Dobles Intenciones

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Summary

La rivalidad es un buen juego previo. Yelehen y Harlen están en vueltos en una carrera por el dinero, el poder y el deseo. Aunque él la llame arpía, Harlen no puede negar que Yel es la mejor en su trabajo. Y podría decirse que la odia, pero solo odia el deseo que siente cada vez que la tiene cerca... O lejos, porque la añoranza no conoce de distancias. Están dispuestos a matarse o a besarse... O a matarse besándose. Sea como sea, este romance erótico no es apto para cardiacos. Bienvenidos a Ivy Soul, la metrópoli de los negocios. Portada realizada por la nobleza de: @NaniGarces

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18+

Capítulo 1: El tamaño sí importa.

.Yelehen Walsreet.

Vivir por cinco años en Ivy Soul, la metrópoli de los negocios empresariales, la había acostumbrado a tratar con herederos que no sabían manejar el imperio que sus padres construyeron.

O no querían.

También hacia cinco años que conocía a Noah York, el futuro heredero de Spark Enterprise, y aun no podía descifrar si él no sabía o no quería lidiar con todas las responsabilidades que eso conllevaba.

A veces parecía querer intentarlo, como cuando invirtió parte de su fondo en una prometedora empresa de software.

Otras, parecía que solo buscaba fundirse, como cuando no investigó lo suficiente dicha empresa, que ahora estaba siendo demandada por robar información personal de los usuarios, con el nombre de Noah apareciendo entre los primeros implicados.

Y en ese momento, el chico de diecinueve años estaba sentado frente a ella, en su oficina, con cara de cachorro avergonzado:

— ¿En que, por amor a todo lo santo, estabas pensando? —cuestionó, alarmada por todo el dinero que había invertido.

—Parecía un buen negocio… —se excusó, acojonado.

Bueno, en teoría, sí. Era un buen negocio. Pero lo conveniente sería que los dueños no robaran información de sus usuarios. O que los de ciberdelitos no se hubiesen dado cuenta. No iba a ponerse moralista a esta altura de la vida.

—Pero… —dejó de mirar en el ordenador los contratos que el chico había firmado, solo para observarlo.

¿Acaso no era consciente de que tenía, literalmente, toda una empresa que se encargaba de las cuentas de otras industrias a su disposición? ¿Qué con solo una llamada a cualquiera de los empleados de su padre, podría haberse asesorado bien de los pormenores de aquel negocio?

—Deja de mirarme así —espetó Noah—, como si fuese estúpido.

—Es que me lo estoy preguntando seriamente.

Cubrió su rostro, quejándose: —Yelehen tienes que ayudarme.

—No puedo solucionar esto, Noah. Tienes que decirle a tu padre —se echó hacia atrás en su asiento, jugando con la pluma dorada en sus manos—. No es como aquella vez que incendiaste un auto de su colección y te ayudé a cobrar el seguro…Y comprar otro. Dilapidaste casi la mitad de tu fondo, todas tus cuentas están a punto de ser congeladas.

Noah comenzó a agitarse, podía verlo, no era conocido por su buen temperamento:

—Si me ayudas en esto, me encargaré de que seas la directora ejecutiva.

Otra vez, lo miró. Sostuvo la mirada de aquel crío, curiosa por como la desesperación y la seriedad podían convivir en esos ojos.Luego soltó una larga carcajada, todo era demasiado divertido.

Noah no se rio, lo que solo hizo las cosas aún más graciosas, porque él en verdad creía que tenía ese poder sobre la empresa.

Futuro heredero o no, Hanns Yorks estaba lejos de morirse, e incluso si no, Yelehen nunca pondría su futuro en manos de aquel chico.

— ¡Deja de burlarte de mí! ¡Puedo hacer que te despidan! —Gritó Noah, acabando con su risa—. Como tú lo dijiste, me ayudaste con lo del auto ¿Cómo crees que se tomara papá eso? ¿Qué la posible ejecutiva de su empresa se loocultara? ¿Eh?

De nuevo, aquello era chistoso, pero esta vez ella no se rio. El hecho de que Noah creyera que tenía poder para decidir un puesto era una cosa, pero que creyera que gozaba con el privilegio de amenazarla y controlarla era… Inaceptable.

Sin embargo, le concedió una sonrisa mientras se levantaba y rodeaba el escritorio hasta quedar de su lado, apoyándose contra el borde del mueble en silencio. Esperó, por si se atrevía a decir algo más, pero como era de esperarse, su mirada fue suficiente para dejarlo callado.

—Noah, este año cumplo seis años en esta empresa… ¿Lo sabías? —Comenzó en tono dulce, ni siquiera esperó su respuesta, no le interesaba— hice muchas horas extras, me llevé trabajo a casa, el año pasado ni siquiera tomé vacaciones —sonrió—. Conseguí cuentas valiosas… —recordó admirando los nuevos cuadros que había adquirido en una subasta—, tengo tantos contactos en esta ciudad, y tú, un pequeño mocoso del lado oeste, que probablemente vaya a rehabilitación antes de cumplir los veinte… ¿En serio crees que puedes intimidarme con tu patético lloriqueo?

—Yelehen…

Lo calló golpeando la palma de su mano sobre el escritorio, el chico se sobresaltó: — ¿De verdad crees que arriesgaría la confianza de mi jefe para cubrir una de tus tonterías? —Rio— Noah, tu padre se enteró de inmediato en cuanto decidí ayudarte. Lo convencí de no tomar represalias,a cambio de conseguir que fueras a la academia y te graduaras. Y el pobre buen hombre, fue lo suficiente decente para pensar que el futuro de su hijo valía más que uno de sus autos…

Tragó, nervioso: —Me dijiste que si iba a la academia te encargarías de que mi padre no se enterara… —Recordó— que era tu única condición porque te preocupabas por mi futuro.

Soltó una pequeña risa: — ¿Yo? ¿Preocuparme por tu futuro? Mentí, Noah. En eso se basa este negocio —Hizo un gesto enseñando la oficina, en especial hacia los ventanales de la derecha, que daban una espectacular vista panorámica de la ciudad—. Solo que algunos lo hacemos con elegancia, y otros con completa vulgaridad —señaló los contratos que él había traído—. Aprende eso la próxima vez que intentes amenazarme, niño —se inclinó acercándose—. Ahora, desarrolla un par de testículos y ve a decirle a tu padre lo que has hecho.

A esa distancia, podía ver las pequeñas líneas rojas en los ojos de Noah. Quizás se había fumado uno antes de ir a la empresa, para juntar valor, o tal vez solo eran los nervios. Pero ni por asomo, ella creía que iba a llorar, incluso cuando pestañeó varias veces y sus ojos se cristalizaron.

Tras unos momentos de tenso silencio, Noah bajó la mirada y salió de la habitación. Yelehen lo observó con los brazos cruzados. Recordando aquella vez, hacía tres años atrás, que lo ayudó.

O al menos eso intentó antes de que los aplausos, provenientes de su baño privado, la interrumpieran. Sobresaltada, volteó hacia la puerta del fondo, donde un hombre de cabello castaño le sonreía:

—Bravo. Moría por ver a Yelehen Walsreet en acción, no creí que fuera para escarmentar a un crío pero francamente, yo también hubiera agachado la cabeza en su lugar —Sus ojos marrones chispearon—, y eso que tengo varios años más que él.

— ¿Quién eres y por qué estás en mi baño?

El tipo se acercó, era alto y llevaba un traje azul marino a medida, un reloj caro se llegaba a ver en su muñeca. Cuando estuvo a pocos pasos, estiró su mano, Yelehen se la estrechó con desconfianza.

—Soy Harlen Brooks, el nuevo ejecutivo. Hanns me dijo que te esperara aquí para conocernos.

.Harlen Brooks.

No planeaba conocerla así. Se suponía que ambos iban a trabajar juntos durante los seis meses que había prometido estar ahí, por lo que quería mantener una relación cordial con sus compañeros.

Hanns solo le había dado un breve recorrido por la empresa, presentándole al otro ejecutivo, Adam Somalí y a la secretaria general, Bethany. Y solo faltaba conocer a la mítica Yelehen Walsreet, pero se encontraba en una junta. Aunque, en realidad, ellos la habían observado a través del cristal. Seguro no era una reunión importante, porque nadie se molestó en cerrar las persianas.

Y a simple vista, Yelehen no intimidaba en lo absoluto. De hecho, ella mantenía una sonrisa dulce mientras hablaba con todos ¿Cómo diablos, esa podía ser la feroz mujer que había logrado tres acuerdos millonarios para la empresa?

Luego Hanns tuvo que contestar una llamada importante, y solo le indicó que fuera a la oficina del fondo a esperarla.

— ¿El nuevo… Ejecutivo? —su apretón fue tan flojo, que tuvo que sostenerla con ambas manos. Parecía desconcertada.

—Si. Y estaba en tu baño por… Obvias razones —Le dedicó una sonrisa simpática—. Espero que no te moleste, no quería interrumpirlos, así que esperé a que se fuera.

En realidad, lo hizo porque estaba intrigado por la relación entre Noah York y Yelehen. Era extraño que el hijo del jefe fuera a suplicar ayuda de esa forma, prometiendo el puesto más codiciado de la empresa. Fue incluso más curioso que ella se riera en su cara.

— ¿No quería molestar? ¿Esperaba a que se fuera? —Puso las manos sobre sus caderas, en forma de jarra— y si nuestra charla duraba, no sé, dos horas ¿Iba a quedarse ahí las dos horas, señor Brooks?

Eso fue extraño, no le estaba dando esa sonrisa agradable que la vio hacer antes, si no también, estaba tratándolo con formalismos, incluso cuando había comenzado a tutearla.

Se aclaró la garganta y dejó de sonreírle, si ella no iba a ser agradable, estaba bien por él: —Su única reunión programada a esta hora es conmigo, señorita Walsreet. Hanns me pidió específicamente que la esperara aquí, dijo que usted no tardaría. Pero en efecto, si lo hizo, al atender una charla improvisada con el hijo del jefe. Dígame… ¿Manda a todos los herederos de Ivy Soul a cosechar pelotas?

Harlen sostuvo firmemente la mirada de aquellos profundos ojos marrones, que parecían querer acuchillarlo. Para él, no tenía ningún sentido aquella repentina hostilidad de su parte ¿Hacían cuanto que se conocían? ¿Un minuto? Y ella ya estaba asesinándolo en su imaginación.

—Si considero que les hace falta, sí, señor Brooks. Los mando a cosechar pelotas. Ahora ¿Puede repetirme aquello de que es el nuevo ejecutivo? —Preguntó dándose la vuelta, sentándose.

En aquel instante, Hanns cruzó las puertas dobles de la amplia oficina, sin tocar. Estaba lejos de lucir animado y enérgico como lo había visto antes. Sus ojos tenían líneas de tensión alrededor e incluso estaba agitado.

—Harlen, lamento hacerte esperar. Oh… Qué bueno que ya estés aquí Yelehen, quería presentarte a Harlen como es apropiado, pero ahora mismo tengo un asunto que atender.

—Déjame adivinar… —Yelehen apoyó los codos en su escritorio, con una repentina mirada de empatía— Noah ya te lo dijo.

Hanns soltó una especie de gruñido: —Si, estoy a punto de matarlo. Pero primero tengo que reunirme con mi equipo de abogados —clavó su mirada en Harlen—. Ya sabes donde es tu oficina, muchacho. Estoy seguro que Yelehen te pondrá al tanto de todo.

—Espera, Hanns, no, tienes que explicarme porqué… —ella dejó de hablar cuando Hanns cerró la puerta detrás de sí, ignorándola— Bueno… —dijo con fingida calma— entonces ¿Usted va a explicarme como es que es el nuevo ejecutivo?

Arqueó una ceja: —Así que tutea a su jefe pero a mí, que voy a ser su compañero, no. interesante —Se dirigió hacia la puerta— hablaremos luego, señorita Walsreet. Ahora tengo que ordenar mi nueva oficina.

.Yelehen Walsreet.

—Bethany… —Llamó la atención de la secretaria apenas salió de suoficina.

La rubia de pelo trenzado la miró con una simpática sonrisa, la mantuvo hasta que notó a Yelehen furiosa: — ¿Hay algún problema?

—Si ¿Sabes qué es eso del nuevo ejecutivo?

—Oh, si… —Su rostro se iluminó— Harlen, lo acabo de ver salir de tu oficina, es guapo ¿No?

Yelehen apretó los dientes solo un segundo, antes de volver a hablarle. Bethany era una secretaria sumamente competente, pero también una romántica incurable.

—Beth… No fui informada de nada de esto.

—Oh, yo tampoco, Yelehen. Nadie lo sabía. De hecho, el señor York me acaba de dar sus papeles para que lo lleve al departamento de recursos humanos, es una contratación de último momento.

—Pero… ¿Por qué? —no se lo estaba preguntando a Bethany en realidad, era una pregunta al aire llena de desconcierto. Sin embargo, Beth solo se hundió de hombros.

—No lo sé, no es como si le pudiera pedir explicaciones al jefe. De hecho, estaba esperando al almuerzo para que tú me lo contaras.

Suspiró, impaciente por no obtener las respuestas: — cuando vi esa reunión con Hanns en mi agenda, creí que era por un asunto menor, no para una nueva contratación… —Tamborileó los dedos sobre el escritorio de Beth— ¿En que estaba pensando Hanns? ¿Y de dónde sale este tipo de todas formas?

—Mmm… —Beth buscó unos archivos— tiene treinta y tres, es de DaxtonVille —Bethany arqueó una ceja, interesada— oh, por eso su acento –Yelehen rodeó los ojos, entonces saco el archivo de sus manos, quería verlo por sí misma.

Evitó mirar toda la información personal, fue directo a los títulos. Y tragó.

—Oh ¿Ya están cotilleando sobre el nuevo? —Adam también estaba acercándose— confieso que me siento un poco amenazado.

¿Un poco? Yelehen se sentía muy amenazada. Aunque nunca lo admitiría en voz alta, mucho menos al idiota de Somalí.

Devolvió la carpeta a Bethany y, con las manos cerradas en puños, prácticamente corrió hacia su oficina, tratando de no perder el equilibrio sobre los tacones aguja.

Volvió a golpetear los dedos sobre el escritorio, llamando a su mejor amiga. En el quinto pitido África respondió:

— ¿Hola? —se escuchaba ronca.

—El hijo de puta contrató a un licenciado en gestiones empresariales.

— ¿Que?

—Con una especialización en marketing… —Siguió diciendo.

— ¿Eh? Yelno estoy entendiendo nada.

— ¡Que mi jefe contrató a un nuevo ejecutivo! Uno que ha hecho muchas más especializaciones que yo¿Cómo diablos puede ser…?

— ¡Yelehen! —Interrumpió África— cálmate, es solo un nuevo compañero.

— ¡No es solo un nuevo compañero! ¡Es la competencia! —Corrigió de inmediato— El puesto de director ejecutivo ha estado vacante desde que Harrison murió, Adam y yo estamos compitiendo por el desde hace un año, y Hanns aún no se decide ¡Y de la nada contrata a un nuevo ejecutivo que esta malditamente calificado para el puesto! —Se tocó el estómago— Creo que me está saliendo una úlcera.

—Por última vez, no tienes una úlcera, ya te lo dijo el médico el mes pasado. Pero de todas formas ¿Tienes tu bola anti estrés a mano? No quiero que mueras de un paro cardiaco como Harry.

—Harrison —Corrigióde inmediato, mientras buscaba desesperada la pelota anti estrés que tenía en el primer cajón,comenzó a apretarla—. Maldita sea, Áfri. Tengo que deshacerme de él.

—Cuando hablas así… Me haces pensar que tú mataste a Harry.

— ¡Harrison! —Gritó exasperada, la risa de África lo empeoró todo, arrojó la pelota de goma contra uno de los cuadros en la pared—, tú eres la que me provoca las úlceras.

—A ver, Yel, hagamos los ejercicios de relajación de yoga.

—Odio el yoga.

—Yelehen —dijo África entre dientes, sabía que la estaba sacando de quicio cuando decía su nombre completo— tengo un vuelo de dieciocho horas mañana, el jet lag me está matando y acabas de interrumpir mi sueño con un pirata sexy.

—Pero… ¿Es que no puedes entenderme?

—Te entiendo, cielo. Te entiendo —bostezó— pero ¿Recuerdas esa vez que escuché unas risas femeninas en mi llamada con Zach? –Yel asintió, aunque no era una videollamada— enloquecí por completo, y tú me dijiste que estaba sobre exagerando ¡Y tenías razón!

—Sí, pero aun así volaste hasta la Isla para ver si te estaba engañando, y el pobre estaba trabajando, como te dijo.

—Si bueno, yo era una persona muy celosa en aquel tiempo.

—Fue el año pasado.

— ¡El año pasado muchas cosas cambiaron, murió Harry, por ejemplo!

— ¡Harrison!

Yelehen no escuchó lo que su amiga dijo después, tuvo que alejar el celular cuando el intercomunicador sonó, era Beth: —Yelehen ¿Estás bien? —Preguntó de inmediato su secretaria. Ella frunció el ceño.

—Si ¿Por qué?

—Oh, es que… —Dudó— pasaba por el pasillo… y te escuché gritar el nombre del difunto jefe ejecutivo.

—Oh, eh… No. te habrás confundido.

—Pero…Lo oí tres veces.

—Bueno, Beth. Será que el fantasma de Harrison te atormenta, por ese café que le tiraste encima.

Entonces cortó. Miró el celular sobre la mesa, donde aún estaba abierta la llamada con África, solo bastó que lo acercara un poco para escucharla reír.

— ¿Escuchaste eso?

—Absolutamente.

—Te odio… —se quejó.

—Y yo más, porque me estás haciendo perder minutos de sueño muy valiosos… —Suspiró— Yel, entiendo que esto te altere. Te has dedicado por completo a esa empresa los últimos cinco años. Y aunque sigo diciéndote que esa no es tu pasión… —Yel rodeó los ojos—no hay alguien en el universo que se haya ganado ese puesto más que tu ¿Qué explicaciones te dio Hanns para contratarlo?

—Ninguna. Y tampoco es como que tengo derecho a pedírselas. Pero joder…

—Pues mira, joder con alguien no te vendría mal, hasta te podríaaliviar las úlceras.

—Dijiste que no tengo úlceras.

—A veces siento que la más cuerda de las dos soy yo, y eso me asusta, porque ya sabes, salgo con un pirata.

—No estamos seguras de que de verdad descienda de piratas… —recordó Yel, entonces sonrió— dios, me calmaste.

—De nada, cariño.

—Es que…—Se dejó caer contra su sillón, la comodidad la abrasó— no puedo permitir que un oportunista venga y ocupe el puesto por el que he trabajado tanto, es mi sueño —El silencio del otro lado la hizo pensar que su amiga se había dormido— ¿Áfri?

—Yel, ambas sabemos que ese no es tu sueño.

Incomoda, decidió cambiar de tema: — ¿A dónde vuelas mañana?

—A Suberia… —Contestó, en tono cansado.

—Pero… ¿No hay solo animales salvajes ahí?

—Seh…Tengo que llevar a un equipo de producción, harán un documental sobre las selvas tropicales —Explicó—. Luego tengo otro vuelo… —soltó un quejido— no veo la hora de que tomemos nuestras vacaciones, y estar ambas acostadas en la arena tomando cocteles.

—Oh dios…

— ¿Qué sucede?

—Mis vacaciones, me había olvidado por completo…

—No, no vas a cancelar nuestras —Enfatizó la palabra— vacaciones otra vez.

— ¡El nuevo justo llega cuando voy a tomarme unas vacaciones! ¿Ves que no estoy exagerando? Hanns le está dando ventaja.

—Yelehen, colgaré a tu jefe del ala de un avión si vuelves a cancelar nuestras vacaciones. Se suponía que debíamos tomarlas el año pasado.

—Puff no te quejes, que gracias a eso conociste a Zach.

—Tienes que dejar de usar a mi novio como excusa. Hace un año que no nos vemos…

—Nos vimos el mes pasado, Áfri. En el cumple de tus padres. Y además, hace dos noches hicimos Skype y vimos una peli juntas.

—No, no no. los encuentros que duran menos de tres días no cuentan ¡Y tampoco las videollamadas! Ya me has hecho enojar, Yelehen, te lo advierto, cancela de nuevo nuestras vacaciones conjuntas y tu empresa tendrá otro puesto vacante.

—Bueno, mira… si me lo pones así, podría llegar a ser dueña de la empresa.

—No, porque tomará el mando su hijo, y tú no quieres trabajar para ese idiota.

—odio cuando tienes razón.

.Más tarde.

—Adelante…

Yelehen entró a la oficina de Harlen, evaluándola. Era considerablemente más pequeña que la suya, también contaba con un baño privado, y las paredes azules parecían recién pintadas, aunque no había ningún tipo de adorno en ellas.

Harlen apenas la miró detrás de su escritorio, solo un momento antes de volver a la pantalla de su portátil: — ¿Va a seguir ojeando mi oficina, señorita Walsreet? ¿O va a decirme que desea?

Contuvo las ganas de rodear los ojos, eso la haría parecer demasiado infantil. Una parte suya sabía que estaba actuando como una niña mezquina, pero la otra solo quería sacarle el dedo medio y decirle que no había suficiente espacio en esa empresa para ambos.

—Es bonita —Concedió—, aunque pequeña.

—Oh ¿Esta es la parte donde jugamos a quien la tiene más grande? Creo que yo gano.

— ¿Disculpe?

Lo vio sonreír sin mirarla, ese idiota se estaba burlando ¿Y África quería que fuera una buena compañera?

—Dije que el tamaño no importa, señorita Walsreet —Esta vez, él se recostó en el sillón para observarla, divertido. Sostenía un bolígrafo plateado en su mano derecha— El tamaño de las oficinas no determinan cuan valioso es un empleado.

Arqueó una ceja, asombrada por su incredulidad: —Si claro… ¿Eso es lo que se dicen los hombres para consolarse? —Dio unos pocos pasos acercándose al escritorio— ¿Qué el tamaño no importa? —Él solo la observó— no sé de qué lugar viene, señor Brooks. Pero aquí, sí. Definitivamente la dimensión de la oficina indica cuán importante es un empleado dentro de la empresa… —sonrió— y en ese sentido, yo la tengo más grande.

Aquellos ojos oscuros la miraban calculadoramente: —De todas formas, le aseguro que el tamaño de la mía no determina mi funcionamiento ¿Puede que note cierta hostilidad de su parte?

—Para nada, esta imaginando cosas. Estoy más que contenta con su llegada. Hasta ordené que trajera unas flores de bienvenida… —Miró alrededor de la oficina, fingiendo inocencia— pero veo que no llegaron, tendré que quejarme.

—No se moleste —hizo un pequeño gesto con su mano— no soy un hombre de flores ¿Vamos a seguir con los formalismos? ¿Aún cuando es evidente que todos aquí se llaman por el nombre de pila?

—Lo prefiero así, sin duda ¿A usted le molesta, señor Brooks?

—Para nada, aunque cada vez que me llamas señor me haces pensar que soy tu jefe…—sonrió aún más cuando ella lució molesta.

—No se confunda. Si alguien aquí está arriba en la cadena de mando, soy yo. Hasta se podría decir que yo soy su jefa.

— ¿Qué? Claro que no…

—De todas formas —Yelehen lo interrumpió—, esos son detalles sin importancia ¿no? —Fingió una sonrisa— Hanns acaba de llamarme y me pidió que te diera esto —puso una carpeta sobre su escritorio—, ahí está la contraseña para entrar a nuestro sistema, quiere que te encargues de investigar las posibles inversiones que tiene la empresa con los nuevos casos.

— ¿No podría venir Bethany a entregarme esto? ella es mucho más simpática.

—Lamento que mi simpatía no le sea suficiente, señor Brooks —contestó, dándose vuelta—. Y de todas formas, quería ver cuán grande la tenía.

— ¿Que? ¿Disculpa?

Cerró la puerta ignorándolo, satisfecha por aquel tono sorprendido que Harlen usó.


!Bienvenida a esta nueva historia! ¿Te gusta? Deja tu voto asi podemos brillar junto a Harlen y Yelehen.