Capítulo 1
Al entrar al dormitorio ve a su amigo tirado en la cama, está así desde que ayer por la noche se enteró de que su novia, con la que llevaba saliendo los últimos meses, estaba engañándolo. Había sido su cumpleaños, Joshua le estaba preparando una sorpresa en su dormitorio. Habló con su compañera de cuarto para asegurarse de que tuvieran el lugar para ellos, había comprado la cena en su restaurante preferido, tenía todo para una noche romántica aunque ella le había dicho que tenía que estudiar y cuál fue su sorpresa al verla cruzar la puerta en brazos de otro. Cuando reaccionó a lo que pasaba frente a él, ellos se rodaban semidesnudos por la cama. Joshua salió del lugar con toda la dignidad que pudo y no ha vuelto a saber de ella.
Hoy es el último día de clases antes de las vacaciones de primavera y Brian se siente en parte responsable por la situación que atraviesa su amigo, ya que él insistió en que saliera con Zoe.
—Es el último día de clases y lo vamos a festejar. No importa nada más —intenta levantarlo de la cama, pero no puede, siempre ha sido más alto y grande que él.
—No tengo ganas de salir —presiona la almohada sobre su cabeza— no tengo ganas de nada.
—Me imagino, pero no puedes estar así. Estamos viviendo la mejor época de nuestras vidas y no voy a permitir que desperdicies un minuto más en una persona que no lo merece.
—En eso tienes razón, no merece mi tiempo.
—¡Así se habla!, y por eso hoy vamos a salir. Toma una ducha, tenemos una fiesta a la cual asistir.
A los pocos minutos de haber llegado a la reunión Joshua comienza a sentirse mejor. Zoe no era el amor de su vida, de eso estaba seguro, solo le molesta haber quedado cómo un tonto frente a ella y su amigo de estudio. El día ha ido mejor de lo que esperaba. Pasó un rato en la alberca, comió, bebió y bebió un poco más, ya que no es muy bueno en beer pong.
Desde que llegó a la fiesta, una chica pelirroja no deja de observarlo, la conoce, han compartido algunas clases, pero nunca se ha atrevido a hablarle, piensa que está fuera de su liga: la chica es hermosa, inteligente, atlética y con unas piernas que le hacen ver las estrellas. Siempre la recuerda usando falda o pantalones cortos, como en este momento y su miembro se retuerce entre sus calzoncillos al verla enfundada en ese pedazo de tela.
Joshua es pésimo jugando beer pong, pero eso no impide que deje de jugar. Hace un saque, la pelota rueda por la mesa, rueda hacia la piscina y se detiene en unas zapatillas deportivas blancas. Él gatea hasta llegar a la pelota, sube la mirada por unas piernas que parecen no tener fin, llega a unos desgastados y diminutos pantaloncillos cortos que reconoce a la perfección, continúa por un tonificado vientre hasta llegar a un par de turgentes senos, seguidos de los ojos verdes más hermosos que haya conocido. No sabe cuánto tiempo lleva arrodillado a sus pies y viéndola con la boca abierta, hasta que ella le extiende la mano.
—Este juego no es para ti.
—¿Disculpa?
—No eres bueno en beer pong, ¿juegas billar?
—Eso se me da mejor.
Al entrar al salón ven a una pareja besándose, que al verlos se retira.
—¿Qué quieres jugar?
—No soy muy buena, ¿puedes explicarme?
—Empecemos con lo básico.
Joshua acomoda las bolas sobre la mesa, toma dos palos de la repisa y aplica tiza a la punta de estos. Megan lo mira con detenimiento, siempre lo ha considerado atractivo, pero nunca habían intercambiado más que unas cuantas palabras. No porque ella no quisiera, pero él siempre se alejaba, hasta hoy.
—Hay nueve bolas, tienes que golpear la blanca para hacer que las otras ingresen en los hoyos de los extremos. El que meta la primera bola, puede seguir tirando hasta que falle. Primero las damas —le entrega uno de los palos.
Megan lo toma y procede a colocarse en posición. Él mira cómo se inclina sobre la mesa, toma el palo y por un momento cree que está en una de sus fantasías. Golpea la bola blanca, pero esta no logra llegar al resto.
—Tienes que hacerlo con más fuerza.
Él se acerca por detrás y se inclina sobre ella, pegando su cuerpo al de Megan. Pone en posición su mano izquierda y lleva la mano derecha a la base del palo para que lo sujete de manera correcta. Está tan concentrado en su labor que no logra percibir que ella se estremece.
—Ahora golpea con un poco más de fuerza —le susurra con voz grave al oído.
Cierra los ojos y sigue las instrucciones, cuando los abre se da cuenta que logró meter dos bolas, no puede creerlo. Anteriormente lo había intentado, pero siempre terminaban las bolas fuera de la mesa. Se gira sobre sus talones y lleva los brazos al cuello de Joshua.
—¡Lo hice! ¡No puedo creerlo!
Ella salta de alegría mientras Joshua se muerde la lengua, sentir sus pechos subir y bajar por su torso lo pone mal, tiene que detenerla. Coloca las manos sobre su cintura, ¡oh, gran error! La diminuta prenda deja al descubierto un espacio de piel donde posa la mano.
—Lo hiciste muy bien —la toma de los hombros y pone distancia—, sigue siendo tu turno.
Golpea la bola blanca como hace un momento, pero no logra meter ninguna, estaba distraída. Joshua toma el palo y se inclina sobre la mesa. Desde donde ella está tiene buena vista de su trasero, se muere por enterrar las uñas en esas perfectas nalgas, desea rasguñarle la espalda, quisiera hacerle mucho más y Joshua no se percata de nada. Él no deja de repetirse que todo esto es como un sueño, jamás se hubiera imaginado que una chica como Megan se acercaría a él.
—Es tu turno —al girar se cuenta donde tenía ella la mirada. La única explicación razonable que encuentra a todo esto es que se trata de un sueño.
—¿Me ayudas? —pide con un tono de voz al que él no puede negarse.
Asiente y se acerca, se coloca tras ella. Megan se inclina sobre la mesa, rozando el trasero contra su erección, ocasionando que los dos suspiren al contacto. Él la sujeta con firmeza de las caderas, principalmente para no caer, sus piernas parecen gelatina. Esto es demasiado perfecto para ser verdad, debe estar en uno de tantos sueños que ha tenido con ella como protagonista, con esto en mente se deja llevar. Frota su rígido miembro entre las nalgas de Megan y los sonidos que ella le regala podrían ocasionar que termine, pero se siente tan real, así que pega el pecho a su espalda y sube las manos por los costados, rozando sus senos.
—¿Necesitas que te eche una mano? —susurra haciéndola estremecer.
—Sí, por favor.
Ella le toma la mano y la mete dentro de sus bragas. Esto no puede ser verdad, debe estar soñando, de qué otra manera tendría la mano entre las piernas de Megan Levin. Y por más que siquiera seguir pensando la suave piel de su pubis lo regresa al momento, desliza un dedo entre los pliegues y ella suspira ante la dulce invasión, sus dedos exploran el húmedo sexo con maestría y al llegar al clítoris, lo tortura hábilmente.
Megan tiene las piernas abiertas, las manos apoyadas sobre la mesa de billar y la cabeza hacia adelante, haciendo que su rostro quede tras una cortina de rojizo cabello. Ella no para de jadear, Joshua la toma con fuerza de la cadera y continúa frotándose contra sus nalgas, intentando aliviar el deseo. Lleva la otra mano por debajo de los pantaloncillos, hace a un lado la humedecida tela e ingresa dos dedos en ella y bombea al ritmo de sus caderas. No pasa mucho antes de que las oleadas de placer la sacudan y escucha maravillado como ella jadea su nombre.