño. Quería tener un montón de sexo aun con él, despertar a su lado y llenarlo de besos, y para eso debía cuidarlo y darle el mayor placer posible.


―Estoy bien, solo... ―dijo Tony entre dientes respirando como Steve le había dicho.


Steve empujó lentamente hacia adelante. Su corazón palpitaba cuando el cuerpo de Tony lo agarró, rodeándolo de calor. Tomó mucho tiempo, pero finalmente Steve se asentó profundamente en el cuerpo de Tony. Steve realizó la ridícula tarea de contar hasta diez para evitar venirse con solo entrar, como si fuera un adolescente atravesando la pubertad, precoz.


Steve se inclinó hacia adelante, besando a Tony, quien tenía los lindos labios separados, húmedos, e hinchados del beso anterior, los ojos cerrados fuertemente mientras se acostumbraba al diámetro en su interior.


―Jesús, podría quedarme en tu interior para siempre ―susurró Steve y lentamente comenzó a moverse. Tony jadeó mientras él se retiraba y luego gimió mientras Steve presionaba de nuevo ese algo dentro de su cuerpo.


―¡Dios! ―gimió Tony en voz baja mientras presionaba las sabanas en sus puños.


―Lo sé. También siento que voy a correrme con solo estar adentro ―dijo Steve con los ojos cerrados disfrutando de la sensación, cuando volvió a mirarlo con sus ojos celestes brillosos por él, placer, Tony se mordió el labio sintiéndose tan deseado, Steve se inclinó para dejar una marca en la clavícula de Tony.


Continuó empujando tan lenta y suavemente como pudo. Necesitaba darle a Tony la oportunidad de acostumbrarse al movimiento. Steve no estaba seguro de cuánto tiempo podría mantener este ritmo lento, su mente le gritó que tomara a Anthony e hiciera un desastre de sudor y esperma de ellos dos.


―Oh Dios... ¡Sí! ―dijo Tony, abrazando el cuello de Steve―. Sí ―añadió mientras Steve movía las caderas. Luego se acercó y llevó a Steve a un beso descuidado―. No te detengas. Por favor, no te detengas nunca.


Steve ajustó el ángulo de sus movimientos, y Tony jadeó, inhalando bruscamente, clavando sus uñas en la espalda del hombre sobre él.


― Como órdenes, cariño ― Steve susurro.


―Por favor, por favor, no pares... ―gritó Tony y empezó a temblar debajo de él. Steve sonrió cuando el chico empezó a rogar, tal y como lo había la vez anterior, le encantaba―. ¡Sí, Dios, sí! ¡Justo ahí! ―Tony agarró los hombros de Steve tan fuerte que sabía que iba a tener moretones, pero no se detuvo ni le importó―. ¡Oh Dios!


El llanto de Tony se transformó en un largo gemido, y luego se apretó contra Steve, moviéndose con él mientras Steve empujaba con mayor ritmo, los dedos de los pies de Tony se curvaron y se apretaron, su espalda se arqueó y Steve sonrió con malicia, dando estocadas más profundas y duras.


Cuando Tony cerro los ojos con fuerza, el jadeo se hizo largo y su interior aún más apretado, Steve utilizo todo su autocontrol para dejar que solo el chico se viniera. Y que lo disfrutara. Se movió lento mientras Tony descargaba chorros de esperma sobre su estómago y luego languidecía.


Llevo la mano al miembro flácido y lo acaricio en conjunto con el líquido blanquecino.


―Espera, Steve, yo acabo― intento decir― yo no...


Steve volvió a golpear dentro de él y Tony dejo escapar un gemido y en la mano de Steve el miembro volvió a levantarse lentamente, Steve sonrió satisfecho y acaricio la punta húmeda con su pulgar y la palma masturbándolo.


Se mecían juntos en la cama, cuerpos entrelazados, miradas cerradas. Steve miró profundamente a los ojos marrones, llenas lágrimas que se deslizaban por las mejillas, nublados por la lujuria y la pasión.


―Eres tan hermoso ―dijo Steve, mirando a Tony mientras dejaba escapar su voz. Steve comenzó a moverse más rápido, su cuerpo lo impulsaba. El instinto se apoderó de él y se rindió, dejando que toda la cordura se vaya a la basura.


―Steve, Steve, por favor, espera, creo... necesito ir al baño Steve, por favor ―jadeó Tony, agarrándolo fuerte, como si no se atreviera a soltar a Steve, abrumado por el placer que lo consumía y nunca había experimentado antes.


Steve no tenía intención de detenerse, por nada.


―No te preocupes cariño, solo déjalo salir.


Tony era asombroso, hermoso, seductor y estaba volviéndolo loco. Pronto la habitación se llenó de sus gemidos y del suave sonido de la piel contra piel. Steve acarició la cintura y luego bajó sus manos por su vientre, mientras seguía masturbando el miembro de Tony, mientras continuaba empujando profunda y fuertemente. La otra mano lo sostuvo de la cintura y con el pulgar apretó el vientre de Tony como queriendo sentir su propio miembro dentro de él.


El sudor perlo su pecho y se deslizó por su estómago.


Steve no estaba seguro de cuánto tiempo más podría mantener este ritmo o mantener su liberación a raya. Había estado aguantándolo desde que se insertó en el chico y el estímulo del calor interior y los gemidos y ruegos de Tony hacían flaquear su resistencia.


―Steve déjame ir al baño, estoy, yo yo voy... ―Grito Tony con desesperación.


―También estoy cerca de ti cariño―aclaro Steve con voz ronca, tratando de mantener la compostura.


El miembro en su mano se tensó al igual que la espalda de Tony y entonces comenzó a correrse sobre su pecho y la mano de Steve, líquido transparente y abundante, se descargó sobre ambos, rociando el cuerpo de Tony y las sabanas de seda. Los gritos de Tony y la tensión de sus músculos empujaron a Steve al límite y llegó en un destello cegador, apretando los dientes y clavando los dedos en la cintura blanca, llenando el condón antes de colapsar sobre Tony.


Le llevó unos minutos entre los que rejuntar los pedazos de su mente que había explotado junto a su orgasmo, darse cuenta de que probablemente era demasiado pesado para el pequeño Tony. Sus cuerpos se separaron, y Steve rodó sobre el colchón, respirando para luego elevarse sobre el codo y acariciar el rostro sonrojado de Tony.


Tony rodó dándole la espalda a Steve, temblando.


― ¿Te he hecho daño? ¿Cariño?


―Te pedí que me dejaras ir al baño ―susurró Tony aun con la mente desmembrada y en lágrimas. Steve se sacó el condón, lo ató y luego lo tiró a la basura.


― Tony, eso no es orina. Ni siquiera huele― dijo acariciando su costado dejando un beso en su espalda.― Girate y déjame verte.


Tony se dio la vuelta avergonzada.


―No era mi intención ensuciar tu cama.


―No te preocupes, amor. Fue solamente la forma de expresar que fue muy satisfactorio. Y yo me siento halagado. Ven Aquí.


Steve cargó a Tony y lo movió a otra habitación. Deshizo la cama y lo acostó en ella.


― Enseguida vuelvo ―dijo Steve mientras se levantaba de la cama y le daba un beso en la frente. Se apresuró a ir al baño, mojo un paño y agarró una toalla antes de volver a la cama.


Tony no se había movido.


Tenía los ojos cerrados y respiraba suavemente, parecía que se había dormido. Con tranquilidad, limpio el cuerpo del chico, y lo arropo con las colchas. Steve llamó al servicio y pido comida para ambos y alguien para ordenar la habitación principal. En la espera tomo un baño y se sentó a la cama esperando por el bello durmiente.


Tony abrió sus ojos hinchados y desorientados, gimiendo ante cada movimiento de su cuerpo.


Steve despegó la vista de la tableta que tenía en la mano y bajo la cabeza, dándole un roce en los labios.


―Hola― dijo Tony con una mueca de dolor en los labios y luego le sonrió tras desperezar sus músculos. Steve podría ver esa sonrisa toda la vida, pero era algo que no diría tan rápido. Se sentía estúpido al pensar de esa manera, apenas lo había conocido y él nunca tuvo suerte en el rubro del amor.


Desde un primer amor que murió, el engaño de sus parejas, personas interesadas en su dinero. Pero Steve no podía dejar de mirar esos ojos marrones abrumados.


―Hola Anthony.― Steve vio al chico estremecerse.


―Solo Tony, ― corrigió el chico y Steve sonrió.


―Bien... entonces, Tony, que te ha parecido la experiencia.


―Bueno, el sexo es ... Increíble.― dijo con las mejillas rojas.


―No, cariño, el sexo es algo normal... el sexo que tienes conmigo es Increíble.― dijo corrigiendo y riendo con suficiencia, Tony lo miro con un toque de incredulidad y confusión― claro, porque siempre encontraras afuera bastardos que solo se preocupan por su propio placer sin tenerte en cuenta.


― Oh, claro.― Steve quiso reír del chico, prefirió jugar un poco más. Cuando sus manos se pasearon por el muslo expuesto de Tony, el estómago del chico gruño y el capitán no pudo evitar soltar una carcajada. Tony cambió a un rojo borgoña por la vergüenza.


― Vayamos a comer algo, tal como lo prometí al invitarte aquí.― Tony busco su ropa, pero Steve lo cargo y se lo llevo tal y como estaba, enredado en sabanas. Lo sentó sobre un almohadón mullido y suave; y aun así su espalda punzo.


La mesa estaba puesta en el comedor y todo olía de maravilla, el estómago de Tony rugiendo como si tuviera agujeros en él. Era una cena bastante elegante y era más que obvio que Steve Rogers era una persona con alto poder adquisitivo.


¿Por qué se había enredado con Tony, si podría tener a cualquier modelo, hombre o mujer?


Tony tendió la mano para tomar el tenedor y vio una tarjeta negra brillante.


Interrogante, miró a Steve.


― Oh, es la llave de la puerta, el personal está avisado que puedes venir cuando quieras.― Tony, aún estaba más confundido.


―¿Vives en un Hotel?


―Sí y No, vivo en el Penthouse de este edifico, lo consideró un ático.


―¿Y el edificio?


―Es mío.


―O... K...― Dijo con los ojos abiertos de sorpresa.


― Ser piloto es mi pasión, me gusta volar. Esto es más bien un negocio familiar, es parte de la herencia y va con lo que hago, así que me encargo de ello. Esta es mi responsabilidad.


―Vaya, ―dijo con una risita, dando a entender que no era como ser responsable de un gato o un perro.


―Lo entiendo, pero me une a mmi pasado y a mis padres, y me mantiene en tierra una temporada. Es por eso que te entrego esa llave.


― No crees que es muy apresurado― dijo nervioso― ni siquiera me conoces.


― Todos empiezan sin conocerse, nos saltamos unos pasos probablemente, pero me encantaría poder conocerte. ― Tony se mordió el labio, indeciso― no voy a presionar Tony, pero al menos déjame tu contacto y dame la oportunidad de hablar contigo.


Tony jugo con sus dedos por un momento y luego miro la llave moviendo sus manos lentamente sobre la mesa hasta tomarla y jugar con ella en su regazo.


― Yo... ¿De verdad puedo quedármela?― Tony nunca se mentía a sí mismo, él quería volver a ver a Steve. Y no solo porque Steve era un chico dulce y atento como un príncipe azul.


Siempre había escuchado de sus amigos que el sexo era bueno, pero sus amigos también cambiaban mucho de parejas porque se aburrían del sexo con ellos y buscaban nuevas experiencias.


¿Él podría aburrirse alguna vez de lo que sintió aquella noche? No lo creía.


Steve había hecho explotar de sus neuronas una por una, hasta el punto que sintió que no saldría del estado de embotamiento, tratado bien y lo había hecho sentir atractivo y deseado como nunca antes nadie lo había hecho.


―Puedes quedártela, puedes venir cuando desees― dijo Steve.


Tony asintió, no lo pensaría mucho, se arriesgaría.


Años después...


―Harley, ve a llamar a tu hermano, dile que deje los proyectos y se acerque a la mesa.― El niño salió disparado y Tony se miró al espejo de nuevo.


Estaba impecable, pero sencillo. Un pantalón de jeans marcaban su trasero y una remera algo ajustada su torso. Cuando los niños no se acercaron, el bajo al taller de la planta baja a buscarlos.


Ambos estaban frente a su prototipo militar, mientras Peter lo miraba, Harley dibujaba y escribía con pinceles en las botas metálicas de la armadura de combate.


―Niños― dijo en tono de advertencia.


Ambos se dispararon escaleras arriba, sabiendo que habían sido descubiertos en un lugar no permitido.


―Arggg― gruño Tony, Steve no se lo perdonaría si algo le sucedía a los niños, el mismo no se lo perdonaría si se lastimaban en el taller por su culpa.


―Jefe, el Capitán Rogers ha estacionado en el garage y está tomando el ascensor.― Tony se paró a oír la voz cibernética que le daba la información, se apuró escaleras arriba como los chicos habían corrido segundos antes, antes de llegar se miró nuevamente al espejo.


―Niños, niños, vengan, su padre ya llega.― los chicos saltaron sobre el hombre cuando este abrió la puerta. Steve sonrió y abrazó a los niños depositando un beso en la mejilla de cada uno, dejando la maleta de lado.


—¿Nos trajiste regalos?


— ¡Harley! — Tony torció la boca.


Steve fijo su vista en él y sus ojos lo recorrieron.


—La maleta está llena de regalos. —dijo sin dejar de mirar a Tony. —Jarvis, ¿puedes acompañar a los niños a revisar los obsequios?


—Como ordene, señor Rogers. —Los niños arrastraron la maleta a la habitación y el mayordomo cerró las puertas dobles detrás de él para dar privacidad a los adultos.


Steve avanzó hacia Tony y este le sonrió.


—Bienvenido. — le dijo mientras Steve lo tomaba en brazos y lo elevaba para besarlo.


—Si pasaba un día más, me volvería loco. Loco si no podía besarte de nuevo.


Tony rio mientras Steve lo guiaba a la habitación.


La argolla dorada brilló en su dedo y Tony suspiró.


— También te extrañé Capitán Rogers —Dijo bajando los labios hasta esposo—. Feliz, San Valentín, Steve.


—Feliz San Valentín, mi amor.


FIN




Espero que lo hayan disfrutado, lo empecé para Navidad, pero como ya se habrán dado cuenta estoy un poco atareada para completar las historias. El tiempo pasó y luego llego San Valentín. Tampoco llegue para publicarlo en ese día, pero al menos lo hago antes de que termine el mes.


Gracias por el apoyo constante de los lectores!