Intro
Oscuridad... eso es lo único que recuerdo. Estaba oscuro, hacía frío... y tenía miedo...
Qué hacía yo allí y cuál era mi misión, eso es algo que nunca he sabido, y a veces, me pregunto si algún día lo sabré...
¿Qué sentido tiene seguir viviendo? Cuando todo lo que tenías lo has perdido, familia, hogar, recuerdos, incluso quién eres realmente...
Me llamo Hershel Lewis. ¿Qué cómo lo sé? Me lo dijeron dos luces que brillaban en el cielo. Pero eso fue lo único que me dijeron...
La lluvia caía sobre todo el bosque empapando todo lo que tocaba. Fuertes resplandores aparecían en el oscuro cielo iluminándolo todo. Los pequeños animales corrían en busca de refugio ya que sus hogares se inundaban. Cuatro personas caminaban entre la multitud de árboles dejando que la lluvia, húmeda y fría, les mojara completamente. Esas personas llevaban gabardinas negras, y sus ojos, que brillaban en la oscuridad, eran rayados como los de un gato, pero lo cierto es que eran más especiales aún. Ellos caminaron hasta llegar a una pequeña casa a las afueras del bosque. Allí, contemplaron la casa. Uno de los criados de la casa estaba limpiando el agua del porche, cuando miró al bosque vio a los cuatro encapuchados con las gabardinas acercándose lentamente. El criado entró rápidamente en la casa para llamar a su jefe. Los encapuchados caminaron hacía la casa lentamente y al cabo de varios minutos, salieron dos criados junto a Erik. Los encapuchados se detuvieron en la entrada de la casa ante Erik.
—Puedo imaginarme por qué estáis aquí, ¿no?
—Ha llegado la hora. Nuestro señor está llegando.
—¿Qué?
—Ya no eres útil. Matadle.
Los tres encapuchados dispararon a Erik, pero los criados se antepusieron dando su vida por él. Uno de los encapuchados entró en la casa matando a cada persona que se le ponía por delante. Los disparos se escuchaban por toda la casa y desde el desván un chico miraba hacia la puerta. Este se levantó del suelo y se acercó lentamente hacia la puerta. Un destello iluminó el desván, el chico miró hacia la ventana y de pronto toda la casa se quedó en silencio.
—Eres un mal nacido, ¿crees que ibas a engañar al señor con esta farsa?
—No le tengo ningún miedo... -Comentó muy dolorido.
El encapuchado lo sostuvo en el aire cogido por el cuello y lo dejó caer, golpeándole en el estómago. Erik, rabioso por el dolor, no podía mantenerse en pie. La vista se le nublaba. El encapuchado lo volvió a coger de la chaqueta y le dijo al oído en voz baja.
—Muere...
Erik fue apuñalado por el encapuchado. Los otros dos le observaron y este les miró y asintió con la cabeza. Entonces entraron dentro en busca del chico. El encapuchado dio una vuelta por la casa para que no se escapara, o para encontrar un escondite. El chico salió del desván silenciosamente y caminó por todo el pasillo hasta llegar a las escaleras. El chico se acercó cuidadosamente sin hacer ruido y miró hacia abajo: no había nadie. El chico bajó lentamente. Cuando llegó abajo vio que había muchos destrozos y se asustó bastante. Miró hacia la cocina, vio a su cocinera apoyada en la pared apuñalada y el suelo lleno de sangre. El chico tragó saliva, su cuerpo empezó a temblar y se agarró su mano derecha dolorida. El chico caminó hacia el porche, viendo a su padre tirado en el suelo. Este lo vio mientras le decía...
—Hershel... Hershel... Acércate..
Hershel se acercó a su padre, se puso de rodillas agarrándole una mano. Una lágrima cayó de su mejilla hasta caer en la mano de Erik, que le miraba.
—Vete... Huye... Sálvate y no mires atrás, siento... no haber podido contarte toda la historia. Algún día vendrá alguien que te lo explicará todo... Pero para que llegue ese día tienes que sobrevivir como sea. Hazte fuerte hijo... Y vénganos, porque tú tienes…
El encapuchado le clavó la punta de la espada en el cuello y la retuerce para rematarle. Hershel miró esos ojos amarillos. Gateó hacía atrás asustado, le temblaba todo el cuerpo. Tropezó con otro encapuchado más, que lo agarró y lo levantó en el aire.
—¡Suéltame! ¡Suéltame! -Gritó Hershel dando patadas en el aire.
—No temas, joven Lewis, no te haremos daño -Le dijo mientras se acercaba.
Hershel estaba temblando, las lágrimas se le saltaban, y cuando el misterioso asesino fue a tocarle un resplandor empujó a los encapuchados. Hershel se asombró por lo ocurrido, miró al encapuchado que se levantaba rápidamente y gritó:
—¡Atrapadle!
Hershel salió corriendohacia el bosque que rodeaba la casa, los encapuchados corrieron detrás de éldisparándole. Hershel corría lo más rápido que podía, pero cuando miró haciaatrás vio que le disparaban. Entonces tropezó con una piedra y cayó al suelo.El encapuchado no consiguió darle, así que Hershel siguió corriendo. Al miraral frente vió una carretera y coches pasando. Pero al llegar allí Hershelescuchó el claxon de un coche y cuando miró a su derecha un coche lo atropelló...