Capítulo 1
El sonido del teclado resonaba en la habitación en penumbras. La única luz provenía de la pantalla de la laptop, reflejando en los ojos azules de Erlea mientras sus dedos se deslizaban por las teclas con precisión. La historia que escribió no era solo un conjunto de palabras, era un reflejo de su corazón, un susurro de lo que jamás se atrevería a decir en voz alta.
Erlea- Si tan solo pudiera verte una vez más.
Suspiró y se apartó del escritorio, estirando los brazos con cansancio. Desde que empezó a publicar En tus dulces ojos bajo el seudónimo de “Estrella”, el libro se ha convertido en un fenómeno. Recibía miles de comentarios, mensajes de lectores que se sentían identificados con los personajes, pero nada la emocionaba tanto como la reacción de una persona en particular, Julieta.
Su mejor amiga, su confidente, su amor secreto.
Julieta adoraba la historia. Se emocionaba con cada nuevo capítulo, suspiraba con los momentos románticos y hasta hacía teorías sobre el misterioso autor. Erlea sonreía con amargura cada vez que la escuchaba decir cuánto admiraba a esa escritora anónima. Si tan solo supiera la verdad.
Su corazón latía con fuerza. Sabía que, en cuanto terminara y publicará el capítulo, ella lo leería.
Y pulsando el botón de publicar, en un instante Julieta corrió al cuarto de Erlea.
Julieta- ¡Erlea!
La voz de Julieta rompió la burbuja de silencio en la que se había sumergido.
Cerró la laptop con rapidez, sintiendo el corazón en la garganta. Giró sobre la silla y ahí estaba ella, de pie en el umbral de su habitación, con esa sonrisa radiante y los ojos llenos de emoción.
Julieta- ¡Salió el nuevo capítulo de En tus dulces ojos!
Exclamó Julieta, sujetando el teléfono con ambas manos.
Julieta- ¡Voy a leerlo ahora mismo!
Pero esta vez quiero leerla contigo. Tu eres muy seria y no te gustan los libros de romance, pero harías una excepción por mi.
¿Si?
Erlea tragó saliva, observando cómo su mejor amiga se sentaba en su cama sin siquiera mirarla. Sus ojos estaban fijos en la pantalla, su respiración contenida, sus labios curvados en una sonrisa de pura felicidad.
Pov Erlea- Si supieras que fui yo quien escribió esas palabras.
Pensó Erlea, con el pecho oprimiendo.
Erlea- Pero si hoy tú preparas la cena.
Rió al ver lo emocionada que estaba Julieta.
Julieta- Un trato cruel, pero justo.
Cada reacción de Julieta era como una bendición para su alma. Su emoción, su admiración por esa escritora anónima, sin saber que la tenía justo frente a ella.
Julieta- Dios, cada vez que leo esto siento que la autora lee mi mente, todo lo que he soñado aparece aquí. Me encanta.
Murmuró Julieta, sin apartar la vista del celular.
Julieta- Es como si escribiera justo lo que quiero leer, como si demostrara el amor verdadero mediante sus palabras.
Se interrumpió, con un leve rubor en sus mejillas.
Erlea- ¿Como si qué?
Preguntó Erlea en voz baja.
Julieta bajó el teléfono lentamente y la miró.
Julieta- Como si estuviera enamorada.
El aire en los pulmones de Erlea se congeló.
Julieta se rió, rompiendo la tensión.
Julieta- ¡Pero obvio es una locura!
La autora es soltera según sus redes, y solo concentra la emoción de sus personajes por que así es la historia, yo solo especulo teorías que pueden ser cónicas.
Erlea apretó los puños y sonrió, ocultando el temblor en su voz.
Erlea- Sí, seguro es solo coincidencia.
Pero en el fondo, se preguntaba cuánto tiempo más podría seguir ocultando la verdad.
El silencio se extendió entre ambas por unos segundos. Erlea sentía su corazón latiendo con fuerza, como si quisiera gritarle a Julieta la verdad que tanto ocultaba.
Las palabras de Julieta resonaban en su mente, enviando un escalofrío por su espalda. Si ella supiera que cada escena, cada suspiro escrito, cada promesa de amor eterno estaba inspirada en ella.
Pero no podía decirlo.
Julieta, ajena al torbellino de emociones en el corazón de Erlea, se tumbó en la cama con el celular en alto, preparándose para leer.
Julieta- ¡Ven aquí!
Le insistió, dando palmadas en la colcha.
Julieta- Quiero ver tu reacción cuando llegue a la parte más intensa.
Erlea vaciló. Compartir la lectura con Julieta era exponerse demasiado. Cada palabra que había escrito escondía su amor secreto, su alma derramada en tinta digital. Pero no podía negarse. No cuando Julieta la miraba con esa emoción pura en los ojos.
Con un suspiro contenido, Erlea se acostó a su lado, con el cuerpo tenso y el corazón desbocado.
Julieta abrió el capítulo y comenzó a leer en voz alta.
Julieta- Ella la miró, el miedo y el deseo entrelazándose en su pecho. No debía sentir aquello, no debía anhelar su cercanía, pero ya no podía seguir mintiéndole. Su corazón le pertenecía a ella, y siempre le había pertenecido.
Julieta se quedó en silencio. Sus labios se entreabrieron y sus mejillas se encendieron.
Julieta- Dios, esto es tan hermoso.
Erlea sintió que el aire le faltaba.
Erlea- ¿Te gusta?
Preguntó con voz apenas audible.
Julieta asintió, con los ojos aún fijos en la pantalla.
Erlea- Siento que la protagonista está a punto de confesar lo que siente.
La mirada de Julieta se desvió por un instante hacia Erlea.
Por un momento, el mundo dejó de girar.
El corazón de Erlea tamborileó en su pecho. Las sombras en la habitación parecían volverse más densas, la distancia entre ellas se sentía demasiado corta y aún así, insuficiente.
Julieta sonrió, rompiendo la tensión.
Julieta- ¡Ahhh! ¡Me pone tan nerviosa este momento!
Espero que la otra chica no la rechace.
Se acomodó, acercándose más a Erlea sin darse cuenta, mientras continuaba leyendo.
Pero Erlea ya no escuchaba las palabras. Solo sentía el calor de Julieta a su lado, el aroma dulce de lavanda que flotaba en el aire, la cruel realidad de que todo su amor estaba encerrado en palabras que su mejor amiga jamás asociaría con ella.
Erlea tragó saliva y apartó la mirada de Julieta. El peso de su secreto se hacía insoportable.
Pov Erlea- Si tan solo pudiera decírtelo.
Pero en ese instante, el celular de Julieta vibró.
Julieta- ¡Es un mensaje de el instagram de Estrella!
Exclamó emocionada, sus ojos brillando mientras abría la publicación.
Julieta- ¡Van a publicar un libro físico en unas semanas y en una convención de libros con otros autores, la autora asistió y hará una firma del libro en el mismo evento!
El mundo de Erlea se detuvo.
Erlea- ¿Qué?
Ella no había mencionado nada de eso y sus manager no se lo habían dicho.
Julieta no notó el nerviosismo en su voz.
Julieta- ¡Sí! Dicen que “En tus dulces ojos” ha sido un éxito tan grande que quieren hacer una presentación en vivo con la autora. ¡Estrella saldrá del anonimato!
Julieta reía, completamente ilusionada, mientras Erlea sentía cómo la sangre le abandonaba el rostro.
Pov Erlea- No puede ser. No ahora.”
Julieta- ¡Erlea!
Julieta la sacudió del brazo.
Julieta- ¡Imagínate! ¡Por fin conoceré a la persona que escribió mi historia favorita!
Erlea intentó sonreír, pero su mente iba a mil por hora. Si la editorial la había presionado para aparecer en público, no tenía escapatoria. ¿Qué pasaría cuando Julieta descubriera la verdad?.
Erlea- Yo no sé si podré ver ese evento, tendré que ver cuando es y si la agenda está libre.
Ya sabes por todo eso de la universidad y de mi trabajo como secretaria en la agencia.
Murmuró Erlea.
Julieta- ¡¿Cómo que no?!
Julieta hizo un puchero.
Julieta- ¡Es la primera vez que Estrella mostrará su rostro al mundo!
O es que no te gusta salir conmigo. Sería una salida de amigas, no salimos juntas desde hace años.
El miedo la golpeó de lleno. No era sólo la revelación, sino el hecho de que Julieta, podría descubriría que cada palabra en ese libro estaba escrita por y para ella.
Julieta entrecerró los ojos, notando el nerviosismo en su amiga.
Erlea sintió la garganta seca.
Erlea- Yo.
Su mente buscaba una salida, una excusa, cualquier cosa. Pero no la encontró.
Julieta la miró fijamente, como si pudiera leer su alma.
Julieta- Erlea ¿Hay algo que no me estás diciendo?
Solo dime la verdad, si no quieres ir conmigo solo dime.
Pronunció con un tono triste.
El aire se volvió pesado. El reloj en la pared marcaba los segundos con una lentitud tortuosa.
Erlea- Pediré permiso en el trabajo.
Si me dejan iré contigo.
Tomándole de las manos a Julieta.
Julieta sonrió con emoción al escuchar las palabras de Erlea. Sus manos estaban cálidas entre las suyas, y por un momento, Erlea sintió que el mundo se detenía.
Julieta- ¡Sabía que aceptarías!
Exclamó Julieta, sin notar el nerviosismo en la mirada de su amiga.
Julieta- ¡Será el mejor día de mi vida!
Erlea trató de devolverle la sonrisa, pero por dentro, su mente era un caos. Sabía que, tarde o temprano, la verdad saldría a la luz. Y si Julieta la descubre en plena firma de libros, con cámaras y fanáticos alrededor, no tendría forma de huir.
Esa noche, en la oscuridad de su habitación, Erlea no podía conciliar el sueño. Miraba el techo, escuchando los latidos acelerados de su corazón. Cada vez que cerraba los ojos, se imaginaba la reacción de Julieta al descubrir la verdad. Su celular vibró en la mesa de noche. Con el corazón encogido, lo tomó y vio el mensaje de su manager.
Salió de casa con un cigarrillo en la mano. Le estresa mucho la situación que se había envuelto.
Manager- Estrella, necesitamos confirmar tu asistencia al evento. La editorial quiere hacer el anuncio oficial mañana. Avísame lo antes posible.
Erlea dejó el celular a un lado y se cubrió el rostro con las manos. No podía seguir ocultándose, pero tampoco estaba lista para enfrentar la verdad.
Erlea- Darrell, me hubieras avisado con tiempo. Julieta me hizo un escándalo para que la acompañara al evento de estrella.
Y tu sabes que cuando ella quiere algo se lo cumplo.
Aspiro un poco el cigarrillo antes de seguir hablando.
Darrell- Lo sentimos, pero era una propuesta que no podíamos dejar pasar.
Erlea- Lo se, a mi tambien me encanto, pero no se como are para ser Estrella y Erlea ese mismo dia.
Darrell- Entiendo que sea complicado, pero este es el momento para que Estrella se muestre al mundo. Si te comprometes, podemos organizar todo para que no se note la diferencia.
Erlea suspiró, sintiendo cómo la presión aumentaba con cada palabra de Darrell. Sabía que debía dar una respuesta, pero no podía evitar la incertidumbre que la rodeaba. El simple hecho de estar cerca de Julieta en ese evento, mientras escondía su identidad como Estrella, la consumía. El miedo de que todo se derrumbara frente a ella, que la verdad saliera a la luz y Julieta la mirara con los mismos ojos que veía a una desconocida escritora, la aterraba.
Erlea- No sé si podré manejarlo. Lo peor es que Julieta está tan emocionada... si descubriera que soy Estrella, todo cambiaría.
Darrell la interrumpió con tono firme.
Darrell- Tienes que entender que esto no es solo un evento. Es el siguiente paso en tu carrera. No puedes dudar, Estrella es la oportunidad que has estado esperando. Y aunque sea difícil, tendrás que encontrar la forma de equilibrar a Erlea y a Estrella.
Erlea apretó los dientes, tomando otro largo suspiro antes de apagar el cigarrillo. La conversación seguía en su cabeza como un eco, pero por dentro ya sentía la pesadez de la decisión.
Colgó la llamada, mientras vuelve a encender otro cigarrillo. Y siente como una mano pasa por su cintura.
Julieta- Erlea, ¿Qué haces a esta hora fumando?
Vamos a dormir.
Erlea se sonrojo un poco por ver a Julieta, se veía tan indefensa.
Erlea- Si otro alfa te encontrara asi, te atacará.
Erlea rió un poco.
Julieta- Deja de decir tonterías y vamos a dormir.
Erlea dejó escapar una pequeña risa nerviosa, intentando suavizar la tensión en el aire. Sabía que Julieta no sospechaba nada, pero esa cercanía, esa despreocupación con la que Julieta hablaba, la hacía sentirse aún más atrapada en su propia mentira. A pesar de todo lo que había pasado, Julieta seguía sin saber quién era realmente Estrella, y la idea de que pronto se enfrentarían a la revelación, la hacía sentirse como si estuviera caminando sobre cristales rotos.
Julieta, sin hacer caso del cigarro que aún colgaba entre los dedos de Erlea, la tomó suavemente de la otra mano, guiándome hacia la cama.
Julieta la miró con una sonrisa tierna, sus ojos brillando con una mezcla de afecto y alegría pura.
Julieta- Erlea, sé que no eres de las que se emocionan por cosas como estas, pero no me arrepiento de haberte insistido tanto. Este evento va a ser tan especial. Me harías el mejor favor del mundo si vas conmigo.
Erlea asintió lentamente, sin poder encontrar las palabras. En su interior, una batalla se libraba. El deseo de contarle a Julieta la verdad se encontraba con el miedo de perderla, de que todo lo que había construido entre ellas se derrumbara de golpe.
Erlea- Claro, lo haré por ti.
Julieta no entendió del todo ya que estaba sonámbula. Se recostó en la cama, tomando una almohada entre sus brazos.
Julieta- Sé que te sientes extraña con esto, pero es solo un evento. Nos divertiremos. Vas a ver.
Erlea la observó por un momento, viendo cómo Julieta se acomodaba en la cama, tan tranquila, tan ajena a todo lo que pasaba por la mente de su amiga.
Pov Erlea- Si tan solo supieras.
El reloj marcó las horas con una lentitud insoportable. Cada momento que pasaba parecía más pesado que el anterior. Erlea no podía dejar de pensar en la firma de libros, en el momento en que tendría que ser Estrella frente a Julieta, en el caos que se desataría cuando la verdad saliera a la luz.
Al día siguiente, el evento estaba a la vuelta de la esquina. Erlea había pasado la noche en vela, luchando contra sus propios miedos, contra la angustia de lo que estaba por venir. No sabía si estaría lista para enfrentar a Julieta, ni cómo reaccionaría cuando supiera que la autora de “En tus dulces ojos” no era solo una desconocida escritora. Era su mejor amiga, la persona que había estado a su lado todo este tiempo, sin saber nada.
Por más que lo intentara, no podía imaginar un futuro donde pudiera escapar de esa revelación.
Ya había pasado más de un mes, era el día del evento, se preparó para lo inevitable. Se puso algo sencillo, cómodo, pero también pensó en cómo Estrella debería presentarse ante el mundo. El maquillaje, el cabello, la ropa. Erlea se sintió como una extraña en su propia piel, divida entre dos mundos que nunca podrían coexistir.
Cuando Julieta apareció en su puerta, lista para ir al evento, con su entusiasmo desbordante, Erlea sintió que su corazón se aceleraba.
Julieta- ¡Vamos! ¡No podemos llegar tarde!
El corazón de Erlea dio un vuelco. Sabía que ese momento cambiaría todo. Pero no podía retroceder. Ya había tomado la decisión, aunque no sabía si estaría dispuesta a soportar las consecuencias.
Las dos salieron juntas, caminando hacia lo que sería el evento más importante de sus vidas. Y mientras Erlea intentaba mantener su calma, la voz de Julieta resonó en su cabeza.
Julieta- Voy a conocer a la autora, a la persona que me hizo soñar con su historia.
Erlea la detuvo en medio de la puerta.
Erlea- Yo se que este día es muy especial para ti.
Y te hice un regalo muy especial, hace unos días lo publicaron pero lo pude conseguir para ti.
Eso era una mentira, ya que se los había regalado la editorial que se encargó de imprimirlos.
Julieta- ¿Qué es?
Sin saber que había en esa caja de regalo. Así que lo abrió, era el libro de “en tus dulces ojos”, pero era el libro en físico.
Julieta- ¡No puede ser! ¡El libro en físico!
Erlea vio la sorpresa y la emoción en los ojos de Julieta, y por un momento, sintió que su corazón se detenía. Julieta lo sostuvo en sus manos como si fuera el tesoro más valioso del mundo, sus dedos acariciando la portada, brillando con esa felicidad inocente que Erlea tanto amaba.
Julieta- ¡Este es el libro que siempre quise tener! ¡Es perfecto!
La alegría de Julieta hizo que el pecho de Erlea se apretara aún más.
Erlea sonrió.
Erlea- Me alegra que te guste.
Julieta no dejaba de mirar el libro, como si no pudiera creer que estaba sosteniendo un ejemplar físico de la historia que tanto amaba. Con una sonrisa radiante, se abrazó a Erlea, apretando el libro contra su pecho.
Julieta- ¡Este es el mejor regalo que me han dado!
Erlea sintió el abrazo de Julieta y, por un instante, el mundo se detuvo. ¿Cómo podría romper el corazón de Julieta? ¿Cómo podía destruir todo lo que habían construido?
Pero sabía que el evento estaba por llegar, y la verdad, por fin, saldría a la luz.
El coche avanzaba lentamente hacia el lugar del evento. Erlea podía sentir la tensión acumulándose en su cuerpo, las manos sudorosas, el corazón palpitando desbocado. Julieta, sentada a su lado, hablaba sin parar sobre lo emocionada que estaba por conocer a Estrella.
Julieta- ¡No puedo esperar a conocerla! Estoy tan nerviosa, no sé cómo reaccionaría cuando la vea. ¡Es como conocer a una celebridad!
Erlea intentaba sonreír, pero el peso de su secreto se volvía más insoportable con cada palabra de Julieta. Su mente estaba atrapada en un torbellino de pensamientos. ¿Qué haría cuando Julieta la mirara a los ojos y viera en ella la misma autora que había tocado su corazón de esa manera tan especial?
El coche se detuvo frente al centro de convenciones. Había una gran multitud de personas que aguardaban ansiosas la llegada de los autores. La puerta se abrió, y el aire fresco de la tarde acarició el rostro de Erlea.
Julieta- ¡Vamos, vamos! ¡Estrella ya está por salir! ¡Quiero verla de cerca!
Erlea asintió, pero su cuerpo se sentía como si estuviera anclado al suelo. Mientras caminaban hacia el lugar del evento, Erlea no podía evitar mirar la multitud. Sus pasos se sentían pesados, como si cada uno la acercará más a un destino del que no podía escapar.
Al entrar al salón, el bullicio era ensordecedor. Autores, lectores y fanáticos de todos lados estaban reunidos para ver a sus escritores favoritos. Las mesas de firmas estaban llenas de libros, folletos, y las luces brillaban sobre cada rincón del lugar.
Erlea- ¡agh!
Finge tener dolor de estómago.
Erlea- Lo siento, Julieta. Pero tengo que ir al baño.
Fingiendo dolor, salió corriendo hacia el baño cual estaba lejos, pero se desvió hasta el camerino
Cuando llegó al camerino, se cerró la puerta detrás de ella con un golpe sordo, y la tensión en su pecho creció. El sonido del bullicio fuera del salón parecía lejano, distante, como si estuviera atrapada en una burbuja de silencio. Se acercó al espejo, observando su reflejo con los ojos apagados, la cara marcada por la ansiedad. Los preparativos de Estrella ya estaban en marcha, y su identidad estaba a punto de salir a la luz, arrastrando consigo todo lo que había construido con Julieta.
El teléfono vibró en su bolsillo. Alzó la mano temblorosa y vio que era un mensaje de Darrell.
Darrell- Estrella, en 10 minutos es tu turno. Estamos listos. Tienes que salir ya. No hay vuelta atrás.
Erlea suspiró, como si el aire fuera más denso que nunca. Tomó el teléfono con manos sudorosas y, tras un largo suspiro, respondió:
Erlea- Lo sé. Ya voy.
Miró el vestuario con los ojos llenos de incertidumbre. Era la oportunidad de su vida, el momento para brillar como la autora que tanto soñaba ser, pero el precio era demasiado alto. ¿Cómo iba a poder mirar a Julieta a los ojos después de todo esto?
Se pasó la mano por el rostro, intentando calmar los nervios, pero nada podía prepararla para el momento que estaba a punto de vivir. Cuando se giró hacia el vestuario, era un hermoso vestido corto de tonos azules. Se vistió rápidamente, pero agregó algo más, un cubreboca, no iba a dejar que Julieta se enterara de la verdad, la persona encargada de la organización del evento le indicó que era su turno.
Organizador- Estrella, estás lista para salir.
Erlea asintió sin una palabra, y se adentra al área principal. Las luces brillaban intensamente, casi cegadoras, y la multitud que la esperaba la observaba con ojos expectantes. Su corazón latía fuerte en su pecho, y por un momento, todo se sintió como si estuviera en cámara lenta.
Mientras se dirigía hacia el escenario, la voz de Julieta retumbó en su cabeza.
Cuando llegó al escenario, el micrófono se encendió y las cámaras comenzaron a grabar. El presentador la anunció con entusiasmo.
Presentador- Y ahora, ¡la gran autora detrás de En tus dulces ojos, Estrella!
La multitud estalló en vítores, y Erlea, con la respiración agitada, sonrió débilmente, pero dentro de ella no había nada más que miedo. Cada paso hacia el escenario, cada palabra que iba a decir, sentía como si todo estuviera a punto de desmoronarse.
De repente, los telones se abrieron, y una figura familiar se asomó de entre toda la multitud, Julieta. Su rostro lleno de emoción y felicidad al verla finalmente frente a ella, iluminó la sala.
Julieta- ¡Ahí está! ¡Es ella! ¡Es Estrella!
Entró detrás del telón la famosa escritora estrella.
Estrella- Buenas tardes, estrellas.
Pronunció emocionada, pero un poco nerviosa por Julieta. Intentando desviar su mirada sin hacerla sentir menos. Mientras hablaba con el resto del público.
Julieta no podía dejar de mirarla. Sus ojos brillaban con una emoción indescriptible, como si estuviera viendo un sueño materializarse ante sus ojos. Aplaudía junto con el resto del público, pero en su interior, algo inquietaba su corazón.
Se inclinó ligeramente hacia una de las personas a su lado.
Julieta frunció el ceño.
Pov Julieta- ¿Dónde está?
Se suponía que estarían juntas en ese evento. Le había prometido que se encontraban antes de que todo comenzara, pero ahora, en medio de la euforia, su amiga parecía haberse desvanecido.
En el escenario, Erlea o mejor dicho, Estrella, mantenía su voz serena mientras hablaba con el público. Contestaba preguntas con respuestas cuidadosas, evitando miradas demasiado prolongadas, especialmente las de Julieta.
Erlea- Es un honor estar aquí con ustedes esta noche. Nunca imaginé que mis palabras pudieran llegar tan lejos, que mi historia pudiera significar tanto para tantas personas.
El público respondió con una ovación, y Julieta sonrió sin poder evitarlo.
Pero la sensación de inquietud no la abandonaba. Algo en la forma en la que la escritora hablaba, en la manera en la que se movía sobre el escenario ¿Por qué me resulta tan familiar?
Su mirada se deslizó de nuevo hacia el escenario, buscando respuestas. Sus ojos recorrieron a Estrella de arriba abajo, como si intentara atravesar la barrera del misterio que la rodeaba.
Y entonces, lo notó.
Un pequeño gesto. Un movimiento casi imperceptible cuando Estrella apartó un mechón de cabello detrás de la oreja. Un gesto que había visto incontables veces antes.
El corazón de Julieta se aceleró.
Julieta- No puede ser.
Se inclinó hacia adelante, su respiración atrapada en su garganta. Miró el cubreboca, la postura tensa de la escritora, la forma en la que evitaba sus ojos.
De repente, la emoción de conocer a Estrella se vio opacada por otra sensación más fuerte:
La sospecha.
Julieta intentó convencerse de que era una coincidencia, pero no podía apartar los ojos de Estrella. Cada palabra que decía, cada leve inclinación de su cabeza, cada pausa entre frases todo le resultaba demasiado familiar.
Julieta- Es imposible, no puede ser ella.
Apretó los puños sobre sus rodillas. Su corazón latía con fuerza, martillando contra su pecho mientras en su mente se formaba una idea que no quería aceptar.
Sobre el escenario, Estrella seguía hablando, respondiendo a una de las preguntas del presentador.
Estrella- Siempre he creído que las historias tienen el poder de cambiar vidas.
Dijo con voz temblorosa.
Estrella- Y cuando escribí En tus dulces ojos, lo hice desde el corazón, sin imaginar el impacto que tendría en tantas personas.
Julieta se tensó.
Cerró los ojos por un segundo, y los recuerdos la golpearon con fuerza. Las noches enteras compartiendo canciones, las confesiones tímidas entre risas, Ella sabía que Erlea gustaba de ella , pero espero el momento para decírselo. La manera en que Erlea hablaba de sus sueños y el dolor en su voz cuando decía que nunca sería lo suficientemente buena.
De pronto, un impulso la hizo levantarse de su asiento.
Julieta no respondió. Con el corazón latiendo desbocado, avanzó entre la multitud, su mirada fija en el escenario.
Erlea la vio moverse entre la gente y sintió el pánico recorrerle la espalda.
Apretó el micrófono con fuerza, su respiración acelerada tras la mascarilla. Había esperado este momento durante años, pero nunca imaginó que Julieta estaría justo ahí, mirándola con tanta intensidad, con una sospecha que solo podía significar una cosa, estaba a punto de descubrirla.
Erlea se aferró al micrófono con fuerza, sintiendo que sus manos sudorosas apenas podían sostenerlo. Julieta avanzaba entre la multitud con una determinación que la hacía parecer imparable.
Pov Erlea- No me mires, no me mires.
Los flashes de las cámaras centelleaban a su alrededor, las voces de los asistentes se mezclaban en un murmullo emocionado, pero Erlea solo podía escuchar el latido frenético de su propio corazón.
Presentador- Ahora pasaremos a la firma de libros.
Anunció el presentador.
Presentador- Todos los asistentes que tengan una copia de En tus dulces ojos podrán conocer en persona a Estrella.
Una ovación llenó la sala. Erlea aprovechó el momento para dar un paso atrás, queriendo apartarse de la mirada inquisitiva de Julieta.
Pero no había escapatoria.
Bajo la luz brillante, Julieta se detuvo justo frente al escenario. Sus ojos oscuros estaban clavados en ella con una mezcla de incredulidad y algo más, algo que Erlea no podía descifrar del todo.
El evento siguió su curso y la llevaron a una mesa donde debía sentarse a firmar los libros. Se acomodó rápidamente, con la vista baja, respirando hondo en un intento desesperado por calmarse.
Las primeras personas en la fila se acercaron emocionadas, extendiendo sus ejemplares con sonrisas radiantes.
Shin- ¡Eres increíble, Estrella! Amo tu libro.
Gracias por escribir una historia tan hermosa.
Erlea sonrió tras la mascarilla y firmó los libros con manos aún temblorosas, escribiendo su seudónimo con caligrafía cuidadosa. Intentaba concentrarse en cada firma, en cada “gracias”, en cada mano que estrechaba. Pero sentía la mirada de Julieta quemándole la piel.
Y entonces, la voz que temía tanto escuchar resonó frente a ella.
Julieta- ¿Me puedes firmar mi libro?
Su mano se congeló a mitad del trazo.
Julieta estaba justo al otro lado de la mesa, sosteniendo un ejemplar de En tus dulces ojos con ambas manos. Su sonrisa parecía amable, pero sus ojos brillaban con una intensidad que hizo que el aire en los pulmones de Erlea se volviera pesado.
Estrella- Por supuesto.
Respondió con un hilo de voz, evitando mirarla.
Tomó el libro con cuidado, como si fuera de cristal, y deslizó la pluma sobre la primera página.
Pero su pulso tembló cuando Julieta habló de nuevo.
Julieta- Me encanta cómo escribes. Hay algo en tu estilo que se siente tan familiar.
Erlea se obligó a seguir escribiendo.
Estrella- Gracias.
Susurró.
Pero Julieta no terminó ahí.
Estrella- Incluso tu manera de moverte, de hablar. Me recuerdas a alguien.
Erlea sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Estrella- ¿Sí?
Respondió, tratando de sonar despreocupada.
Julieta inclinó un poco la cabeza.
Julieta- Sí.
Afirmó con una sonrisa que no alcanzó sus ojos.
Julieta- Me recuerdas a mi mejor amiga.
El corazón de Erlea dio un vuelco.
No podía mirarla. No podía permitirse un solo gesto que delatara la verdad.
Terminó la firma con rapidez y le devolvió el libro.
Estrella- Espero que disfrutes la historia.
Julieta lo tomó, pero no se movió.
Julieta- Lo haré.
Dijo suavemente.
Julieta- Aunque ya siento que la conozco demasiado bien.
Erlea apretó los labios tras la mascarilla.
Julieta no tenía pruebas. No aún.
Pero lo sabía.
Las palabras de Julieta quedaron flotando en el aire, pesadas, como un secreto a punto de romperse. Erlea sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pero se obligó a mantener la compostura. No aquí. No ahora. Su respiración era superficial, y cada latido de su corazón se sentía como un golpe sordo en sus costillas.
Estrella- Gracias por tu apoyo.
Murmuró finalmente, esperando que su voz no sonara tan débil como se sentía.
Julieta no respondió de inmediato. En su lugar, deslizó la yema de sus dedos sobre la portada del libro, pensativa, con una mirada que perforaba el alma de Erlea.
Julieta- Siempre quise conocer a Estrella.
Dijo finalmente, su voz teñida de una extraña melancolía.
Julieta- Nunca imaginé que sería así.
Erlea sintió un nudo formarse en su garganta. Quería escapar, alejarse antes de que la verdad terminará de desplomarse sobre ambas. Pero su cuerpo no le respondía. Estaba atrapada en la intensidad de los ojos de Julieta, en el peso de la sospecha que crecía entre ellas.
Estrella- Debo seguir firmando.
Logró decir, deslizándose apenas en su asiento. Pero Julieta no se movió.
Julieta- Erlea.
Susurró, y el nombre que nunca debía pronunciar en este contexto hizo que Erlea sintiera que el aire se le escapaba. Fue tan bajo, tan apenas audible, que nadie más pareció notarlo. Nadie, excepto ellas.
El mundo alrededor siguió girando. Las voces de los asistentes, el murmullo del evento, los flashes de las cámaras. Pero para Erlea, el tiempo se detuvo en ese instante, en el momento en que Julieta dejó caer el velo de la incertidumbre y la miró con una certeza que la aterraba.
Julieta- Me hubiera gustado compartir este momento contigo.
Erlea no podía contestar. Si abría la boca, sabía que su voz la delataría. Que sus sentimientos la traicionaría. Y entonces, sería el fin.
Erlea- En casa hablamos, aquí es peligroso.
Julieta suspiró y tomó su libro, pero antes de irse, dejó una última frase caer como una semilla de duda en el aire.
Julieta- Nos vemos pronto, Estrella.
Erlea observó cómo Julieta se alejaba entre la multitud, su silueta perdiéndose entre las luces y los asistentes. Su corazón latía descontrolado, su respiración era errática. Lo había dicho con sutileza, sin confrontarla directamente. Pero el mensaje estaba claro: no iba a detenerse hasta descubrir toda la verdad.
La firma de libros continuó. Sus manos seguían temblorosas, su mente dispersa. Y a medida que la noche avanzaba, una sola pregunta giraba en su cabeza:
¿Qué iba a hacer ahora?
Continuará.