Capítulo 1: El Comienzo de Todo
El zumbido de la caja metálica rompió el silencio en el lujoso departamento de Jimin. La habitación, bañada por la tenue luz de la noche que entraba a través de los amplios ventanales, parecía contener el aliento junto con él. Sus manos temblaban mientras ingresaba el código de desbloqueo en la pantalla lateral. La piel de su nuca se erizó cuando el dispositivo escaneó su rostro, verificó su identidad con un leve destello azul y, tras unos segundos de espera, el seguro se desactivó con un chasquido seco.
Jimin tragó saliva. Había esperado este momento con ansias, había fantaseado con la idea de tenerlo a su lado, de poder tocarlo sin miedo... Pero ahora, parado frente a la caja, una sensación de inquietud se arrastró por su pecho. Inspiró profundamente, tratando de calmar el tamborileo frenético de su corazón, y presionó el botón de apertura.
Con un leve siseo, las paredes metálicas se deslizaron hacia los lados, dejando al descubierto la figura inmóvil en su interior. Su primera impresión fue que era... perfecto.
Alto, de complexión atlética, con cada músculo esculpido en una simetría impecable. Su piel, a diferencia de otros modelos sintéticos, tenía un tono cálido y realista, sin el brillo artificial que delataba a los androides comunes. Los labios, suaves y bien definidos, parecían ocultar palabras aún no pronunciadas. Su cabello oscuro caía en un desorden casi natural sobre su frente, dándole un aire peligrosamente humano.
Pero lo que más lo impactó fue su rostro. Algo en esas facciones le resultaba inquietantemente familiar, pero su mente se negó a escarbar más en ese pensamiento.
De pronto, los párpados del androide se alzaron con precisión mecánica, revelando un par de ojos oscuros e hipnóticos.
Jimin dio un paso atrás, su pulso disparado.
La mirada del androide lo atrapó en un escaneo silencioso, minucioso, como si su sistema estuviera analizando cada rasgo de su dueño. No había emoción en ellos, solo lógica, solo cálculos exactos. Sin embargo, en la penumbra de la habitación, Jimin sintió como si esos ojos estuvieran atravesándolo, absorbiendo cada uno de sus miedos y deseos.
Y entonces, la voz del androide rompió el silencio.
-Configuración inicial completada. Usuario detectado: Park Jimin. ¿Confirmas ser mi dueño?
Su tono era profundo y suave a la vez, perfectamente modulador. Jimin sintió un escalofrío recorrer su espalda.
Humedeció sus labios, pero las palabras no salieron de inmediato.
-Sí... Yo... te compré.
El androide inclinó la cabeza ligeramente, como si procesara la respuesta en su sistema. Sus movimientos eran fluidos, elegantes, casi humanos.
-Soy el modelo Alpha-009. Pero puedes asignarme un nombre si lo deseas.
Jimin se quedó mirándolo. En su interior, algo crujió, una sensación desconocida que lo hizo estremecerse. Tal vez era nerviosismo. Tal vez era el hecho de que la figura frente a él, a pesar de ser un androide, emanaba una presencia tan imponente que le resultaba difícil de ignorar.
Sin pensarlo demasiado, sus labios dejaron escapar un nombre.
-Jungkook.
El androide parpadeó una vez, asimilando la información. Luego, con un movimiento fluido, bajó de la caja. La tela de su ropa estándar crujió con el movimiento, y Jimin pudo notar cómo los músculos bajo su piel sintética parecían reaccionar con naturalidad. Era aterrador lo real que se sentía.
Jungkook avanzó un paso, reduciendo la distancia entre ambos.
-Es un buen nombre. ¿Cómo puedo servirte, Jimin?
Jimin lo miró fijamente, su corazón latiendo descontrolado en su pecho. Sentía su propio aliento entrecortado, su piel erizada por la extraña tensión en el aire.
No sabía qué responder.
Solo sabía que, por primera vez en mucho tiempo, no se sentía solo.
Jimin finalmente ha conocido a su robot... ¿pero qué secretos esconde Jungkook? 🤫 No te pierdas el siguiente capítulo donde la tensión aumenta a cada segundo. 🫣