Pɾólogo: Juntos poɾ Necesidɑd
En el mundo donde los instintos lo eran todo, la sociedad había encontrado la forma de moldear a sus ciudadanos según roles biológicos ineludibles.
Alfas, betas y omegas vivían bajo un sistema que pretendía ser natural, pero que, para Naruto Uzumaki, no era más que una jaula disfrazada de tradición.
Naruto, un omega de veintiséis años, nunca había sido el típico representante de su subgénero. No tenía el aspecto frágil ni los modales dóciles que la sociedad esperaba.
Era alto, de complexión atlética y con un andar confiado que desafiaba cualquier prejuicio. Sus ojos azules, llenos de determinación, brillaban con un fuego inagotable, mientras que su cabello dorado y rebelde reflejaba perfectamente su personalidad: un caos controlado.
Trabajaba como mecánico en un taller modesto, y aunque su familia nunca dejó de intentar persuadirlo para que aceptara una "vida mejor" como un omega casado con un alfa adinerado, Naruto había dejado claro que no estaba interesado.
—Naruto, no puedes seguir así para siempre —le había dicho su madrina, Tsunade, la última vez que cenaron juntos.
—Claro que puedo. ¿Sabes por qué? Porque soy increíble —respondió con su típica sonrisa ladina, antes de tomar un gran bocado de ramen.
—Increíblemente testarudo, eso es lo que eres.
Naruto se reía, pero sabía que su situación no era ideal. La presión del gobierno para que los omegas se emparejaran antes de los treinta estaba aumentando, y el reciente anuncio de un programa de emparejamiento obligatorio lo tenía en alerta.
Por otro lado, estaba Sasuke Uchiha, el epítome del alfa ideal. Alto, con una postura impecable y un rostro esculpido como si fuera obra de los dioses, Sasuke era la definición de perfección. Su cabello negro y sus ojos oscuros siempre transmitían una frialdad que mantenía a la gente a distancia, algo que él prefería.
Como heredero del imperio Uchiha, una de las familias más influyentes del país, Sasuke llevaba una vida impecablemente planificada: estudiado en las mejores universidades, dueño de un conglomerado empresarial y con un historial intachable.
Sin embargo, detrás de esa fachada, Sasuke despreciaba las expectativas que venían con su posición. Los eventos sociales, los saludos formales y, sobre todo, las constantes propuestas de matrimonio que llegaban de omegas interesados o de familias desesperadas por una alianza con los Uchiha. Para él, todo eso era una distracción.
Aquella tarde, Sasuke estaba en su despacho, revisando los documentos de una nueva adquisición, cuando Itachi, su hermano mayor, irrumpió sin previo aviso.
—Están hablando de ti otra vez —anunció, lanzando una revista sobre el escritorio.
Sasuke levantó la mirada con aburrimiento y tomó la revista. En la portada, una fotografía suya, con el titular: "El alfa más codiciado sigue soltero: ¿Es hora de que el clan Uchiha intervenga?"
—Patético —murmuró, cerrando la revista de golpe.
—No puedes ignorar esto para siempre, Sasuke. Sabes que nuestra familia necesita que te emparejes.
—Nuestra familia necesita muchas cosas, pero mi vida personal no es una de ellas —respondió con frialdad.
Itachi lo observó con esa mirada analítica que siempre lo incomodaba.
—Te aviso porque las cosas están a punto de complicarse. El gobierno está considerando emparejamientos forzados para los alfas solteros con más de treinta años. Y tú estás en la lista.
Sasuke apretó la mandíbula. La idea de que alguien más decidiera con quién debía pasar su vida lo repugnaba.
—No dejaré que eso ocurra.
El destino decidió unir a Naruto y Sasuke de la forma más inusual. Fue en una gala de beneficencia organizada por el gobierno, a la que ambos asistieron a regañadientes. Naruto había sido invitado por su madrina, Tsunade, quien insistió en que "hacerse visible como omega independiente" era importante para su causa. Sasuke, por otro lado, estaba allí por una obligación familiar.
Naruto, vestido con un traje sencillo pero elegante, se sentía fuera de lugar entre los alfas y omegas vestidos con prendas extravagantes. Miró a su alrededor con desdén, odiando la falsa cordialidad que impregnaba el ambiente.
—Qué montón de hipócritas —murmuró para sí mismo, antes de dirigirse hacia la mesa de bocadillos.
Fue entonces cuando lo vio. Sasuke Uchiha, parado al otro lado del salón, rodeado de personas que intentaban llamar su atención. Naruto frunció el ceño. Había oído hablar de él, claro, ¿quién no? El "alfa perfecto". Pero todo en su porte le pareció arrogante y calculado.
—Seguro que cree que es mejor que todos los demás —pensó.
Sasuke, por su parte, notó a Naruto casi de inmediato. Había algo en él que destacaba, algo que no encajaba en el molde de los omegas sumisos y obedientes. Quizás era la forma en que ignoraba a todos los alfas que intentaban acercarse o cómo parecía disfrutar del simple hecho de estar solo.
Cuando finalmente sus miradas se cruzaron, Sasuke levantó una ceja, intrigado, mientras Naruto le devolvía la mirada con desafío.
Fue Tsunade quien los presentó, sin darse cuenta de la tensión que ya existía entre ellos.
—Sasuke, este es mi ahijado, Naruto. Naruto, este es Sasuke Uchiha.
Naruto extendió la mano sin mucho interés.
—Encantado —dijo con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.
Sasuke estrechó su mano, notando lo firme que era el apretón para ser un omega.
—Lo mismo digo —respondió con frialdad.
La interacción fue breve, pero dejó una impresión duradera en ambos. Naruto pensó que Sasuke era exactamente el tipo de alfa que despreciaba: distante, controlador y aburrido. Sasuke, por otro lado, no podía dejar de preguntarse por qué un omega como Naruto parecía tan decidido a desafiarlo.
Unos días después de la gala, Naruto recibió una notificación oficial: su perfil había sido seleccionado para el programa de emparejamiento obligatorio. Se suponía que debía asistir a una entrevista en tres días, donde se le asignaría un alfa compatible.
Desesperado, fue a ver a Tsunade, quien trató de calmarlo sin éxito.
—No voy a dejar que me vendan como si fuera un objeto. ¡Esto es una locura! —gritó, golpeando la mesa.
Al mismo tiempo, Sasuke recibió una noticia similar de su familia. Su madre, Mikoto, intentó persuadirlo con suavidad, mientras su padre, Fugaku, fue más directo.
—Si no eliges tú, lo hará el gobierno.
Ambos se encontraban en puntos críticos de sus vidas, enfrentándose a la misma amenaza desde ángulos diferentes. Y fue en ese momento, mientras Sasuke reflexionaba sobre las pocas opciones que tenía, que recordó a Naruto: un omega que parecía odiar el sistema tanto como él.
Fue así como Sasuke tomó una decisión. Si iba a evitar que el gobierno decidiera por él, necesitaría a alguien dispuesto a jugar el mismo juego.
Y sabía exactamente quién sería.